El Nacimiento de una Villana - Capítulo 303
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Capítulo 303: Términos y Condiciones
En la Capital del Imperio Zheng, todo el mundo estaba emocionado por el Festival de los Farolillos de Luna, que se acercaba con rapidez. Comprar vestidos nuevos y adornos para el hogar era una de las principales cosas que la gente hacía antes de que el festival comenzara.
Además, algunos optimistas iban a aprovechar esta oportunidad para ganar dinero, ya fuera desde sus negocios y edificios ya establecidos o simplemente desde un puesto montado en la calle.
Dentro del comedor de una posada, tres hombres estaban sentados uno frente al otro en una mesa cercana a la pared este del edificio. Tenían el ceño fruncido, como si algo les disgustara.
Uno de los hombres se bebió su trago de un golpe y azotó la copa contra la mesa, provocando un fuerte estruendo que se oyó por todo el comedor. La gente que se sentaba a cenar en la posada miró en su dirección, esperando que surgiera algún problema o drama, y al no ver cumplidas sus expectativas, apartaron la mirada, consternados.
Pero a ninguno de los tres hombres le importaba lo que los demás en la posada estuvieran pensando. En especial al que había azotado la copa con fuerza sobre la mesa justo cuando empezaba a hablar.
—¿En qué está pensando su majestad? ¿Enviar a alguien que desea retirarse a un campo de batalla cuyo resultado final nadie conoce? —dijo el hombre con rabia. Vestía ropas de erudito y llevaba un sombrero de oficial en la cabeza. Sin embargo, su cuerpo contrastaba por completo con su atuendo, pues parecía que la tela se esforzaba por no reventar.
—Exacto. Esta vez, el Imperio Chu no cederá tras descubrir que la Familia Imperial ha estado codiciando la cueva que pertenecía a ambos reinos. Y no solo eso, un príncipe de Chu ha desaparecido mientras se encontraba en territorio del Imperio Zheng —dijo otro hombre, de acuerdo.
—Intentar caldear el ambiente enviando a Qu Xing Xu no es la forma correcta de hacer las cosas. Esto solo acabará enfureciendo al Imperio Chu por tratar de enfrentarnos a ellos en una guerra —añadió el segundo hombre que habló—. Sinceramente, ni siquiera sé en qué piensa Qu Xing Xu para aceptar el decreto.
El primer hombre, Ni Zixuan, también frunció el ceño. Qu Xing Xu podría desobedecer fácilmente un decreto real sin afrontar ninguna consecuencia. Solo con el mérito militar que había acumulado en sus incontables batallas, nadie se atrevería a decir una palabra en su contra.
Sin embargo, Qu Xing Xu no solo había aceptado el decreto del emperador, sino que planeaba partir hacia allí en cuestión de días.
—También hay otra cosa en la que deberíamos centrarnos. —De repente, el tercer hombre habló, y los otros dos se giraron para mirarlo con confusión. No los hizo esperar y añadió—: Ese granuja ni siquiera envió una carta cuando se casó. Se ha olvidado por completo de nosotros, sus hermanos.
Como si los hubiera golpeado un rayo de lucidez, los otros dos adoptaron una mirada depredadora.
—Es verdad. ¡Cómo he podido olvidarlo! ¡Ese Qu Xing Xu, ese hombre ni siquiera nos informó de su boda ni nos invitó! —Qi Yandi abrió su abanico de golpe y lo agitó de manera arrogante.
Jiang Shen se levantó de la silla y miró a Ni Zixuan y a Qi Yandi. —Vamos, hermanos. Debemos ir a saludar a nuestra cuñada y asegurarnos de que ese granuja tenga unos días maravillosos que esperar antes de su partida.
Como hienas acechando en silencio tras fijar la mirada en su presa, los tres hombres salieron de la posada con aires heroicos y caminaron con arrogancia por las calles con un único objetivo: ir a la Residencia Qu a conocer a esa nueva cuñada suya.
Recién salido del cuarto de baño, Qu Xing Xu, que estaba a punto de vestirse, sintió de repente un escalofrío que le recorrió la piel.
Justo en ese momento, Lin Xiaofei apartó la vista del libro que leía para mirarlo.
—Acabo de sentir un escalofrío… ¿Crees que alguien está hablando mal de mí? —Su repentina pregunta le provocó a ella una sonrisa.
—Pillarías una enfermedad crónica en lugar de un escalofrío, si ese fuera el caso —replicó ella.
—Qué grosera. —Qu Xing Xu se sintió ofendido por su réplica—. La gente que me alaba ahogaría todos los adjetivos negativos que a algunos se les pudiera ocurrir ponerme.
Lin Xiaofei se le quedó mirando fijamente después de que él dijera eso. Una vez más, se había quedado sin palabras ante su desvergüenza, y no sabía qué hacer al respecto.
Después de compartir juntos una noche apasionada, Lin Xiaofei y Qu Xing Xu decidieron hablar las cosas. Al final, Qu Xing Xu iría igualmente a la región norte del imperio. Sin embargo, Lin Xiaofei le impuso una condición.
Lin Xiaofei dejó el libro y se acercó a él. La vergüenza que había existido entre los dos se había desintegrado y ya no era un impedimento. Por lo tanto, a Lin Xiaofei no le importó ayudarlo a ponerse la ropa.
Qu Xing Xu no habló hasta que Lin Xiaofei terminó de ponerle la última prenda de ropa.
—Si sigues haciendo cosas tan adorables y dulces como esta, puede que cambie de opinión y no salga nunca —dijo él.
Lin Xiaofei le dedicó una sonrisa de suficiencia mientras colocaba la palma de la mano sobre el lado izquierdo de su pecho. —Genial. Al menos mi esfuerzo no es en vano.
Qu Xing Xu se rio entre dientes por su respuesta antes de suspirar. A pesar de que ambos estaban de acuerdo en su partida, Lin Xiaofei seguía siendo reacia a dejarlo marchar. No era solo ella la que no quería que se fuera. Si las cosas no fueran tan complicadas, él no tendría por qué irse.
Al percibir su inquietud, Lin Xiaofei le sonrió con dulzura, lo rodeó con los brazos por la cintura y apoyó la mejilla contra su corazón palpitante. —No te olvides de mi condición. Si no regresas en dos meses… me divorciaré de ti y me casaré con otro.
Al recordarle el acuerdo, Qu Xing Xu entrecerró los ojos en una mirada fulminante. —Si eso llega a pasar, me aseguraré de volver antes de que firmes el divorcio y te cases con otro. Haré pedazos a ese hombre y se lo daré de comer a los tiburones. Entonces, te capturaré y te haré recordar que eres mía.
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