El Llamado del VOOG - Capítulo 3
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Capítulo 3: Capítulo 3: Entre aliados y secretos
El silencio llenaba el aire como un presagio de tormenta. Jessica y Deirdre intercambiaron miradas de incredulidad, sus expresiones reflejaban el mismo desconcierto. Alex, quien permanecía de pie cerca de ellas, comenzó a avanzar lentamente hacia Deirdre, con las manos levantadas en un gesto de calma, pero su mirada estaba fija en Arthur, quien parecía estar evaluando cada movimiento.
El ambiente era tan denso que Deirdre sintió como si apenas pudiera respirar. Entonces, sin previo aviso, Arthur extendió una mano, y en un movimiento rápido y fluido, apareció un revólver en su palma. La aparición no era natural; el arma brillaba con un destello oscuro que casi parecía consumir la luz a su alrededor.
—¡Arthur, no! — exclamó Jessica, dando un paso hacia él, pero Arthur la ignoró completamente.
—Alto ahí. — dijo Arthur con una voz que carecía de emociones. —Pero no puedo permitir que esto avance más.
El disparo resonó como un trueno en la pequeña sala. Deirdre gritó instintivamente, cubriéndose los oídos mientras veía cómo Alex salía disparado hacia atrás, como si lo hubieran golpeado con un ariete invisible. El impacto lo lanzó contra la pared, atravesándola con tal fuerza que los fragmentos de concreto y madera se esparcieron por toda la habitación, creando un agujero que dejaba al descubierto el exterior.
—¡Alex! — gritó Deirdre, su voz llena de pánico.
Jessica miraba la escena boquiabierta, incapaz de moverse mientras el polvo aún flotaba en el aire. Arthur, sin perder tiempo, comenzó a correr hacia el agujero, con una agilidad que parecía propia de un ser sobrenatural. En cuestión de segundos, desapareció tras la pared destruida, dejando a las dos mujeres solas en el departamento.
Jessica fue la primera en reaccionar, sacudiéndose el shock inicial. Se giró hacia Deirdre, que aún estaba paralizada por el miedo, y la tomó por los hombros.
—¡Deirdre! ¿Qué demonios está pasando aquí? — preguntó, sacudiéndola ligeramente para sacarla de su estupor.
Deirdre tardó un momento en encontrar su voz. Sus palabras salieron atropelladas, llenas de confusión.
—¡Yo… no lo sé! ¡Alex dijo algo sobre ser mi… VOOG, o lo que sea! ¡¿Y qué pasa contigo?! ¡¿Cómo es posible que Arthur sea una de esas cosas?! —
Jessica la soltó, cruzándose de brazos mientras exhalaba con frustración.
—¡Oh, por favor! No me vengas con moralismos, Deirdre. Arthur no es “una cosa”. Es mi hombre ideal: alguien que resuelve, que es inteligente, un caballero. —
—¡¿Un caballero?! — replicó Deirdre con incredulidad, señalando hacia el agujero en la pared. —¡Acaba de dispararle a Alex con una bala que lo lanzó por una pared! ¿Eso te parece normal? ¡Eso es enfermizo! —
Jessica se llevó una mano a la frente, como si la discusión la estuviera agotando más de lo necesario.
—¡Ay, no te pongas melodramática! ¡Claro que es normal en este contexto! O me vas a explicar ¿por qué tú hiciste el ritual para invocar a tu VOOG? —
Deirdre la miró con los ojos muy abiertos, como si acabaran de abofetearla.
—¡Eso no cuenta! ¡Yo ni siquiera sabía lo que estaba haciendo! ¿Y tú? ¿Cuánto tiempo llevas con Arthur? ¿Esto te parece normal? —
Jessica levantó las manos en un gesto de exasperación.
—¡Por supuesto que lo es! ¿O qué crees que significa vivir con alguien que está dispuesto a darlo todo por ti? Pero, vamos, ¿quién puede culparme? Mira cómo es… es perfecto. —
Deirdre soltó un bufido, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
—Perfecto o no, ¡están a punto de matarse allá afuera! ¡No podemos quedarnos aquí sin hacer nada! —
Jessica abrió la boca para responder, pero un destello de luz proveniente del agujero interrumpió sus palabras. Las dos mujeres corrieron hacia el borde de la pared destruida, mirando hacia la calle.
A través del enorme agujero, podían ver a Alex y Arthur enfrentándose en un duelo que parecía sacado de una película de ciencia ficción. Las llamas de los puños de Alex iluminaban el asfalto, mientras que Arthur disparaba con una precisión casi inhumana, cada bala dejando marcas en el suelo o en los edificios cercanos.
