El Nacimiento de una Villana - Capítulo 310
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Capítulo 310: Príncipe Zilin (1)
Lin Xiaofei no había pensado realmente que Qu Xing Xu actuaría de forma tan perversa y que no repararía en el lugar para hacerlo. No es que le importara que actuara así con ella cuando estaban a solas.
Sin embargo, si las cosas hubieran salido terriblemente mal y sus hermanos se hubieran dado cuenta antes de sus acciones sospechosas, no sabía si podría soportar la vergüenza de ser descubierta.
Sin embargo, después de escapar del audaz acto de su marido, Lin Xiaofei no regresó a su patio compartido, en contra de lo que sus doncellas habían pensado que haría.
—Señora, ¿adónde vamos?
Lin Xiaofei no dejó de caminar y, tras oír la pregunta de Bai Lu, respondió vagamente.
—A un lugar del que tengo que ocuparme. —Antes de que las doncellas que la seguían pudieran hacer otra pregunta, Lin Xiaofei decidió ordenarles que la dejaran sola—. Iré a un sitio a tomar un poco de aire fresco. No hace falta que me sigáis.
—Pero… —Su Tang, la otra doncella que la seguía, estaba un poco preocupada y quería seguir a su joven señora. Pero ver aquella espalda decidida frente a ella fue suficiente para entender que la orden de su señora era definitiva.
Por lo tanto, a las doncellas solo les quedó confiar en Shen Mo y dirigirle una mirada como si usaran los ojos para decirle que cuidara bien de su joven señora.
Shen Mo asintió con la cabeza para tranquilizarlas y observó cómo las doncellas retrocedían y regresaban al patio.
—Joven señora… La tarea que me encomendó está hecha. He separado todo el oro que pude sacar de la ceniza negra de ese páramo —dijo Shen Mo.
La última vez, Lin Xiaofei le había ordenado que recogiera todo el oro que pudiera del páramo cercano al palacio imperial. Aquel lugar no había sido habitado por humanos hasta el momento y, por ello, su trabajo se llevó a cabo rápida y fácilmente.
Lin Xiaofei escuchó su informe y suspiró aliviada. La tarea que le había encargado a Shen Mo era difícil porque era el único que la realizaba. Pero, por suerte, era rápido de mente y de pies, por lo que terminó su misión más rápido de lo que ella esperaba.
—Eso está bien. Te recompensaré con una bolsa de oro —le dijo Lin Xiaofei, y oyó cómo se le escapaba un jadeo.
Un pequeño trozo de oro ya era una gran recompensa para cualquiera. Y una bolsa de oro era mil veces mejor.
Shen Mo rápidamente inclinó la espalda e hizo una reverencia. —¡No me atrevo a aceptarlo, joven señora! Prefiero que me permita permanecer a su lado mucho más tiempo.
—No he dicho que fuera a relevarte de tu puesto. —Lin Xiaofei frunció el ceño ante sus formalidades—. Creí que la misión era difícil. Creo que esa recompensa es adecuada para tus esfuerzos.
Una oferta tentadora. Sin embargo, Shen Mo siguió negando con la cabeza. —Perdóneme… Pero no quiero aceptarla.
Lin Xiaofei se dio la vuelta para mirarlo. Shen Mo le sacaba una cabeza de altura. También tenía un aspecto juvenil y sus rasgos faciales eran notables. Sus habilidades marciales también eran loables, como le había demostrado en varias ocasiones.
¿Por qué limitaba sus habilidades para servirla?
No es que no fuera bueno para ella conservarlo a su lado. Era solo que Lin Xiaofei no pensaba que Shen Mo preferiría quedarse con ella a una bolsa de oro que cualquier soldado o guardia preferiría y aceptaría de buen grado.
—No te arrepientas de tus palabras. No volveré a ofrecerte lo mismo aunque me lo supliques. —Lin Xiaofei no se quedó más tiempo en ese lugar y siguió caminando.
Shen Mo la siguió en silencio como una sombra, aliviado de que su señora hubiera renunciado a darle aquel oro. Después de estar con Lin Xiaofei y observarla, Shen Mo, el hombre que solía acobardarse en su presencia, se sintió finalmente liberado e influenciado por la oscuridad que la envolvía.
—Nos vamos a reunir con alguien. Mantente alerta y asegúrate de que nadie nos vea —soltó Lin Xiaofei sin más explicaciones.
Shen Mo se puso en guardia rápidamente.
Llegaron a una pequeña choza al otro lado de la residencia. Estaba bastante lejos del pabellón o del patio compartido en el que dormían Lin Xiaofei y Qu Xing Xu.
Ñiiic.
La puerta emitió un sonido espeluznante cuando Lin Xiaofei entró. La luz del sol que entraba a raudales hizo que la persona dentro de la pequeña habitación entrecerrara los ojos y frunciera el ceño.
—Ha pasado un tiempo. Espero que ahora estés bien… —La voz de Lin Xiaofei resonó en la habitación.
La persona que estaba dentro la fulminó con la mirada cuando sus ojos se encontraron pero, no obstante, no hizo ningún movimiento y solo la observó acercarse lentamente.
—Parece que las heridas de tu cuerpo han sanado por completo. Eso debería ser digno de celebración, ¿no es así? —continuó Lin Xiaofei, sin que le importara que la otra parte solo la fulminara con la mirada.
Bueno, teniendo en cuenta que la persona estaba encadenada y una cuerda de cuero, atada alrededor de su cabeza, le cubría la boca, no era de extrañar que no pudiera hablar.
—Señora… —Shen Mo decidió dar un paso adelante y bloquearle el paso. No era por ser grosero con ella, sino que su posición era similar a la de un guardia que protege a su amo de alguien o algo peligroso.
—No es necesario, Shen Mo. Me gustaría hablar con él libremente. Quítale lo que le cubre la boca para que podamos hablar.
Shen Mo dudó un segundo, pero aun así hizo valientemente lo que se le había ordenado.
Después de que la boca de la persona ya no estuviera cubierta ni sujeta, una voz profunda y áspera brotó de su boca.
—¿Dónde está mi medallón de oro? ¿Adónde te lo has llevado? ¡Devuélvemelo!
Una sonrisa se dibujó lentamente en los labios de Lin Xiaofei al oírle espetarle en cuanto la mordaza desapareció de su boca.
—Con gusto responderé a tus tres preguntas… —Lin Xiaofei se encontró con su mirada—. Solo si tú también respondes a tres preguntas mías.
—Su Alteza, Príncipe Zilin.
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