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El Maestro tierra más fuerte. - Capítulo 2

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Capítulo 2: Cap 1: Un inicio algo Fuerte

Sonidos tintineantes, olor a excremento y un fuerte movimiento de su cuerpo fue lo que despertó a Marshall de su inconsciencia. Poco a poco comenzó a abrir los ojos; cuando estuvo del todo consciente, se alteró al ver que estaba en un cuarto muy extraño. Había pequeñas jaulas en el fondo del cuarto y podía notar un rayo de luz asomando por una cortina; sin pensarlo dos veces se acercó a ella y la abrió.

En ese momento se dio cuenta de que era una carreta y no un cuarto. Sin siquiera saber por qué, su estómago volvió lo poco que le quedó de la sopa de col con nabo que comió antes de la catástrofe. Fue entonces cuando sus ojos se expandieron en comprensión y no pudo contener unas pequeñas lágrimas de tristeza.

—Veo que ya te despertaste.

Fueron las palabras de un hombre viejo que detuvo la carreta al notar que el niño que había recogido se había levantado.

El chico se tensó al escuchar la voz; lo último que quería era estar en una carreta de la Nación del Fuego siendo llevado como un simple esclavo. Él tenía metas y necesitaba cumplirlas.

Con temor en su ser y una mirada llena de determinación, se dio la vuelta. Solo para ver a un anciano medio regordete, con una barba medio descuidada y ropas de la ciudad de Ba Sing Se.

—Vamos viejo, casi me das un infarto —replicó con un suspiro de calma el pequeño niño.

—¿Quién pensó que era, mocoso?

Al escuchar la palabra “mocoso” una vena se asomó por el ancho de su frente; hizo uso de todas sus fuerzas para no gritarle al anciano que estaba frente a él.

—Un soldado de la Nación del Fuego. No estoy seguro del por qué, pero entraron a mi pueblo y mataron a todos, por suerte logré sobrevivir.

Marshall no evitó apretar con furia sus puños; la impotencia que sintió y el dolor empezaban a sacar su ira. De un momento a otro, la carreta se comenzó a sacudir de forma leve, como si de una marea se tratara.

—¡¡NIÑO!! —Con voz fuerte el anciano le habló al niño, la razón era que la carreta se empezaba a sacudir más y más fuerte mientras el niño temblaba de coraje.

Al escuchar al anciano gritarle, inmediatamente su furia se tranquilizó.

—¿Qué quieres anciano?

—(Qué mocoso más maleducado) —refunfuñó entre dientes el viejo—. Solo quería preguntarte cómo te llamas.

Con duda, el niño miró al hombre una vez más; sin otra opción pudo contestar la pregunta ya hecha.

—Mi nombre es Marshall Fan Shu. ¿Cuál es el suyo, antiguo?

Con orgullo el hombre infló el pecho y dijo:

—Soy el mejor herrero de todo el Reino Tierra, mi nombre es Mao Chang.

—Mucho gusto en conocerlo, señor Mao. Ahora, ¿me podría explicar a dónde vamos? ¿Y por qué me ha secuestrado?

—Claro que no te secuestré, solo te vi tirado en un pueblo fantasma y como todo un hombre te recogí para llevarte a alguna zona médica lo antes posible.

—¿Qué le pasó a los cuerpos de mis padres?

—Uff —con un suspiro de tristeza Mao dijo—: Les di un entierro en el patio de tu casa.

Al escuchar eso, unas pequeñas lágrimas salieron de los ojos de Marshall.

—Gracias por eso anciano, y solo por esta vez te creeré, viejo. Por cierto, ¿a dónde nos dirigimos? —cambiando rápidamente de tema ya que no quería recordar eso por el momento.

—Nos dirigimos al sector bajo de la ciudad, pero viendo el pequeño temblor que acaba de pasar daremos un desvío.

Diciendo esto, Mao se dirigió a la zona de manejo de su carreta; tomando las riendas giró su dirección al bosque que está a unos cuantos metros de su ubicación.

—Bien mocoso, ya llegamos.

El niño con intriga salió de la carreta y al bajar pudo observar un bello lago rodeado por montañas, árboles alrededor como una defensa natural. De la nada, el piso bajo sus pies se elevó como si de un pistón se tratara; cuando menos se lo esperó, Marshall ya había caído en el agua.

Cuando salió del lago no pudo mirar con fascinación al hombre, con voz fuerte y mucha emoción le preguntó:

—¿Eres un maestro tierra? ¡Enséñame por favor!

Mao solo pudo sonreír e inflar su pecho; la atención y la energía del niño le recordó mucho a su pequeño hijo, quien lamentablemente fue asesinado por la Nación del Fuego junto con su esposa hace ya varios años.

—Tienes que saber, mocoso, que no todos pueden ser maestro tierra, esto es una bendición con la que se nace.

El hombre quería continuar, pero de un momento a otro el niño lo interrumpió.

—Eso ya lo sé viejo, pero conozco mis capacidades, sé que soy un maestro tierra. Jamás lo pude usar debido a que mis padres no pudieron enseñarme, pero si tú me enseñas de seguro podré aprender.

Al ver la determinación del chico, Mao solo pudo sonreír más fuerte; en un pequeño destello de luz, pudo jurar que su hijo estaba a un lado del chico al que ahora estaría entrenando.

—Está bien mocoso, yo, Mao Chang, seré tu maestro. Pero tienes que saber que este camino no será fácil: llorarás, sufrirás y derramarás sangre como nunca en tu vida. Aun sabiendo esto, ¿estás dispuesto a ser un maestro tierra?

Marshall no pudo evitar enderezar su cuerpo; con una determinación firme dijo con toda la ferocidad de su alma:

—Claro que sí. No importa qué sea, lo superaré, aunque me rompa los huesos seguiré adelante.

—Así se habla, niño.

El viejo no quería, pero tenía que admitir que el niño tenía las bolas bien puestas.

