El Maestro tierra más fuerte. - Capítulo 1
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1: Cap 0: Prólogo.
1: Cap 0: Prólogo.
Hola a todos, mi nombre es Marshall Vonstalhein, nací en la ciudad de México.
Se preguntarán: ¿Por qué ese nombre tan raro?
Bueno, resulta que mi madre se hizo con un alemán en sus tiempos de juventud; por consecuencia él me puso el nombre y tengo su apellido.
Honestamente no me molesta, siento que es un nombre muy acorde a mí.
En fin, tengo 18 años, estudió en la universidad, aún para mi corta edad estoy por terminar la carrera de Ing.
Físico-químico.
Mido 1.72 metros, soy soltero y aún no he tenido novia (¡sí, así como lo oyes, no tengo novia y qué!) bueno, la triste vida de cualquier adolescente.
Tengo el cabello rojo y mi madre siempre me dijo que era especial debido a mis ojos color violeta.
Muchos dicen que tuve demasiada suerte debido a que solo el 0.0001% de la población lo pueden tener; yo creo que es por mis genes mestizos, aunque aún no estoy seguro de eso.
Por cierto, me encanta la química, soy muy apegado a la física y las matemáticas, me gustan las artes marciales y de vez en cuando asisto a los torneos por parte de la escuela (así es, mi escuela tiene club de artes marciales mixtas).
Me fascina el anime; cada vez que llego a casa prendo el televisor para revisar qué hay de nuevo.
No soy muy popular en la escuela debido a que me consideran raro.
Muchas veces me han buscado pelea por mi forma de ser y mi apariencia física, normalmente me persiguen al terminar las clases.
Son demasiado molestos, sigo sin entender por qué esas personas se aferran tanto a lastimar a las otras.
Desde que era niño, me di cuenta de que el mundo en el que vivimos está lleno de falsedades e injusticias, por eso me esforcé al máximo para poder cambiar el mundo que nos rodea.
Cuando empecé la preparatoria tuve el sueño de estudiar Físico-química, y ahora que estoy a punto de cumplir mi sueño, podré cambiar al mundo realmente.
Ya solo necesito preparar mi tesis para graduarme, aunque leí por ahí que la puedo hacer de cualquier cosa y no es broma.
Por el amor de Dios, si Manuel Salinas hizo la suya de los Caballeros del Zodiaco y se graduó, que yo no pueda hacerlo de Manny Rivera sería un insulto a mi intelecto.
Retomando el tema, descubrí que lo que hace que gire este gran pedazo de tierra es el dinero.
Entonces conseguiré demasiado para así obtener poder económico y llevar el gobierno a un camino más seguro y próspero para la nueva generación.
Aunque por el momento decidiré relajarme, aún tengo demasiado tiempo para ese sueño y la verdad dudo mucho que pase algo que me lo impida…
Salto de tiempo: Una semana después.
Si nunca has escuchado la expresión “para qué abría la boca”, es porque nunca te has equivocado o bien porque nadie a tu alrededor es tan tonto como para tentar a la suerte.
Hace un par de horas tuve un problema con unos sujetos de la escuela.
Para ser más específico, me vi envuelto en una pelea con los de noveno grado; para quien no lo sepa, estoy en octavo.
¡Vaya diferencia!, dirán.
Lamentablemente lo típico de las escuelas mexicanas es que los más bravucones tienen alrededor de 27 o 28 años debido a estar repitiendo de año constantemente.
Normalmente me buscan problemas, pero lamentablemente en esta ocasión era diferente, debido a que me costó más de lo que creí esta vez…
Flash Back.
Era un día normal como cualquier otro, la única diferencia era que estaba lloviendo.
Siempre me gustaba pasearme debajo de la lluvia, pero no siempre se podía debido al clima que existe aquí en México.
Aunque pude notar algo extraño en los jóvenes que estaban en la salida, algunos se me quedaron viendo de manera muy preocupada, como si algo malo fuera a pasar.
No me gustaron esas miradas, así que decidí irme lo más pronto posible a mi casa.
Pero entonces pasó: un carro se frenó de repente en frente de mí.
No pude evitar saltar del susto.
Delante de mí estaba estacionado un Avenger color negro con cian, era realmente hermoso, pero mi admiración se terminó cuando vi que del carro salieron cinco jóvenes.
Pude calcular que el más alto medía 1.87 metros, con una apariencia de borracho.
(¡Espera!
¿Cómo puede estar borracho si acabamos de salir de la escuela?
Malditas escuelas públicas no hacen bien su trabajo).
De complexión media, cabello negro rizado y ojos de color café oscuro, su color de piel se asemeja al marrón, como si se hubiera quemado en el sol.
El joven que estaba a su lado medía alrededor de 1.78 metros con facciones finas de la cara, cabello teñido de azul con café y verde; usaba un arete de vaca en su nariz y sus ojos de un color café claro.
