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El Mayor Legado del Universo Magus - Capítulo 624

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Capítulo 624: Espléndido Mago

Las palabras de Anna resonaron en los oídos de Adam, y su mirada se fue apagando poco a poco.

Ya habían hablado de esto antes de irse del Pueblo Behal. Pero no fue hasta ese momento que el peso de la inminente despedida empezó a caer sobre él.

Adam sabía que Anna, a quien había llegado a ver como su hermana mayor, tenía que volver a casa y encargarse de sus asuntos. No sabía qué tenía que hacer, pero sabía que era muy importante para ella.

Pero, aun así, no quería separarse de ella. Todavía no.

—…¿De verdad tienes que irte? —preguntó, con los ojos llorosos.

Anna sonrió levemente. —Sí, debo hacerlo —hizo una pausa y, tras respirar hondo, añadió—: Cuando te conocí, me estaba persiguiendo… un grupo de gente muy mala. Si no regreso ahora, podrían—

Adam se hundió en el abrazo de la princesa. —¡No me dejes! ¡Por favor, Anna! Prometo que estudiaré con diligencia. Escucharé todo lo que digas. Haré todo lo que me pidas. Pero no… te vayas.

El chico sabía que estaba siendo egoísta. Muy egoísta. Pero no le importaba. Anna era la única familia que tenía ahora. No quería separarse de ella.

Creció sin amigos, y sus padres fallecieron cuando solo tenía cinco años. Fue Anna quien le hizo sentirse completo. Fue ella quien le hizo sentirse querido. Fue su primera amiga. Era su familia.

Además, como había pasado más tiempo con la princesa que con sus propios padres, se había encariñado mucho con ella. Quería estar con ella. Quería que lo viera crecer.

Las lágrimas se deslizaron silenciosamente por el níveo rostro de Anna. Lo abrazó con calidez, dándole suaves palmaditas en la espalda. —No llores, pequeño Adam.

—¡No lo haré si prometes que no te irás! —dijo entre sollozos, apretando un poco más los brazos a su alrededor, temeroso de que si la soltaba, de verdad se marcharía.

Anna no encontraba las palabras. Este sentimiento también era nuevo para ella. No se había encariñado tanto ni con su propio hermano mayor. Así que permaneció en silencio, dándole palmaditas en la espalda a Adam mientras ella también lloraba sin hacer ruido.

Después de casi un minuto, tomó al joven por los hombros y lo miró a los ojos. —Si no vuelvo a casa, esa gente mala que me perseguía podría hacerle daño a mi familia: a mis padres y a mi hermano mayor.

Adam enmudeció al instante, y una gran vacilación brilló en sus ojos. Siguió mirando fijamente los ardientes ojos rojos de Anna. En silencio. Conmovido.

—Debo hacerle saber a mi familia que sigo viva —continuó Anna—. Debo ayudarlos, Adam. Por eso tengo que regresar. Por favor, compréndelo.

Los labios de Adam temblaron. Bajó la cabeza, mirando al suelo mientras jugueteaba con los dedos. —¿Tus padres están vivos? —preguntó en un susurro.

—Eso espero… —sonrió Anna con amargura.

Adam respiró hondo, encontrando la resolución en su corazón para decir las siguientes palabras: —¡Entonces debes ir a salvarlos!

Él sabía lo que se sentía al perder a los padres. Era desgarrador. Era doloroso. Muy doloroso. Anna era alguien a quien amaba como si fuera de su propia sangre. No quería que ella pasara por lo que él había pasado. Nunca.

El chico forzó una sonrisa, con la mirada llena de esperanza. —Prométeme que volverás a buscarme.

Las lágrimas cayeron por las mejillas de Anna sin control. Había pensado que tendría que hacer un gran esfuerzo para convencer a Adam de su partida. Pero resultó que el chico era más maduro de lo que ella creía.

Le secó las lágrimas de las mejillas al chico y sonrió con alegría. —¡Es una promesa!