—Empezamos hoy. Quiero que hagas 100 flexiones de brazo, 100 flexiones de brazo con salto y aplauso, 100 sentadillas y 2 horas de meditación.

Al escuchar eso el alma de Marshall casi se sale de su cuerpo; maldijo sus palabras, pero sin otra opción comenzó a realizar los ejercicios.

EN EL POLO SUR

Se podía ver cómo varios iglús eran atacados por la Nación del Fuego, siendo esta la Tribu Agua del Sur. Todos los hombres hacían lo mejor que podían para retener a los soldados de la Nación del Fuego. Entre los hombres se podía apreciar a dos niños: el más grande tenía la misma edad que nuestro protagonista, mientras que la otra niña era más baja que él por dos años de diferencia. Estaban en medio del caos. Con voz seria y preocupada, el niño le dijo a su hermana:

—Katara, vete a casa con mamá, aquí es muy peligroso.

—Pero Sokka, papá dijo que estuviéramos juntos.

—Sé lo que papá dijo, pero tengo que ayudar a la tribu, no podemos dejar que sigan avanzando.

Al ver la determinación de su hermano, no pudo evitar correr con su madre para protección.

—¡Mamá, Sokka se quedó peleando, le dije qu…!

No pudo terminar debido a que frente suyo se encontró un hombre de la Nación del Fuego hablando con su madre. El soldado se volteó a ver a la niña que había llegado, y con una sonrisa de superioridad le dijo que se fuera, que estaban hablando de temas de adultos. La niña no pudo evitar sentir mucho miedo.

—Ve a buscar a tu padre hija, yo estaré bien —con una voz segura y firme su madre le aseguró.

La niña vio por última vez a ese hombre y salió del iglú con mucha adrenalina en su ser. En ese momento muchas emociones la atormentaban: miedo, preocupación, tristeza, impotencia y sobre todo coraje.

—¡¡Papá!! ¡¡Papá!! Mamá está en peligro, por favor ayúdala.

Al escuchar los gritos de su hija y entender la situación corrió hacia su casa, pero lamentablemente era muy tarde. Al llegar y abrir la cortina que daba acceso a su casa pudo ver el cuerpo de su amada en el piso sin vida. Su corazón se partió, pero no pudo seguir lamentándose; su pequeña hija estaba a su lado llorando. Rápidamente la tomó en sus brazos y lloró junto a ella.

MIENTRAS TANTO EN LA NACIÓN DEL FUEGO

Se puede ver a un niño de no más de 6 años tratando de demostrar a su abuelo sus inexistentes habilidades. Al ver la patética demostración de su nieto, con angustia en su voz le dijo a su segundo hijo:

—¿Príncipe Ozai, por qué me haces perder el tiempo con este espectáculo? Solo dime lo que quieres, los demás, largo.

Al salir el resto, el príncipe dijo con voz firme:

—Padre, te habrás dado cuenta como yo, de que con la muerte de Lu Ten, la descendencia de Iroh se acabó. Después de la muerte de su hijo, mi hermano abandonó la lucha de Ba Sing Se y quién sabe cuándo piensa regresar a casa. Pero yo sigo aquí, padre, y mis hijos están vivos.

Sin saberlo, sus dos hijos optaron por esconderse y escuchar lo que su padre le diría a su abuelo.

—¿Dime de una vez lo que quieres?

—Padre, revoca el derecho de nacimiento de Iroh. Yo soy tu humilde servidor, para servirte a ti y la nación, elígeme.

—Cómo te atreves a sugerir que traicione a Iroh, mi primogénito, cuando acaba de sufrir la pérdida de su único hijo. Creo que Iroh ha sufrido lo suficiente, pero tú aún no empiezas a sufrir tu castigo.

Al ver esto, Zuko, el hijo mayor del príncipe Ozai, no pudo continuar viendo y salió corriendo.

Al salir de la cámara del Señor del Fuego, Zuko optó por dormirse en su habitación. Después de un tiempo su puerta se abrió y de ella entró su hermana menor llamada Azula; se recargó en la puerta y con voz burlona le dijo a su hermano:

—Papá va a matarte, en serio lo hará.

—Jaja, Azula, buen intento.

—Bien, no me creas, pero lo escuché todo. El abuelo dijo que el castigo debe ser igual al crimen: «Conocerás la pena de perder a un primogénito sacrificando a tu propio hijo».

—¡Mentira!

—Te lo digo por tu propio bien. Ya sé, tal vez una linda familia del Reino Tierra te adopte.

—Basta, es mentira. Papá nunca me haría una cosa así.

—¿Papá nunca te haría qué cosa?

—¿Qué está pasando aquí?

Al escuchar la voz de su madre, se dio cuenta de que estaba entrando a su cuarto.

Azula le respondió a su madre que no sabía de qué hablaba. Con angustia en su ser, su madre la tomó del brazo y le dijo que tenían que hablar. Mientras tanto, Zuko se repitió a sí mismo que su hermana siempre mentía, para al final quedarse dormido.

(Nota de autor: En esta historia la muerte del abuelo de Zuko se prolongó más de lo debido, por lo que la mamá de Zuko y Azula aún no escapaba).

VOLVIENDO CON MARSHALL

A las afueras de Ba Sing Se, en un bosque un poco retirado de la ciudad, se encontró un anciano durmiendo en una carreta, mientras que nuestro protagonista estaba meditando cerca de un río. Frente a él, una familia de patos tortuga nadaba con toda tranquilidad. Al escuchar graznar a los patos, una de sus cejas tembló de ira; llevaba más de dos horas tratando de sentir la tierra a su alrededor, pero no podía debido a que los patos no le permitían escuchar en silencio.

Sin otra opción optó por irse a dormir. «Mañana será distinto», se repitió a sí mismo para poder conciliar el sueño.