Jessica dejó escapar un silbido bajo, impresionada por la escena.
—Bueno, al menos admito que Alex sabe cómo pelear. —
Deirdre, con el corazón palpitando en el pecho, miró a su amiga con desesperación.
—¡Jess, debemos detenerlos! ¡Esto no puede seguir así! —
Jessica negó con la cabeza, su expresión firme.
—¿Detenerlos? Deirdre, si interfieres en esto, podrías morir. Esto no es como detener una pelea de bar. Es una guerra entre VOOGs. —
—¡No me importa! ¡Yo no pedí esto! — replicó Deirdre, sus ojos llenos de lágrimas de frustración.
Jessica suspiró, dándose cuenta de que su amiga no iba a retroceder tan fácilmente.
—Muy bien, pero si vas a hacerlo, al menos no seas estúpida. Vamos. —
Y con esas palabras, ambas mujeres se prepararon para descender hacia la batalla, conscientes de que lo que les esperaba era cualquier cosa menos segura.
El enfrentamiento entre Alex y Arthur había transformado la calle tranquila en un campo de batalla. Las luces de los postes temblaban debido al calor emanado de los movimientos de Alex, mientras que el sonido de los disparos de Arthur resonaba como un eco peligroso, atravesando la noche.
Alex se movía con una velocidad, sus pies apenas tocaban el suelo mientras esquivaba los disparos de Arthur. En cada ocasión que lograba acortar la distancia, lanzaba golpes rápidos e intensos, rodeados de un brillo ardiente. Pero Arthur, mostrando una precisión calculada, siempre encontraba la manera de retroceder, ganando espacio entre ellos.
Arthur tomó un gran salto hacia atrás, aterrizando en un balcón cercano con una gracia que no correspondía a alguien que llevaba un arma en la mano. Desde allí, apuntó rápidamente, disparando una bala que no iba directamente hacia Alex, sino hacia una pared cercana. El proyectil rebotó, cambiando de dirección, y apenas Alex se giró para esquivarlo, otro disparo ya iba directo hacia él. Alex levantó el brazo rápidamente, expandiendo el fuego de sus puños en un destello que se transformó en un escudo ígneo. La bala impactó en el fuego y se desintegró al contacto.
—Bien sabes tomar distancia. — comentó Alex, con una sonrisa burlona mientras lo seguía con la mirada. —¿O es que ya te disté cuenta de que no puedes ganar? —
Arthur, desde su posición elevada, volvió a apuntar, su rostro permaneciendo sereno mientras ajustaba el ángulo del arma.
—Ya logré darte un disparo directo antes. — replicó, su voz tranquila, pero con un tono amenazador. —El siguiente será mortal para ti. Te lo garantizo. —
Alex soltó una carcajada, levantando un brazo envuelto en llamas.
—Eso fue porque me tomaste desprevenido. No volverá a pasar. —
Antes de que Arthur pudiera responder, Alex se impulsó hacia el balcón con una explosión de fuego en sus pies. Su velocidad era tan intensa que la superficie de la pared dejó marcas ennegrecidas a medida que ascendía. Arthur disparó nuevamente, pero Alex esquivó con un giro rápido en el aire, aterrizando justo donde Arthur había estado segundos antes. Este último ya había saltado al suelo nuevamente, disparando dos veces más mientras caía.
Arthur no disparaba como alguien común. Cada bala era disparada con una precisión que desafiaba las leyes de la física. Un tiro atravesaba un poste de luz y rebotaba en el suelo, dirigiéndose hacia Alex desde un ángulo inesperado. Otro golpeaba un coche estacionado, usando el capó como un espejo improvisado. Pero Alex, a pesar de la complejidad de los disparos, lograba mantenerse un paso adelante, moviéndose como si pudiera anticipar el recorrido de cada proyectil.
—Eres persistente, eso te lo concedo. — comentó Alex, cubriéndose con un escudo de llamas cuando una bala impactó justo frente a él, levantando polvo y chispas. —Pero este jueguito no puede durar para siempre. —
Arthur, sin mostrar signos de fatiga, ajustó su postura y disparó nuevamente. Esta vez, un rebote perfecto en una farola hizo que la bala descendiera hacia Alex desde arriba. Alex levantó la vista justo a tiempo, golpeando el proyectil con un puño envuelto en fuego, desintegrándolo en el aire.
—Eso fue interesante. — admitió Alex, avanzando rápidamente hacia Arthur. —Ya descifré tus habilidades. —
Arthur levantó una ceja, sin dejar de apuntar con su revólver.
