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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 100

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Capítulo 100: CAPITULO 15 ENTRE LA SUPERVIVENCIA Y EL MIEDO

* ¡GRAAAAAAAAAAAAA!*

El chirrido desgarró el claro como si rasgara la realidad misma. Tan agudo que todos los presentes apretaron los dientes y se cubrieron los oídos con desesperación.

Entonces—

*FLASH*

Un silbido cortó el aire.

Algunos apenas lo notaron; para otros fue imperceptible. Algo parecido a una cuchilla traslúcida atravesó el cuello de la criatura y continuó su camino, rebanando los árboles a su paso como si fueran de papel.

[[[[[¡¡¡KYAAAAAAAAAAA!!!]]]]]

Los gritos no se hicieron esperar cuando la poderosa ráfaga de viento residual presionó a los estudiantes con tal fuerza que algunos cayeron al suelo. Al mismo tiempo que el Debarling se dividía por la mitad, cayendo muerto en un baño de sangre purpúrea.

* ¡CRACK! ¡CRACK!*

Con estruendo, los árboles cortados también comenzaron a caer.

[¡CUIDADO!] – gritó Carlos. Los estudiantes rápidamente se recuperaron lo suficiente para subir nuevamente su guardia; algunos de ellos incluso evitaron por poco los árboles que caían en su dirección.

[¡”#”#%#%$&$%&]

[#%$¡”#&$%&]

[%&¡”#”#$&$%%#]

En medio del caos, resonaron voces apuradas pero ininteligibles.

Inmediatamente, todos volvieron su atención y, por un instante, ambos grupos se quedaron paralizados.

Asombro, desconcierto, duda, cautela.

Cualquier emoción posible pasó por las mentes de ambos bandos.

Aspectos, ropas, contexturas. Reconocieron inmediatamente las marcadas diferencias, pero que, al mismo tiempo, no eran suficientes como para negar cualquier similitud.

El tiempo pareció detenerse por unos segundos que, en circunstancias normales, podrían no tener ningún significado.

Pero, lamentablemente, no estaban en una circunstancia normal.

* ¡FLASH!*

Con un chillido agudo, de entre los arbustos otro Debarling salió disparado. Su boca abierta en forma de flor mostraba una hilera de dientes que amenazaban con dar algo más que un beso de buenas tardes.

[¡CUIDADO!] – Debido a que la criatura estaba en el punto ciego de los elfos, Franco fue el primero en reaccionar. Con un impulso instintivo, lanzó el bate de aluminio con todas sus fuerzas.

[“#&”#&/%#]

[(%##%/54$&]]

Los elfos inmediatamente lanzaron miradas hostiles mientras se hacían a un lado, creyendo que estaban siendo atacados por los humanos.

Pero rápidamente se dieron cuenta de que el ataque no estaba dirigido hacia ellos.

“¡GRAAA!” – chilló la criatura al recibir el golpe de Franco, mientras los elfos se posicionaban más cerca de su camarada moribundo y de los chicos.

[&%$%#%$&]

Uno de ellos, la única elfa del grupo, gritó algo a sus compañeros. Los guerreros élficos asintieron y formaron una línea, interceptando a la bestia y protegiendo no solo a sus compañeros, sino también al grupo de estudiantes.

[&%$%#%$&]

Luego, la elfa trató de comunicarse con Franco, pero este solo podía hacer señas de que no entendía.

[Mierda, hay más.] – maldijo Roinel, dando un paso adelante junto a los elfos cuando otros cuatro Debarlings aparecieron de entre los arbustos.

Para ese momento ya no importaban los pequeños detalles; cuando la vida está sobre la mesa, todo lo demás pasa a segundo plano.

[¡KYAA!] – El grito de una chica llamó la atención del grupo.

[¡Mierda, están atrás!]

[¡Están en todos lados!]

Los arbustos y las ramas espesas de los árboles alrededor comenzaron a moverse como si algo pasara rápidamente a través de ellos.

