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El Mundo Alterno - Capítulo 733

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Capítulo 733: Capítulo 733. Cabalgando un dragón

Si tan solo fuera así de fácil. Jack estaba seguro de que el ojo del dragón no se había fijado en él cuando se acercó, lo que significaba que el dragón lo había percibido. Teniendo en cuenta que Broidrireg era de grado eterno, a Jack no le extrañó que el dragón también tuviera sentido de maná.

Jack no dejó que el fracaso lo desanimara. Aquel era el séptimo intento; todavía le quedaban cuatro oportunidades. Aún estaba pensando cuando la garra de Broidrireg se acercó y lo atrapó.

—Mmm… Estás muy callado. ¿Dónde quedó toda esa palabrería de antes? —preguntó Broidrireg mientras ascendía.

—¿Ah, sí? ¿Acaso extrañas hablar conmigo? —preguntó Jack.

—¡Adiós! —exclamó Broidrireg mientras lanzaba a Jack a lo lejos, para luego volver a zambullirse entre las nubes.

—¡Oye! ¿A qué ha venido eso? —preguntó Peniel. De nuevo se aferraba con fuerza a la armadura de Jack. Lo había alcanzado cuando Broidrireg lo había traído de vuelta aquí arriba.

—Creo que lo que quiso decir con volar con él es, literalmente, volar con él. O sea, que tengo que atraparlo y volar sobre su cuerpo.

—Estás diciendo que quieres montarlo.

—Bueno, creo que podría ofenderse si lo decimos así. Pero sí, se supone que tenemos que montar a este puto dragón para pasar la prueba —dijo Jack.

—Entonces, ¿vas a intentarlo otra vez? —preguntó Peniel.

—Lo haré, pero voy a hacerlo de otra manera —dijo Jack. A continuación, se colocó en posición horizontal y extendió los brazos y las piernas en forma de X, aumentando así la resistencia del aire sobre su cuerpo y ralentizando su descenso esta vez.

Ralentizó su respiración y se fundió con su entorno. El aire, la corriente. Quizá no fuera capaz de usar el ocultamiento de maná durante un combate, pero se le daba bastante bien ocultar su maná estando quieto. En ese momento, la caída le permitía seguir descendiendo mientras permanecía inmóvil.

Mientras sentía cómo se mimetizaba con su entorno, se reposicionó lentamente para dirigir su caída hacia donde se veía la sombra de Broidrireg. Siguió cayendo mientras envolvía su presencia en un velo.

Esta vez, Broidrireg no se percató de su aproximación. Jack cayó justo en la nuca del dragón, la cual estaba cubierta por gruesas placas de varias capas. Esas grandes placas eran como una armadura que protegía el cuello del dragón. Jack había apuntado a esa parte porque parecían lo bastante manejables como para servir de agarre. Aparte de esas placas y los cuernos, el resto del cuerpo estaba cubierto por prietas escamas que no proporcionaban un buen agarre.

Jack se agarró a una de esas placas al chocar contra Broidrireg. Tenía razón: la placa permitía un agarre firme. Se aferró a ella como si le fuera la vida en ello. Y, en cierto modo, así era.

Broidrireg se sobresaltó al descubrir que Jack ya estaba aferrado a su cuello.

—Nada mal, forastero —dijo Broidrireg.

—Entonces, ¿he superado la prueba? —preguntó Jack.

—Jajaja, qué mono. Primero tendremos que ver si puedes aguantar —respondió Broidrireg.

—¿Aguantar? ¿Por qué…? —Las palabras de Jack se vieron interrumpidas por una embestida repentina de Broidrireg. El súbito estallido de velocidad no inquietó a Jack, pues la fuerza de su agarre era firme. El problema fue lo que siguió: una repentina explosión de aire se produjo con la embestida del dragón. Esta explosión provocó una onda de choque que se irradió hacia atrás. Cuando la onda de choque alcanzó a Jack, sintió como si lo hubiera arrollado un tren a alta velocidad. Le arrancó el agarre a la fuerza y se vio dando vueltas en el aire.

No sabía qué era arriba y qué era abajo. Las vueltas lo dejaron extremadamente mareado. De repente, algo lo atrapó y su cuerpo se estabilizó. Todavía estaba aturdido cuando alzó la vista y se encontró de nuevo en la garra de Broidrireg, mientras el dragón ascendía.

—Buen intento —lo elogió Broidrireg—. Pero no es suficiente.

—¡Eso es trampa! ¿Cómo voy a aguantar semejante fuerza? —protestó Jack.

—Menos quejas y más esfuerzo —replicó Broidrireg—. Je, je, te diré una cosa. Si consigues aguantar ese viento sónico ocho veces, entonces podremos considerar que has superado la prueba.

—¿Ocho veces? ¡Ni siquiera puedo aguantarlo una sola vez! —se quejó Jack.

—Ja, ja. Entonces, ¿te rindes?

Jack no respondió. Le dio unas vueltas al asunto. Tenía que haber una manera. Imposible que crearan una prueba sin una forma de resolverla. Observaba a Broidrireg mientras pensaba.

«¿Ocho?», pensó, y se fijó en las gruesas placas tras el cuello de Broidrireg que había usado como agarres. Había nueve.

