El Lord que no podía olvidar - Capítulo 34
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
34: Casados [4] 34: Casados [4] Damien y Eloise no tardaron en partir de la casa de Millie, con la finca como destino.
Tras un largo día, a Eloise no le quedaban más energías.
Apoyó la cabeza en el lateral del carruaje para descansar un poco antes de llegar a la finca.
Sin que ella se diera cuenta, él la acomodó para que se recostara en su hombro.
Su mano estaba a la izquierda de la cabeza de ella, pero no la tocaba.
Protegía su rostro para que, si el carruaje topaba con un bache, su cabeza no se resbalara de su hombro.
Damien se aseguró de que estuviera cómoda antes de dirigir su atención a los anillos que ella llevaba en el dedo.
Pensó que necesitaría llevar el anillo a que lo ajustaran para que le quedara perfecto a Eloise, pero la sortija se asentaba bien en su dedo sin resbalarse.
Damien apartó la vista de la mano de Eloise y miró hacia la ciudad.
Permaneció alerta hasta que las puertas de los Hawthorne aparecieron a la vista.
El carruaje se detuvo justo al pie de la escalinata.
Gage abrió la puerta y se dispuso a informar a la pareja de su llegada, pero guardó silencio al ver el dedo de Damien sobre sus labios.
Gage dejó la puerta abierta y se hizo a un lado.
Damien dudó entre levantar a Eloise en brazos o despertarla, pero, antes de que pudiera decidirse, ella se apartó de él y se frotó los ojos.
—Oh —dijo Eloise, sobresaltada por la mano de Damien cerca de su rostro—.
¿Por qué estás…?
—comenzó, pero se interrumpió al darse cuenta de que había estado recostada en su hombro—.
Lo siento —se disculpó.
—Fui yo quien te acomodó en mi hombro para que estuvieras más cómoda.
Hemos llegado —anunció Damien.
Eloise miró a su izquierda, hacia la finca que recordaba.
Ya había cambios notables, pero la finca seguía siendo encantadora.
—Lady Hawthorne —dijo Gage, ofreciéndole la mano a Eloise.
—Gracias —dijo Eloise, aceptando la mano de Gage para salir del carruaje—.
¿Cuál es su nombre?
Lo he visto ya varias veces, pero no se lo he preguntado.
Disculpe mi mala educación.
—Me llamo Gage, Lady Hawthorne —respondió Gage.
—Lo recordaré bien —dijo Eloise.
Gage volvió a colocar la mano a su costado cuando Eloise estuvo a salvo fuera del carruaje.
Luego se giró hacia Damien.
—¿Acaso esperas un premio?
—le preguntó Damien a Gage mientras salía del carruaje.
—No, Lord Hawthorne —replicó Gage, bajando la mirada.
Gage fue a recoger las pertenencias de Eloise de la parte trasera del carruaje.
«No es un hombre celoso», pensó.
Eloise siguió a Damien al interior de la casa.
Al instante, los recuerdos de su infancia en la finca inundaron su mente.
Tuvo la suerte de que los anteriores Lady y Lord Hawthorne no se opusieran a que acompañara a su padre en algunas de sus jornadas de trabajo y le permitieran jugar con los niños.
Fue una lástima que Eloise no regresara a tiempo antes de que los padres de Damien fallecieran.
—Se parece mucho a como lo recordaba —comentó Eloise.
—Intenté no cambiar demasiadas cosas —replicó Damien—.
Ha habido pequeños cambios, muebles viejos que hubo que tirar, y a Jane le ha dado por decorar algunas de las habitaciones.
Sigue siendo tal y como mi madre la dejó.
—Sí que percibo el toque de su madre.
Adoraba los colores suaves, incluso en sus vestidos.
Lo siento —se disculpó Eloise, dándose cuenta de que podría estar tocando un tema delicado.
—Hace ya unos años que falleció, Eloise.
Puedes hablarme de ella.
Jane es la única que no se lo tomará bien, pero yo no tengo ningún problema en hablar de mi madre.
Reaviva viejos recuerdos, así nunca me olvido de ella ni de mi padre —dijo Damien.
Eloise examinó los retratos de los padres de Damien que colgaban de las paredes.
Fue una desgracia que ambos se perdieran en un accidente de carruaje el mismo día.
Eloise no volvió a hablar de los padres de Damien, pues le hacía pensar en los suyos.
Lo siguió en silencio hasta el segundo piso, donde se detuvieron junto a una puerta.
Damien le abrió la puerta del dormitorio a Eloise, dejándola entrar primero.
—No te quedaste con su dormitorio —dijo Eloise.
—No.
Todos decidimos dejar su dormitorio tal y como ellos lo dejaron.
Te daré tiempo para que te pongas cómoda para dormir, y también enviaré a una doncella para que te prepare el baño y te traiga las maletas.
Si algo no es de tu agrado, por favor, dilo.
Debes sentirte a gusto aquí —dijo Damien.
—Lo haré.
¿Adónde vas?
—preguntó Eloise, con curiosidad.
—Voy a tomar mi baño en otro dormitorio y a asegurarme de que mis hermanos hayan vuelto de una pieza.
Como ya hemos cenado, no haré que el cocinero nos prepare nada.
¿Necesitarás más tiempo a solas antes de que me reúna contigo en la cama?
—No —negó Eloise con la cabeza—.
Odiaría mantenerte fuera de tu dormitorio demasiado tiempo, y es mejor que me acostumbre a esto ya.
Puedes volver cuando estés listo.
Estoy cansada, así que imagino que tú también debes de estarlo.
Eloise estaba nerviosa, pero como esta era ahora su vida, intentó no preocuparse demasiado.
Ni una sola vez habían hablado de hacer algo más que yacer en la cama, así que no había necesidad de inquietarse.
—Bien.
Te veré cuando termine.
Si cambias de opinión, envíame a la doncella y vendré a buscarte.
No me importa si quieres que durmamos separados la primera noche —dijo Damien, pensando en la comodidad de Eloise.
—Estoy un poco nerviosa, pero se me está pasando poco a poco.
Ahora eres mi esposo, pero no es como si ambos esperásemos consumar el matrimonio.
Me daré un baño rápido para que puedas volver.
Damien sonrió, ansioso por ver si Eloise mantendría la compostura toda la noche.
—Entonces, te veré en breve.
Eloise observó cómo Damien salía del dormitorio y suspiró aliviada.
Agradecía que no hubiera elegido ese momento para tomarle el pelo.
Eloise sintió alivio al ver que Damien no cambiaba de personalidad ahora que estaba en su casa, donde él tenía todo el poder.
Seguía siendo amable, así que no había razón para ser demasiado precavida o cohibirse.
Eloise observó el dormitorio, acostumbrándose a lo que de ahora en adelante llamaría su hogar.
La gran habitación vacía no ayudó con sus pensamientos, pues anheló de inmediato la presencia de alguien.
Por suerte, llamaron a la puerta.
Eloise se acercó a la puerta y la abrió.
—Buenas noches, Lady Hawthorne.
Lord Hawthorne me ha encargado que le prepare el baño y la ayude a vestirse.
Soy Hannah, su doncella —se presentó Hannah.
La sensación de soledad no desapareció, pero Eloise invitó a Hannah a pasar a la habitación.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com