El Maestro tierra más fuerte. - Capítulo 29
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29: Cap 28.
¿Qué precio tiene la vida?.
29: Cap 28.
¿Qué precio tiene la vida?.
—¿Me estás diciendo que este mundo está gobernado por esclavistas?
—Sí, es por eso; quiero que me ayudes a destruir este gobierno antes de completar la misión.
—Pero si ni siquiera tenemos una misión emitida.
[Ding.
Misión de reclutamiento: selecciona al candidato perfecto para el grupo, los criterios de selección quedan en manos del líder del grupo.] —Bueno, ahí está nuestra misión; lo que hagamos aquí determina cómo vivirá nuestro nuevo miembro.
Pero igual debemos elegir.
Tú que conoces este mundo, ¿qué piensas?
—Si te soy sincero, Newgate y Garp son los mejores para mí.
Podríamos hacer un debate para ver quién gana, pero primero necesitamos conocerlos.
—Está bien, fijaré los satélites para que busquen su barco.
¿Más o menos cómo se ve?
Marshall creó entonces una réplica del Moby Dick.
Tony no pudo evitar silbar ante el detalle.
—Este barco tiene su encanto; deja le digo a Jarvis que empiece con los preparativos para la búsqueda por el mundo.
Con su ayuda podremos encontrarlo más rápido.
—Hazlo, y yo necesito acoplarme a la vista.
Quiero salir de aquí para acompañarte, pero la verdad no puedo.
—No te preocupes, niño, todos tenemos nuestras debilidades, pero ¿qué sería de tus amigos si no nos burlamos de eso?
Tony empezó a reírse de buena gana.
Segundos después, todos presenciaron cómo el mismo Stark salía rodando de la pelota de vibranium como si lo hubieran defecado.
Los integrantes del grupo soltaron carcajadas; incluso Harribel, que era estoica, no pudo evitar reír ante la escena.
—Señor, encontré un barco con un 97% de similitud con la maqueta a escala que me pidió comparar.
Actualmente está en el mar, a 500 km de nuestra posición.
—Vaya, esto sí que es realmente bueno, no tenemos porque esperar tanto.
Jarvis, ve a toda máquina, activa los propulsores de plasma y llévanos a conocer a este Newgate.
En poco tiempo el Helicarrier se encontraba sobre la embarcación de Barbablanca.
Marco, el primer comandante, detectó el peligro y corrió a avisarle a su padre.
—¡Papá!
Hay una especie de barco volando sobre nuestras cabezas.
—Gulalalala…
Marco, no te preocupes, no puedo sentir ninguna malicia provenir de esa extraña cosa.
Cuando la nave bajó y se estacionó tranquilamente en el mar, todos se sorprendieron por el tamaño del Moby Dick.
Ya habían calculado sus medidas desde el satélite, pero verlo en persona era distinto.
Broly llevaba la esfera de Marshall en un hombro mientras pedían permiso para abordar.
Tony fue el primero en observar a la tripulación; sus instintos le decían que tal vez no era lo que deberían buscar.
Llegaron directamente ante una figura imponente: Edward Newgate.
Sentado en su silla, con sus 6.66 metros de altura y un bigote de media luna, los miraba con interés pero cauteloso.
Si Broly o Adolfo no estuvieran ahí, el peso de su presencia sería abrumador; Marshall pensaba que quizás estarían igualados en su primera liberación de espada.
—Gulalalala…
¿Quiénes podrían ser estos invitados?
Barbablanca estaba interesado en ese grupo colorido: pequeños pero fuertes.
Miró a los niños y esbozó una sonrisa cálida al notar sus talentos.
Antes de que Tony soltara un comentario sardónico sobre su risa, la esfera que Broly puso en el suelo empezó a derretirse.
Los piratas aguardaron un ataque, pero lo que emergió fue otro niño de la misma edad con el pelo rojo como la sangre.
Su aura era diferente; poseía una mirada mucho más inteligente.
—Nos complace conocerte, Edward Newgate, también conocido como Barbablanca, uno de los cuatro emperadores del mar.
Estamos aquí para solicitar un favor.
No queremos causar problemas, pero nos gustaría convivir con usted más de un mes en su barco, ¿qué le parece?
—¡Papá, esto no está bien!
Ni siquiera los conocemos, ¿qué tal si son enviados por la Marina?
—Mi hijo tiene razón —añadió Newgate—, ¿qué me garantiza que mis hijos estarán a salvo?
Ante esas palabras, los ojos de los visitantes brillaron por un instante.
—Señor Edward, entiendo perfectamente su preocupación, pero el motivo de nuestra visita es invitarlo a una sociedad sumamente importante.
Para poder entrar, usted debe cumplir ciertos requisitos que no podremos comprobar si no estamos con usted.
—¿Qué tonterías dices?
¿Una sociedad secreta?
¿Qué se supone que son, CP9?
¡Papá, algo no está bien!
—Cálmate, Jozu.
No están aquí para causar problemas.
Cuéntame, ¿qué es esta asociación?
—Entiendo tu preocupación, pero llegamos a este mundo para reclutar a un nuevo miembro.
—¿Me estás diciendo que ustedes no son de este mundo?
—Es correcto.
Nosotros provenimos de diferentes mundos; cada integrante pertenece a una realidad distinta.
