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El Niño de Dos Caras de la Doctora Milagrosa - Capítulo 2

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  3. Capítulo 2 - 2 Transmigración
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2: Transmigración 2: Transmigración «Ha llegado la Primavera.

Todo vuelve a la vida.

De nuevo es la época del apareamiento animal…».

A Yu Wan la despertó de nuevo aquel tono de llamada diabólico.

Supo sin necesidad de pensar que había sido cosa de su tía, la que la presionaba para que se casara.

Los padres de Yu Wan fallecieron pronto, así que la crio su tía.

Era la directora del zoológico, medía 1,80 metros y tenía un vozarrón.

Yu Wan deslizó el dedo para contestar y se apartó el teléfono un metro.

—¡¿Pero qué pasa?!

¡¿Qué hora es?!

¡El cuidador lleva dos horas esperándote!

¿Aún quieres casarte?

¡¿Quieres o no?!

¿Acaso piensas quedarte a mi lado para siempre?

Déjame advertirte que ya tienes dieciocho años.

¡Mi obligación de criarte ha terminado!

Si no te casas este año, yo…
A Yu Wan le retumbaban los oídos.

Podía adivinar lo que iba a decir sin ni siquiera escucharlo.

Era un ultimátum que recibía una vez al mes.

Su tía llevaba tres años amenazándola con lo mismo, pero nunca lo cumplía.

Pero… ¿un cuidador?

¿Un Profesor de Biología que cría pandas?

Eso sí que valía la pena verlo.

A lo mejor podía robar un panda y acabar en la cárcel de por vida.

Yu Wan se aseó y bajó.

Sin embargo, justo en el momento en que abrió la puerta del coche, una maceta cayó del cielo…
…

Un escalofrío despertó a Yu Wan.

Al despertar, se encontró tumbada en una destartalada cama de ladrillos.

Debajo de ella había un jergón que desprendía olor a moho, y la cubría una manta que olía aún peor.

El viento helado y cortante se colaba por las grietas de la pared, volviendo el ambiente de la ya fría casa aún más crudo que antes.

Tenía la mente hecha un lío.

Imágenes y sonidos extraños pasaban por su cabeza, pero todo era demasiado borroso.

No podía distinguir si eran reales o si se le había dañado el cerebro y se lo estaba imaginando todo.

Había una luz parpadeante en la casa.

Yu Wan miró en dirección al fuego y vio a un niño muy delgado en cuclillas en el suelo, junto a la pared donde estaba el alféizar.

Llevaba ropas antiguas y andrajosas.

En el brasero que tenía delante había un trozo de leña medio seco.

Como la madera no prendía del todo, el pequeño se esforzaba por añadirle hierba y hojas secas.

Aunque no había una llama como tal, al menos ardía.

Al ver esto, el niño se levantó, fue a la mesa, cogió una vieja olla de hierro llena de agua y la colocó en el borde del brasero.

Yu Wan estaba confundida.

—Oye —lo llamó Yu Wan.

El niño se dio la vuelta y se le iluminaron los ojos.

—¿Hermana, estás despierta?

Dejó las tenazas para el fuego y corrió hacia Yu Wan.

El niño la llamó Hermana.

Parecía que los recuerdos en su cabeza no eran imaginaciones suyas.

Realmente se había convertido en otra persona…
—Hermana, ¿te encuentras mal?

Yu Wan negó con la cabeza contra su voluntad.

—No me encuentro mal.

¿Dónde está Mamá?

—Mamá se desmayó —dijo el niño.

—¿Cómo que se desmayó?

—preguntó Yu Wan.

Aunque los recuerdos en su mente le decían que su madre nunca había gozado de buena salud, no era tan grave como para desmayarse.

El niño bajó la cabeza y dijo con tristeza: —Cuando dijeron que estabas muerta, Mamá se puso a llorar.

Lloró y lloró hasta que se desmayó.

Así que fue porque estaba demasiado triste…
Yu Wan miró a su hermano y sintió la profunda preocupación y el miedo que albergaba su corazón.

Había sido muy duro para él.

Una de las personas más cercanas a él había muerto y la otra se había desmayado.

De verdad que no sabía cómo había logrado sobrevivir.

Yu Wan extendió la mano y le acarició la sucia cabecita.

—¿Ves?

No estoy muerta, ¿verdad?

El niño levantó la vista, con los ojos muy brillantes.

—¡Sí!

Yu Wan echó un vistazo al brasero y a la olla de hierro junto a la pared, que difícilmente podían llamarse utensilios de cocina, y preguntó: —¿Puedes servirme un poco de agua?

Vi que la estabas hirviendo.

—¡Vale!

El niño corrió hacia ella con entusiasmo.

Estaba muy contento de ser útil.

Por supuesto, todavía era demasiado pequeño para saber que el agua solo se podía beber después de hervirla.

Cuando vio que el agua echaba vapor, sintió que ya había hervido.

Vertió el agua medio helada en un cuenco de porcelana desconchado y se lo llevó con cuidado a Yu Wan.

El agua solo estaba medio hervida.

Si hubiera sido en su vida anterior, su tía, la directora, probablemente le habría dado la matraca hasta la saciedad.

—¿Beber agua cruda?

¿No te asustan los parásitos?

¡Es que los jóvenes no os cuidáis nada!

Yu Wan no era tan tiquismiquis como su tía.

Ya había bebido agua cruda antes, pero ahora que lo pensaba, no sabía decir si sus actos de entonces se debían a que de verdad no era delicada o a que era demasiado rebelde y lo hacía a propósito para no serlo.

Su tía era buena persona, pero a veces era tan quisquillosa que no la soportaba.

Yu Wan soltó una risa amarga.

Después de haber transmigrado a un lugar así, ni siquiera tendría la oportunidad de que su tía la regañara.

De repente, sintió un soplido frío junto a la mano.

Al ver que no bebía después de un rato, el niño pensó que el agua estaba demasiado caliente, así que se apresuró a soplarla con su boquita.

Yu Wan se bebió toda el agua del cuenco.

Tras hacerlo, se sintió mucho más enérgica.

Le dijo al niño: —Por cierto, ¿cuántos días he dormido?

—Tres días.

En ese caso, ¿su madre llevaba tres días inconsciente?

Yu Wan miró al pequeño y flacucho niño y le preguntó para sondearlo: —¿Has comido algo estos días?

—¡Sí, he comido!

¡Comí en casa de la Abuela!

—dijo el niño.

—¿Y te llenaste?

—preguntó Yu Wan.

El niño se calló.

Tenía los labios agrietados y un aspecto débil y pálido.

Debía de ser que no había comido hasta saciarse.

Yu Wan levantó la manta, se puso una chaqueta de algodón remendada y le dijo a su hambriento hermano: —Vamos a ver a Mamá primero, y luego te haré algo de comer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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