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El Llamado del VOOG - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Capítulo 6 La última copa antes de la batalla
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6: Capítulo 6 La última copa antes de la batalla 6: Capítulo 6 La última copa antes de la batalla La noche era cálida y el sonido lejano del tráfico se mezclaba con el murmullo de las personas caminando por las calles iluminadas de la ciudad.

Jessica y Arthur caminaban lado a lado, sus pasos sincronizados como si el tiempo y la rutina los hubieran hecho moverse al mismo compás.

Arthur vestía un traje impecablemente ajustado, con una corbata bien alineada y un porte que reflejaba su naturaleza meticulosa.

Jessica, por su parte, llevaba un elegante vestido negro que resaltaba su figura, con el cabello suelto cayendo en suaves ondas sobre sus hombros.

—Los últimos días han sido exigentes en el trabajo… —comentó Arthur, ajustándose los puños de su camisa con precisión.

—Así que preparé esto para ti.

Jessica sonrió, girando su rostro hacia él con dulzura.

—Arthur, no tienes que preocuparte tanto.

Para mí, solo trabajar contigo ya es suficiente regalo.

— Arthur la miró de reojo, evaluando su expresión.

—Aun así, una ocasión especial merece ser celebrada apropiadamente.

— Jessica tomó su brazo con ligereza y apoyó su cabeza suavemente en su hombro mientras caminaban.

—Lo único que quiero esta noche es olvidarme del trabajo y pasar un aniversario perfecto contigo.

— Arthur asintió, y sin más palabras, la guio hasta la entrada de un restaurante elegante.

Las luces tenues y la decoración clásica daban un aire sofisticado al lugar.

Un anfitrión vestido con esmoquin los recibió con una leve inclinación.

—Bienvenidos.

¿Tienen reservación?

— Arthur asintió.

—Sí.

A nombre de Arthur H.

L.— El anfitrión revisó la lista rápidamente y asintió con cortesía.

—Por supuesto, señor.

Su mesa está lista.

Por favor, síganme.

— Con un gesto de la mano, un mesero los escoltó a una mesa cerca de un ventanal, donde la vista de la ciudad iluminada hacía que el ambiente se sintiera aún más especial.

Jessica suspiró, maravillada por el detalle.

—Eres increíble, ¿lo sabías?

— dijo con una sonrisa traviesa.

Arthur, con su clásica seriedad, tomó el menú sin levantar la vista.

—Eso ya lo sabía, pero me gusta que lo recuerdes.

— Jessica soltó una risita y tomó el menú también, repasando con calma las opciones.

—¿Qué pedirás?

— preguntó con curiosidad.

Arthur apoyó un codo en la mesa y, con una leve inclinación de cabeza, respondió.

—Probablemente un corte de carne.

La calidad de la carne en este tipo de establecimientos suele ser sobresaliente.

— Jessica lo observó con diversión.

—Siempre tan meticuloso.

— Él alzó una ceja.

—¿Y tú qué pedirás?

— Jessica sonrió ampliamente y señaló algo en el menú.

—Creo que voy a probar el risotto de mariscos.

Suena sofisticado y delicioso.

— Arthur cerró el menú con un leve movimiento y asintió.

—Buena elección.

El risotto bien hecho es un plato con un equilibrio perfecto de texturas y sabores.

— Jessica lo miró fijamente y apoyó la barbilla en una mano.

—¿Recuerdas cómo eras cuando nos conocimos?

— Arthur levantó la vista con calma.

—Mi memoria es perfecta.

Recuerdo cada detalle.

— Jessica inclinó la cabeza con una sonrisa desafiante.

—¿Ah, sí?

¿Qué recuerdas?

— Arthur dejó el menú a un lado, entrelazando los dedos sobre la mesa con una leve sonrisa.

—Recuerdo a una fanática de las historias de detectives, con una obsesión por resolver misterios, que acababa de emprender un negocio de investigación privada… y que, además, era algo despistada.

— Jessica abrió la boca, fingiendo indignación.