Adam también le devolvió el gesto, secándole las lágrimas del rostro. Luego, la abrazó de nuevo. Esta vez, los dos compartieron un largo y cálido momento sin decir una palabra más.

No hacía falta decir nada.

Tras separarse, Anna se puso de pie. Agarró con fuerza los brazos de Adam y pronunció sus palabras de despedida: —Debes prestar atención a lo que enseñan en la academia, ¿entendido? El Rango de Fundación de Mana es la puerta de entrada al camino de lo arcano. Debes esforzarte. No puedes holgazanear.

—¡Mmm! —asintió Adam con seriedad.

—Además, asegúrate de comer bien. Al menos tres comidas al día —añadió—. Es importante que te mantengas en buena forma física. No consumas alcohol, tabaco ni ninguna otra droga. ¿Entendido?

—¡Por supuesto! —le aseguró Adam.

—Y por último —la sonrisa de Anna se volvió cálida mientras continuaba—: Haz amigos. No tienen por qué ser muchos, solo unos pocos que siempre te cubran las espaldas.

De repente, Adam vio cómo la figura de Anna se superponía a la de su madre, lo que provocó que sus ojos se volvieran a humedecer. —¡Lo prometo!

—Buen chico —sonrió Anna. Se inclinó y le dio un beso en la frente.

Luego, señaló la entrada de la taberna que estaba a su espalda y le dio instrucciones: —Entra. Encontrarás a tres Magos con capas blancas que llevan impreso un trébol de cuatro hojas.

Adam se quedó muy sorprendido. —¿¡Magos!?

—No tienes que preocuparte, ya he hablado con ellos —le aseguró Anna—. Entra y preséntate. Se asegurarán de que llegues a la Academia Trébol sano y salvo.

—¡V-Vale! —asintió Adam, nervioso.

—Ve ahora —dijo Anna en voz baja, conteniendo las lágrimas que amenazaban con volver a caer—. Todo va a salir bien.

Adam asintió. Caminó lentamente hacia la entrada de la taberna. Sin embargo, después de dar unos pocos pasos, se detuvo de repente. Entonces, se dio la vuelta y corrió de nuevo hacia Anna, lanzándose a sus brazos.

Esta vez, Anna no pudo evitar que se le cayeran las lágrimas. Hincó una rodilla en el suelo y lo abrazó de nuevo.

—Cuídate, Anna —dijo Adam mientras lloraba en sus brazos—. Pero tienes que volver algún día. ¡Me lo prometiste!

—Sí —sonrió Anna con cariño—. Cuando nos volvamos a ver, te habrás convertido en un Mago espléndido, ¿verdad?

—¡Sí! —afirmó Adam con rotundidad.

—Bien, ahora vete ya —Anna se levantó y observó cómo el joven se marchaba.

Esta vez, Adam no se dio la vuelta. Dio pasos lentos y firmes y entró en la taberna, acercándose a los Magos de la Academia Trébol para presentarse.

Anna permaneció fuera de la taberna durante un buen rato. —Cuídate, Adam —murmuró para sus adentros.

Cruzó al otro lado de la calle y se escondió en un callejón discreto. Varias horas después, y solo tras haber visto a Adam subir al carruaje e irse con la comitiva, suspiró aliviada.

Dos figuras estaban de pie detrás de ella, observándola mirar la hilera de carruajes que desaparecía entre los edificios.

La figura borrosa se acarició la barba y se rio de buena gana. —Pero mira eso. Una princesa altiva de un reino mágico preocupándose tanto por un campesino mortal. Vaya, eso no se ve todos los días.

Adam miró de reojo la vaga silueta del anciano a su lado, con un destello de comprensión brillando en sus ojos.

Al ver que el joven permanecía en silencio, la figura borrosa se giró para mirarlo y preguntó con sorna: —¿Joven Mago, te gustaría saber qué le ocurrió después de que te fueras?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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