—Ah, ¿sí? ¿Qué crees que sabes? —
Alex se detuvo a unos metros de distancia, manteniendo una postura relajada, pero con los puños listos.
—Eres un VOOG de gran intelecto. Estás calculando cada uno de tus disparos en cuestión de segundos. Tienes la capacidad de analizar mi velocidad, mis movimientos, incluso mi reacción al entorno. Por eso puedes hacer esos tiros imposibles. —
Arthur sonrió levemente, inclinando la cabeza como si quisiera reconocer el punto.
—Bueno, parece que no eres solo un matón con puños de fuego. Sí, tengo un gran intelecto. Mi mente trabaja más rápido que la mayoría. Y gracias a eso, puedo prever no solo tus movimientos, sino también usar el entorno a mi favor. —
Alex dio un paso hacia adelante, su sonrisa creciendo.
—Pero no eres perfecto. Me he dado cuenta de algo: cada vez que disparas, haces micro ajustes con tus pies. Ese revólver no te permite reaccionar con tanta rapidez como tu mente. Y esos segundos que usas para reposicionarte son suficientes para que yo tome la ventaja. —
La sonrisa de Arthur se desvaneció por un momento, pero rápidamente volvió a colocarse en posición de disparo.
—Puede que seas algo inteligente, pero tienes una desventaja. Tu ama no te ha dado un arma. —
Alex rio, encendiendo sus puños con más intensidad. Las llamas crecieron hasta rodearlo por completo, dando la impresión de que todo su cuerpo era una antorcha viviente.
—¿Un arma? ¿Eso es lo mejor que tienes? Estoy bien con mis puños. No necesito baratijas para acabar con alguien como tú. —
Arthur apretó los dientes, disparando tres veces más en rápida sucesión. Las balas se dirigieron hacia Alex desde diferentes direcciones, pero este se movió con una precisión que parecía casi coreografiada. En un movimiento fluido, Alex usó las llamas en sus pies para girar rápidamente, formando un escudo a su alrededor que desvió los proyectiles.
—Te lo dije. — dijo Alex, acercándose aún más. —Solo me tomaste desprevenido una vez. Eso no volverá a pasar. —
La tensión aumentó mientras ambos se preparaban para el siguiente movimiento, el que definiría la batalla. Las llamas en los puños de Alex brillaban intensamente, iluminando los alrededores, mientras que Arthur, con su revolver en la mano, parecía analizar cada movimiento con su mente calculadora.
Pero entonces, un sonido inesperado rompió la tensión.
Se escucharon unos silbidos agudos provenientes de la dirección opuesta.
Alex y Arthur, casi sincronizados, giraron la cabeza hacia el origen del sonido. Allí estaban Jessica y Deirdre, paradas juntas en el borde de la calle. Jessica tenía dos dedos en la boca, preparada para emitir otro silbido, mientras que Deirdre, aunque más reservada, agitaba tímidamente una mano para llamar su atención.
—¡Arthur! — gritó Jessica, con un tono autoritario. —¡Deja de atacarlo! Esto no es un maldito espectáculo de fuegos artificiales.
Deirdre, con un paso vacilante hacia Alex, añadió rápidamente.
—¡Alex, tú también! ¡Detente! Esto no tiene sentido.
Por un momento, los dos hombres permanecieron en silencio, mirándose como si esperaran que el otro diera el primer paso. Finalmente, casi como si estuvieran sincronizados, Alex dejó caer sus manos, apagando las llamas de sus puños, mientras Arthur giraba su revolver en la palma antes de hacerlo desaparecer en una bruma oscura que se disipó en el aire.
Jessica avanzó hacia ellos, sacudiendo la cabeza como una madre regañando a dos niños que habían sido sorprendidos haciendo travesuras.
—Deirdre ya me explicó todo lo que pasó. — dijo, plantándose con firmeza entre ellos. —Y creo que debemos detener esto antes de que alguien termine herido.
Deirdre, con un ligero tartamudeo en su voz, murmuró mientras miraba a Alex.
—P-Pero… Alex me dijo… que esto solo se detiene si uno de los dos muere. Y que el perdedor… desaparece. —
Jessica y Arthur se detuvieron de golpe, intercambiando una mirada rápida antes de estallar en carcajadas. Sus risas resonaban en la calle vacía, y Jessica incluso tuvo que sostenerse de Arthur para no perder el equilibrio.
Deirdre, confundida y con las mejillas encendidas de vergüenza, los miró con una expresión de desconcierto total.