SALTO DE TIEMPO

Ya habían pasado 3 años desde que todo esto aconteció. Podemos ver a Marshall, de unos 8 años, realizando movimientos fuertes y rígidos mientras golpeaba la tierra, solo para que esta saliera disparada hacía un anciano que esquivó por poco los peñascos de tamaño mediano. Al ver que su discípulo casi lo pilla, con rapidez el anciano hizo que el piso debajo de Marshall se hiciera arena; así dejó atrapado al joven.

—Eso no es justo, anciano, yo aún no sé Arena Control. En este poco tiempo solo me enseñaste Tierra Control y sobre herrería.

—Vamos, mocoso, la vida no es justa. Pensé que ya te habrías dado cuenta de eso.

Con una ceja alzada terminó la reacción de su alumno al decir eso, pero solo pudo ver tristeza y dolor.

Sacándolo de la tierra le dijo con voz alegre:

—Vamos a comer y después seguiremos con el entrenamiento. ¿Qué te parece?

—All Right.

Antes de que pudieran seguir, estaban rodeados por 5 soldados de la Nación del Fuego.

Con voz seria Mao les preguntó si buscaban algo, a lo que uno de los soldados respondió:

—Están bajo arresto por órdenes del Capitán Zhao. Los hemos observado desde hace 1 año y es peligroso para la Nación del Fuego que más maestros tierra sean entrenados. Será mejor acabar con ustedes lo antes posible.

Con voz baja se animó a su discípulo y le dijo:

—Marshall, corre y pase lo que pase no regreses. Crece, fortalécete y nunca olvides seguir a tu corazón, aunque los demás no lo comprendan. Como maestro tierra y ex capitán de las fuerzas del Reino Tierra, yo, Mao Chang, te declaro un verdadero maestro tierra y el segundo herrero más hábil de toda la Nación de la Tierra. Ahora vete.

Marshall obedeció a su maestro; sabía que él podía con esos simples soldados de bajo rango. Lamentablemente no se fijó a dónde iba por voltear a ver a su maestro por última vez; el niño no se percató de que se dirigía a un barranco.

Cuando se dio cuenta ya era tarde: el chico cayó por el barranco. Con toda su fuerza de voluntad se impulsó hacía la pared; usando su dominio de la tierra se aferró a la pared y suspiró de alivio. Estaba a más de 20 metros del piso, podía caer de golpe, pero no quería hacer mucho ruido debido a la situación.

Mao Chang se dio cuenta de que su estúpido discípulo se tiró por un barranco. Solo pudo suspirar por la tontería de su alumno, pero sabía que estaría bien desde esa caída. Luego de ver el escape ridículo de su autoproclamado nieto, se giró hacia los maestros fuego y con una sonrisa dijo algo que dijo su nieto antes:

—¿Quién está listo para bailar?

Cuando Marshall bajó se encontró en un pequeño bosque, y a su espalda se encontró lo que antes era su hogar y un poco más atrás se encontró la gran muralla de Ba Sing Se.

Con un suspiro tuvo que seguir avanzando para poder encontrar un pueblo lo más cerca posible.

4 horas habían pasado desde que se separó de su maestro. Tenía hambre y sed, estaba cansado, pero no podía rendirse. Recordó lo que le pidió a ese extraño ser que lo trajo a esta nueva vida. Sin pensarlo dos veces, el chico hizo una cueva debajo de la tierra; al entrar, empezó a sentir la tierra a su alrededor. Tratando de encontrar algo útil con golpes al piso, pudo detectar minerales cerca; al obtener hierro, cobre y estaño, no pudo evitar sentirse feliz.

En esa cueva empezaron sus preparativos para sobrevivir a este nuevo mundo, una vez más solo. Si bien Marshall no puede predecir los movimientos como Toph, al sentir la tierra es fácil para él encontrar los minerales y metales que están en la misma tierra, al tener una densidad mayor, y a sus conocimientos que le dio el Dios.

Al pasar las horas, podemos ver a Marshall manipular el metal con un gran esfuerzo para darle forma de brazalete un poco tosco. Se alegró de conocer la historia de este mundo y también las propiedades del metal.

Usando pedazos de su camisa y un carbón dibujó un diagrama para diseñar un lanzallamas de dimensiones diminutas. Al estar convencido con su diseño su sonrisa se agrandó; solo le faltaban más materiales. Con una visión firme se hizo un arco y flechas junto a un cuchillo pequeño que tenía grabado en su hoja la insignia del Reino Tierra. Si bien no era su mejor trabajo y la hoja del cuchillo estaba casi desafilada, se hizo el mejor esfuerzo, aunque gracias a sus conocimientos podía manejar el metal de manera más sencilla y tras prueba y error logró manipularla a un 86% de su totalidad; esto le ayudaría a conseguir grasa y carne.

Cuando se terminó de preparar, salió a buscar ese sustento de carne y grasa para su alimentación y su proyecto futuro. No tardó mucho en encontrar lo que estaba buscando: en un río cercano se encontró con lo que parecía un jabalí. La verdad no estaba seguro de qué sería ese animal debido a que en este nuevo mundo las criaturas extrañas eran comunes. Sin darle mucha importancia a ese asunto, tensó su arco y con una mirada firme, y fingiendo la voz a una más gruesa que pudo conseguir para un niño de 8 años, dijo:

—Jabalí, le has fallado a esta ciudad.

Disparando la flecha que se incrustó en la frente del animal, que al escuchar su voz se dio vuelta para ver de dónde venía el ruido, para desgracia del animal solo pudo ver una flecha que impactó con su frente; después de unos segundos estaba muerto.

Al ver esto Marshall se alegró y saltó de felicidad. Obviamente jamás admitiría que usó su metal control para controlar la flecha; si bien no ocupaba el arco, siempre quiso usar uno en su vida pasada. Usando su tierra control atrajo al jabalí y lo metió dentro de la cueva para proceder con sus experimentos y poder comer.

