El Nacimiento de una Villana - Capítulo 122
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122: Una novia indómita 122: Una novia indómita Tras sufrir unas horas de recorrido por la Residencia Qu y lidiar con cierto canalla, Lin Xiaofei ya estaba harta de tantas molestias al contemplar la habitación que habían preparado para ella.
La habitación medía treinta pies de largo por veinte de ancho.
El mobiliario era sencillo, pero también caro.
Parecía que Qu Xing Xu se había gastado una buena fortuna para que la habitación fuera de su agrado.
Se acercó a la cama, la tocó y sintió la suavidad bajo la palma de su mano, que la incitaba a zambullirse en ella y revolcarse para disipar su cansancio.
Y eso fue exactamente lo que hizo.
Lin Xiaofei dejó a un lado su habitual serenidad y empezó a sentir la cama bajo su espalda cuando, de repente, oyó una risita que provenía de algún rincón de la habitación.
—¿Te estás divirtiendo demasiado?
Lin Xiaofei giró la cabeza bruscamente para mirar de dónde provenía la voz.
Y allí estaba él, ese abominable canalla, sentado en una de las dos sillas de la habitación, ante una mesa con un tablero de ajedrez encima.
Con el rostro rígido como una piedra y oscuro como un cielo de tormenta, Lin Xiaofei no pudo reprimir el deseo de abofetearlo, pero acabó lanzándole la almohada que tenía a mano en su dirección.
Como si tiraran de la almohada con un hilo, Qu Xing Xu la atrapó con suavidad en la mano sin que le hiciera el menor daño.
Lin Xiaofei se puso en pie con un rostro tempestuoso.
Deseaba poder alzar la voz sin alarmar a la gente que había fuera.
—Se puede saber, ¿qué demonios haces aquí?
—dijo con los dientes apretados—.
Y ni se te ocurra decir que te has perdido o que has olvidado dónde está tu habitación, porque de verdad que podría acabar asesinándote.
—Amenazando al que pronto será tu marido.
¿No eres una novia temperamental?
Un quejido, o más bien un gruñido, escapó de su boca, y Qu Xing Xu disfrutaba de sus reacciones.
Se estaba divirtiendo y pensó que su cara de enfado era adorablemente mona, ya que rara vez conseguía arrancarle esas reacciones.
—¿Te ha gustado la habitación?
—preguntó él.
—Sí.
Y me encantaría si no hubiera nadie más en ella.
Qu Xing Xu sonrió y apoyó la barbilla en el dorso de la mano.
Respirando hondo, Lin Xiaofei se recompuso y fue a sentarse en la silla de enfrente.
Era mejor para ella ser civilizada y no dejarse arrastrar por aquel hombre, que no tenía nada mejor que hacer que fastidiarla.
—¿A qué has venido?
—preguntó ella al sentarse, manteniendo la mirada fija en él y la guardia bien alta.
—He venido a decirte que estaré fuera un tiempo —le dijo, esbozando una sonrisa irónica.
El dedo meñique de Lin Xiaofei se crispó.
No pronunció ni una palabra y se limitó a mirarlo.
—Tengo algunos asuntos de los que debo ocuparme —dijo—.
No te preocupes.
Volveré en unos días y, para entonces, podremos proceder con la boda.
—Demasiado pronto —frunció ella el ceño ante sus palabras.
Acababa de llegar a su residencia y, sin embargo, él ya planeaba marcharse.
No solo eso, ¿por qué su boda tenía que celebrarse justo cuando él regresara?
Puesto que ya había aceptado sus condiciones y los términos de su contrato, Lin Xiaofei tenía muchas cosas que hacer.
Para empezar, necesitaba aprender a gestionar toda la Residencia Qu, que era casi tres veces más grande que la residencia de Yu Fangzhu, la cual ya era considerablemente grande.
Dudaba que una semana fuera suficiente para cumplir con todas sus obligaciones como Duquesa.
Aunque él había dicho claramente que ella sería la Duquesa, Lin Xiaofei no estaba segura de si estaría a la altura de la tarea.
Y mientras se familiarizaba con la Residencia Qu, los planes que tenía en mente para tenderle una trampa a la familia real quedaron en suspenso por todo el asunto del compromiso.
Incluso le estaba costando un tiempo precioso que podría haber aprovechado para deshacerse de algo de basura.
—¿Ah, sí?
—le preguntó Qu Xing Xu con semblante serio.
Su tono insinuaba que podían negociar qué hacer con respecto a este matrimonio por contrato.
Sin embargo, en su fuero interno, Qu Xing Xu deseaba que ella aceptara.
No podía permitirse perder más tiempo y debía sellar este contrato con su matrimonio.
Sobre todo, cuando los problemas empezaban a acecharlo.
—Sí.
—Entonces, ¿cuándo crees que sería el mejor día para que nos casemos?
Al oírle decir eso, Lin Xiaofei se sintió incómoda.
No.
Esa no era la descripción perfecta de lo que sentía; al oír la palabra «nosotros», sintió una punzada en el pecho.
—Un mes —le dijo Lin Xiaofei, mordiéndose el labio—.
La boda debería celebrarse dentro de un mes.
Un mes debería ser suficiente para acostumbrarse a vivir en este lugar y aprender a cumplir con sus obligaciones como la señora de la Residencia Qu.
Esperaba que nadie la obstaculizara en sus responsabilidades o, de lo contrario, podría tener que arrancar unos cuantos brazos y piernas para agilizar las cosas.
—De acuerdo —aceptó Qu Xing Xu sin poner objeciones—.
Antes de que a los dos se nos olvide, ¿qué piensas hacer con la Emperatriz y el Príncipe Jing?
Seguro que no vas a ser indulgente con ellos y a quedarte de brazos cruzados.
Al oír el recordatorio, Lin Xiaofei bajó la mirada.
Sus tupidas pestañas ocultaron sus ojos color avellana, impidiendo ver el mar de emociones que se agitaba en su interior.
La razón por la que se encontraba en estas circunstancias era por culpa de ese dúo que tenía demasiado tiempo libre.
Si no fuera por ellos, no tendría que casarse con el canalla que tenía delante.
Pero, al mismo tiempo, se sentía agradecida de que sus planes fueran viento en popa.
Al levantar la cabeza para mirar a Qu Xing Xu, Lin Xiaofei ocultó la sonrisa maliciosa que pugnaba por asomar en sus labios.
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