Entre las pocas cosas que podemos obtener en nuestro grupo tenemos estas semillas verdes; si comes esto cuando estés al borde de la muerte o muy herido, todas tus heridas serán sanadas inmediatamente.
La hostilidad de los piratas estalló.
Si eso era cierto, necesitaban ese artículo para su padre; era la clave para recuperar su salud.
—¿Y cuánto cuesta esta pequeña semilla?
Barbablanca interrumpió los pensamientos de sus hijos con una sola mirada; sabía que estaban tramando algo malo.
—Esta pequeña semilla cuesta una fruta Zoan mítica o una Logia poderosa; también puede costar dos Paramecia de buen nivel.
Marshall decía esto sabiendo que, aunque las frutas eran caras, en el mundo de Dragon Ball la utilidad de una semilla para un saiyajin valía oro.
—¿Cuántas de estas semillas puedo conseguir si me uno a ustedes?
—Las que tú puedas comprar, pero si me las pides a mí, puedes tener todas las que quieras.
—Papá, déjanos probar si es verdad —dijo uno de los comandantes—.
En todo caso tenemos a Marco para tratarnos por si mienten.
Newgate negó con la cabeza; sentía que podía confiar en el pelirrojo.
—Tengo una fruta oscura, ¿te interesa cambiarla por la semilla?
Al oír esto, los ojos de Teach se ensombrecieron.
—Qué descortés, déjenme presentarnos.
Me llamo Marshall.
Ellos son mi familia: Tony, Harribel, Adolfo, Broly, Alice, Naruto, Powder/Jinx, Hermione y Stitch.
Todas las miradas se posaron en Broly.
Solo entonces notaron el inmenso poder escondido y el aura anormal que emanaba de él.
—Gulalalala…
qué grupo tan enérgico.
¿No les gustaría ser mis hijos?
Tony y los demás se quedaron paralizados ante esa oferta.
Solo Alice y Marshall sonrieron, pues conocían bien el carácter de Barbablanca.
—Hagamos esto, capitán: yo le regalo esta semilla como ofrenda de paz y espero que considere nuestra oferta.
Newgate tomó la semilla con un dedo gigante.
Sus hijos observaban emocionados; si funcionaba, este grupo sería su mayor bendición.
Al ingerirla, el cuerpo de Edward se revitalizó de inmediato.
Sus heridas antiguas sanaron y la fuerza que había perdido regresó como un grifo abierto.
—Gulalalala…
me parece que te equivocaste, pequeño Marshall.
Esta cosa vale más de una Zoan.
Todos celebraban la recuperación de su padre, excepto uno.
Marshall, con los nervios tensos por el mar, detectó la hostilidad de Teach.
Los expertos en Haki de observación también notaron la anormalidad en su compañero.
Sin pensarlo, el pelirrojo lanzó unas esferas de vibranium que se envolvieron con fuerza en las manos y pies de Barbanegra.
—Capitán Barbablanca, espero que no le moleste que haya tomado acciones.
Ser visto de esta manera y sin razón aparente no es del agrado de nadie.
Los ojos de Newgate se entrecerraron al mirar a un Teach bañado en sudor.
—Pequeño Marshall, ¿puedes soltarlo por favor?
—¿Estás seguro?
Nuestra asociación puede conocer el futuro del mundo y de sus miembros.
Si te soy sincero, esta persona no es buena para tu tripulación.
—Aunque así fuera, Teach aún no ha hecho nada malo; no es justo juzgarlo por algo que no ha hecho —intervino Thatch.
Alice hizo una mueca.
Sabía que Marshall no había terminado de ver One Piece (solo hasta Arabasta y la captura de Ace), pero ella conocía la verdad: ese hombre causaría la guerra y la tragedia de la familia.
Alice pidió mostrar las memorias del futuro, pero Marshall se negó; quería recuperar la Yami Yami personalmente para ver la reacción de Teach.
Las ataduras se derritieron y regresaron a Marshall.
—En ese caso, ¿le gustaría comerciar?
Le cambio un saco con 20 semillas por tres frutas de mi gusto, ¿qué le parece?
—Gulalalala…
no te vayas a arrepentir.
¡Hijos, traigan las frutas!
Más tarde, Marco le mostró el catálogo de frutas conocidas.
Tony no pudo contener su duda: —Espera, ¿no sabes qué hace cada fruta?
—En este mar hay miles y son desconocidas —explicó Marco—.
Tienen capacidades increíbles, pero si comes una, pierdes la capacidad de nadar.
Hubo un silencio total.
—Está bien —concluyó Marshall—, déjame investigar esto.
Vamos a crear una enciclopedia virtual.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Rutso Nota de autor: ¡Hola a todos!
Antes de seguir con más capítulos, tengo un aviso importante.
He comenzado un proceso de “remasterización” de la novela.
Estoy regresando a los primeros capítulos para: Mejorar el formato: He adaptado el texto para que sea mucho más cómodo de leer en móviles (párrafos más cortos y limpios).
Pulir la ortografía: Corrigiendo detalles para que la calidad sea de regular a estable.
Simplificar títulos: Estoy por limpiar los nombres de los capítulos para que el índice sea más ordenado.
Si ven que les llegan notificaciones de actualización de capítulos anteriores, ¡no se asusten!
Es solo Marshall recibiendo un “upgrade” visual.
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