SALTO DE TIEMPO: 5 HORAS

Podemos ver a Marshall usando unos pequeños brazaletes de color negro; debajo de ellos estaba un guante de color café oscuro asimilando al carbón. Estos estaban hechos de Starlite, un material resistente al fuego que no propaga el calor. Combinando el polvo de hueso del jabalí, el carbón y un poco de agua pudo hacer la estructura química del pegamento, combinado con bicarbonato, lo que con la ayuda del agua pudo formar el material a prueba de fuego, ideales para sus lanzallamas. Con todo resuelto y con una nueva mochila de cuero de jabalí, se dispuso a partir y explorar el mundo.

Después de varios días caminando llegó a una de las colonias de la Nación del Fuego que ahora estaban sobre lo que sería una hermosa ciudad del Reino Tierra. Con coraje e impotencia cerró sus puños. Los guardias, al ver sus ropas del Reino Tierra, se dirigieron hacia él con intención de arrestarlo o matarlo. Al ver esto, Marshall sonrió y se preparó para luchar; al ver una postura de fuego, los guardias se detuvieron.

—¿De dónde vienes, niño?

—Vengo de minar, salí para picar minerales y poder conseguir algunas piezas por ellos.

El guardia entrecerró los ojos y con voz cautelosa preguntó:

—¿Y en dónde está tu pico, muchacho?

—Lo perdí durante una expedición. Me encontré con un jabalí el cual me atacó y tuve que correr; si usaba mi fuego control quemaría todo el bosque y eso ocasionaría que los soldados del Reino Tierra me atraparan.

—¿Dime tu nombre, chico?

—Me llamo Lee, señor.

—Muy bien Lee, puedes pasar, pero a la próxima repórtate con nosotros para autorizar tu salida. Es peligroso ir al bosque y no queremos que nuestros próximos maestros fuego se mueran tan rápido.

—Sí, señor.

Al pasar la vigilancia Marshall comenzó a buscar una tienda para cambiar minerales. No estaba mintiendo cuando le dijo al guardia lo que haría. Una vez vendidos los materiales de su mochila, optó por conseguir un lugar donde dormir.

A la mañana siguiente salió para conocer la ciudad y comprar un poco de ropa. Lamentablemente solo tenían ropa de la Nación del Fuego; los colores eran preciosos a su gusto, lo único que no le gustaba era la insignia de fuego que tenía la ropa. Sin darle más importancia a esto, se puso a observar su entorno: las casas del Reino Tierra estaban llenas de tapetes con los símbolos de la Nación del Fuego que estaban colocados en todos lados. Su ira no era visible a los ojos de los demás, pero por dentro ardía como un volcán, lo que le recordó que necesitaba aprender todos los sub-artes del elemento tierra. Con una sonrisa en su rostro siguió avanzando y pudo notar un castillo; no era tan grande como el que vio en imágenes de Ba Sing Se, pero era grande para su gusto. Se preguntó qué clase de persona llenaría una casa así.

Al fijarse bien pudo notar a dos adultos, una mujer y un hombre, los cuales estaban rodeados de 7 personas idénticas. Al ver esa escena, Marshall pensó que en este mundo existirían los ninjas, pero luego notó cómo una de las 7 parecía estar triste por algo. Fue ahí cuando la vida lo volvió con una bofetada a la tierra de la realidad.

Con voz preocupada se preguntó a sí mismo cómo era posible tener 7 hijas totalmente iguales. Al fijarse en la mirada del padre pudo notar la misma cara que tenía él; sus pensamientos eran idénticos. Una gota de sudor cayó de la frente de ambos; esto fue visto por el hombre, que sonrió al ver al niño con la misma mirada que él le dedicó a su situación tan retorcida.

Llamó a un guardia y le dijo que le hablara al joven que estaba fuera de su hogar. Al ver al niño, el guardia se acercó sin hacer ruido. En su completa admiración por el hombre, Marshall no pudo evitar distraerse; cuando menos se lo esperó, estaba cargado por un guardia del palacio. Con desesperación, el chico quiso utilizar la fuerza para soltarse, pero el guardia lo detuvo.

—Por favor hijo, no vayas a ser grosero si quieres conservar tu vida.

El niño no dijo nada, solo asintió y se quedó callado.

Al entrar a la sala el padre ya lo estaba esperando; sus 7 hijas a sus espaldas esperando a que su padre terminara lo que tuviera que hacer con este niño.

Al verlo bien, el dueño del palacio se fijó con más detalle en el pequeño. Pudo notar su cabello de color rojo extravagante y sus ojos de color lila. El hombre se emocionó en gran manera; pensó que el chico sería de alguna noble familia que había llegado de visita a sus tierras. Con voz calmada y esperanzada le preguntó:

—¿Cuál es tu nombre, hijo?

—Mi nombre es Marshall, señor.

—¿Marshall? Es un nombre muy extraño.

—Lo sé señor, mis padres eran un poco raros.

El hombre sonrió, se levantó de su asiento y se acercó al niño.

—Mi nombre es Cheng y estas son mis hijas: Ty Lee, Ty Lin, Ty Lat, Ty Lao, Ty Liu, Ty Lum y Ty Woo.

Al escuchar los nombres de las niñas, su mente se disparó en completa confusión e incredulidad. ¿Qué clase de loco llama a 6 de sus hijas con la misma inicial?

Pero pudo notar cómo la niña que se llamaba Ty Lee estaba triste y cabizbaja. Al recordar la serie y el cómic que vio en su vida pasada, encontró que Ty Lee se fue de su casa debido a que no se sintió especial al ser igual que sus hermanas; claro que no era igual, ya que el resto de sus hermanas eran mediocres en comparación con las habilidades de Ty, por poco claro esto. Esto le pareció extraño, pero sus observaciones se vieron interrumpidas por el señor Cheng, quien le volvió a preguntar su nombre.

—Yo me llamo Marshall, señor, es todo un placer.

—Oh, así que te llamas Marshall. Nunca había escuchado un nombre como este. Y dime, hijo, ¿eres de alguna familia noble?