[Nos están rodeando] – advirtió Milia acercándose a Franco.

La situación se volvió más caótica a medida que el grupo trataba de apretujarse, mientras lanzaban piedras o golpeaban el aire al azar para disuadir a los monstruos.

Al mismo tiempo, Roinel, Carlos y varios mas trataban de mantener a raya a los otros Debarlings en el claro junto a los elfos.

Sin embargo, para todos se volvió dolorosamente obvio que las criaturas estaban tratando de acorralarlos, no de atacar.

[#%$#$&”#] – mientras se preguntaban qué hacer, la elfa, que había estado apretando la herida del elfo moribundo mientras de su mano parecía emanar un tenue brillo verde pálido, repentinamente comenzó a hacer señas a Franco y a los demás.

[El claro, creo que quiere que vayamos al claro.] – concluyó Milia, mientras hacía señas a la elfa como para confirmar.

Carlos lo entendió rápido.

[En la espesura se pueden esconder y son más difíciles. Vamos al centro del claro, así al menos podremos anticipar un poco sus movimientos.]

Todos rápidamente asintieron y comenzaron a moverse.

Franco y Milia ayudaron a la elfa a levantar al herido mientras Simón y otros los cubrían.

Pero tan pronto como los Debarlings notaron sus intenciones, comenzaron a moverse con más prisa para cerrarles el paso.

[¡Hijos de puta!] – rugió Roinel atacando con su bate, y pronto la pelea estalló.

El bate de Roinel cayó sobre el Debarling entrante con un movimiento amplio; su aceleración fue lo suficientemente considerable para hacer silbar el aire.

Pero la criatura desafió la física. Se movió con una velocidad de pesadilla, con sus patas largas chasqueando contra el suelo para cambiar de dirección en ángulos imposibles.

* ¡CRACK!* – resonó el bate contra el suelo del bosque.

[Mierda] – maldijo Roinel cuando la criatura que había esquivado su ataque ya cargaba sobre él, sus mandíbulas en flor completamente abiertas.

Pero al momento siguiente, un palo de golf se estrelló contra ella, haciéndola retroceder.

[Están especializados en agilidad, no ataquen imprudentemente.] – dijo Carlos, posicionándose junto al aturdido Roinel – [¡Vamos, tenemos que movernos!] – insistió, sacándolo de su estupor.

Al mismo tiempo, los elfos aprovechaban las aperturas dadas por los estudiantes para asestar golpes fatales con sus armas.

[$#&%%/($#]

[“$&$%]

Comenzaron a hablar entre señas luego de eliminar a los cuatro Debarlings que trataban de impedir su avance.

[No se distraigan, debemos movernos al centro del claro.] – insistió Milia, tratando de interpretar las señas de los elfos.

Nadie lo dudó. Siguieron avanzando hacia el claro mientras los Debarlings seguían variando entre ataque y retirada, aprovechando su ridícula agilidad.

Pero mientras más se alejaban de la espesura del bosque, lejos de sentir alivio, el grupo comenzó a tensarse por la cantidad de criaturas cada vez más visible.

Uno tras otro, brotaban desde la maleza como tumores de hueso y quitina. Cinco, seis, ocho… y el bosque seguía escupiéndolos.

Y tras un continuo tira y afloja, finalmente llegaron a la parte más céntrica del claro.

[Formen un círculo de defensa alrededor del herido. Chicas al centro, chicos a los bordes] – dijo Franco mientras ayudaba a poner al elfo en el suelo.

Los estudiantes inmediatamente siguieron la orden e incluso los elfos, sin mayor explicación, imitaron las acciones de los chicos en comprensión tácita.

[¿Ahora qué?] – preguntó un estudiante con la voz tensa.

[Ahora se pone peor] – respondió otro.

Y como si fuese la señal, el grupo, rodeado por más de veinte Debarlings, comenzó una batalla de desgaste que no estaban seguros de ganar.

