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El Llamado del VOOG - Capítulo 9

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Capítulo 9: Capítulo 9: Hogar de Sombras

El aire nocturno estaba cargado de humedad mientras Deirdre, Jessica, Arthur y Alex caminaban por una calle solitaria y mal iluminada. Los faroles apenas proyectaban luz, dejando amplias zonas sumidas en penumbras. A lo lejos, el ruido de los autos en la avenida principal apenas llegaba como un murmullo distante.

El grupo avanzaba con decisión, sus pasos resonando contra el asfalto. La tensión en el ambiente era palpable, aunque se veía suavizada por las constantes intervenciones de Alex, quien parecía incapaz de tomarse la situación con la seriedad esperada.

—No sabemos a qué nos enfrentaremos —comentó Arthur con su habitual tono serio—. Pero intenten no mostrarse agresivos. Queremos obtener respuestas, no iniciar una pelea.

—¿Aún no planeas darle un arma a Alex? —preguntó Jessica en voz baja, girando la cabeza hacia Deirdre.

—Aún no sé qué arma sería la adecuada para él —respondió Deirdre, encogiéndose de hombros—. Además, se desenvuelve bien usando los puños.

—¡Oh, por favor! —interrumpió Alex—. Soy bueno usando armas. Quizá luego les haga una demostración.

Deirdre dejó escapar una risita burlona.

—¿Como cuando casi destruiste la cocina tratando de usar un cuchillo?

—¡Eso fue un accidente! —se defendió Alex, levantando las manos—. Y ni siquiera estaba relacionado con un arma.

Arthur soltó una risa inesperada, algo poco común en él.

—¿Acaso te atacó un fantasma?

—¡No, eso fue otro día diferente! —exclamó Alex—. ¡Pero este no es el momento para hablar de eso!

—¡Ja! ¿Otro día? —replicó Jessica, divertida—. ¿Cuántas veces has sido atacado en esa cocina?

—¡Demasiadas para mi orgullo! —respondió Alex dramáticamente, llevándose una mano al pecho como si le hubieran herido el alma.

Deirdre negó con la cabeza, aunque no pudo evitar sonreír.

—Concéntrate, “maestro de armas” —le dijo, dándole un leve empujón con el hombro.

Tras unos minutos más de caminata, Jessica se detuvo de golpe y señaló un edificio desvencijado al otro lado de la calle.

—Ahí está —dijo—. Según mi investigación, la persona que buscamos se está refugiando en ese motel.

El edificio tenía dos plantas y una fachada desgastada por el tiempo. Las luces parpadeantes de un letrero de neón apenas iluminaban la entrada, donde unas cortinas descoloridas se asomaban tras las ventanas.

—¿Y cómo sabremos en qué habitación está? —preguntó Deirdre, mirando las filas de puertas idénticas.

—No hace falta preguntar —respondió Arthur—. Está en la habitación 230, en el segundo piso.

—¿Cómo lo sabes? —cuestionó Alex, arqueando una ceja.

—Instinto de detective —respondió Arthur con una sonrisa apenas perceptible.

—O porque lo investigaste antes de venir —añadió Jessica, dándole un codazo amistoso.

—Ambas cosas —replicó Arthur antes de comenzar a subir las escaleras.

Los escalones crujieron bajo sus pies mientras subían al segundo piso. El pasillo estaba desierto y apenas iluminado por una luz parpadeante en el techo. El aire olía a humedad y pintura vieja.

Frente a la puerta con el número 230, Jessica llamó con los nudillos.

—¿Hola? —dijo en tono amigable—. ¿Podemos hablar contigo?

Nadie respondió.

Jessica volvió a tocar, esta vez con más fuerza.

—¿Hola? ¡Sabemos que estás ahí!

Un breve silencio se instaló antes de que una voz masculina se escuchara desde el otro lado de la puerta:

—¿Qué quieren?

Arthur dio un paso al frente.

—Solo queremos hacerte unas preguntas. No venimos a hacerte daño.

—¿Entonces por qué son tantos? —preguntó la voz desde el interior.

—¿Tantos? —repitió Jessica—. Solo somos tres.

—Cuatro son muchos —respondió la voz, con un tono que denotaba desconfianza.

Los cuatro se miraron entre sí con sorpresa.

—¡Pero yo estaba usando mi camuflaje! —exclamó Alex, señalándose a sí mismo—. ¡No debería poder verme!

—Eso confirma que tiene un VOOG —añadió Arthur en voz baja.