El cuerpo del niño se tensó un poco, lo cual fue visto por el hombre, el cual hizo otra pregunta.

—¿No vienes con tus padres?

De nuevo el niño se tensó más fuerte que antes y se quedó callado. Su cuerpo temblaba un poco. Un guardia se acercó y le dijo que respondiera a la pregunta de su señor; cuando estaba a punto de golpearlo, el señor Cheng lo detuvo y le dijo que se fuera. Al ver al chico en esa posición, le informó a sus hijas que lo dejaran solo con el niño; no quería que sus adoradas hijas escucharan algo que no pudieran imaginar.

Después de que todas sus hijas salieron, Cheng miró fijamente al joven frente a él en busca de respuestas.

—Mis padres aparecieron hace 3 años. Estábamos viajando cuando fuimos emboscados por los soldados del Reino Tierra. Mi padre me dijo que escapara y no volteara atrás. Estuve viviendo en el bosque desde entonces; como no tenía dinero, tuve que minar y conseguir joyas o piedras preciosas para poder conseguir algunas piezas de plata.

—Ya veo. Lamento mucho escuchar tu pérdida, pequeño. Fue descortés de mi parte, pero… ¿Qué te parece si en compensación te dejo vivir aquí?

—No podría aceptar su oferta, señor Cheng, es muy generosa.

—Tonterías, hijo. Aquí tengo mucho espacio que no ocupo; además, se ve que eres un joven inteligente, puede que me ayude a resolver algunos problemas que tengo.

—Muchas gracias por su amabilidad, señor.

—Ty Lee, acompaña al niño a la habitación que está a un lado de la tuya, si no mal recuerdo está vacía.

Al escuchar su nombre, sus ojos se encendieron como una linterna. Marshall pudo notar esto y descubrió la interacción de la niña con su padre.

—Señor Cheng, lamento informar que dejé mis cosas en un pequeño lugar de descanso cerca de aquí. ¿Podría ir a recoger mis cosas?

—Oh, por supuesto. Ty Lee, acompaña al joven por sus pertenencias; esto ayudará a que se familiarice con el entorno de la ciudad.

Ya de regreso, se presentaron en silencio. Ambos niños se miraron fijamente y al verse sonrieron. Él no lo admitiría, pero la niña era muy linda. Al llegar de nuevo a la mansión, fueron recibidos por los guardias que ya estaban enterados de su hospedaje.

Al llegar a su habitación pudo notar cómo estaba arreglada y pintada de un color rojo tenue; parecía un cuarto para un niño.

—Casi nunca entramos a este cuarto, es por eso que mis hermanas y yo no sabíamos cómo era por dentro, pero parece que es ideal para ti, combina mucho con tu cabello.

—Gracias, supongo.

—Oye, ¿puedo preguntarte una cosa?

—Claro que sí.

—¿Por qué te ves tan triste cuando estás con tus hermanas?

La niña bajó su mirada, se sentó en la cama que estaba en el cuarto y lo invitó a sentarse.

—Verás, al estar rodeado de 6 hermanas iguales es difícil obtener la atención de nuestro padre y esto hace que todos seamos rivales. Muchas veces competimos de distintas maneras y, honestamente, estoy cansada de ser un simple clon de mis hermanas. Quiero ser diferente, quiero cambiar y darme a notar, pero aquí jamás lo voy a lograr.

—Yo estoy seguro de que lo lograrás, grandes cosas te esperan, y si te soy sincero quisiera estar ahí para verlas (así podría evitar muchas catástrofes). Cuéntame de ti, Ty Lee, ¿qué piensas hacer cuando seas más grande?

—Aún no lo sé. Por ahora estoy estudiando en la Academia Real del Fuego para chicas. Tengo dos amigas: una se llama Azula y la otra es Mai. Azula es la hija del Señor del Fuego y Mai es una noble como yo. Son muy divertidas; bueno, Azula siempre hace que hagamos muchas cosas y Mai es más seria.

—¿Entonces Azula les ordena qué hacer y Mai no hace nada?

—No lo sé. En dos semanas iré a ver a Azula con Mai, ¿te gustaría venir conmigo? Ella tiene un hermano más grande, creo que por un año. Yo creo que te llevarías muy bien con él.

—Si tu padre me lo permite, te acompañaré. Después de todo, estoy bajo su techo.

Seguirían platicando muy a gusto si no fuera por un ruido muy estruendoso y varios sonidos de puertas abriéndose. Marshall, por su gran curiosidad, bajó junto a Ty Lee. Al llegar a un lado de las copias de la niña, pudo mirar cómo unos soldados de la Nación del Fuego traían arrastrando a un hombre viejo.

—Señor Cheng, hemos capturado a un maestro tierra a las afueras de Ba Sing Se. Estaba con un niño, pero lo perdimos de vista cuando el anciano nos distrajo.

Al ver al anciano, el corazón de Marshall dio un vuelco. Frente a él estaba Mao, muy lastimado y con varias quemaduras por todo su cuerpo. Su furia se elevó hasta el cielo y corrió directo hacia los guardias. Él lo sabía muy bien: si usaba su tierra control, lo más probable era que lo detuvieran y encerraran; esto haría que el sacrificio de Mao no valiera la pena.

Con toda su determinación dio un grito de guerra.

—¡Ese es el niño que estaba con el anciano, detengan al pequeño maestro tierra!

Al escuchar eso, Marshall sonrió por lo bajo y, con las posturas de un maestro fuego, flexionó sus brazos y de sus manos una potente ráfaga de fuego fue expulsada.

Todos los maestros fuego se quedaron atónitos. Apenas y pueden reaccionar ante la sorprendente ráfaga de fuego; se cubrieron como pudieron. Al terminar la ráfaga, cayeron de rodillas por el abrasador calor y la conmoción.

—Eso es imposible, nosotros lo vimos hacer tierra control, mi señor.

—Marshall, exijo una explicación de por qué ha atacado a estos hombres.