Jack aún estaba pensando cuando Broidrireg lo arrojó a lo lejos antes de volver a zambullirse entre las nubes.

—¿Se te ocurre algo? —preguntó Peniel al ver la expresión pensativa de Jack.

—Creo que sí. Sin embargo, aún está por ver si funciona —respondió Jack—. Ahora solo me quedan tres oportunidades. Espero que funcione.

Entonces repitió el proceso anterior. Ocultó su maná mientras caía en picado hacia donde estaba el dragón. Esta vez apuntó a la parte superior del cuello. Si su sospecha era correcta, necesitaría alcanzar la primera placa, la más cercana a la cabeza.

Aun cuando Broidrireg ya sabía que Jack vendría desde arriba, no hizo ningún intento por mirar. El dragón confiaba por completo en su sentido de maná para detectar la aproximación de Jack. Como Jack ocultó su maná durante la aproximación, Broidrireg no se percató. Jack supuso que todo esto era parte de la prueba, lo que significaba que solo alguien con la habilidad de sentido de maná y algo de manipulación básica de maná, lo suficiente para hacer el ocultamiento de maná, podía intentar esta prueba.

Jack había jugado a varios juegos en el pasado que implicaban la caída libre, así que había aprendido algunos métodos de rastreo para dirigir su caída. Tras varias caídas libres por el cielo, le estaba volviendo a coger el tranquillo a esta habilidad. Cayó con precisión donde apuntaba: la primera placa del cuello de Broidrireg.

Aseguró su agarre en cuanto chocó contra la placa. Broidrireg se dio cuenta.

—Ja, ja, ¿estás listo? —preguntó.

«Este dragón claramente está disfrutando esto demasiado», pensó Jack.

Broidrireg se lanzó a la carga. Jack estaba preparado. Otra cosa de la que Jack se había percatado sobre esta prueba era que estaba diseñada para la raza draconiana. Broidrireg había dicho que solo la raza draconiana podía someterse al proceso de draconificación. Esta prueba era un reflejo de ello, porque para esta fase de la prueba se necesitaba una habilidad de la raza draconiana.

El aire explotó cuando Broidrireg embistió y llegó la poderosa onda de choque. Jack activó su Armadura de Escamas Doradas. La habilidad aumentaba todas sus defensas y evitaba el efecto de derribo, de forma parecida a la habilidad de los Draconianos de la cuarta edad, Escama Dura.

La última vez que esta onda de choque lo había golpeado, Jack perdió todo el control y fue barrido al instante. Esta vez, aunque la fuerza seguía siendo lo bastante poderosa como para arrancarle el agarre, no perdió el control. Su cuerpo simplemente salió despedido hacia atrás. Y como estaba preparado para ello, volvió a clavar las manos de inmediato en la siguiente placa.

«¡Sí! ¡Es como esperaba!», celebró Jack para sus adentros.

Broidrireg miró hacia atrás, con un brillo de sorpresa en los ojos. —Lo estás pillando bastante rápido, forastero —dijo—. Estoy impresionado.

Jack no respondió. Estaba concentrando toda su atención en el agarre. Incluso sin la explosión de aire, mantenerse sujeto requería un gran esfuerzo. Broidrireg había acelerado en cuanto Jack aterrizó sobre él. En ese momento volaba a una velocidad demencial. Jack sentía que el propio aire tiraba de él, intentando arrancarlo de su sitio. Si no tuviera la estadística de fuerza de tres clases, no sería capaz de aguantar. Con razón Broidrireg había dicho que incluso los nativos de mayor nivel tenían dificultades para intentar esta prueba. Ningún debilucho sería capaz de montar a este dragón.

Broidrireg hizo otra embestida y la onda de choque llegó de nuevo. Jack perdió el agarre y se aferró a la tercera placa. Ocho vientos sónicos, nueve placas a las que agarrarse. Con la octava explosión, debería estar en la novena placa. Entonces superaría esta prueba. Menos mal que su Armadura de Escamas Doradas duraba tres minutos, mucho más que la Escama Dura de un Draconiano. Era más que suficiente para resistir el viento sónico ocho veces.

El viento sónico llegó una y otra vez. Jack era empujado a la siguiente placa una y otra vez. Ya estaba en la octava placa, preparándose para el último viento sónico. No se permitió ser descuidado solo porque fuera el último. Al contrario, se concentró al máximo. Cuando llegó el viento sónico, le arrancó de nuevo los dedos de la placa de la que pendía. Él ya estaba mirando la siguiente placa antes de que sucediera. Entonces agarró rápidamente esa última placa y se estabilizó.

—¡Sí, lo logré! —exclamó Jack.

Broidrireg miró hacia atrás, sonrió con malicia y dijo: —Felicidades, je, je. ¡Sin embargo, habrá dos vientos sónicos más!

—¡¿Qué…?! —Jack se quedó atónito ante las palabras del dragón—. ¡Pero si dijiste que solo serían ocho!

—¡Mentí! Jajajaja…

«¡Maldito dragón mentiroso de mierda! ¡¿Dónde está tu dignidad…?!», maldijo Jack en su mente.

—Prepárate, jajaja. —Broidrireg seguía riéndose. A continuación, se lanzó hacia adelante.

Jack observó con temor cómo el aire explotaba más adelante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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