Jessica cruzó los brazos y se acercó más a la puerta.

—¡Vamos, amigo! Solo queremos hablar. Si no sales, tendremos que forzar la puerta.

—¡Váyanse! —replicó la voz con más firmeza—. No quiero problemas.

—¡Nosotros tampoco! —respondió Deirdre, dando un paso adelante—. Pero necesitamos respuestas. Por favor, solo danos unos minutos.

Se escuchó un sonido leve, como si alguien se moviera dentro de la habitación.

—¿Qué hacemos si no abre? —susurró Alex, inclinándose hacia Arthur.

—Si no abre… —respondió el detective, sacando discretamente su revolver—. Entonces nos preparamos para lo peor.

—¿Y si le cantamos una serenata? —susurró Alex—. Tal vez se ablande con una canción romántica.

Jessica lo fulminó con la mirada.

—¿En serio, Alex?

—¡Eh! Solo intento romper la tensión.

Deirdre negó con la cabeza, llevándose una mano al rostro.

—No sé por qué sigo sorprendiéndome contigo…

La puerta volvió a crujir ligeramente, como si la persona dentro estuviera dudando si abrir o no.

Jessica se acercó y apoyó la mano en la puerta, inclinándose hacia adelante.

—Vamos… No tenemos todo el día. ¿Vas a abrir o no?

Hubo un largo silencio.

Y entonces, sin previo aviso, la puerta se abrió de golpe, pero solo unos centímetros.

Un ojo asomó por la rendija, observando al grupo con desconfianza.

—¿Quiénes son ustedes?

—Somos investigadores —respondió Arthur—. Y creemos que puedes ayudarnos a resolver un caso.

—¿Un caso? —repitió el hombre, con la respiración agitada—. Yo no tengo nada que ver con eso. Déjenme en paz.

—¿Entonces por qué te escondes? —preguntó Jessica, afilando la mirada.

El hombre guardó silencio, pero su mano temblorosa se aferraba al borde de la puerta.

—Sabemos que tienes un VOOG —añadió Alex—. No te molestaremos si cooperas.

Los ojos del hombre se abrieron un poco más, revelando un destello de miedo.

—¡No! ¡Ustedes no entienden! ¡Ellos me están buscando!

Antes de que alguien pudiera preguntar quiénes eran “ellos”, una sombra cruzó rápidamente detrás del hombre, y la puerta se cerró de golpe con un fuerte ¡BAM!.

—¡Oye! —gritó Jessica, golpeando la puerta—. ¡Abre la puerta!

Pero esta vez no hubo respuesta.

—¡Maldición! —murmuró Arthur, retrocediendo un paso—. Definitivamente, ahí dentro hay un VOOG.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Deirdre, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a recorrerle el cuerpo.

Alex se crujió los nudillos con una sonrisa confiada.

—Bueno… podríamos entrar por la fuerza… o podríamos volver a intentar la serenata.

Jessica lo golpeó en el hombro.

—¡Cállate, Alex!

Pero antes de que pudieran decidir su próximo movimiento, un sonido agudo resonó en el aire.

Un sonido que todos reconocieron al instante:

El silbido metálico de un domo de batalla formándose a su alrededor.

El aire pareció volverse más denso mientras la luz de las farolas parpadeaba violentamente. El pasillo comenzó a distorsionarse, como si las paredes mismas estuvieran cambiando de forma.

—¡Se activó el domo! —exclamó Arthur, retrocediendo con rapidez.

Jessica sacó su teléfono, pero, como era de esperar, no había señal.

—¡Prepárense! —gritó Deirdre, dando un paso adelante mientras Alex encendía sus puños en llamas.

El sonido de pasos resonó tras la puerta de la habitación. Pero esta vez, los pasos no parecían pertenecer a una sola persona.

Sino a dos.

Y ambos se dirigían hacia ellos.

La puerta se abrió lentamente con un chirrido prolongado que resonó en el aire. El grupo intercambió miradas tensas mientras esperaban ver al hombre detrás de ella. Sin embargo, el umbral se encontraba vacío.

—Esto… no me gusta nada —murmuró Deirdre, retrocediendo un paso.

—No conocemos las habilidades de este VOOG —añadió Arthur, con la mano cerca de su revólver—. Pero debemos demostrar que, aunque no venimos a pelear, estamos listos para defendernos.

—¡Pues vamos! —exclamó Alex, encendiendo levemente sus puños en llamas—. No pienso dejar que jueguen con nosotros.