Este sujeto se veía que hacía ejercicio debido a que estaba delgado, aunque la verdad yo creo que es por las drogas.
Los otros tres estaban saliendo apenas del carro.
La verdad me sorprendí demasiado al ver a dos personas idénticas; realmente me había emocionado, por un momento pensé que era un ninja y fue en ese momento cuando la realidad me golpeó y recordé que existían los gemelos.
Ambos de 1.75 metros, color de pelo café, complexión delgada, ojos de color negro y parece ser que uno tenía un bigote.
(¡Qué rayos!
¿Se ponen de acuerdo para dejarse crecer el bigote?).
Cuando fijé mi vista al último, era un joven de aspecto fuerte de mi estatura; tenía en su brazo un tatuaje de dragón.
Cuando vi su brazo un pensamiento pasó por mi cabeza y, como si fuera una broma, mi conciencia me gritó: ¡¡corre perra, corre!!
No lo pensé mucho y salí corriendo.
Como era de esperar, corrieron detrás de mí.
Lo más lógico era que me siguieran en el carro, pero no se les ocurrió.
No pasó mucho tiempo antes de que me alcanzaran.
Con toda la fuerza que tenía, di la vuelta y le solté un golpe en el rostro al líder del grupo.
Por la velocidad que tuvo no pudo evitar tropezar con su pie al sorprenderse.
Cuando me di la vuelta para correr, el segundo al mando me tomó del cuello de la camisa y con los otros tres me levantaron para llevarme a un callejón.
Ahí fue cuando empezó la masacre.
Jamás sentí tanto dolor.
Después de la paliza de mi vida, el líder del grupo sacó una navaja y la clavó a un lado de mi esternón.
No pude evitar gritar de dolor; al final me quedé inconsciente por la falta de sangre.
Fin del flash back.
Al abrir mis ojos noté que estaba en una camilla de hospital, un medidor cardíaco casi en 20 y mi madre llorando a un lado mío.
Mi padre estaba serio, pero con las pocas fuerzas que tenía pude ver cómo un fuego se reflejaba en su mirada, como si fuera a matar a alguien.
Pasé de mi padre y miré a mi madre.
Justo cuando me moví ella se espantó y, alterada, dijo que estaría bien.
Con las pocas fuerzas que tenía le dije que no se preocupara, que estaría bien, que dejara de llorar por mí.
Esto solo la hizo llorar más, por supuesto.
Mi padre se acercó a ella y la abrazó.
Cuando lo miré a los ojos él me dijo que descansara, que ya no me preocupara más por el mundo, por ellos, por la escuela; solo que descansara.
Mi madre empezó a llorar más fuerte y mi padre soltó unas lágrimas.
Con una sonrisa muy grande y las pocas fuerzas que me quedaban les dije: gracias por todo su amor, espero verlos muy pronto, cuídense mucho y no hagan locuras por favor.
Cuando terminé de decir mis últimas palabras, la sala se volvió oscura y sombría.
Comencé a sentir frío, miré a todos los lados y no había nada.
Me pregunté si estaba soñando, cuando una voz me llamó y me dijo: —Esto no es un sueño Marshall.
Lamentablemente tú moriste y este es el limbo, en donde se juzga a las almas para decidir si se irán al cielo o al infierno.
En ese momento no sabía qué decir, estaba consternado; no porque estaba muerto, sino porque realmente existía el cielo.
Sin embargo, mi conmoción apareció poco debido a que ese ser volvió a hablar.
—Me presento, mi nombre es Hybrieren y soy a lo que tú conoces como un Dios.
—Mucho gusto, Dios.
Mi nombre es Marshall Vonstalhein —se presentó el joven con respeto en su voz.
—Sé quién eres.
—replicó el Dios con ligera molestia en su voz—.
Ahora hablemos de algo importante.
Tú no debiste morir este día.
Realmente tu muerte estaba programada tres décadas después.
Por desgracia, no puedo hacer nada para que regreses con tu familia.
Al decir esto, Marshall se desanimó en gran medida, debido a que realmente tenía ganas de estar con sus padres.
La imagen de su madre destrozada por la tristeza jamás abandonaría su mente.
—¿Entonces qué haré?
¿Me iré al infierno?
—Suena muy tentador, Marshall, pero no.
Tengo algo muy especial para ti.
Tu determinación por cambiar el mundo me brindó una magnífica idea con respecto al mundo.
Aunque claro, no me refiero a este mundo.
—¿Entonces a qué mundo te refieres?
—repliqué con una gran curiosidad.
—Existen muchas tierras, muchos mundos, muchas galaxias y un sinfín de alternativas en donde tú no existes.
Lamentablemente en estos sinfines de lugares existen campeones.