—¡Oye!

No era tan despistada.

— Arthur levantó una ceja, claramente divertido.

—Jessica, olvidaste tu identificación en la oficina el primer día que abriste tu negocio.

Tu primer caso se retrasó porque pasaste una hora buscándola.

Jessica rió a carcajadas y movió una mano en el aire, restándole importancia.

—Bueno, bueno, quizá tenía uno o dos pequeños problemas de organización.

Pero si no fuera por eso, nunca te hubiera conocido.

— Arthur la observó con una expresión más suave.

—Eso es cierto.

Aquella investigación te llevó a invocarme.

— Jessica tomó una copa de vino que les habían servido y la giró suavemente, viendo cómo el líquido reflejaba las luces del restaurante.

—Sigo sintiéndome afortunada de que seas mi VOOG.

A veces ni siquiera lo pienso, para mí siempre fuiste tú.

Como si siempre hubieras estado ahí.

— Arthur la miró fijamente.

—Yo te elegí porque vi en ti una capacidad de análisis y razonamiento encantadora.

— Jessica sintió cómo su corazón se aceleraba un poco.

Era raro escuchar a Arthur decir cosas así, pero cuando lo hacía, cada palabra se sentía verdadera.

—Oh, así que te enamoraste de mi mente brillante, ¿eh?

— bromeó, tomando un sorbo de vino.

Arthur tomó su copa con calma y la levantó ligeramente.

—Entre otras cosas.— Jessica, sintiendo un leve sonrojo en sus mejillas, chocó suavemente su copa contra la de él.

—Feliz aniversario, Arthur.

— Él asintió con una sonrisa discreta.

—Feliz aniversario, Jessica.

— En ese momento, el mesero llegó con su comida.

El aroma del risotto de mariscos era intenso y fragante, con un toque de limón que lo hacía aún más apetitoso.

El filete de Arthur estaba perfectamente cocido, con una salsa oscura y brillante que lo hacía aún más elegante.

Jessica cerró los ojos y suspiró al probar el primer bocado.

—¡Dios, esto está increíble!

— Arthur cortó un pedazo de su carne y lo probó con su usual calma.

—Definitivamente está a la altura de mis expectativas.

— Jessica tomó un poco de su risotto y lo acercó con el tenedor hacia Arthur.

—Prueba esto.

— Él miró la comida por un instante, luego se inclinó levemente y tomó un bocado, masticando en silencio.

Jessica esperó con expectación.

—¿Y bien?

¿Veredicto?

— Arthur asintió lentamente.

—Equilibrio perfecto de cremosidad y frescura.

Los mariscos tienen una textura suave y bien cocida.

Excelente selección.

— Jessica sonrió satisfecha.

—¿Ves?

No solo tú haces buenas elecciones.

— Arthur tomó otro sorbo de su vino y la miró con una leve sonrisa.

—Nunca lo he dudado.

— Un giro inesperado en el destino La velada continuaba con la misma tranquilidad con la que había comenzado.

Jessica y Arthur seguían disfrutando de su cena, pero la conversación comenzó a tomar un giro más serio.

Arthur cortó un trozo de su filete con la precisión quirúrgica de siempre, pero su mirada permanecía distante, pensativo.

Finalmente, dejó el cuchillo y el tenedor sobre el plato con un leve chasquido y fijó su atención en Jessica.

—Aún pienso en cómo las últimas dos semanas dieron un giro total a nuestra situación… y todo por culpa de Deirdre.

Jessica arqueó una ceja, tomándose un momento para saborear su risotto antes de responder.

—No lo digas como si fuera su culpa —dijo con una pequeña sonrisa, moviendo su copa de vino con suavidad—.

Si el destino la puso en este camino, debía ser por algo.

Después de todo, no creo que haya sido coincidencia que terminara invocando un VOOG.

Arthur apoyó un codo sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Quizá tengas razón… pero es innegable que su presencia ha cambiado muchas cosas.