Sin más discusión, el grupo cruzó la puerta, adentrándose en lo que parecía ser un pasillo. Sin embargo, apenas dieron unos pasos, se dieron cuenta de que algo estaba mal.

—¿Esto no parecía tan largo desde afuera? —preguntó Jessica, observando cómo el pasillo se extendía más allá de lo que sus ojos alcanzaban a ver.

Deirdre se detuvo en seco y señaló detrás de ellos.

—¡La puerta! ¡Desapareció!

El grupo giró rápidamente, pero el marco de la puerta por donde habían entrado había desaparecido. Solo quedaba un muro de madera oscura que parecía absorber la luz de las llamas de Alex.

—Perfecto, nos atraparon en su terreno —gruñó Arthur—. Seguramente este VOOG controla el espacio dentro del domo.

—¿O estamos dentro de él? —añadió Alex con una sonrisa nerviosa—. Tal vez somos su merienda nocturna.

—¡No bromees con eso! —exclamó Deirdre, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

—O tal vez solo quiere que salgamos corriendo de miedo —añadió Jessica, cruzándose de brazos—. Pero no pienso irme sin respuestas.

En ese momento, una voz femenina resonó en el aire, susurrando como si el propio espacio hablara:

—Esta es su oportunidad de irse. Si todos están de acuerdo en que la batalla termine, nadie tiene que perder… y el domo desaparecerá.

El eco de esas palabras parecía provenir de todas direcciones, como si el lugar entero estuviera observándolos.

Jessica dio un paso adelante.

—¡Primero queremos hacerte unas preguntas! No vinimos aquí para pelear.

—No puedo hablar —respondió la voz de la mujer—. No sé si están con ellos…

Arthur frunció el ceño.

—¿Ellos? ¿Quiénes son ellos?

El silencio respondió a su pregunta.

De repente, un sonido ahogado rompió el aire.

—¡¿Deirdre?! —gritó Alex, girándose rápidamente—. ¡Estaba a mi lado! ¡Es como si el lugar se la hubiera tragado!

Sus puños estallaron en llamas, iluminando las paredes cubiertas de sombras ondulantes. Las llamas proyectaron sombras danzantes en las paredes, creando figuras que parecían moverse por su cuenta.

—¡Te doy hasta tres para que la sueltes! —rugió Alex, dando un paso adelante—. ¡O te haré cenizas antes de que puedas tocarla!

—¿Me amenazas en mi propio dominio? —respondió la voz femenina con un tono de burla—. Eres valiente… pero imprudente.

—¡No lo provoques! —susurró Jessica, tocando el brazo de Alex.

—¡Ella no tiene oportunidad contra mí! —añadió Alex, sus llamas aumentando en intensidad hasta calentar el aire a su alrededor.

Sin embargo, antes de que pudiera moverse, otra voz —esta vez masculina— resonó con fuerza.

—¡Espera! ¡Detén esto!

El silencio fue inmediato.

Las sombras dejaron de moverse. El pasillo, que parecía infinito, comenzó a acortarse rápidamente, como si las paredes se cerraran hasta revelar una sala al final. Era un espacio modesto, con varios sillones desgastados, cortinas gruesas y una iluminación tenue.

Sentada en una silla en el centro, estaba Deirdre.

Sus ojos estaban húmedos, y sus manos temblaban mientras intentaba contener las lágrimas.

—¡Deirdre! —gritó Jessica, corriendo hacia ella.

Sin pensarlo, Deirdre se levantó de un salto y se lanzó a los brazos de Jessica, apretándola con fuerza.

—¡Fue horrible! —sollozó—. ¡En un momento estaba a su lado y al siguiente las sombras me atraparon! No podía ver nada… y escuchaba voces susurrando cosas horribles…

—Ya pasó… —susurró Jessica, acariciándole el cabello—. Ya estás a salvo.

Alex se acercó con los puños aún encendidos y el ceño fruncido.

—¡Voy a hacerla pagar por hacerte llorar!

—¡Baja las llamas, pirómano! —le espetó Arthur, tirándole del brazo para que se calmara.

Frente a ellos, en uno de los sillones, estaba el hombre que habían visto en el video. Parecía tener unos veinte años, aunque sus ojos y las ojeras oscuras hablaban de alguien que había vivido más de lo que su edad sugería. Llevaba ropa desgastada y holgada, y su cabello negro caía sobre sus hombros. A su lado, de pie, se encontraba una mujer alta y delgada, vestida completamente de negro. Su piel pálida y el maquillaje oscuro resaltaban sus rasgos angulosos, y su mirada fría parecía atravesarlos a todos.