¿Sabes lo que es un campeón?
—La verdad es que no tengo idea de lo que sea un campeón.
¿Qué es?
—Un campeón es un ser destinado por el mundo mismo para salvarlo de su futura destrucción.
Son seres a los que el mismo mundo favorece para poder salvarse de las amenazas más grandes.
—En términos de tus gustos tengo un ejemplo claro: la mayoría de personajes principales se les conoce como campeones, lo que hace que los protas estén rotos en el transcurso de la historia.
Un ejemplo fácil es Saitama: él es considerado el campeón de su tierra.
—Maldición, sabía que la calvicie no le daba su fuerza.
No por nada intenté el entrenamiento del diablo calvo, cosa que dejó a muchos fanáticos con artritis.
—…creo que eso fue porque solo es una caricatura sin sentido.
En fin, a consecuencia de esto, no puedo dejar que un humano único muera.
¿Te gustan los monos chinos, verdad?
Con enojo en su cara, Marshall no pudo evitar sentir un escalofrío en su espalda y con voz fuerte le reclamó al Dios: —Se llaman animes, no monos chinos.
Yo pensé que era un sabelotodo.
Indignado por lo que el supuesto Dios había dicho, cerró los ojos y se cruzó de brazos.
En ese momento un escalofrío recorrió toda su espalda y con temor volteó su vista a donde sintió ese sentimiento de ira.
Se quedó petrificado y solo pudo mirar.
—…enano, ¿cómo te atreves a gritarme?
El Dios se tranquilizó un poco y le restó importancia.
Con un suspiro de cansancio procedió a explicarle al joven lo que haría a continuación.
—Escucha, chico.
Debido a un error en el destino serás recompensado.
Te daremos a elegir qué te gustaría tener, ya sea una habilidad, poder, gen o lo que sea.
—¿Lo dices en serio?
—el joven no pudo evitar preguntar con mucha emoción en su voz.
—Soy un Dios de palabra.
Aunque la única cuestión aquí será que yo elegiré el mundo en el que estarás.
No te preocupes, elegí uno acorde a tu naturaleza.
Tú renacerás como un bebé, claro que conservarás tus recuerdos, apariencia, nombre y por supuesto la bendición que te otorgaré.
Así que ahora, mocoso, decide.
—Una pregunta, Señor Dios.
¿Puede ser cualquier cosa que yo quiera?
—Por supuesto que sí.
Qué Dios sería si no pudiera cumplir tus insignificantes delirios.
Con el ceño ligeramente frustrado, Marshall se quedó callado, pensando en lo que le podría pedir a este ser.
—Ya lo decidí.
Quiero tener la inteligencia de Azmuth y todo el conocimiento sobre la física, la química, las matemáticas y la robótica del personaje de Mr.
Fantástico (el de cómics, por favor; el de la película era tan tonto como un Hulk enojado).
—Qué interesante decisión.
Está bien, mortal.
Te enviaré al mundo que más necesitará tu ayuda, pero recuerda entrenar, ya que tendrás que pasar por mucho y lo que te espera no es bueno…
Te visitaré de vez en cuando para ver tu avance.
Y recuerda bien: no dudes de tus decisiones; si lo llegases a hacer, tu vida estará en peligro.
Ahora, largo de aquí.
Tras decir esas palabras, una fuerte luz dejó enceguecido a Marshall.
No podía ver nada.
Lentamente su vista se fue aclarando y acostumbrándose a la luz; fue ahí cuando se dio cuenta de que estaba naciendo en un mundo totalmente distinto.
Estaba en una casa de madera con telas verdes con dorado y una moneda en el centro; le pareció familiar pero no le dio importancia.
Cuando vieron al niño nacer, los médicos y padres se quedaron en shock debido al aspecto del niño: tenía unos ojos de color violeta claro y unos pequeños vellos en la cabeza de color rojo.
Sus padres se extrañaron, pero al ver lo hermoso y saludable que nació su hijo, lo dejaron de lado y con alegría en su corazón lo aceptaron.
CINCO AÑOS DESPUÉS Podemos ver al pequeño Marshall leer un libro sobre las culturas de su tierra.
Al parecer nació en una pequeña aldea a las afueras de Ba Sing Se.
Al principio se extrañó al ver que estaba en el mundo de Avatar, pero no estaba tan seguro de qué época era.
Aunque, a juzgar por las casas y los rumores de la guerra, podría decir con certeza que era en el arco de la historia del Avatar Aang.
Súper emocionado, comenzó a estudiar y ejercitó su cuerpo con el fin de ser más fuerte para poder ayudar a este nuevo mundo.
Detrás de él, sus padres, viendo a su hijo con orgullo y felicidad, sonrieron y le hablaron para que fuera a comer.
—Mamá, Papá, ¿qué vamos a comer?