Su vida era completamente diferente antes de esto, y ahora está metida en algo que no tiene marcha atrás.

Jessica suspiró con suavidad.

—Siempre he pensado que Deirdre era una chica con un gran potencial, pero que se limitaba a sí misma.

Se conformó con la estabilidad que Albert le daba.

No digo que estuviera mal… pero ahora que él ya no está, tiene que descubrir de lo que realmente es capaz.

Arthur asintió lentamente.

—Eso es precisamente lo que me preocupa.

No sé si Alex será una buena compañía para ella.

— Jessica ladeó la cabeza, observándolo con curiosidad.

—¿Nunca has confiado en él?

— preguntó con interés.

Arthur tomó su copa y bebió un sorbo de vino antes de responder.

—No.

Desde el primer momento que lo vi, supe que había algo en él que no me convencía.

Tiene un potencial de crecimiento que nunca antes había visto en otro VOOG, y eso es… aterrador.

Jessica dejó su tenedor sobre el plato y entrelazó las manos sobre la mesa.

—¿Aterrador?

¿Por qué lo dices?

— Arthur se tomó un momento antes de contestar, acomodándose sus gafas con un gesto casi automático.

—Si tuviera que describirlo, diría que es como un incendio pequeño a punto de llegar a un cuarto lleno de combustible.

Ahora mismo no es un problema, pero es solo cuestión de tiempo para que su poder se vuelva inmanejable.

Jessica entrecerró los ojos, analizando sus palabras.

—Pero si tiene tanto potencial… ¿no sería eso bueno para nuestra alianza?

Tener a alguien tan fuerte de nuestro lado nos beneficiaría.

Arthur presionó los labios en una línea tensa.

Se notaba que había algo más que no estaba diciendo.

Jessica captó de inmediato su expresión y su curiosidad aumentó.

—Arthur… ¿hay algo que no me has dicho?

— Arthur soltó un suspiro, recargando su espalda en la silla.

—No quería mencionarlo antes porque sabía que Alex probablemente intentaría matarme si lo decía.

Pero como mi ama, debo ser honesto contigo.

— Jessica se inclinó ligeramente hacia él, ahora completamente interesada.

—Dime de qué se trata.

— Arthur tamborileó los dedos sobre la mesa, organizando sus pensamientos antes de hablar.

—Como te he explicado antes, hay ciertos tabúes entre los VOOGs.

El enamoramiento con su amo, por ejemplo, es algo que en nuestra cultura es mal visto.

Jessica asintió con un leve rubor en las mejillas.

—Sí, eso lo sé bien…— Arthur tosió levemente y continuó.

—Pero hay otro tabú, uno que es considerado el peor de todos… algo que va en contra de la misma naturaleza de los VOOGs.

Jessica frunció el ceño.

—¿Qué puede ser peor que romper la barrera entre amo y VOOG?

Arthur la miró fijamente antes de responder con calma.

—El asesinato de su propio amo.

Jessica sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué…?— Arthur entrelazó las manos sobre la mesa y explicó con tono grave.

—Si un VOOG mata a su amo, queda libre del contrato y regresa al mundo de los VOOG con todo el poder que obtuvo en vida.

Pero esto va en contra de la esencia misma de nuestra existencia, ya que estamos hechos para obedecer y proteger a nuestro amo.

Solo ha habido un par de casos conocidos… o al menos, eso es lo que se ha documentado.

Jessica lo miró con una mezcla de confusión y repulsión.

—Eso es horrible… —susurró.

—¿Acaso estás insinuando que Alex…?

Arthur apretó los labios y bajó la mirada por un segundo, como si pesara cada palabra antes de soltarla.

—No tengo pruebas.

Pero sí tengo sospechas.

Jessica se tensó.

—Explícate.

— Arthur acomodó su corbata y continuó con seriedad.

—Entre nosotros, los VOOGs, aunque nuestros amos nos vean con forma humana, nosotros podemos percibirnos en nuestra verdadera esencia.