—Lo siento… —dijo el hombre, su voz quebrada por el cansancio—. No quería asustarlos. Solo tratábamos de protegernos.

—¿Protegerse de quién? —preguntó Arthur con suspicacia, sin apartar la mano de su revólver.

—Desde hace un año… —continuó el hombre—. Hemos estado huyendo de un grupo de VOOGs extremadamente peligrosos. Nos persiguen sin descanso.

—¿Quiénes son ellos? —insistió Jessica—. ¿Por qué los buscan?

La mujer de negro, quien hasta ese momento había permanecido en silencio, avanzó un paso con una elegancia casi etérea. Su voz, firme pero melódica, resonó en la sala:

—Son una organización criminal que opera en las sombras. Controlan el tráfico de drogas, personas e influencias políticas. Pero lo peor de todo es su líder… Un humano con un VOOG increíblemente poderoso.

La declaración hizo que el aire pareciera volverse más pesado. Arthur frunció el ceño, evaluando la información.

—¿Y ustedes qué tienen que ver con ellos? —preguntó con desconfianza.

—Eso es complicado… —respondió el hombre, apartando la mirada.

—Entonces, ¿por qué no empiezan por presentarse? —intervino Jessica, cruzándose de brazos—. Nosotros ya sabemos quiénes son ustedes.

El hombre exhaló lentamente, como si el peso de sus palabras le costara esfuerzo.

—Mi nombre es Jonathan, pero todos me llaman Jonny —dijo finalmente—. Y ella es mi VOOG, Mai.

Mai inclinó ligeramente la cabeza, sin apartar su mirada fría y calculadora.

—¿Por qué me miras así? —preguntó Deirdre, sintiéndose incómoda bajo la mirada intensa de Jonny.

—¿Yo? Oh… —Jonny sonrió levemente, pero había algo melancólico en su expresión—. Solo es que… Te conozco. Bueno, no en persona, pero he visto fotos tuyas.

—¿Fotos? —repitió Deirdre, sintiendo que su pecho se apretaba.

—Sí —asintió Jonny—. Albert era mi amigo.

El nombre golpeó a Deirdre como una bofetada invisible.

—¿Albert? ¿Tú… lo conocías?

—Sí. Éramos muy cercanos. —Los ojos de Jonny se nublaron ligeramente—. Éramos tres amigos inseparables: Albert, Daniel y yo.

—¿Nunca los conociste, Deirdre? —preguntó Jessica, sorprendida.

—No… —respondió ella, negando con la cabeza—. Albert y yo respetábamos nuestro espacio. Él salía con sus amigos y yo con los míos. Nunca le pregunté demasiado.

—Supongo que ambos tenían sus secretos —comentó Arthur con tono neutral.

Mai observó a Deirdre con una mirada inquisitiva.

—Quizá no sea el mejor momento para hablar de un difunto delante de su ex prometida —dijo con un toque de frialdad.

—Precisamente por ella estamos aquí —replicó Jessica—. Queremos respuestas.

Jonny asintió lentamente, como si evaluara las intenciones del grupo.

—¿Desde cuándo tienes un VOOG, Deirdre?

—Hace menos de un mes —respondió ella.

Los ojos de Mai brillaron con curiosidad.

—¿Menos de un mes? ¿Podría ser obra de Daniel?

—No lo creo —respondió Jonny, su voz volviéndose más grave—. Daniel respetaba demasiado a Albert. Siempre quiso mantenerla fuera de este mundo.

—¿Esperen… qué están insinuando? —interrumpió Alex, dando un paso al frente—. ¿Albert tenía un VOOG?

La sala pareció congelarse tras sus palabras.

—Sí —respondió Jonny con firmeza—. Albert llevaba diez años junto a su VOOG. Y era increíblemente poderoso.

El corazón de Deirdre se detuvo un instante.

—¡Eso es imposible! —exclamó—. ¿Cómo pudo ocultarme algo así durante tanto tiempo?

—A veces las personas guardan secretos… incluso a quienes más aman —respondió Jonny con una mezcla de tristeza y resignación.

Jessica, aun procesando la información, frunció el ceño.

—¿Pero ¿cómo es posible que nunca haya peleado contra nosotros? Con tantos encuentros, deberíamos haberlo visto en algún domo de batalla.

Mai intervino, sus palabras impregnadas de un aire de misterio.

