El Lord que no podía olvidar - Capítulo 28
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28: Boda [2] 28: Boda [2] —Eloise, a ver si lo entiendo bien.
¿Estás a punto de casarte en una hora y yo tengo que encontrar un buen vestido para acompañarte?
Eloise —dijo Millie, posando la mano en el hombro de Eloise—.
Si hay algún problema, puedes contármelo.
No tienes por qué casarte ahora si no es lo que quieres.
—Es lo que quiero, Millie.
Si no me caso hoy, mi tío vendrá a buscarme e intentará llevarme de vuelta a su casa.
Debo hacer esto para poder ser libre y buscar justicia para mi padre.
Por favor, dime que asistirás —dijo Eloise, que necesitaba que Millie estuviera presente.
—Lo haré, querida.
No podría dejarte sin ningún invitado de tu parte.
Me duele que tengas que llegar a estos extremos para conseguir justicia para tu padre.
Cuando vi a Clive, quise agarrar la escoba y pegarle, pero entonces habría sospechado que estabas aquí —dijo Millie, relajando el puño que tenía apretado.
—Gracias por permitirme quedarme aquí.
Me mudaré a la finca Hawthorne, pero vendré a visitarte de vez en cuando —prometió Eloise.
—Por muy bonito que suene, no vengas aquí ni a casa de tu padre.
Sabemos de lo que es capaz tu tío.
No me fío de que no intente hacerte daño, así que, por favor, quédate a salvo en la finca.
No te fíes tanto de tu familia en estos momentos —le aconsejó Millie a Eloise.
—Sé que es mucho para ti, pero debes mantenerte a salvo.
Por mucho que añores a tu familia, debes estar siempre en guardia.
No quiero despertarme con la noticia de que también te he perdido a ti.
Sé prudente —dijo Millie.
—Tendré cuidado —respondió Eloise, tomando la mano de Millie para apretarla—.
Tendré cuidado con cada paso que dé y cada plan que se me ocurra.
Te agradezco que estés a mi lado.
—No debes llorar —dijo Millie, secándole una lágrima antes de que cayera—.
Se te hará justicia y entonces, creo que el amor florecerá de esta unión.
Eloise soltó una risita.
—No lo creo.
Damien y yo solo somos amigos.
—¿Amigos?
Puede que ya no sea una jovencita, pero me sé todos los cotilleos.
Es uno de los solteros más codiciados de la temporada.
¿Pretendes convencerme de que se casa contigo solo para ayudar a una amiga?
Un hombre en su posición no gana nada con este matrimonio.
Podría ayudarte sin necesidad de casarse —dijo Millie, recelosa.
—No quiero hacerme ilusiones, así que prefiero no llenarme la cabeza con esas ideas.
Enamorarme no es mi prioridad.
Conseguir justicia para mi padre, sí lo es —dijo Eloise, apartando esos pensamientos.
—Quizá me equivoque.
Puede que simplemente quiera ayudar a una vieja amiga.
Aunque también he oído historias de que los hombres en su posición se casan con damas para tener una tapadera.
—¿Tapadera?
—preguntó Eloise, confundida por lo que Millie quería decir.
Millie pensó en la mejor forma de explicarlo sin corromper la inocencia de Eloise.
—Ya sabes, si un hombre de su estatus tiene una amante que no sería aceptada por la sociedad.
—He oído historias de ese tipo, pero casarse conmigo no le sería de mucha ayuda —respondió Eloise—.
Una dama de su mismo estatus que estuviera en la misma situación sería más adecuada.
—Hablo de un hombre que tiene un amante varón.
—Oh —dijo Eloise, sonrojándose—.
No me da esa sensación.
—Pero no hay otra explicación.
Debes prepararte mentalmente por si ese es el caso.
Y míranos, aquí cotorreando mientras el tiempo vuela.
Tengo que peinarte y encontrar un vestido adecuado para mí antes de que vuelva el carruaje.
Eloise sonrió al ver a Millie correr de un lado a otro para ayudar a prepararla en tan poco tiempo.
Pensó en la suposición de Millie sobre Damien, pero negó con la cabeza.
«No se tomaría tantas molestias solo para ocultar su secreto», pensó Eloise.
Ahora que estaba a punto de casarse con Damien e ir a su finca, tarde o temprano descubriría el motivo de sus acciones.
Una hora más tarde, Eloise llevaba un vestido de novia que Damien había enviado en el carruaje.
Era precioso.
Casi demasiado bonito para que lo llevara Eloise.
Era lo que Eloise se imaginaba que llevaría una princesa.
Eloise pasó unos minutos mirando su reflejo después de que Millie terminara de vestirla.
Solo cuando se puso el vestido de novia, cayó en la cuenta de que iba a casarse con Damien.
Una vez listas, Eloise y Millie subieron al carruaje, que puso rumbo a una iglesia.
Eloise entró en la iglesia con Millie como única invitada.
Se sentó en un banco, a la espera de que el sacerdote estuviera listo.
—¿Dónde está?
Eloise levantó la vista de su regazo hacia la voz de una chica joven.
No le resultaba familiar.
Eloise se relajó al ver que no era la voz de Agatha.
—Vaya, vaya.
Parece que alguien está enfadado —dijo Millie, intentando atisbar quién había llegado.
—Deben de ser sus hermanos.
No le des importancia.
Todo esto es nuevo para ellos también —dijo Eloise.
Eloise apretó con más fuerza el ramo que sostenía.
Estaba hecho con flores del preciado jardín de Millie.
—¡Hermano!
—Tienes razón, son sus hermanos.
Sé que debe de ser una sorpresa para ellos, pero espero que no arruinen la boda.
¿Debería intentar calmarlos o hacerles saber que se les oye?
—preguntó Millie, preocupada por si los hermanos ponían nerviosa a Eloise.
—No —negó Eloise con la cabeza—.
Fui yo quien le dijo a Damien que los invitara.
Y si no es mucho pedir, necesito que te quedes a mi lado.
Es como si tuviera a uno de mis padres conmigo.
La mirada de Millie se suavizó.
—Entonces me quedaré.
¿Quieres que te cuente la historia de cuando me casé?
Estaba tan nerviosa que casi salgo corriendo de la iglesia.
Por suerte, mi hermana me conocía bien y bloqueó la puerta.
¿Quieres que la cierre con llave por ti?
—No —rio Eloise, cuyo humor mejoró al instante.
—Conque es verdad.
Eloise apartó la vista de Millie al oír la voz de un hombre.
De pie, en la puerta, había un caballero con un asombroso parecido a Damien.
—¿Quinn?
¡Quinn!
—exclamó Eloise, emocionada, al reconocer al hermano de Damien.
Eloise se acordó de Quinn, el segundo hijo de la familia Hawthorne, que la seguía a todas partes los días que visitaba la finca con su padre.
En su infancia, había tenido casi tanta afinidad con Quinn como con Damien.
—Esperaba… —la emoción de Eloise se desvaneció al ver que Quinn se alejaba—.
Verte —terminó, con los hombros hundidos.
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