Alex tiene la apariencia exacta de un VOOG que en el pasado fue marcado como un criminal.

Un asesino que mató a su amo y huyó.

Jessica sintió un nudo en el estómago.

—Pero si fue un criminal, ¿cómo es que sigue libre?

— Arthur miró a su alrededor, asegurándose de que nadie estuviera escuchando, y bajó un poco la voz.

—Porque se unió a la Orden de los 10 Dedos.

Jessica abrió los ojos con sorpresa.

—Nunca me habías mencionado esa orden.

Arthur asintió con calma.

—Es un grupo de diez VOOGs extremadamente poderosos.

Cada uno de ellos se marca en su cuerpo un número del 1 al 10.

Mientras más bajo es el número, más poderosos son.

Jessica tragó saliva.

—¿Y cuál es su objetivo?

Arthur miró fijamente su copa de vino, como si la respuesta estuviera escrita en la superficie del líquido.

—Encontrar amos lo suficientemente poderosos como para derrotar al rey de los VOOGs.— Jessica se quedó en silencio.

—Pero en más de mil años, ninguno ha tomado un amo.

Se dice que, si uno de ellos lo hiciera, los demás estarían obligados a seguirlo y formar una alianza.

Jessica frunció el ceño.

—Suena a que son gente muy peligrosa.

Arthur asintió.

—Lo son.

Pero si Alex fuera parte de ellos… entonces su existencia misma contradice la ley no escrita de los 10 Dedos.

Si hubiera tomado a Deirdre como su ama, los demás deberían haber hecho lo mismo.

Y hasta donde sabemos, no ha ocurrido nada de eso.

Jessica respiró hondo, intentando asimilar todo.

—Si ese fuera el caso, Alex no hubiera hecho esa alianza con nosotros.

No tendría sentido.

— Arthur la observó con seriedad.

—Ese es el único punto que me hace dudar.

Si realmente es el mismo VOOG del que estoy hablando, entonces algo no encaja.

Jessica cruzó los brazos.

—¿Entonces sigues creyendo que es coincidencia?

Arthur dejó escapar una leve risa sin humor.

—Sabes que odio las coincidencias.

Jessica sostuvo su mirada por un momento, su mente procesando toda la información.

—Entonces tendremos que vigilarlo más de cerca.

Arthur sonrió levemente.

—Siempre un paso adelante, como debe ser.

— Jessica tomó su copa y la alzó con determinación.

—Brindemos, entonces, por los misterios que aún quedan por resolver.

Arthur la observó por un instante antes de chocar su copa con la de ella.

—Por los misterios… y por las respuestas que encontraremos.

— La cena transcurría con una tranquilidad encantadora.

Jessica y Arthur continuaban disfrutando de la comida, envueltos en una burbuja de romance y complicidad.

Jessica tomaba sorbos de vino con una sonrisa juguetona en los labios, mientras Arthur, con su porte refinado, cortaba su filete con la precisión de un cirujano.

—Admito que lograste sorprenderme con esta cena —dijo Jessica, apoyando la barbilla en una mano mientras lo miraba con una sonrisa traviesa—.

Eres un hombre de detalles, Arthur.

Arthur alzó una ceja, tomando un sorbo de su copa de vino antes de responder.

—No es sorpresa, Jessica.

Sabes bien que la perfección y el detalle son parte de mi esencia.

— Jessica soltó una risa suave y jugueteó con su tenedor en el plato.

—A veces me pregunto si en algún momento te relajas o si simplemente naciste con un manual de etiqueta incorporado.

— Arthur inclinó la cabeza con una leve sonrisa.

—Mi deber es siempre estar un paso adelante.

Pero contigo… puedo permitirme disfrutar del momento.

— Jessica sintió cómo su corazón se aceleraba un poco.

—Ohh, Arthur, con frases así me haces sentir como la mujer más afortunada del mundo.

— Él le dedicó una mirada intensa.

—Y lo eres.

— Jessica se llevó una mano al pecho, dramatizando su reacción.