—El VOOG de Albert poseía una habilidad especial: podía elegir cuándo activar el domo de batalla. Solo entraba en combate si lo consideraba necesario. Esa técnica le permitió evitar enfrentamientos innecesarios durante años.

—¿Así que por eso nunca apareció? —dijo Arthur, comprendiendo finalmente—. Podía permanecer oculto a voluntad…

—Exactamente —asintió Mai—. Era un poder raro, pero muy valioso. Y Albert lo dominaba perfectamente… hasta el día en que todo cambió.

El silencio que siguió fue roto por la voz temblorosa de Deirdre:

—¿El día en que murió?

Jonny bajó la mirada.

—Muy bien —dijo Jonny finalmente, su voz ronca y cansada—. Les contaré lo que sucedió aquella noche. Pero antes quiero hacerles una pregunta… —Sus ojos se clavaron en Deirdre—. Si te cuento quién mató a Albert… ¿qué harás? ¿Tomarás venganza?

Deirdre abrió la boca, pero no pudo emitir palabra. La pregunta la había tomado por sorpresa, y su mente se nubló con un torbellino de emociones. ¿Venganza? ¿Acaso eso es lo que quería? Bajó la mirada, incapaz de responder.

—Lo que hagamos con esa información no es asunto suyo —intervino Alex, con un tono firme que rompió la tensión—. Solo queremos saber la verdad. Ustedes no tienen derecho a decidir qué haremos con ella.

—Se están metiendo en algo que no entienden —dijo Mai, dando un paso adelante. Su voz, aunque suave, transmitía una advertencia—. Este no es un juego. La gente que mató a Albert no dudará en hacer lo mismo con ustedes.

—Tal vez… —respondió Jessica, cruzándose de brazos con determinación—. Pero quizás podamos llegar a un acuerdo. Ustedes necesitan aliados, y nosotros necesitamos respuestas.

Jonny las observó durante unos segundos, como si evaluara cada palabra. Luego asintió lentamente y señaló los sillones polvorientos que rodeaban la sala.

—Está bien… Tomen asiento. Les contaré todo.

El grupo obedeció en silencio. Jessica y Deirdre se sentaron juntas, con Alex a su lado y Arthur manteniéndose ligeramente apartado, siempre alerta. Jonny se acomodó frente a ellos, mientras Mai permanecía de pie a su lado, inmóvil como una estatua.

—Mai les mostrará lo que voy a contar —dijo Jonny, girando la cabeza hacia su VOOG—. Su poder nos permitirá ver los recuerdos de esa noche.

Mai cerró los ojos, y al instante las sombras comenzaron a moverse, extendiéndose por las paredes y el techo hasta cubrir toda la habitación. Por un momento, el mundo pareció desvanecerse, y cuando las sombras volvieron a abrirse como un telón, todos se encontraron en un escenario diferente: una oscura calle de la ciudad, bajo una noche sin estrellas.

—Todo comenzó hace más de un año… —comenzó Jonny, su voz resonando como un eco en el aire—. Albert, Daniel y yo éramos parte del mismo equipo. Durante años combatimos a diferentes VOOGs, enfrentándonos tanto a rivales comunes como a aquellos que usaban sus poderes para hacer el mal. Éramos buenos… Demasiado buenos.

Las sombras cobraron forma, mostrando las figuras de tres jóvenes y sus VOOG’s luchando contra diferentes enemigos. La sincronización entre ellos era perfecta, y sus victorias los hicieron ganar notoriedad en el mundo de los VOOGs.

—Pero Albert… —continuó Jonny, con un deje de tristeza en la voz—. Cada vez tomaba más riesgos. Su deseo de justicia lo llevó a enfrentarse a quienes usaban a los VOOGs para cometer crímenes. Y eso nos puso en el radar de la organización criminal más peligrosa que jamás hayamos enfrentado: La Cábala Nocturna.

Al escuchar ese nombre, Arthur frunció el ceño, mientras Jessica intercambiaba una mirada de preocupación con Deirdre. Las sombras mostraron la silueta de una figura imponente, cuyos ojos brillaban como brasas en la oscuridad.

—La Cábala Nocturna es más que un simple grupo criminal —explicó Jonny—. Son una organización clandestina que opera en las sombras. Controlan el tráfico de drogas, personas y hasta políticos. Pero lo más peligroso es que su líder posee un VOOG de poder inigualable, y su ambición no conoce límites.