—¿Qué…? ¿Qué pasa? — preguntó, su tono inseguro.
Jessica, con lágrimas de risa en los ojos, se volvió hacia ella.
—¡Deirdre! Hace un momento, con el shock de todo lo que pasó, hablaste perfectamente. Ni un solo tartamudeo. Y ahora… ahora pareces un disco rayado. —
Arthur se cruzó de brazos, con una sonrisa divertida en los labios.
—¿Acaso este tonto te dijo semejante mentira? —
Alex, que hasta ahora había permanecido en silencio, levantó las manos en defensa propia.
—¡No mentí! — protestó. —Solo… no tuve tiempo de explicar todas las reglas. Las cosas se pusieron un poco intensas, ¿recuerdan? —
Deirdre fulminó a Alex con la mirada, sus labios temblando mientras intentaba procesar la situación.
—¿Así que… no es verdad que las peleas solo terminan con la muerte de uno? — preguntó, con un tono más incrédulo que molesto.
Arthur negó con la cabeza, aun sonriendo.
—No, no es cierto. Las peleas pueden detenerse si ambas partes llegan a un acuerdo. Es perfectamente posible hacer una alianza para evitar más combates. —
Deirdre frunció el ceño, su frustración creciendo.
—¿Una alianza? ¿Qué significa eso? —
Jessica intervino, cruzándose de brazos mientras miraba a Alex con desaprobación.
—Significa que pueden formar equipo, Deirdre. En lugar de seguir enfrentándose, uno de los VOOG se convierte en el subordinado del otro. Es algo que generalmente deciden entre ellos, basándose en quién tiene más poder. —
Deirdre dejó escapar un largo suspiro de alivio, soltando la tensión acumulada en sus hombros. Sin pensarlo dos veces, se giró hacia Jessica y la envolvió en un abrazo.
—¡Jess! — exclamó, con la voz quebrándose. —Pensé que una de las dos iba a morir. Por supuesto que quiero hacer equipo contigo. Yo no quería participar en esta tontería desde el principio. —
Jessica la abrazó de vuelta, acariciándole la espalda para calmarla.
—Tranquila, D. Estoy aquí para protegerte. No voy a dejar que nada te pase. —
Arthur, observando la escena con una sonrisa divertida, dio un paso hacia Alex.
—Bueno, parece que esto lo decidiremos de manera civilizada. —
Alex arqueó una ceja.
—¿Civilizada? ¿A qué te refieres? —
Arthur alzó una mano con los dedos extendidos y una sonrisa traviesa.
—Piedra, papel o tijera. Así lo decidiremos. —
Alex lo miró con incredulidad, como si Arthur hubiera sugerido algo completamente absurdo.
—¿Piedra, papel o tijera? ¿Estás bromeando? ¡Eso no es justo para mí! —
Deirdre, todavía con el brazo alrededor de Jessica, giró la cabeza hacia Alex y le lanzó una mirada seria.
—Solo hazlo y ya, Alex. No necesitamos más caos hoy. —
Alex suspiró con resignación, levantando una mano para enfrentarse a Arthur. Ambos se colocaron frente a frente, mirándose fijamente. Las tensiones eran palpables incluso en un juego tan simple.
—A la cuenta de tres. — dijo Arthur, con un tono burlón.
—Uno… dos… ¡tres! —
Alex mostró “piedra”. Arthur, sorprendentemente, mostró “tijera”. Hubo un momento de silencio mientras los resultados se asimilaban.
—¡¿Qué?!— exclamó Jessica, llevándose ambas manos a la cabeza. —¡Eso es imposible! ¡Arthur no puede perder en piedra, papel o tijera! Es matemáticamente imposible. —
Alex, con una sonrisa de satisfacción, se encogió de hombros.
—Estoy igual de sorprendido, pero parece que tu “gran intelecto” no es tan infalible después de todo. —
Arthur apretó los labios, claramente molesto, pero finalmente extendió una mano hacia Alex.
—Muy bien. Me rindo. A partir de ahora, parece que trabajaremos juntos. —
Jessica bufó, cruzándose de brazos.
—Esto se siente como un golpe bajo. Pero está bien. Ahora somos un equipo. —
Deirdre dejó escapar una risa nerviosa, sintiendo que, por primera vez en todo el día, podía relajarse un poco.
—Espero que esto signifique menos peleas y más soluciones. — dijo, mirando a todos con un poco de esperanza.
Alex asintió, aunque aún sonreía.