—Dios, si sigues así, podría desmayarme aquí mismo.

— Arthur rodó los ojos con una sonrisa de medio lado.

—Prefiero que no causes un escándalo en medio del restaurante.

— Jessica se río y tomó su copa.

—Brindemos entonces…— Pero antes de que pudiera terminar la frase, una luz intensa los envolvió.

El mundo desapareció a su alrededor.

En un abrir y cerrar de ojos, la elegante atmósfera del restaurante desapareció.

El sonido de platos y copas finas se desvaneció, dejando paso al silencio absoluto de la noche.

Jessica sintió un leve mareo y parpadeó varias veces, tratando de procesar lo que había ocurrido.

Arthur, sin perder la compostura, miró a su alrededor con seriedad.

Estaban de pie en el centro de una calle desierta.

Las luces de la ciudad estaban apagadas, como si la energía hubiera sido drenada de todo el entorno.

El cielo estaba oscuro, pero no con la oscuridad natural de la noche, sino con un tinte antinatural, denso y asfixiante.

Jessica soltó un suspiro y se llevó una mano a la cadera.

—Bueno… parece que tendremos un poco de acción esta noche.

— Arthur ajustó su corbata y sacudió su chaqueta con elegancia.

—Qué desafortunado que nuestra velada tenga que ser interrumpida de esta manera.

— Ambos intercambiaron una mirada antes de empezar a moverse con cautela por las calles silenciosas.

—Busquemos a nuestros compañeros y al enemigo —dijo Arthur, avanzando con pasos firmes—.

No sabemos qué clase de rival enfrentamos esta vez.

Jessica asintió y ambos comenzaron a explorar la zona, caminando con cautela entre los edificios vacíos.

De pronto, en la distancia, se escuchó una serie de explosiones.

Jessica y Arthur intercambiaron una mirada.

—Parece que ya encontramos la fuente del caos.— Sin perder tiempo, corrieron en dirección al sonido.

Al doblar la esquina de una avenida, divisaron dos figuras corriendo a toda velocidad hacia ellos.

Jessica frunció el ceño por un momento, pero al reconocerlas, sonrió ampliamente.

—¡Cristina!

¡Deirdre!— Las dos chicas se detuvieron abruptamente al escuchar su nombre.

Cristina, con su energía inagotable, alzó una mano y sonrió ampliamente.

—¡Jess!

¡Ese vestido es hermoso!

¡Te ves como toda una reina del misterio!

— Jessica, halagada, hizo una pequeña pose.

—Oh, gracias querida.

Ya sabes, siempre manteniendo la elegancia, incluso en momentos como este.

— Ambas compartieron una sonrisa cómplice, olvidándose por un instante de la situación en la que estaban.

Sin embargo, Deirdre se puso tensa de repente.

—¡Cuidado!

— exclamó, lanzándose hacia Jessica y Cristina con un empujón.

Del suelo, justo donde estaban paradas, un hombre surgió con una velocidad sorprendente.

Era alto y musculoso, con el rostro cubierto por una máscara de cuero gastado.

Su piel estaba cubierta de marcas de suciedad y polvo, y su ropa parecía estar hecha de materiales reforzados, diseñados para soportar el desgaste de la batalla.

Pero antes de que pudiera siquiera acercarse a Jessica y Cristina, una sombra apareció a toda velocidad y lo impactó con una fuerza brutal.

—¡Te tengo!

— rugió Alex, tacleando al enemigo con la fuerza de un tren en movimiento.

Ambos salieron rodando por el suelo a gran velocidad, alejándose del grupo.

Justo entonces, Natsu apareció corriendo, respirando con pesadez.

—¡Perdón, solo se nos escapó un segundo!

— dijo con su tono sombrío y serio, aunque claramente avergonzado.

Jessica y Cristina, aún en el suelo, fueron ayudadas a levantarse por Deirdre y Arthur.

Arthur se acomodó las gafas con calma y miró en dirección a la pelea.