El escenario cambió de nuevo, mostrando una noche lluviosa. Las calles estaban vacías, iluminadas solo por el reflejo de los charcos bajo las luces parpadeantes de los postes.

—Esa noche… —la voz de Jonny se quebró levemente—. Nos íbamos a reunir para discutir nuestro próximo movimiento. Pero Albert fue emboscado antes de que pudiéramos llegar. El líder de la Cábala lo atacó en plena calle, obligándolo a entrar en un domo de batalla. Cuando Daniel y yo llegamos, ya era demasiado tarde. Estábamos atrapados con él.

Las sombras mostraron la imagen de un hombre imponente, cuya figura parecía absorber la luz misma. Su rostro estaba oculto en la penumbra, pero sus ojos brillaban con una intensidad aterradora. A su lado, un VOOG cuya silueta era casi indistinguible del caos mismo.

—La pelea fue brutal. —Jonny apretó los puños al recordarlo—. Daniel y su VOOG quedaron al borde de la muerte, mientras Mai y yo apenas podíamos mantenernos en pie. Albert… Albert luchó hasta el final.

La figura de Albert apareció en las sombras, sus puños envueltos en sangre mientras se enfrentaban al líder de la Cábala. Cada golpe parecía sacudir el aire mismo, pero su oponente respondía con una ferocidad aún mayor.

—Albert sabía que no podíamos ganar. Así que hizo lo único que podía hacer: sacrificarse por nosotros.

El aire en la sala pareció congelarse.

—¿Sacrificarse? —susurró Deirdre, sintiendo cómo su pecho se oprimía.

—Sí… —asintió Jonny—. Rompió la alianza que teníamos, liberándonos del domo de batalla y quedándose solo contra el líder. Sabía que no sobreviviría… pero nos dio la oportunidad de escapar.

Los ojos de Deirdre se llenaron de lágrimas.

—¿Y qué pasó después?

Jonny guardó silencio durante unos segundos, como si las palabras se negaran a salir.

—No lo sabemos —dijo finalmente—. Cuando el domo desapareció, Albert estaba muerto. Lo hicieron parecer un accidente… pero sabemos la verdad.

La imagen final mostró a Albert tendido en el suelo, la lluvia golpeando su rostro inmóvil mientras la silueta del líder se desvanecía en la oscuridad.

—Después de esa noche, Daniel y yo supimos que nos convertiríamos en sus próximos objetivos. Nos ocultamos durante meses, moviéndonos de un lugar a otro. Nos vimos unas pocas veces… pero hace un mes, Daniel desapareció sin dejar rastro. Es como si se lo hubiera tragado la tierra.

Las sombras comenzaron a disiparse lentamente, devolviendo a todos a la sala polvorienta del motel. El silencio era tan profundo que se podía escuchar la respiración contenida de cada uno.

—Y esa… es la verdad —concluyó Jonny, dejando caer los hombros como si un gran peso se hubiera desprendido de él.

Por un momento, nadie supo qué decir. Deirdre, con los ojos anegados en lágrimas, apretó los puños sobre sus rodillas.

—Albert… —susurró—. Todo este tiempo… Y yo no supe nada.

Jessica le tomó la mano, dándole un apretón reconfortante.

—No es tu culpa —le dijo con suavidad—. Pero guardarte un secreto asi es imperdonable.

Arthur, en cambio, se levantó y caminó unos pasos por la sala, su mente trabajando a toda velocidad.

—Entonces… —dijo, volviéndose hacia Jonny—. ¿Creen que Daniel también fue asesinado?

—No lo sabemos —respondió Mai, cruzándose de brazos—. Pero si sigue con vida, entonces también está huyendo.

—¿Y qué hay del líder de la Cábala Nocturna? —preguntó Alex, con el ceño fruncido—. ¿Quién es?

Jonny negó con la cabeza.

—Nunca vimos su rostro… Pero una cosa es segura: si siguen investigando, se convertirán en su próximo objetivo.

—¡No nos importa! —exclamó Deirdre, poniéndose de pie—. Si Albert murió por culpa de ellos, entonces los enfrentaremos.

—No puedes ganar esta batalla sola —respondió Mai, con una mirada sombría—. Necesitarán aliados… Y enemigos dispuestos a hablar.

Arthur se acercó a Jonny, extendiendo una mano firme.

—Entonces únanse a nosotros. Juntos, tenemos una oportunidad.

Jonny miró la mano extendida, pero no la tomó.

—No puedo… No mientras Daniel siga desaparecido.