—Señor Cheng, este anciano me cuidó cuando no tenía qué comer. Cuando fui atacado, la mayoría de mis ropas se destruyeron; sin dinero ni comida, me moriría de hambre. Este hombre me dio ropa, me dio un lugar donde dormir y me ayudó a fortalecer mi alma. No puedo dejar que le hagan esto; él me defendió cuando esos soldados me quisieron atacar por vestir ropas del Reino Tierra. Yo exijo justicia contra los soldados que lo dejaron en estas condiciones.

—Marshall, comprendo tu sentir. Soldados, dejen al venerable y fórmense frente a mí. El niño que está a mi lado es hijo de unos ciudadanos de la Nación del Fuego que fueron envueltos en una emboscada de parte del Reino Tierra; ahora el niño pide justicia contra los atacantes de su salvador, lo cual lleva a solo una cosa: Agni Kai.

—Marshall peleará uno contra uno…

—Señor Cheng, quisiera que fuera uno contra cinco.

Al escuchar esto, Ty Lee y su padre se sintieron nerviosos por la decisión de su huésped. Con voz nerviosa, no evitó preguntar el ahora gobernante de esa tierra:

—¿Estás seguro de esto, Marshall?

—Sí, señor, estoy totalmente seguro. Quiero que su honor sea aplastado por lo que han hecho.

(Pensamientos de Cheng: Demonios, el chico va en serio. Espero que no se lastime tanto).

Saliendo de sus pensamientos, dijo en voz alta:

—No se diga más, ¡que empiece el duelo!

Marshall se paró de frente a los soldados. Recordó su vieja vida y no pudo evitar sonreír; esta sería su venganza. Con movimientos rápidos, el niño golpeó los brazos de uno de los soldados; al terminar de golpear, sus brazos quedaron perdidos de servir y cayeron por la falta de fuerza. El soldado se aterró por la habilidad extraña de su oponente. Al ver su falta de atención, Marshall le dio una patada en el pecho sacándole el aire y mandando a volar unos 2 metros al soldado. Todos en la sala estaban impresionados: un pequeño niño venció a un soldado de la Nación del Fuego sin pestañear.

Al ver esto, los demás soldados se pusieron serios y atacaron en grupo. Lamentablemente, la destreza y agilidad de Marshall no tenían comparación. Dos de los guardias trataron de lanzar bolas de fuego a sus pies; para su sorpresa, el chico saltó muy alto para un niño de 8 años. Al saltar, giró su cuerpo como un trompo con la intención de acercarse a los soldados; con un rápido giro de su pierna conectó una patada a la cabeza del maestro fuego más cercano, esto lo dejó paralizado por la conmoción del golpe.

Aprovechando esto, Marshall lanzó un golpe bloqueador de chi en la yugular del hombre, dejándolo fuera de combate en segundos. Al ver esto, los demás soldados rodearon a Marshall al notar que era una verdadera amenaza. «Tal vez si se hubiera quedado con el viejo nos habrían matado entre los dos», pensó el maestro fuego que los quiso arrestar en el bosque.

Minutos pasaron y la pelea terminó. Marshall estaba respirando de forma pesada y los 5 soldados estaban inconscientes a su alrededor. Cheng estaba fascinado por tal demostración de habilidad; ni siquiera utilizó su fuego control para derrotar a los soldados. Sus ganas de que Marshall se quedara en su casa crecieron diez veces más.

—¿Señor, qué deberíamos hacer con el maestro tierra?

—Déjennos a solas. Solo quiero al anciano y al niño aquí. Los demás, váyanse.

10 minutos pasaron desde que salieron todos los guardias y las 7 hijas de Cheng.

—Marshall, quiero una explicación. Pude notar que no hiciste control de fuego.

Ante sus palabras, Marshall sintió un escalofrío recorrer su espalda.

—¿A qué se refiere el señor Cheng? No sé de qué me está hablando.

—Por favor, no soy estúpido. Sé que hay algo más que un salvador en este humilde anciano y en ti.

Al darse cuenta de que ya sospechaban de él, Marshall decidió decir la verdad.

—Lo siento, no pretendía engañarlo, señor Cheng. Tuve miedo. La verdad es que no soy hijo de la Nación del Fuego; soy un humilde niño que nació a las afueras de Ba Sing Se. Mis padres fallecieron en una batalla que destruyó mi pueblo entero. Estuve vagando y Mao me rescató; me acogió bajo su ala y me entrenó en tierra control.

—¿Por qué decidiste mentirme?

—Porque no quería que el esfuerzo del maestro Mao fuera en vano. Por eso decidí mentir, aunque solo cambiaría la nacionalidad de mi familia.

«¿El esfuerzo fuera en vano? El chico solo derrotó a 5 soldados bien entrenados por sí solo. ¿Qué clase de narcisismo es este?», pensó Cheng con amargura en su ser. Sabía que, si bien el chico hizo lo impensable, estaba consciente de que los soldados se contendrían más de lo debido al estar en el palacio de un noble.

—Tranquilo, no te encerraré y tampoco lo haré con tu maestro… solo si cumples una condición.

—¿Qué condición sería?

—Verás, tengo 7 hijas iguales y no por eso significa que descuide a todas; sé cada cosa que a ellas les gusta. Pero tengo un problema con Ty Lee: yo sé que ella no quiere estar aquí, pero no quiero que se vaya sola. Acompaña a mi hija en su visita a la hija del Señor del Fuego; quiero que la cuides.

—Disculpe, señor Cheng, pero no entiendo por qué me está pidiendo esto. Yo soy un enemigo de la nación, ni siquiera debería estar aquí.

—Yo sé lo que hago, Marshall. Tú tienes un potencial muy grande y quiero que ese potencial esté cerca de mi hija para que crezca y sea lo que ella quiere ser. Mira, te seré sincero: yo soy alguien que no prefiere la guerra, pero como noble, mi misión es ayudar a mi nación ante cualquier circunstancia. Así que solo lo repetiré una vez más: ¿Aceptas esta condición que te estoy proponiendo?