—Bien, ¿alguien puede decirme qué está pasando exactamente?

Deirdre tomó aire y explicó rápidamente.

—Alex y yo estábamos en mi entrevista de trabajo cuando, de repente, fuimos transportados al domo.

Cristina asintió rápidamente.

—Mi historia es similar.

Estaba con mi hermano regresando de hacer ejercicio cuando todo se volvió oscuro y terminé aquí.

Así que realmente no tenemos idea de quién activó el domo ni quién enfrentó al enemigo primero.

Arthur observó la escena con calma.

—Entiendo… así que tenemos un enemigo desconocido capaz de excavar túneles en la tierra para atacar por sorpresa.

— Jessica chascó la lengua.

—Eso lo hace más complicado de rastrear.

No es fuerte, pero es escurridizo.

— En ese momento, una fuerte explosión sacudió la calle.

Todos giraron rápidamente la cabeza y vieron a Natsu volando por los aires.

Se estrelló contra un poste de luz con un impacto estremecedor.

El silencio duró unos segundos hasta que, con su acostumbrada actitud estoica, Natsu se reincorporó lentamente.

—Pega bastante fuerte… —dijo con calma—.

Pero estoy bien.

— Jessica, Arthur, Deirdre y Cristina observaron el combate con atención.

Arthur ajustó su chaqueta.

—Parece que este oponente es más problemático de lo que pensábamos.

Jessica sonrió con emoción.

—Bueno, qué aburrido sería si no lo fuera.

— Deirdre apretó los puños y miró a Alex.

—Tenemos que terminar con esto rápido.

Cristina sonrió ampliamente y chocó los puños.

—¡Sí!

¡Hora de demostrar lo que hemos aprendido!

— El enemigo salía y entraba del suelo con una velocidad impresionante, atacando desde distintos ángulos, pero Alex no se quedaba atrás.

Alex y el enemigo intercambiaban golpes en una batalla cuerpo a cuerpo feroz.

Alex, con su estilo de combate agresivo, se movía con precisión, golpeando con los puños envueltos en llamas.

Cada impacto era devastador, pero su oponente era persistente.

El enemigo, aunque menos ágil que Alex, tenía una gran resistencia.

Su capacidad para excavar en el suelo y atacar desde ángulos inesperados lo hacía un adversario complicado.

Cada vez que Alex lo derribaba con un golpe directo, el hombre desaparecía en la tierra como un fantasma, solo para emerger segundos después con un nuevo ataque.

Deirdre observaba con el corazón acelerado.

—¡No importa cuánto lo golpees, sigue volviendo!

— exclamó, frustrada.

Natsu, con su porte serio, no perdió el tiempo.

—Eso no será un problema —murmuró.

Se acercó rápidamente a los huecos que el enemigo dejaba al desaparecer en la tierra y puso sus manos sobre ellos.

—¿Qué está haciendo?

— preguntó Cristina con curiosidad.

Antes de que nadie pudiera responder, un rugido sordo se escuchó bajo tierra.

De repente, el suelo comenzó a temblar violentamente.

BOOM.

Varias explosiones estallaron desde los túneles subterráneos, haciendo que el terreno se sacudiera con furia.

El enemigo salió disparado desde el subsuelo, su cuerpo envuelto en polvo y escombros, su guardia completamente expuesta.

Alex sonrió con satisfacción.

—¡Buen trabajo, Natsu!— exclamó, lanzándose al aire para atacar.

Sin embargo, antes de que pudiera conectar su golpe, el enemigo logró aterrizar sobre el suelo, rodar y desaparecer nuevamente bajo tierra.

Arthur frunció el ceño y ajustó sus gafas.

—Esto no está funcionando.

No podemos seguir permitiendo que desaparezca una y otra vez.

Necesitamos coordinar nuestros ataques.

— Jessica asintió con energía.

—Bien, eres el genio táctico, ¿qué sugieres?

— Arthur observó la batalla con atención, sus ojos afilados como un halcón.