Los elfos se movían como agua. Sus espadas eran destellos de plata que desviaban garras y cortaban patas. En sus movimientos fluidos y amplios, pronto se notaba que trataban de cubrir las carencias del grupo inexperto.

Incluso sin comunicación, incluso sin conocerse previamente, los elfos sabían que esos chicos estaban lejos de ser guerreros y usaron su experiencia para cubrir fallos, maximizando las posibilidades de supervivencia de todo el grupo.

Cada vez que un estudiante bloqueaba, distraía o apartaba a un Debarling, los elfos aprovechaban la apertura sin dudar.

Un disparo de sus arcos cortos, una daga lanzada, incluso cuchillas de aire formadas tras un rápido movimiento.

Pronto, la situación parecía sacada de una película de fantasía, con los elfos bailando en el campo de batalla alrededor de los estudiantes que a duras penas podían cumplir su papel autoimpuesto de carnada.

[¡Abajo!] — gritó Franco, bloqueando un mordisco con su bate reforzado. El impacto le sacudió los huesos, pero aguantó. A su lado, Roinel embistió con el hombro como un jugador de fútbol americano, derribando a un Debarling que intentaba flanquear a los elfos.

[¡No dejen huecos!] — gritó Carlos, golpeando con un palo de golf los ojos de otro.

En el centro del círculo, la elfa cantaba una melodía rápida y angustiada. Pero la luz verde en sus manos parpadeaba débilmente y el elfo herido tosía sangre azulada.

Milia vio cómo la elfa palidecía; entendió que lo que estuviese haciendo no era fácil. Pero no podía hacer nada para ayudar.

En medio de todo eso, un Debarling pequeño se deslizó entre las piernas de la formación.

[¡CUIDADO!]

[¡NO!]

[[¡¡KYAA!!]]

Los gritos pronto llegaron junto a los movimientos desesperados de los estudiantes que trataban de detener a la criatura, pero todo fue inútil.

En un movimiento preciso e intencionado, el Debarling se abalanzó hacia la garganta de la elfa.

[¡NO!] – gritó Milia, agitando su palo de escoba contra la criatura que se había lanzado sobre ellas.

Por el ataque entrante, el Debarling se vio forzado a esquivar, desviando su ataque por centímetros.

Pero ese tiempo y ángulo fueron suficientes: el compañero de la elfa, incluso en su estado moribundo, movió su mano con fluidez y una daga se clavó en la frente de la criatura, matándola en el acto.

[¡¡Sonido! ¡El diario mencionó la posibilidad de que el sonido los alterara, como a los insectos!] — gritó Carlos, recordando la información del Debarling que había visto en el diario, aunque no podía confirmarlos como la misma criatura. Solo le quedaba tener esperanza.

Rápidamente tomó el escudo improvisado con una tapa de basurero de su espalda y comenzó a golpearlo con la parte metálica de su palo de golf.

* ¡CLANG-CLANG-CLANG!*

Por suerte, la idea demostró ser efectiva. El ruido de Carlos parecía estremecer a los Debarlings más cercanos, mientras que los más lejanos se mostraban obviamente irritados.

[¡HAGAN RUIDO!] – rugio simon, y los estudiantes comenzaron a golpear metal contra metal o simplemente a gritar.

[¿Mis gritos no funcionan?]

[Es el metal, son los ruidos metálicos los que les hacen daño.]

Lentamente comenzaron a detallar el comportamiento de los Debarlings y ajustaron sus movimientos a las acciones más efectivas, juntándose con aquellos que tuviesen herramientas de hierro o aluminio.

Los elfos al comienzo estuvieron sorprendidos, pero pronto le dieron la bienvenida a esta nueva y fortuita realidad.

Sin dudarlo, se abalanzaron sobre los erráticos Debarlings, cobrando una vida tras otra.

Pronto, las criaturas estaban casi mermadas.

[Lo lograremos.] – dijo una estudiante aliviada.