—No prometo que no habrá caos, pero al menos ahora estaremos en el mismo bando. —
Un destello de luz intensa iluminó el lugar, tan brillante que Deirdre tuvo que cerrar los ojos instintivamente. La sensación fue extraña, como si su cuerpo estuviera siendo arrastrado por una corriente invisible, y cuando volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba de pie en las escaleras del edificio donde todo había comenzado. Parpadeó varias veces, tratando de ajustar su visión mientras su mente intentaba procesar lo que acababa de suceder.
—¿Qué… qué pasó? — murmuró, mirando a su alrededor, completamente desconcertada.
Alex, que estaba de pie a su lado, apoyado casualmente contra el barandal, se encogió de hombros como si todo fuera completamente normal.
—Salimos del domo de batalla. Cuando un combate termina, los participantes son devueltos al lugar donde estaban antes de entrar. —
Deirdre frunció el ceño, claramente frustrada.
—¿Y no creíste que sería importante decirme eso antes? —
Alex la miró con una sonrisa relajada, pero con un ligero destello de diversión en los ojos.
—Bueno, si me hubieras dado más tiempo para explicarte las cosas, probablemente lo habría hecho. —
Deirdre cruzó los brazos, lanzándole una mirada que podía haber derretido el acero.
—¿Tiempo? ¡¿Más tiempo?! Si no fuera por ti, no estaría lidiando con este desastre en primer lugar. —
Alex levantó las manos en señal de rendición, pero su sonrisa se amplió.
—Lo siento, lo siento. Pero técnicamente, fuiste tú quien hizo el ritual, ¿recuerdas? Yo solo respondí al llamado. —
—¡Porque no sabía lo que estaba haciendo! — replicó Deirdre, alzando la voz mientras ambos comenzaban a subir las escaleras hacia el departamento de Jessica. —¿Qué clase de ritual es tan fácil de hacer que cualquiera puede terminar atrapado en esta locura? —
—Uno bastante práctico, si me preguntas. — respondió Alex con tono burlón.
La discusión continuó mientras avanzaban por el pasillo, sus voces mezclándose con pasos apresurados. Alex, siempre relajado, lanzaba comentarios ingeniosos mientras Deirdre lo bombardeaba con quejas y frustraciones acumuladas. Al llegar a la puerta del departamento, Jessica ya estaba esperando en la entrada, apoyada en el marco con los brazos cruzados y una sonrisa divertida en el rostro.
—¿Siempre se llevan tan bien? — preguntó Jessica con sarcasmo, sus ojos brillando de diversión.
Deirdre, con el rostro encendido de vergüenza, tartamudeó mientras hacía un gesto desesperado con las manos.
—¡¿Qué?! ¡Claro que no! Jamás podría llevarme bien con alguien como él. Pero… no tengo otra alternativa. —
Alex, llevándose una mano al pecho en un gesto dramático, fingió estar herido.
—Eso fue cruel, Deirdre. Mis sentimientos están oficialmente heridos. —
Jessica se río mientras se apartaba del marco de la puerta, dejándoles espacio para entrar.
—Bueno, sea como sea, parecen un buen equipo. Aunque sea a regañadientes. —
Antes de que pudieran entrar, otro sonido de pasos resonó por el pasillo. Arthur apareció cargando varias bolsas de compras, con un semblante algo cansado pero tranquilo.
—Tuve que volver a recoger todo. — explicó, alzando las bolsas ligeramente. —Al entrar al domo de batalla, todo se cayó.
Deirdre lo miró con incredulidad mientras Alex le daba un codazo juguetón.
—Parece que los combates también afectan las compras, ¿eh? — bromeó Alex.
Arthur bufó, sin inmutarse.
—¿Y tú? ¿Cuántas reglas más has roto hoy? —
Alex levantó las manos en señal de inocencia, sonriendo nerviosamente.
—Creo que solo una… o tal vez dos. ¿Quién lleva la cuenta, de todos modos? —
Con eso, todos entraron al departamento. La sala estaba tan ordenada como siempre, pero la atmósfera era tensa y algo incómoda. Jessica y Arthur se sentaron en un sofá juntos, mientras que Deirdre y Alex se acomodaron en sillones separados. Por un momento, nadie dijo nada, y el único sonido era el leve crujido del cuero de los muebles al acomodarse.
Deirdre fue quien rompió el silencio. Mirando tímidamente hacia Jessica, preguntó.
—Así que… llevas años con una especie de ser espiritual como pareja. —
Jessica asintió, sonriendo con orgullo mientras colocaba una mano sobre el brazo de Arthur.
