El Nacimiento de una Villana - Capítulo 285
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Capítulo 285: La pareja armoniosa en la mazmorra
A Qu Xing Xu no le gustó que su mujer le revelara a Yu Fangzhu el secreto de su vida pasada. Aunque su descontento fue pronto reemplazado por la alegría, ya que el príncipe ya no tenía ningún control sobre su vida pasada ni la actual.
Además, lo que necesitaba preguntarle al príncipe tenía que ver con su pasado. Por ello, era inevitable que le revelara su secreto a Yu Fangzhu.
Qu Xing Xu se lo tomó con calma y no parecía estar celoso, lo que alegró a Lin Xiaofei. Ella estaba, por una parte, temerosa de que Qu Xing Xu se tomara este asunto a pecho y, por otra, expectante. En cuanto a lo que esperaba, no se atrevía a pensar en ello por miedo a que el sonrojo de sus mejillas se viera en aquella celda apenas iluminada.
Después de que Qu Xing Xu se burlara de ella y la intimidara en la cama solo porque mencionó el nombre de otro hombre frente a él, algo se despertó en lo profundo de su ser que la hizo pensar que valía la pena poner celoso a su esposo de vez en cuando.
¿Estaba bien que pensara así?
Probablemente no.
Pero, ¿a quién le importa eso?
En su vida pasada, ella era la única que sentía celos por todas las mujeres de la residencia del príncipe, que estaba llena de bellezas nuevas y lozanas que el príncipe visitaba constantemente cuando se cansaba y aburría de sus viejos juguetes y esposas.
Al pensar en su vida pasada, Lin Xiaofei no estaba nada satisfecha con su comportamiento de entonces.
—Y a este, ¿qué le pasa? —la voz ronca de Qu Xing Xu resonó en la celda, aportando un carismático matiz a la sofocante y cerrada estancia. Se volvió hacia el guardia y le lanzó una mirada extraña al preguntar.
Saliendo de su ensimismamiento, Lin Xiaofei lo miró, preguntándose de qué hablaba. Al ver que él había girado la cabeza y no la miraba, siguió la dirección de su mirada y, al posarla sobre el guardia que estaba junto a la puerta, vislumbró algo increíble.
Quizá porque su atención había estado centrada exclusivamente en Qu Xing Xu y en las respuestas que obtuvo del guardia que torturó al príncipe, no había tenido tiempo de observar a Yu Fangzhu. Por eso, no se había dado cuenta del estado en el que se encontraba hasta ese momento.
Los ojos de Lin Xiaofei se abrieron de par en par y, justo cuando iba a parpadear con incredulidad ante lo que acababa de ver, una mano le cubrió rápidamente los ojos antes de que pudiera asimilar por completo la escena.
—No mires. Es una visión desagradable. —Su aliento le rozó la oreja al hablar. Y al oírlo hablar así, su curiosidad se avivó, y sintió unas ganas terribles de saber y ver con claridad en qué estado se encontraba Yu Fangzhu.
Levantó la mano para apartarle la suya de los ojos. —Está bien —dijo—. Puedo soportarlo.
Qu Xing Xu no estuvo de acuerdo y mantuvo su mano sobre los ojos de ella. —Pero yo no puedo permitirlo. Temo que su imagen te manche la mirada.
A Lin Xiaofei se le crisparon los labios al oírlo. De acuerdo, más le valía hacerle caso, ya que Qu Xing Xu se mostraba inflexible en no dejarla ver al príncipe. Pero la curiosidad todavía la impulsaba a querer mirar.
Lin Xiaofei suspiró con impotencia. —Pues olvídalo. Será mejor que me hagas marchar de este lugar y te deje hacer lo que quieras —le dijo.
—Es una gran idea —dijo Qu Xing Xu con sinceridad, esbozando una sonrisa.
Lin Xiaofei giró la cabeza y lo fulminó con la mirada, pero todo lo que obtuvo fue una sonrisa radiante de sus labios. Si las miradas pudieran matar, el hombre a su lado ya estaría muerto.
¡Cof!
El sonido de arcadas y tos rompió la armoniosa escena entre el matrimonio. La sonrisa de Qu Xing Xu se desvaneció de sus labios mientras entrecerraba los ojos hacia el maltratado príncipe.
Yu Fangzhu no pareció darse cuenta de su mirada fulminante. No, en realidad no podía sentir ni percibir nada en absoluto. El dolor que había sentido y experimentado dentro de aquella prisión era tan tremendo que el mero pensamiento le producía escalofríos, si es que aún quedaba alguna parte sana e ilesa en su cuerpo.
Odiaba a Lin Xiaofei por arrancarle las uñas y por haberlo hecho caer en sus artimañas. Se odiaba a sí mismo por haber sido demasiado arrogante y necio como para no darse cuenta de un plan tan simple. Y, por encima de todo, odiaba a Qu Xing Xu por haber entrenado al guardia, que era tan malvado como para obligarlo a no llevar más que esos finos trozos de tela que apenas cubrían lo que debían cubrir.
Casi desnudo, el cuerpo de Yu Fangzhu estaba helado. Con la cantidad de sangre que manaba al suelo, era casi un milagro que aún pudiera mantenerse despierto a pesar de todas las torturas que había tenido que soportar y que le parecieron años.
—¿Qué piensas hacer ahora? —oyó Yu Fangzhu una voz masculina dentro de aquella estancia infernal. Le resultaba familiar, pero apenas pudo reconocer a quién pertenecía, pues tenía los sentidos nublados.
—Ya he conseguido la mitad de lo que quería. No sirve de nada mantenerlo con vida. —Esta vez, Yu Fangzhu oyó una voz de mujer que ahora le resultaba tan familiar que lo atormentaba incluso en sus sueños, en los descansos entre torturas. Su cuerpo se estremeció, pero estaba tan entumecido que apenas se movió.
Por la forma en que lo dijo, parecía que no hablaba de un ser humano al que había torturado, sino de un animal feroz indigno de su atención. Qué trágica era su vida.
Yu Fangzhu siguió escuchándolos mientras discutían cómo iban a deshacerse de él. De repente, sintió una oleada de júbilo al pensar que por fin acabarían con su vida y con aquella rutina de tortura.
Sin embargo, como si alguien pudiera sentir su anhelo por morir, la voz masculina que Yu Fangzhu acababa de oír volvió a hablar.
Qu Xing Xu recorrió fríamente al príncipe con la mirada mientras sus palabras caían sobre él como una losa. —Entonces —dijo—, ¿por qué no continúo yo con la obra del guardia?
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