—Ve, hijo, cumple esta misión. Yo estaré bien.

—Maestro Mao, descanse, por favor. Está bien, señor Cheng, acepto el trato, pero permítame agregar una condición: no me darán órdenes los demás, solo seguiré la palabra de Ty Lee.

—Qué interesante. ¿Puedo preguntar el porqué de esta repentina condición?

—No quiero que se aprovechen de mí. No seré un perro de la Nación del Fuego.

—Me gusta tu determinación y firmeza, digno de un maestro tierra. Cambiando de tema, muéstrame cómo pudiste lanzar fuego de tus manos, me resulta interesante; pero primero hagamos esto: lleva a tu abuelo a descansar y mañana nos pondremos de acuerdo.

—Sí, señor.

Una vez terminada la reunión, Marshall y Mao se dirigieron a la enfermería donde trataron las heridas del viejo maestro tierra. Una vez terminado el tratamiento, se llevó a Mao al cuarto de Marshall para descansar. El niño le dejó la cama al anciano; él procedió a dormir en el sofá que se encontró en el dormitorio. A la mañana siguiente, podemos ver a Marshall meditando sobre todo lo que pasó, ideando estrategias y planes de contingencia en caso de que lo que dijo Cheng sea una trampa.

—Oye, mocoso, te veo muy nervioso. ¿Todo está bien?

—Claro que no está bien, viejo. Es muy extraño este giro de los acontecimientos y me es difícil confiar. Apenas tengo un día aquí y esta petición es totalmente irracional.

—Ya veo… ¿Qué piensas de la niña? Es muy linda, ¿no lo crees?

Mao le guiñó el ojo a su discípulo, el cual solo se volteó a otro lado. Sin decir una palabra, sintió una pequeña piedra ser disparada hacia su cabeza.

—¡Oye, viejo, eso sí duele! ¡¿Qué te pasa?! Además, ¿cómo sabes eso? Si no mal recuerdo, cuando llegaste estabas casi muerto.

—Recuerda quién te entrenó, pequeño renacuajo. Puedo ver incluso sin mis ojos.

—Ay, se me había olvidado eso.

—Da igual. Irás con la niña, solo recuerda que el truco que utilizaste para engañar a los demás no funcionará de nuevo; prepárate mejor esta vez.

—Sí, viejo, no te preocupes. A propósito, aprendí el control de minerales.

—Impresionante, niño. Sigue así y podrás ser un gran maestro tierra.

SALTO DE TIEMPO: 1 SEMANA DESPUÉS

—Ty Lee, ¿me puedes decir quién es el niño que te acompaña?

—¡Azula! ¿Cómo estás? Deja que los presente: él es Marshall, es un buen amigo mío y alguien muy divertido. Marshall, ella es Azula, ya te había platicado de ella. Ah, mira, ahí está Mai. ¡Hola, Mai! Azula, ¿de casualidad no has visto a Zuko por aquí?

—Creo que estaba cerca del estanque de mi casa. ¿Por qué no vamos todos a ver? Sirve que me cuentas más sobre Marshall.

Al pasar por unos pilares hacia el estanque, pudo ver a una señora de aspecto cauteloso mirando a Zuko en el estanque.

«Me pregunto si esa será su mamá. Pero eso no está bien, para esta parte de la historia Iroh ya debería haber perdido a su hijo, lo cual ocasionaría que su padre hiciera una estupidez, condenando a Zuko a una muerte o exilio. Puede que sea mi imaginación y esté divagando acerca de esa persona».

Marshall no lo sabía, pero su pensamiento fue el correcto debido a que su llegada al mundo de Avatar cambió ligeramente algunas cosas.

El tiempo fue transcurriendo. Marshall no quiso jugar con Azula; él sabía quién era y decidió tener precaución con ella. Cuando vio por primera vez a Zuko, no pudo evitar sonreír; sabía que se llevaría bien con él en el futuro.

—¿Marshall, qué sucede? ¿No te estás divirtiendo? —Ty Lee tuvo que preguntar a su acompañante y guardia personal, debido a que lo vio muy callado.

—No es nada, Ty Lee, estoy bien. Solo estaba pensando en otra cosa.

—Bueno, está bien. Si quieres unirte, me avisas.

Ty Lee siguió jugando con sus amigas a las escondidas mientras él estaba sentado a un lado de Zuko sin decir palabra alguna. Un silencio cómodo se esparcía por la zona hasta que dio la hora de la cena.

Algo curioso pasó durante la cena. Marshall pudo conocer a los padres de Zuko, el Señor del Fuego Ozai y su madre Ursa.

(Pensamiento de Marshall: Rayos, la regué. Definitivamente es la mamá de Zuko. ¿Qué debo hacer entonces? El anciano de fuego está a punto de morir por lo que recuerdo de la serie).

(Pensamiento de Ozai: ¿Quién rayos es este niño? No recuerdo a alguien de la nobleza con tal apariencia. Debería ser un plebeyo de sangre mixta o un huérfano de guerra, pero ¿por qué acompaña a la hija de Cheng?)

Sin poder más con su curiosidad, pensó en preguntar al chico de cabello de fuego:

—Niño, ¿cómo te llamas?

Al escuchar que alguien le habló, se acercó a la mesa donde Ty Lee y los demás estaban comiendo.

—Mi nombre es Marshall, señor.

—Dime, Marshall, ¿por qué el señor de las colonias te deja acompañar a su hija sola?

—Con todo respeto, señor, esa información no es para ser difundida a los demás.

Al escuchar eso, Ozai se sintió insultado. ¿Cómo podría un simple niño decirle que se metiera en sus asuntos?

—¿Cómo te atreves a dirigirte a mí en ese tono? Guardias, enséñenle una lección a este ingrato.