—Así es. Desde el momento en que lo convoqué, me enamoré completamente de él. — dijo con una sonrisa nostálgica. —Incluso le di el nombre de mi autor favorito. Me pareció apropiado. —
Alex, desde su lugar, asintió con entusiasmo.
—Felicidades. Yo apoyo cualquier tipo de relación, siempre y cuando haya amor. —
Deirdre se giró hacia Jessica con una ceja arqueada.
—¿Cómo que le diste tú el nombre? ¿Eso es algo que se puede hacer? —
Arthur intervino antes de que Jessica pudiera responder.
—Claro. Los amos son quienes deciden el nombre de sus VOOGs. Es una tradición. Nos da un propósito más personal. —
Deirdre bufó, mirando de reojo a Alex.
—Bueno, este tonto se autonombro. —
Alex se rascó la nuca, riendo nerviosamente.
—Bueno, alguien tenía que hacerlo. Y pensé que mi nombre tenía estilo. —
Arthur sonrió ligeramente, inclinándose hacia Alex.
—¿Cuántas reglas más has roto hoy, además de inventarte tu propio nombre? —
Alex rio, levantando las manos.
—Hey, al menos no rompí tantas cosas físicas. Bueno… salvo una pared. Pero eso fue circunstancial. —
Jessica y Deirdre se rieron suavemente, aliviando un poco la tensión que había llenado la habitación. Por primera vez, parecía que podían sentarse y hablar como personas normales, aunque la extrañeza de la situación seguía siendo evidente para Deirdre.
Mientras la conversación avanzaba, Deirdre se permitió un pequeño suspiro de alivio. Aunque todavía tenía muchas preguntas, algo en el ambiente de aquella sala le hizo pensar que, tal vez, las cosas podían no ser tan malas después de todo.
La atmósfera en la sala era más relajada ahora, pero aún quedaba una tensión subyacente, un recordatorio de que el conflicto reciente no se había olvidado del todo. Jessica, sentada cómodamente junto a Arthur, cruzó las piernas y lanzó una mirada a los presentes antes de hablar.
—Bueno, entonces… ¿cuáles serán las reglas de esta alianza? — preguntó, con un tono práctico, como si estuviera negociando un contrato.
Deirdre frunció el ceño y la miró con confusión.
—¿Reglas? ¿A qué te refieres con eso? —
Arthur, siempre sereno, tomó la palabra mientras ajustaba sus gafas.
—Es simple. En una alianza, todos deben comprometerse a protegerse mutuamente en combate. Además, la energía que recojamos de los VOOGs derrotados debe repartirse de manera equitativa. Es lo justo. —
Alex asintió desde su asiento, apoyando los codos en las rodillas mientras observaba a Arthur con atención.
—Eso suena razonable. Estoy de acuerdo con esas reglas. —
Deirdre, algo menos convencida, levantó una mano como si estuviera en una reunión formal.
—Un momento. Si vamos a trabajar juntos, también me gustaría que me compartieran más información. Ustedes llevan mucho más tiempo en esto que yo, y claramente saben cosas que no me han explicado aún. —
Jessica intercambió una mirada con Arthur antes de asentir.
—Bueno, fuera de que hemos ganado unas doscientas peleas en los últimos cinco años, lo único realmente relevante que hemos hecho es que Arthur creó un sistema de clasificación de poder para los VOOGs. Es un sistema que usamos para saber a qué enfrentarnos y a qué no. —
Deirdre arqueó una ceja, interesada.
—¿Un sistema de clasificación? —
Arthur se acomodó en el sofá, adoptando un tono más didáctico.
—Exacto. Básicamente, evaluamos el poder de los VOOGs y los clasificamos como si fueran estrellas de una película. El rango va de 1 a 5 estrellas. Cuantas más estrellas tenga un VOOG, más poderoso será y más difícil será enfrentarlo. —
Jessica asintió, continuando con la explicación.
—Por ejemplo, Arthur tiene una clasificación de 2 estrellas. Eso significa que podemos enfrentarnos sin muchos problemas a VOOGs de hasta 3 estrellas. Más allá de eso, las probabilidades comienzan a volverse en nuestra contra. —
Deirdre asimiló la información, procesando lentamente lo que eso significaba. Finalmente, levantó la mirada hacia Arthur, con una pregunta evidente en su expresión.
—¿Y eso en dónde pone a Alex? —
Por un momento, el silencio volvió a llenar la sala. Alex y Arthur intercambiaron una mirada fija, como si ambos intentaran leer los pensamientos del otro. Finalmente, Arthur ajustó sus gafas y habló con calma.