—Entonces hagamos un trato, si se unen a nosotros buscaremos a Daniel y juntos tendremos más oportunidad contra ellos—insistió Jessica.

Mai se acercó a Deirdre y le entregó un colgante en forma de media luna.

—¿Por qué harían eso? ¿Que ganan ustedes?

—Lo hago por mi mejor amiga, por ella estoy dispuesta a luchar esta guerra, además desde hace tiempo que tenia en la vista a la cabala nocturna para enfrentarlo.

Antes de que nadie pudiera decir nada más, el aire comenzó a vibrar. Las luces parpadearon violentamente, y el domo de batalla comenzó a desvanecerse.

—¡El domo está desapareciendo! —anunció Alex.

La luz blanca envolvió a todos, y la realidad se desvaneció en un destello cegador.

Cuando la luz se disipó, Deirdre, Jessica, Arthur y Alex se encontraron de pie en medio de la calle solitaria donde había comenzado todo. El motel había desaparecido como si nunca hubiera existido.

—¿Lo vieron? —susurró Deirdre, aun sintiendo la presión en su pecho—. Albert… él…

—Sí —respondió Jessica—. Ahora sabemos la verdad… Y también sabemos que este enemigo no se detendrá hasta eliminarnos.

Arthur apretó los puños.

—¿Y qué haremos ahora?

Deirdre miró un colgante en su mano, sintiendo el frío metal contra su piel.

—Seguiremos adelante —respondió con voz firme—. Cueste lo que cueste, encontraremos al responsable… Y haremos que pague.

—Bueno… —murmuró Alex, rompiendo la tensión—. Definitivamente no era la noche que esperaba. Pensé que terminaríamos en un restaurante de comida rápida o algo así.

—¿Cómo puedes bromear en un momento como este? —le reprochó Deirdre, con el ceño fruncido.

—¿Prefieres que me ponga a llorar? Porque también puedo hacerlo, pero no creo que sea productivo. —Alex se encogió de hombros con una sonrisa.

—Tiene un punto —añadió Arthur con su característico tono serio, aunque una pequeña sonrisa se asomaba en la comisura de sus labios.

Antes de que pudieran responder, una camioneta negra de aspecto robusto se detuvo junto a ellos, el motor rugiendo suavemente en la noche silenciosa. La ventanilla del conductor bajó y Jonny asomó la cabeza.

—¿Van a quedarse ahí toda la noche? Suban. Ahora que somos equipo, será mejor que hablemos en un lugar más seguro —dijo con una leve sonrisa.

—¡Oh, genial! —exclamó Alex—. Por fin un paseo que no tengo que camuflarme para tomar.

—¿Siempre hablas tanto? —preguntó Mai desde el asiento del copiloto, sin siquiera girar la cabeza.

—Solo cuando estoy nervioso, emocionado o aburrido… así que básicamente siempre —respondió Alex, saltando a la parte trasera de la camioneta con una agilidad felina.

Deirdre suspiró y subió después de él, seguida de Jessica y Arthur. Una vez todos adentro, Jonny pisó el acelerador y la camioneta arrancó con un suave zumbido.

El interior del vehículo era espacioso, aunque algo desordenado. Cajas con documentos, mapas y botellas de agua estaban esparcidos por el suelo y los asientos. Alex, sin poder contenerse, comenzó a curiosear.

—¿Qué es esto? ¿Un mapa del tesoro? —preguntó, levantando un papel lleno de anotaciones en tinta roja.

—Es un mapa de las zonas donde la Cábala Nocturna ha sido vista últimamente —respondió Mai, girándose brevemente para mirarlo—. Y si sigues tocando mis cosas, haré que las sombras te muerdan los dedos.

—¡Guau! ¿Pueden hacer eso? —Alex abrió los ojos con asombro fingido—. ¿También pueden traerme una pizza? Porque eso sí sería útil.

Jessica soltó una carcajada, mientras Arthur negaba con la cabeza, intentando mantener la compostura.

—Volviendo al tema… —intervino Arthur—. Si ahora somos un equipo, deberían enseñarnos cómo logran no activar el domo de batalla. Esa habilidad podría salvarnos en más de una ocasión.

—No es fácil de explicar —respondió Jonny sin apartar la vista del camino—. Requiere un control muy preciso del vínculo entre el VOOG y su amo. La mayoría de las personas ni siquiera saben que es posible.

—Yo diría que su control es impresionante —añadió Alex, recostándose contra el respaldo—. Mantener un espacio tan grande sin que se active el domo… Eso los coloca, como mínimo, en un rango de tres estrellas. Tal vez incluso rozando las cuatro.