Ursa trató de detenerlo, pero Ozai no escuchó. Cuando los guardias se acercaron a Marshall con paso firme, él se inclinó hacia la oreja de Ty Lee y preguntó con voz tranquila:

—¿Cuáles son sus órdenes, señorita Ty Lee?

Al escuchar eso, todos en la mesa se sorprendieron por lo que dijo el chico y miraron expectantes a la chica nombrada. Con un temblor en su voz, le dijo a su amigo:

—Por favor, que no te lastimen.

—A sus órdenes.

Dicho eso, Marshall comenzó a mover de manera rápida mientras todos en la mesa veían con incredulidad cómo los mejores guardias del palacio fueron derrotados por los golpes de aguja del chico de pelo rojo con facilidad.

Después de que Marshall hizo el trato con Cheng, se dedicó a practicar sus artes marciales de manera constante, alcanzando así un nivel suficiente para luchar contra 30 o 40 hombres armados y para pelear cuerpo a cuerpo contra 20 a 30 maestros fuego con facilidad. Al ser tan inteligente, su tasa de progreso se eleva al 400% en constante concentración, lo que hizo que aprender cualquier cosa fuera sencilla.

Al terminar la pelea nadie dijo nada. Solo vieron cómo Marshall se arrodilló frente a Ty Lee y dijo:

—Hecho está, señorita Ty.

Nadie podía creer que existiera un niño así. Ni siquiera un anciano de fuego como Ozai pensó que un día vería a un niño de 8 años acabar con un pequeño ejército de soldados, entre ellos 5 maestros fuego.

Ozai contempló desposar a su hija Azula con este joven; el potencial del chico era tan grande… ¿Cómo diablos hizo su amigo Cheng para conseguir tal monstruo?

Azula miró con celos a Ty Lee. Ella quería un soldado de tal calibre para poder hacer lo que quisiera. Ella jamás admitiría que le daba un poco de miedo la mirada en los ojos del chico; era como si no tuviera sentimientos al golpear a tanta gente, como si fuera una máquina hecha para esto. Sus ojos brillaron con codicia: quería a Marshall para gobernar la Nación del Fuego.

Zuko estaba impresionado por tal acto; ya quería que llegara el día para poder hacer muchas preguntas sobre cómo lograr tal cosa.

Ursa tenía miedo en sus ojos. Pensó que el chico era un monstruo, como los espíritus antiguos que existían para devorar personas. Mai tenía miedo, más miedo que al padre de Azula; si bien la posición era importante, la fuerza lo era todo y jamás vio al padre de Azula hacer algo como eso.

Ty Lee solo estaba triste. Sabía que Marshall dejaba de sentir sus emociones cuando tenía que pelear contra los guerreros. Muchos lo desafiaron en casa con la excusa de entrenar, pero ella sabía que era mentira; todos querían vengarse por la golpiza que les dio a sus camaradas. Para su desgracia, eso no resultó tan bien como pensaron.

Una vez terminaron la cena, todos estaban dormidos. Marshall se levantó a meditar. Normalmente hacía esto para tranquilizar su Chi y aprender a moldearlo más fácil; mientras más meditaba, más rápido mejoraba sus habilidades. La mañana llegó; el día se volvió a repetir, después de todo solo eran niños que tenían que jugar y disfrutar su vida.

Habían pasado 5 días desde que llegaron al palacio real para visitar a Azula y a Zuko. Todo el tiempo Zuko le pedía que le enseñara técnicas de combate para poder ser mejor que Azula, y Azula se la pasaba hospedando a Marshall para que dejara la casa de Ty Lee y viviera en la suya, con el fin de tomar a un gran guerrero.

Al ver esto, hubo dos personas que encontraron sentimientos encontrados. Uno era Ozai, quien se sintió feliz de que Azula estuviera pensando en el futuro para la Nación del Fuego; al mismo tiempo, se asombró al ver el rápido crecimiento de Zuko: en solo dos días ya podía enfrentar al guardia más débil del palacio. Si bien no era gran cosa para Ozai, quien menospreciaba a Zuko por ser débil, se quedó sin palabras.

Por otro lado, Ursa estaba más que preocupada de que ese “monstruo”, como lo denominó en su corazón, se quedara en su casa. Por un lado estaba feliz de que su hijo se divirtiera y conociera a alguien cercano a su edad para jugar, pero le daba miedo el chico de pelo rojo; tenía que hablar muy fuerte con Ozai sobre el pequeño monstruo y sus hijos.

Era tiempo de volver a su casa. Una vez salieron de la capital, subieron a un barco el cual los transportaría de regreso a las colonias. Después de salir de las tierras de la Nación del Fuego, un barco más pequeño se dirigía a su dirección en el mar. Sin saberlo, les esperaba una emboscada esa misma tarde por piratas. Los soldados que iban en el barco fueron derribados; quedaron solo Ty Lee y Marshall en la zona segura del barco. La niña no pudo evitar temblar de miedo; esto era completamente nuevo para ella.

—Marshall, ¿qué hago? Tengo miedo.

—Ya, tranquila Ty Lee. Yo le prometí a tu padre que no te pasaría nada. Déjame a mí, ¿sí?

—Pero, ¿qué harás, Marshall? Es muy peligroso que salgas, está lleno de esos poratas.

Una risa salió de la boca de Marshall.

—Se dice “piratas”, no “poratas”. Y descuida, tengo un plan que no puede fallar.

Con angustia en su ser y con ojos brillosos, ella se acercó a él para darle un abrazo muy largo.

—Por favor, cuídate mucho. Tienes que estar bien para cuando lleguemos a casa o papá se enojará conmigo.

—No te preocupes, estaré bien.

He decidido remasterizar la historia para que sea más fácil y cómoda de leer. Los cambios principales son:

Las paredes de texto: Párrafos más cortos para que no te canses al leer en el móvil.

Mejor ortografía y diálogos: Puntuación corregida para que la lectura sea más fluida.

Personajes más vivos: He pulido las reacciones y diálogos para que tengan más personalidad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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