—Lamentablemente, Alex solo sería de 1 estrella en este momento. Pero no dudo que tiene potencial. —
Deirdre miró a Alex, tratando de leer su reacción. Sin embargo, este simplemente se rio, sacudiendo la cabeza con una sonrisa despreocupada.
—Bueno, puede que no tenga muchas estrellas, pero soy bueno peleando. Además, las estrellas no lo son todo, ¿verdad? —
Arthur asintió, concediéndole el punto.
—Tienes razón. Aunque tengamos un sistema para determinar el poder, hay muchos factores que pueden influir en una pelea: el entorno, la estrategia, la experiencia… Incluso la suerte puede jugar un papel importante. —
Jessica miró a Alex con una sonrisa traviesa.
—Aunque siendo honestos, Arthur diseñó este sistema precisamente para reducir los riesgos y aumentar nuestras probabilidades de éxito. Nos ayuda a decidir qué batallas vale la pena pelear y cuáles no. —
Deirdre, todavía procesando todo, suspiró.
—Bueno, al menos ahora entiendo un poco más. Pero sigue siendo un caos. —
Alex, de pie, se estiró y miró a Arthur con una sonrisa animada.
—Oye, ¿qué te parece si dejamos que estas dos amigas se pongan al día? Vamos afuera a hablar de cosas más… interesantes. —
Arthur asintió, poniéndose de pie con calma.
—Me parece bien. Siempre es mejor discutir estrategias sin interrupciones. —
Ambos hombres salieron del departamento, dejando a Deirdre y Jessica solas en la sala. Por un momento, ninguna de las dos dijo nada. Finalmente, Jessica se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas mientras miraba a Deirdre con una sonrisa más relajada.
—Bueno, ahora que están fuera… ¿cómo has estado, D? —
Deirdre dejó escapar una risa nerviosa, acomodándose en el sillón.
—¿Cómo he estado? Oh, ya sabes, solo tratando de no perder la cabeza con todo este desastre. —
Ambas se rieron suavemente, y la conversación pronto derivó en temas más ligeros. Jessica comenzó a hablar sobre algunos chismes recientes, y por un momento, el ambiente volvió a sentirse más normal. Sin embargo, eventualmente, Jessica cambió de tono, y su rostro adoptó una expresión más seria.
—Deirdre…— comenzó, con un tono cuidadoso. —Quiero disculparme nuevamente. A pesar de todos mis esfuerzos, todavía no he encontrado pistas sobre el conductor que mató a Albert. —
El nombre de Albert cayó como una piedra en la conversación. Deirdre bajó la mirada, sus manos apretándose con una fuerza de una ira reprimida. Permaneció en silencio por unos segundos antes de hablar, su voz apenas audible.
—Está bien, Jess. Sé que estás haciendo todo lo posible. Algún día lo encontraremos. Y cuando lo hagamos…— levantó la mirada, su expresión endureciéndose. —Lo haré pagar por lo que hizo. —
Jessica asintió solemnemente, colocando una mano sobre la de Deirdre en un gesto de apoyo.
—Lo sé, D. Lo sé. Estoy contigo en esto. —
Ambas permanecieron en silencio por un momento, compartiendo el peso de las palabras de Deirdre. A pesar de todo lo que había pasado ese día, el recuerdo de Albert seguía siendo una sombra que no podía ignorar.
En el pasillo estaba silencioso, apenas iluminado por las luces amarillentas del techo que parpadeaban de vez en cuando. Alex y Arthur ambos caminaron en silencio por unos momentos, con pasos relajados pero cargados de una tensión apenas perceptible.
Fue Alex quien rompió el silencio primero, hablando con un tono casual, pero con un trasfondo de sinceridad.
—Gracias por no revelar mi verdadero nivel. — dijo, con una ligera sonrisa que apenas curvaba sus labios.
Arthur, caminando a su lado con las manos en los bolsillos de su chaqueta, lanzó una mirada de reojo hacia Alex antes de responder.
—Está bien. — dijo simplemente. —Supongo que estamos a mano. Después de todo, tú tampoco me eliminaste de un solo golpe.
Alex soltó una carcajada suave, deteniéndose brevemente para apoyarse contra la pared del pasillo.
—¿Eliminarte? — repitió con un tono burlón. —Nunca lo habría hecho. Eres útil. Además… ¿quién sería tan idiota como para intentar enfrentarse a un 5 estrellas? —
Arthur con una cara claramente molesta le responde.
—Desde que te vi solo supe que eras poderoso y no sabía si eras peligroso solo actúe por instinto y con la pelea iniciada solo podía continuar hasta el final— dijo con un tono calmado.