—Concuerdo —asintió Arthur—. Mai tiene un poder versátil y un control excelente. No muchos VOOGs pueden moldear las sombras de esa manera.

—¿Clasifican a los VOOGs como si fueran videojuegos? —preguntó Jonny, arqueando una ceja mientras los observaba a través del espejo retrovisor.

—Más o menos —respondió Alex con una sonrisa—. Es una forma práctica de medir las probabilidades de sobrevivir a un encuentro. Y, créeme, es útil saber si estás a punto de enfrentarte a un jefe final o solo a un enemigo de nivel intermedio.

—¿En serio lo explicas así? —susurró Deirdre, cubriéndose el rostro con la mano.

—¿Por qué no? Funciona —replicó Alex, encogiéndose de hombros.

Mai soltó un suspiro de resignación, mientras Jessica se mordía el labio para no reírse.

Durante el trayecto, la conversación derivó en temas más ligeros. Alex, incapaz de quedarse callado, comenzó a señalar los edificios por los que pasaban, inventando historias absurdas sobre ellos.

—¿Ven ese edificio de ahí? Dicen que está embrujado. Cada vez que alguien sube al último piso, se encuentra con un fantasma que le pide prestado dinero para pagar la renta —dijo con voz lúgubre, alzando las manos para enfatizar la historia.

—¿Y qué pasa si no le prestas nada? —preguntó Jessica, siguiéndole el juego.

—Te sigue hasta tu casa y se pasa toda la noche moviendo muebles para que no puedas dormir.

—¡¿Pero qué clase de fantasma es ese?! —exclamó Deirdre, incapaz de contener la risa.

—Uno con problemas financieros —sentenció Alex, muy serio.

Incluso Arthur no pudo evitar esbozar una sonrisa, aunque rápidamente volvió a su expresión habitual.

Cuando la camioneta se detuvo finalmente frente al edificio de departamentos, Alex bajó el primero y estiró los brazos como si hubiera terminado un viaje épico.

—¡Sobrevivimos! Y sin entrar en ningún domo de batalla. Creo que eso merece una celebración —declaró con teatralidad.

—¿Te refieres a no haber muerto como si fuera un logro? —preguntó Mai, cruzándose de brazos.

—¡En este mundo, lo es! —replicó Alex, señalándola con un dedo—. Y algún día te haré reír, lo prometo.

—Suerte con eso —respondió Mai, girándose para ayudar a Jonny a sacar unas cajas de la parte trasera del vehículo.

Arthur se acercó a Jonny y le extendió la mano.

—Gracias por el viaje. Y por la información de esta noche.

—No hay de qué —respondió Jonny, estrechando su mano con firmeza—. Recuerden lo que les dije: si siguen investigando, tarde o temprano la Cábala Nocturna irá tras ustedes.

—Entonces que vengan —dijo Alex, encendiendo un pequeño fuego en sus puños con una sonrisa confiada—. Estoy ansioso por demostrarles de lo que somos capaces.

—No te confíes demasiado —advirtió Mai—. Su líder no es alguien a quien puedan derrotar solo con confianza.

—Ya veremos —respondió Alex, apagando las llamas de un soplido y guiñándole un ojo.

Cuando la camioneta se alejó, dejando atrás el sonido de su motor en la distancia, el grupo se quedó en silencio frente al edificio. La noche parecía más fría, y las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas artificiales.

—Bueno… —dijo Jessica finalmente—. Supongo que hemos dado un paso más hacia la verdad.

—Y hacia el peligro —añadió Arthur.

—¿Qué? ¿Ahora todos vamos a ponernos dramáticos? —preguntó Alex, sacudiendo la cabeza—. Mejor entremos antes de que alguien llame a la policía porque un grupo sospechoso está parado frente al edificio.

—¿Quién podría pensar eso? —preguntó Deirdre, frunciendo el ceño.

—¿En serio? Llevamos ropa sucia, yo tengo restos de fuego en las manos, y Arthur parece que está a punto de sacar un revólver en cualquier momento.

Arthur resopló, mientras Jessica se echaba a reír y le dio un empujón suave a Alex en el hombro.

—Vamos, comediante. A dormir, que mañana será otro día.

Y con esas palabras, el grupo subió las escaleras, dejando atrás las sombras de la noche y el eco de las risas que, por un momento, parecieron ahuyentar el peso de las amenazas que los acechaban.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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