En cuestión de segundos, ya tenía un plan en mente.

—Escuchen, la velocidad de Alex nos da una ventaja ofensiva, pero nuestro oponente tiene una capacidad de movilidad que nos está retrasando.

Necesitamos bloquear sus rutas de escape.

Cristina comprendió de inmediato.

—¡Natsu, usa tus armas!

— Natsu sonrió levemente y asintió.

—Como ordenes.

— De repente, dos tonfas aparecieron en sus manos.

Eran negras y metálicas, con un resplandor rojizo que vibraba en su superficie.

Las armas de Natsu no eran comunes… estaban diseñadas para canalizar sus explosiones.

—Hora de ponernos serios —murmuró.

Coordinación perfecta El enemigo emergió de nuevo del suelo, atacando a Alex con un puñetazo demoledor.

Pero esta vez, Alex ya lo esperaba.

Con una precisión impecable, desvió el golpe con su antebrazo y lo atrapó por el cuello, impidiendo que escapara de nuevo.

—¿A dónde crees que vas?

— dijo con una sonrisa.

El enemigo gruñó y se preparó para liberarse, pero en ese momento… ¡BAM!

Natsu apareció a toda velocidad, girando su tonfa y golpeándolo con una fuerza brutal en el estómago.

Una explosión controlada estalló en el punto de impacto, enviando al enemigo varios metros hacia atrás.

El oponente se levantó con dificultad, jadeando.

Pero antes de que pudiera reaccionar, Arthur ya estaba listo.

—¡Cristina, dale el golpe final!

— ordenó.

Cristina corrió hacia el enemigo con velocidad impresionante, dando un gran salto en el aire.

—¡Natsu, sincronización final!

— gritó.

Natsu saltó detrás de ella, usando sus tonfas para canalizar una explosión masiva en sus piernas.

El impacto le dio a Cristina un impulso extra, enviándola en picada a toda velocidad hacia el enemigo.

—¡Golpe de la Estrella Fugaz!

— exclamó Cristina, lanzando una poderosa patada reforzada con la explosión.

El enemigo intentó moverse, pero ya era demasiado tarde.

La patada de Cristina impactó de lleno en su pecho, y el suelo entero retumbó con el golpe.

El hombre cayó de espaldas con un estruendo, inconsciente.

Silencio.

Jessica parpadeó sorprendida.

—…Bueno, eso fue espectacular.

— Arthur ajustó su corbata.

—Efectivo y eficiente.

— Cristina levantó un puño en el aire, sonriendo.

—¡Y con estilo!

— Natsu limpió el polvo de sus tonfas y asintió con satisfacción.

—La victoria es nuestra.

— Alex se sacudió la ropa y suspiró.

—Demonios… yo quería dar el golpe final.

— Deirdre le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Deja de quejarte, lo importante es que ganamos.

— Alex sonrió y puso sus manos en la nuca.

—Bueno… sí, eso también está bien.

— Antes de que la luz cubriera por completo a todos y los transportara de regreso, Jessica giró la cabeza hacia Deirdre, su expresión seria.

—No olvides contactarme para hablar sobre lo que mencioné el otro día.

Deirdre, que aún trataba de recuperar el aliento tras la intensa pelea, asintió rápidamente.

—Sí… pronto me pondré en contacto contigo.

Lo prometo.

— Jessica mantuvo su mirada por unos segundos, asegurándose de que Deirdre entendiera la importancia de esas palabras.

Luego, el resplandor del domo de batalla se intensificó, envolviéndolos en una cegadora luz blanca.

El silencio se hizo absoluto.

Y entonces, como si nada hubiera pasado, cada uno fue regresado al lugar donde estaba antes de la batalla.

Jessica y Arthur volvieron al restaurante exactamente en el mismo punto en el que desaparecieron.

La música ambiental seguía sonando con suavidad, las luces cálidas iluminaban el lugar con elegancia y los demás clientes no parecían haberse percatado de su ausencia.

Era como si nunca hubieran partido.