—preguntó con mucho entusiasmo el pequeño infante.
La madre del chico no pudo evitar sonreír al ver la energía de su hijo al querer probar su comida.
Su madre era una joven de unos 25 años de edad, su nombre era Lin Shu.
Tenía una apariencia delicada de cabello castaño y ojos color café claro.
Vestía una falda de color café claro y una blusa de color verde con la insignia del Reino Tierra en su pecho.
—Tienes que adivinar, hijo —fueron las gruesas palabras de un hombre de unos 28 años de edad, cabello corto de color negro y ojos de color café oscuro.
Con un físico estable y en forma, vestía una camisa idéntica a la de su esposa, llevaba un pantalón color arena y unas botas de color negro que cubrían la mayor parte de sus espinillas; su nombre era Ken Fan.
Con alegría Marshall le preguntó a su padre si era sopa de coles con nabo, a lo que su padre y madre no pudieron evitar sonreír.
Todo estaba bien hasta que un sonido llegó a la puerta.
Su padre se acercó y la abrió despacio; preguntando quién era, se asomó para ver con qué se encontraba.
De pie frente a él estaba un joven de aspecto desaliñado, respiraba con pesadez y con desesperación le dijo: —General Ken, la Nación del Fuego quiere entrar a nuestra aldea para atacar la ciudad de Ba Sing Se.
Con una mirada fuerte, el padre de Marshall volteó su vista a su esposa e hijo y les dedicó una sonrisa tranquilizadora.
Su esposa, al ver eso, se preocupó pero no dijo nada.
Marshall, que vio todo, no pudo evitar sentir miedo.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo y pensó en las palabras que le dijo ese ser superior.
FLASH BACK.
—Te enviaré al mundo que más necesitará tu ayuda, pero recuerda entrenar, ya que tendrás que pasar por mucho y lo que te espera no es bueno…
Pensando en esto, se acercó a su padre y le dio un fuerte abrazo.
Deseando que se cuidara le dio la despedida.
Cuando su padre se marchó, él hizo lo posible para que su madre no se preocupara.
Con una voz tierna y tranquila le pidió a su madre que le ayudara a estudiar.
Su madre, al ver la sonrisa de su hijo, se tranquilizó un poco.
Después de un tiempo leyendo, Lin se quedó dormida mientras que el pequeño pelirrojo estaba babeando sobre la playera de su madre.
De un momento a otro, la casa estalló en mil pedazos.
Marshall salió volando de las piernas de su madre, la cual fue consumida por la explosión.
Debido al golpe, el pequeño quedó inconsciente a unos 3 metros de la explosión; varias tablas de madera cayeron sobre su cuerpo, tapándolo todo.
Cuando recobró el conocimiento, sintió algo muy pesado en su espalda junto a un dolor casi similar a la golpiza que le dieron los jóvenes de su mundo.
Al ver a su alrededor, pudo notar cómo unas tablas tapaban todo su cuerpo.
Deshaciéndose de ellas, empezó a buscar su casa, debido a que no recordaba en qué lugar estaba.
Después de unos minutos de razonar, pudo notar cómo un libro estaba semi quemado frente a él.
Reconociendo el libro, no pudo evitar temblar de terror: era el libro que su madre le estaba leyendo antes de todo lo ocurrido.
Sin pensarlo dos veces empezó a correr hacia donde recordaba la sala de estar de su ahora casa destruida.
Al llegar, no pudo evitar soltar lágrimas de tristeza al ver a su madre muerta en el piso con la piel quemada y muchos hematomas en sus brazos y cuello.
Con pasos lentos se acerca a ella y con tristeza tomó su mano.
Sin poder contener toda su tristeza, el niño grita y solloza por su ahora difunta madre.
En la puerta de la casa se pudo observar una mano en el piso; la mano estaba adentro de la casa como si el último esfuerzo de esa persona fuera el de entrar.
Con pasos lentos el chico se acercó a la puerta y, al abrirla toda, sus ojos se abrieron de par en par.
Justo a la entrada de su hogar se encontraba su padre, con una lanza de la Nación del Fuego atravesando el lugar donde se suponía que estaba su corazón.
Al fijarse bien pudo notar cómo todo el pueblo estaba destruido.
Sin creer lo que sus ojos estaban viendo, el niño se desplomó al piso por la gran impresión.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Rutso He decidido actualizar la ortografía y el formato de este capítulo.
Me di cuenta de que escribir en PC es cómodo, pero para quienes leen desde el móvil, los párrafos largos son muy pesados.
Estoy regresando al principio para pulir estos detalles y mejorar el acomodo del texto.
Mi meta es que tengan una lectura mucho más fluida y cómoda.
¡Gracias por leer!
La historia se estará subiendo de manera irregular por lo que espero que tengan paciencia.
Muchas gracias.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com