Alex asintió, cruzándose de brazos mientras lo miraba con una sonrisa casi juguetona.
—Por supuesto. Si hubieras sabido mi verdadero nivel desde el principio, para mi desgracia no puedo usar en este momento toda mi fuerza. —
Arthur lo miró fijamente, evaluando cada palabra. Finalmente, dejó escapar un leve suspiro, como si estuviera aceptando algo inevitable.
—Bueno… en ese caso, tu nivel supera mis medidas. Pero si lo que dices es cierto y tu poder no está completo, eso plantea algunas preguntas interesantes. —
Alex se levantó de la pared y comenzó a caminar nuevamente, sus pasos resonando suavemente en el pasillo.
—¿Preguntas? — murmuró sin voltear.
Arthur asintió, siguiéndolo de cerca.
—Sí. Ahora que somos equipo, tengo dos dudas. Prometo que no diré nada, pero quiero respuestas claras. —
Alex se detuvo por un momento, girando ligeramente la cabeza para mirarlo de reojo.
—¿De qué se trata? —
Arthur lo alcanzó y lo miró directamente, sus ojos brillando con esa intensidad calculadora que parecía leer más allá de las palabras.
—Tengo entendido que, si un VOOG mata a su amo, este regresa a nuestro mundo con todo su poder y se convierte en un paria de la sociedad. —
La expresión de Alex cambió en un instante. La relajación en sus rasgos desapareció, reemplazada por una seriedad oscura que hizo que incluso el aire en el pasillo se sintiera más pesado.
—Así es. — respondió finalmente, su voz más baja, casi un gruñido.
Arthur notó el cambio, pero no retrocedió. En lugar de eso, detuvo su avance, cruzándose de brazos mientras mantenía la mirada fija en Alex.
—Y, por lo que veo, este no es tu primer amo… ¿no es así? —
Alex se quedó en silencio, sus pasos resonando unos metros más adelante antes de detenerse. Permaneció de espaldas a Arthur por un momento, dejando que la pregunta colgara en el aire. Finalmente, se giró lentamente, sus ojos brillando con una intensidad que parecía contener una mezcla de enojo y resignación.
—¿Y qué si así es? — dijo con firmeza, su voz cortante.
Arthur alzó las manos en un gesto conciliador, pero su expresión permaneció seria.
—Nada. Solo quería saberlo. Es bueno entender con quién estoy trabajando y qué tan seguro estoy… qué tan seguros estamos Jessica y yo con ustedes. —
Alex se relajó un poco, aunque su rostro seguía mostrando rastros de irritación. Suspiró, llevándose una mano a la nuca mientras se acercaba lentamente a Arthur.
—Mira, no te voy a mentir. Sí, tuve un amo antes. Y sí, lo maté. — admitió, su tono directo y sin rodeos. —Pero lo que hice fue por un bien mayor. No fue por egoísmo, ni por poder. Fue… necesario. —
Arthur lo observó detenidamente, buscando cualquier signo de engaño en sus palabras. Finalmente, asintió lentamente, como si estuviera aceptando la explicación.
—Si dices que fue necesario, supongo que no tengo motivos para dudar de ti. Pero espero que no planees que algo así se repita. —
Alex esbozó una sonrisa ligera, aunque sin rastro de humor.
—No lo haré. Créeme, no tengo intención de volver a cometer ese error. Deirdre puede ser complicada, pero tiene algo… algo que me da esperanza. No voy a arruinar eso. —
Arthur asintió, satisfecho con la respuesta, y comenzó a caminar nuevamente.
—Bien. Mientras confíes en ella y en nosotros, no habrá problemas. —
Alex lo siguió, quedándose en silencio por un momento antes de hablar nuevamente, con un tono más relajado.
—Entonces, ¿cómo es que tú y Jessica? No es común que un VOOG termine en una relación con su amo. —
Arthur sonrió levemente, aunque su mirada seguía fija al frente.
—Jessica es… especial. No solo como ama, sino como persona. Ella confió en mí desde el principio, incluso cuando yo no confiaba en mí mismo. Eso crea un vínculo que no se puede romper fácilmente. —
Alex asintió, comprendiendo lo que Arthur quería decir.
—Supongo que eso es lo que hace que funcione. —
Ambos continuaron caminando en silencio por el pasillo, dejando atrás el peso de la conversación. Aunque las dudas persistían, había una sensación de entendimiento mutuo que parecía sellar su alianza, al menos por el momento.
“No hay fortaleza más grande que la confianza entre aliados, pero tampoco debilidad más grande que la duda.”
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