[Idiota ¿Qué pasa con esa bandera de muerte?] – se quejó otra.

Y como si la vida fuese un comediante de mierda…

[“#%#$&] – gritó repentinamente la elfa. Nadie la entendía, pero sin importar el idioma, la urgencia implícita en su tono era suficiente para que todos se pusieran alertas y miraran en la dirección que sus instintos sugerían.

Desde los arbustos cercanos, emergió una nueva sombra.

Su velocidad era vertiginosa, lanzándose en un solo salto hacia el grupo.

Todo pasó en fracciones de segundo.

Era un Debarling, pero al mismo tiempo no lo era. Demasiado diferente a lo establecido en el diario y a lo visto hasta ahora. No en apariencia, sino en tamaño.

Mientras que los Debarlings que habían enfrentado parecían perros medianos o grandes, este era un oso.

Un oso alargado, con boca bifurcada, patas más largas que una caña de pescar y tan gruesas como un bate de béisbol.

Esa criatura extraña —que no podía llamarse masiva, pero de ninguna forma irrelevante tampoco— caía sobre ellos como un cometa.

Algunos cerraron los ojos, otros se pusieron tensos; los elfos trataron de reaccionar, pero era demasiado tarde incluso para ellos.

Y aun así, cuando todo parecía perdido…

* ¡FLASH!*

Fue… irreal.

De lo que solo podía llamarse la nada misma, unas enormes fauces negras descendieron sobre el Debarling, como si fuese un perro que había estado esperando por demasiado tiempo a que su dueño le lanzara un bocadillo.

* ¡CRACK! *

La tierra tembló cuando el Debarling fue arrastrado por el suelo, apresado en las fauces de la gigantesca serpiente cuyo cuerpo negro azabache, grueso como una columna, parecía surgir lentamente del vacío.

[[[[[¡¡¡¡¡KYAAAAAAA!!!!!]]]]]

Los gritos no se hicieron esperar, los escombros se esparcían y la capa de polvo se hacía más gruesa, a medida que la serpiente se retorcía, arrastrando a su presa contra el duro suelo.

Finalmente, el cuerpo maltrecho del Debarling salió disparado hacia el aire desde la nube de polvo.

Pero tan pronto como comenzó a caer, la enorme serpiente emergió también del polvo con sus fauces abiertas y lo tragó de un solo bocado, antes de volver a hundirse en el polvo con un movimiento fluido.

Todos miraban la escena con la boca abierta; las vejigas de algunos ya habían cedido y las rodillas de muchos más ya se habían rendido.

Nadie se atrevió a emitir un sonido, mientras el enorme cuerpo de la serpiente parecía zigzaguear alrededor del valle, como si le quedase pequeño.

Y entonces, de entre el polvo que comenzaba a dispersarse, dos pares de ojos purpúreos se clavaron directamente en el grupo.

[[[[….]]]]]

Por un instante que parecía eterno, el bosque enmudeció. Ante aquellos ojos, respirar se sentía como desafiar a la muerte misma.

Se elevaron con un ritmo hipnótico —ni rápido ni lento—, un movimiento fluido cargado con la soberbia absoluta de quien exige sumisión absoluta del mundo.

Finalmente, con el polvo dispersado, la imponente figura de Mya —de cuyo cuerpo podías ver el comienzo, pero jamás el final— se presentó ante todos.

*Sssss*

Siseó con inquietante calma, los ojos fijos en los que podrían ser sus presas de no ser por el deseo de su maestro.

Pero pronto perdió el interés. Con movimientos fluidos, tomó algunos de los Debarlings moribundos en sus fauces y desapareció en el bosque, dejando atrás al paralizado grupo.

Solo entonces al oxígeno se le permitió volver y el sudor frío empapó cada parte del cuerpo de todos los presentes.

Ellos, incluso sin que nadie se los dijera, lo sabían. Sabían que sobrevivieron por el simple hecho de no valer la pena matarlos… nada más… nada menos…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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