El Lord que no podía olvidar - Capítulo 75
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 75: Errores [4]
—Nunca podría cansarme de tus besos y, aunque anhelo otro, no cruzaré la línea trazada entre nosotros. Debo prepararme para acostarme —dijo Damien, liberando a Eloise de su cautiverio—. Sé que quieres esconderte bajo las mantas antes de que me una a ti.
Damien se levantó de la cama, dejando que Eloise reflexionara sobre lo que había ocurrido entre ellos.
Eloise se quedó mirando el techo un momento antes de incorporarse para mirar a Damien.
—Estoy teniendo en cuenta tus sentimientos. No quiero dejarme llevar por mis actos ahora que sé lo que sientes. No quiero que malinterpretes mis acciones —le explicó Eloise, aclarando el motivo de su reticencia.
Eloise todavía tenía que aclarar sus sentimientos por Damien. Acababan de reencontrarse. Aunque a veces había pensado en Damien en el pasado, no estaba lista para afirmar que lo amaba.
—Sé que no sientes lo mismo que yo, Eloise. Lo sabré cuando así sea, así que, hasta entonces, no malinterpretaré tu comportamiento. Eso no significa que no vaya a disfrutar picándote o de estar en tu presencia —replicó Damien.
—Mientras no haya malentendidos entre nosotros, por mí está bien. ¿Tienes que desvestirte delante de mí? —preguntó Eloise, apartando la mirada de Damien. Él se desabotonó la camisa como si estuviera solo en la habitación—. ¿Es que no tienes vergüenza?
—Es solo mi camisa y, por si lo has olvidado, estamos casados.
—Sí, pero nuestro matrimonio no es como los demás. Te has puesto muy cómodo —dijo Eloise, intentando que su mirada no se desviara hacia donde estaba Damien.
—Tú también puedes ponerte cómoda. No me importará —replicó Damien, dejando que la camisa se le deslizara por los brazos—. Tendrás que acostumbrarte. No voy a ir corriendo al baño a desvestirme y vestirme para siempre.
—Me temo que no será tan fácil. Nunca he estado en un espacio tan íntimo con un hombre y la última vez que vi el cuerpo de uno, era más joven y los estaba espiando mientras jugaban en el río —confesó Eloise, revelando un secreto que nunca antes había compartido.
—Ah, así que eres una de esas damas pícaras. De las que espían a hombres desprevenidos —la acusó Damien.
—No lo soy. Era más joven, y las chicas del pueblo querían gastarles una broma a los chicos. No esperábamos que llevaran tan poca ropa —dijo Eloise, con la mirada todavía fija en cualquier lugar menos en Damien.
—No te estoy juzgando. Simplemente me decepciona que no parezcas interesada en echar un vistazo. En aras de una buena educación, deberías saber qué aspecto tiene el cuerpo de tu marido. ¿No tienes curiosidad por saber cómo es el cuerpo de un hombre adulto? —preguntó Damien, sabiendo que Eloise sentía cierta curiosidad.
Eloise negó con la cabeza. Se giró y se arrastró hasta la cabecera de la cama para ocupar su sitio.
Damien ladeó la cabeza, asimilando la vista que Eloise le ofrecía por un momento antes de apartar la mirada para respetar sus deseos. —Tienes mucho que aprender —dijo.
Eloise se cubrió con la manta. —Debes avisarme cuando estés listo para acostarte.
—Sabes que duermo sin camisa, ¿verdad? ¿O prefieres que pase calor por la noche?
—Quiero que estés cómodo, pero te daré intimidad mientras te vistes —respondió Eloise, manteniendo la manta sobre la cabeza.
—¿Cómo vas a darme algún día los herederos de los que hablabas si ahora no puedes ni mirarme? Quizá no lo sepas, pero para llevar a cabo el acto de tener hijos, necesitarás que te toquen —le aleccionó Damien.
—Sé cómo se hacen los niños —dijo Eloise, y bajó la manta.
Eloise miró en dirección a Damien. Solo estaba sin camisa, lo que la hizo sentirse tonta por ser tan tímida, pero no era el cuerpo de Damien lo que la hacía comportarse así. A Eloise no le gustaban los nuevos pensamientos que tenía cuando estaba a solas con Damien.
De repente sintió curiosidad, y esa curiosidad le provocó pensamientos indecorosos. Sentía que estaba mal pensar en Damien de esa manera cuando él no tenía ni la más remota idea.
Afortunadamente, Damien se alejó para ponerse los pantalones y, para cuando regresó, Eloise estaba absorta mirando por la ventana.
Damien se metió en la cama, se arropó con la manta y tomó la mano de Eloise para atraerla hacia él. Aunque sería paciente con Eloise con respecto a sus sentimientos, ella tardaría años en acostumbrarse a su presencia si él no le daba un pequeño empujón.
Las mejillas de Eloise se encendieron al encontrarse ahora apretada contra el pecho desnudo de Damien. El brazo izquierdo de él rodeaba su cintura, sujetándola.
—Es normal sentirse azorada con todos los nuevos pensamientos que puedas tener. Estoy seguro de que tu padre te mantuvo muy protegida, por lo que no estás familiarizada con la compañía de un hombre. Desvestirme o vestirme delante de ti no significa que quiera hacerte daño ni acostarme contigo —dijo Damien.
Eloise se relajó en los brazos de Damien. —No es que piense que vayas a hacerme daño. Es solo que todo esto es nuevo para mí. Ya no somos niños, así que me fijo en todo lo que haces y en tu aspecto. No sé cómo enfrentarme a estas nuevas emociones, así que mi primer instinto es esconderme —confesó ella.
—Te insto a que las enfrentes de cara y no te acobardes, aunque a veces me resulta entretenido. Si la curiosidad te puede, estoy aquí para poner a prueba todos tus nuevos sentimientos —se ofreció Damien.
—Suena como si me estuvieras ofreciendo tu cuerpo —observó Eloise.
—Como tu marido, debo ayudarte con todas tus necesidades. ¿Estás incómoda en mis brazos? —preguntó Damien, aflojando su abrazo sobre Eloise.
—No. A decir verdad, es de gran ayuda —dijo Eloise, girando la cabeza para mirar a Damien—. Hace que la habitación parezca más pequeña. Sé que no he empezado con buen pie, pero de verdad quiero hacerlo mejor como tu esposa. No quiero cometer ningún error y, desde luego, no quiero que te arrepientas de esta unión.
Eloise sabía que tenía un largo y difícil camino por delante, y no podía actuar con la misma despreocupación de antes, pues eso solo pondría a Damien en el aprieto de tener que ayudarla.
—Debes prometerme que si tomo decisiones poco acertadas o si confío en la persona equivocada, me dirás la verdad. No importa si me muestro terca cuando lo menciones por primera vez, por favor, dímelo —suplicó Eloise.
Eloise confiaba en el juicio de Damien y, hasta ahora, él no la había guiado mal.
—Esa era mi intención desde el principio. Sería un pésimo marido si permitiera que te rodearas de mala gente o que tomaras decisiones terribles —replicó Damien.
Eloise se giró sobre un costado, sintiéndose cada vez más cómoda. —¿Y yo podré decirte si tomas una decisión terrible, o eres de esa clase de hombres que creen que lo saben todo?
—Podrás, aunque sé que no tendrás por qué hacerlo. Duerme —dijo Damien, usando la mano derecha, que tenía atrapada bajo Eloise, para empujar suavemente la cabeza de ella hacia la almohada—. Te espera un día agotador.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com