Jessica parpadeó un par de veces, aun ajustándose al cambio abrupto.

Luego, suspiró y se acomodó en su asiento con una sonrisa.

—Bueno… creo que fue un buen cierre de noche.

Arthur tomó su copa de vino con calma, bebiendo un sorbo antes de responder.

—Para una velada que comenzó con una cena tranquila, terminó con bastante más acción de la esperada.

— Jessica rio levemente.

—Eso es parte del encanto de nuestra vida, ¿no?

Nunca sabes cuándo una pelea puede arruinar tu digestión.

— Arthur rodó los ojos con diversión, pero de pronto su expresión cambió.

—Tu vestido…— Jessica bajó la mirada y notó una pequeña rasgadura en la parte inferior de su elegante vestido negro.

Frunció el ceño, repasando mentalmente los momentos de la batalla hasta que recordó.

—Cuando Deirdre me empujó… —murmuró—.

Debió romperse en ese momento.

— Con un suspiro de resignación, estiró el dobladillo del vestido, tratando de evaluar el daño.

—Es una lástima.

Me gustaba este vestido.

Arthur cruzó los brazos y la miró con una leve sonrisa.

—Podría haber sido peor.

Al menos solo es una rotura y no una herida que represente un problema al volver.

— Jessica se encogió de hombros.

—Tienes razón.

Pero igual me duele perder un buen vestido.

— Arthur dejó escapar una pequeña risa mientras sacaba su billetera.

—Tendrás que comprarte otro.

Aunque, si quieres, puedo elegirlo por ti.

— Jessica lo miró con una ceja arqueada y una sonrisa burlona.

—Oh, ¿así que ahora eres asesor de moda?

Arthur bebió un último sorbo de vino antes de responder con su característico tono serio.

—Solo aseguro que las cosas se hagan con buen gusto.

— Jessica se río y tomó su copa para brindar una última vez.

—Por una noche caótica, pero productiva.

Arthur chocó su copa con la de ella, ambos compartiendo un momento de tranquilidad tras el combate.

Horas más tarde, la noche llegaba a su fin.

Arthur y Jessica regresaron a su departamento.

Arthur colocó su chaqueta en el perchero con precisión, mientras Jessica revisaba su teléfono.

Fue entonces cuando notó la cantidad de llamadas perdidas y mensajes de voz acumulados en su bandeja de entrada.

Su ceño se frunció de inmediato.

—Arthur… hay muchas llamadas perdidas.

— Arthur levantó la vista con interés.

—¿De quién?

Jessica presionó para reproducir uno de los mensajes de voz.

La voz que sonó estaba distorsionada por la interferencia y la urgencia.

—Lo encontré.

Encontré dónde se oculta la persona que buscaban.

Jessica sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Arthur se acercó de inmediato, su expresión ahora completamente seria.

—¿Quién dejó ese mensaje?

— Jessica tomó aire y contestó con voz firme.

—Alguien que lleva meses investigando para nosotros.

Arthur se cruzó de brazos, procesando la información.

—Después de tanto tiempo… por fin una pista sólida.

— Jessica cerró los ojos por un momento y dejó salir un suspiro, como si estuviera digiriendo el peso de la información.

—En meses… por fin tenemos a alguien que estuvo presente la noche en que Albert murió.

— Arthur ajustó sus gafas.

—Es increíble que haya podido esconderse tanto tiempo.

— Jessica abrió los ojos con determinación.

—Ahora solo queda reunirnos con Deirdre y contarle lo que hemos encontrado.

— Arthur asintió.

—Debemos actuar rápido.

No sabemos cuánto tiempo tendremos antes de que esa persona desaparezca de nuevo.

— Jessica miró la pantalla de su teléfono, su pulgar deslizándose sobre el contacto de Deirdre.

La investigación estaba a punto de dar un giro decisivo.

Y con ello, quizás finalmente tendrían respuestas.

“Hasta en los momentos más dulces, el peligro acecha en las sombras.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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