El Nacimiento de una Villana - Capítulo 102
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102: Vine a recogerte 102: Vine a recogerte Qu Xing Xu era todo sonrisas tras ver que las doncellas no dudaron ni un instante en marcharse.
Se plantó frente a Lin Xiaofei y enarcó las cejas.
—Parece que te has tragado algo amargo.
¿Qué ha pasado?
—preguntó.
Su mirada se posó en Lin Xiaofei, que lo miraba con los ojos entrecerrados.
—Nada —dijo Lin Xiaofei con calma mientras colocaba con cuidado la caja en la mesa que tenía detrás.
Se mantuvo serena al moverse, temiendo que Qu Xing Xu se diera cuenta de la caja y le preguntara por ella.
Sin embargo, Qu Xing Xu nunca fue el tipo de persona que se muerde la lengua y sus ojos estaban bastante entrenados para percibir cada pequeño detalle a su alrededor.
Y especialmente, tratándose de la mujer que le gustaba, por muy pequeños que fueran sus movimientos, él los notaba de inmediato.
—¿Qué me estás ocultando?
—fue la pregunta de Qu Xing Xu.
Lin Xiaofei se quedó quieta un instante antes de recuperar la expresión serena de su rostro y decir: —No oculto nada.
Debes de haber visto mal.
—¿En serio?
—enarcó él una ceja, divertido—.
Dudo que esa caja detrás de ti diga lo mismo.
Lin Xiaofei se mordió el interior de las mejillas.
—Si ya lo sabes, entonces no hace falta que preguntes, ya que no te la voy a enseñar —le informó de antemano.
La mano que sostenía la caja la apretó con más fuerza.
No podía permitir bajo ningún concepto que viera las cartas llenas de adoración por él.
Qu Xing Xu dio un paso hacia ella y respondió: —Pero tengo curiosidad.
Lin Xiaofei lo fulminó con la mirada antes de darse la vuelta.
Quería alejar la caja de él, pero Qu Xing Xu la detuvo, sujetándola por el codo.
—Qu Xing Xu, ¿qué estás haciendo exactamente?
¿No se suponía que me esperarías en la Residencia Qu?
—Lin Xiaofei optó por cambiar de tema.
Al ver que ella intentaba deliberadamente evadirlo, Qu Xing Xu le siguió el juego.
Levantó la mano para tocarle el pelo y la miró fijamente a los ojos.
—Es cierto.
Pero tenía miedo de que te arrepintieras y huyeras.
—Yo no haría eso —le dijo Lin Xiaofei.
—Por supuesto que no —dijo.
El contrato entre ellos ya estaba establecido, pero Qu Xing Xu quería asegurarse de que su temor no se hiciera realidad—.
Pero quiero estar seguro.
Por eso he venido a recogerte personalmente y a llevarte a mi casa.
Lin Xiaofei le frunció el ceño.
Se preguntó si se habría tomado la medicina equivocada esa mañana para actuar de esa manera.
En realidad, Qu Xing Xu no necesitaba venir a recogerla, ya que ella, naturalmente, cumpliría con su parte del trato.
Ya había firmado el contrato con él y mantendría su palabra mientras él mantuviera la suya.
Pero Qu Xing Xu decidió venir de todos modos, dejándola sin palabras ante sus acciones impredecibles.
Viendo que no abría la boca para decir nada, Qu Xing Xu se quedó mirándola mientras ella permanecía en silencio.
Como Qu Xing Xu había llegado de improviso, Lin Xiaofei no estaba arreglada y solo llevaba su ropa de estar por casa.
Probablemente pensó que no necesitaba apresurarse para ir a su residencia, y por eso, se estaba tomando su tiempo para hacer lo que quería.
No es que le importara que ella disfrutara de su último día en su patio, pero aun así, deseaba que estuviera tan entusiasmada con el hecho de que por fin vivirían en la misma casa como lo estaba cuando maquinaba contra otros.
Le dio un papirotazo en la frente y dijo: —¿En qué piensas tan profundamente?
¿Es por la caja que tienes en la mano?
De repente, el tema que Lin Xiaofei quería que olvidara volvió a salir a colación.
Lin Xiaofei lo fulminó con la mirada mientras se tocaba la frente.
Él no había usado mucha fuerza para darle el papirotazo, pero aun así sintió el ligero escozor que le siguió.
—Ya te he dicho que no es nada y, de todas formas, no es asunto tuyo —le espetó Lin Xiaofei.
Deseó poder darle una paliza, si tan solo él no fuera un experto en artes marciales.
Sin embargo, como Lin Xiaofei solo le mostraba esa faceta suya a él, a Qu Xing Xu su expresión de enfado le pareció adorable, y le entraron ganas de pellizcarle las mejillas.
Pero por miedo a que, si lo hacía, ella montara en cólera y al final no fuera con él a su casa, Qu Xing Xu optó por contenerse.
De todos modos, una vez que ella entrara en su casa, no tendría que reprimir sus ganas de molestarla, ¿verdad?
Con eso en mente, Qu Xing Xu dijo: —Dices que no es asunto mío, pero quién sabe si esa caja te la ha dado alguien.
—Inclinó el rostro hacia delante y la obligó a mirarlo solo a él—.
Y por «alguien»… me refiero a un hombre.
Los ojos de Lin Xiaofei se abrieron de par en par al oír sus palabras.
Le pareció aterrador cómo podía saber las cosas.
Aunque la caja no se la había dado un hombre, su contenido era, definitivamente, para un hombre.
—Pareces sorprendida.
¿He acertado?
—¡No!
—Lin Xiaofei soltó la caja y usó sus manos para sujetarle ambos brazos en un intento de impedir que él alcanzara la caja que estaba a su espalda.
Ante su repentina acción, Qu Xing Xu se tensó al sentir las frías manos de ella sobre él.
La miró fijamente durante un rato antes de sonreír ampliamente.
—Ahora, eso hace que tenga aún más curiosidad por lo que hay dentro de la caja.
Lin Xiaofei cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes.
—¿No puedes simplemente dejarlo pasar?
—¿Cómo podría?
—mantuvo la sonrisa en sus labios mientras decía—.
Mi prometida me oculta algo.
No puedo simplemente dejarlo pasar sin saber qué bastardo se atrevió a darte esa cosa, ¿verdad?
Lin Xiaofei se quedó sin palabras ante lo que dijo.
Quería decir algo para que se rindiera, pero oyeron la voz de su doncella al otro lado de la puerta.
—Señorita, hemos terminado de empacar.
¿Nos vamos ya?
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