El Mayor Legado del Universo Magus - Capítulo 651
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Capítulo 651: Un plan cuidadoso
—Mi señor, ¿puedo entrar? —resonó la voz de Rowan desde fuera del estudio en ese momento.
Adam retiró de inmediato la intención asesina de su interior y dijo con sequedad: —Sí.
Rowan entró en el estudio y de inmediato sintió el frío que impregnaba la estancia. No pudo evitar estremecerse. «¿Qué es esta sensación? ¿Habrá dejado la ventana abierta?», pensó.
Observó a su señor, que miraba por la ventana absorto en sus pensamientos, y se le acercó. Entonces, preguntó con respeto: —Mi señor, la cena está lista. ¿La traigo aquí? ¿O prefiere cenar en el—
Adam se dio la vuelta y lo interrumpió: —Rowan.
El hombre de mediana edad no pudo evitar que el corazón le diera un vuelco al ver la mirada gélida en el rostro del joven de pelo de cuervo. Nunca lo había visto así. —¿S-sí, mi señor? —preguntó con nerviosismo.
—¿Entraste en mi estudio mientras no estaba?
—¡No me atrevería, mi señor! —explicó Rowan casi al instante, con una mirada que destellaba alarma, pero también certeza.
Adam lo miró profundamente, observando su expresión, sus emociones, y luego asintió. —¿Muy bien. ¿Entró alguien más?
—Por supuesto que no… —La siguiente palabra se le atascó en la garganta al darse cuenta de que no estaba seguro de su respuesta. Aunque los trabajadores de la mansión tenían órdenes explícitas de no entrar en el estudio de Adam, Rowan no sabía con certeza si alguien había entrado sin que él lo supiera.
Adam lo miró, y su expresión se suavizó muy ligeramente. Se dio la vuelta de nuevo para mirar la nieve que caía tras la ventana. —Averigua si alguien entró en mi estudio mientras estuve fuera.
—¡De inmediato, mi señor! —dijo Rowan con una reverencia. Luego reunió el valor para preguntar: —¿Sucedió algo?
Adam guardó silencio unos instantes antes de responder: —Quiero la casa vacía hasta pasado mañana. Todas las personas que trabajan aquí, incluyéndote, deben mantenerse alejadas de la propiedad. ¿Entendido?
Un mal presentimiento oprimió el corazón de Rowan, y no pudo evitar preguntar: —Mi señor, ¿qué ha pasado de repente? ¿Corre algún peligro?
Sin darse la vuelta para mirarlo, Adam le aseguró: —Limítate a hacer lo que te digo. Eso es todo, Rowan.
Rowan observó al joven durante un largo rato. Al final, asintió con impotencia. —¡Como ordene!
Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Su expresión se ensombreció gradualmente, pues nunca antes había visto a Adam comportarse de esa manera. Solo podía esperar que todo le saliera bien.
«Algo grave debe de haber pasado para que actúe así», pensó angustiado.
Se detuvo de repente y se dio la vuelta para preguntar: —Mi señor, ¿y el joven maestro Valeriano? ¿Me lo llevo conmigo también?
—Val… —murmuró Adam en voz baja mientras hacía diversos cálculos mentales, pensando en varias posibilidades, sus resultados y cómo su familiar podría desempeñar un papel en todo aquello.
Al ser un dragón, Valeriano se haría más fuerte cuanto más envejeciera. Sin embargo, el joven dragón no tenía ni veinte años y, por tanto, su fuerza solo equivalía a la de un Mago de Fundación de Maná.
Involucrar a Valeriano en sus planes conllevaba grandes riesgos, pero había un papel crucial que el joven dragón podía desempeñar en el momento más crítico.
—Envíamelo —ordenó tras tomar una decisión.
Después de que Rowan saliera del estudio, Adam caminó de un lado a otro de la habitación varias veces hasta que se sentó a su mesa y cerró los ojos, sumido en sus pensamientos. Aunque el contenido de aquella carta anónima consistía en una sola línea, había logrado sumir su mente en un caos absoluto.
Se recostó en la silla y abrió los ojos. Sus labios se curvaron en una sonrisa amarga y recitó un poema:
«El hechizo más fuerte puede el cielo rasgar, y las montañas hasta las nubes alzar.
Pero la fuerza bruta sola ha de caer, ante mentes astutas que la saben vencer.
Un pensamiento susurrado y un plan sagaz, derrotarán incluso al hombre más tenaz».
Miró al techo, aturdido, pensando para sí: «Había tenido esto en cuenta en mi planificación, entonces, ¿por qué me siento tan sorprendido?».
«Me dije una y otra vez que no soy una persona con suerte, entonces, ¿por qué me siento así cuando las cosas no salieron según lo planeado? ¿Por qué esta indignación?».
«En la vida, las cosas rara vez salen según los planes de uno, entonces, ¿por qué me siento así?».
Su rostro permanecía inexpresivo, pero su corazón se agitaba con olas tempestuosas. Entrecerró los ojos y un brillo peligroso destelló en ellos.
«¿Quién…? ¿Pero quién es?».
Su expresión se tornó solemne y comenzó a reorganizar todo su plan. Adivinar la identidad de la persona que le envió la carta podía esperar. Ahora, tenía que modificar su plan por completo, o de lo contrario, no solo él, sino todos los relacionados con él, ¡morirían al día siguiente!
Justo en ese momento, la puerta se abrió y un gato gris y peludo entró pavoneándose. —¿Hermano, me llamaste? —preguntó Valeriano.
—Val, entra. Te lo explicaré todo más tarde —le indicó Adam. Acto seguido, sin decir una palabra más, el joven dragón se convirtió en un destello de luz gris y se zambulló en la mente del joven: en su mar espiritual.
Durante las siguientes horas, Adam permaneció sentado en su silla como una estatua inmóvil, pensando largo y tendido y formulando un nuevo plan de acción. El nuevo plan tenía algunos riesgos, pero merecía la pena.
Como mínimo, le permitiría cambiar las tornas contra su oponente.
Luego, escribió rápidamente tres cartas y convocó a las aves mensajeras de la Hermandad: los búhos blancos. Tras enviar las cartas a través del Mundo Espiritual, esperó pacientemente.
No habían pasado ni diez minutos cuando de repente sintió que un individuo entraba furtivamente en los terrenos de la mansión. Adam se levantó de la silla y caminó hacia la ventana, observando a la figura encapuchada que entraba en el edificio por la entrada lateral.
Un minuto después, la puerta de su estudio se abrió y la figura encapuchada entró. Tras cerrar la puerta, la figura caminó hacia Adam y preguntó con voz seria: —¿Qué ocurre? ¿Qué es tan urgente como para que me llames aquí tan tarde?
La figura se quitó la capucha, revelando que no era otro que Daneli. Observó durante un largo rato a Adam, que estaba de pie junto a la ventana, de espaldas a él. Algo le pareció extraño y no pudo evitar fruncir el ceño.
—¿Adam? —volvió a llamar el elfo, con la voz teñida de un rastro de ansiedad.
El joven de pelo de cuervo se dio la vuelta lentamente y lo miró con frialdad, con una flagrante intención asesina. En la mano de Adam había una daga de plumas de cuervo que lo apuntaba directamente.
La expresión de Daneli se ensombreció y dijo con ira: —Adam, ¿qué significa esto?
Adam recubrió la daga con su mana y murmuró con frialdad: —Daneli, por qué… —Al instante siguiente, se abalanzó sobre el elfo y rugió con indignación.
—¡¿Por qué me traicionaste?!
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