El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 21
- Inicio
- Todas las novelas
- El niño rata sobrevive al Apocalipsis
- Capítulo 21 - 21 CAPÍTULO 21 AL FINAL
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
21: CAPÍTULO 21 AL FINAL 21: CAPÍTULO 21 AL FINAL Al final no entendí por qué carajos las cosas tenían que terminar así.
Pero ahora, los estudiantes estaban cruzando el cable uno por uno hacia el techo de la casa donde me encuentro.
El cable vibra como hilo dental para rinocerontes.
Si uno de estos idiotas resbala, cae directo a los perritos dormidos abajo.
(Gratis espectáculo gore en vivo y en directo).
Mi plan era simple: hacer que la zorra y Milia cruzaran, largarme con ellas y que el resto se las arreglara.
Pero, noooo.
Como si estuvieran en un maldito concurso de drama barato, esas dos decidieron cruzar al final.
La zorra en particular, está siendo consolada por dos niñas que parecen ser gals también.
Por supuesto, me opuse.
Pero cuando los demás empezaron a cruzar el cable como borregos, dejé de discutir.
Ahora estoy en una esquina, esperando que las princesas de turno se dignen a moverse para largarme de una vez.
[Bien, con esto ya solo quedan siete personas.] El que coordina es el mismo cuatro-ojos que se adueñó de mi walkie.
Cómo se llamaba… bah, da igual.
Cuatro-ojos sirve.
Los que ya cruzaron sonríen como idiotas, agradecidos de estar fuera del infierno.
¿Son estúpidos?
¿Por qué creen que están fuera de peligro?
Hasta aquí me llega el aire helado de la calle, aderezado con olor a humo viejo y carne podrida.
Como si tratase de recordarme con insistencia molesta que estamos jodidos.
Mi punto es que deberían esperar abajo en silencio, maldita sea.
Son demasiado ruidosos.
¿Qué harán si despiertan a los perros?
Cuatro-ojos intentó hablar conmigo apenas pisó este techo, pero lo ignoré.
Vuelve cuando tengas tetas, imbécil.
[Zorra, ¿por qué tardan tanto?
¡Muévanse de una maldita vez!] Cuando el flujo de personas moviéndose por el cable se frena y las siete personas restantes en el edificio parecen negarse a avanzar, me irrito.
Mis ojos cayeron en Milia, que discutía en voz baja con su príncipe azul.
Las chicas a su alrededor se veían abatidas, como si ya hubieran decidido perder.
La zorra parecía haber recuperado fuerzas, pero ahora una de sus amigas estaba hecha un trapo.
Mientras me preguntaba por qué mierda esta telenovela barata no acababa nunca, el novio de Milia —mi ex amigo de la infancia, Franco— comenzó a cruzar cargándola en su pecho.
Ella, que siempre tuvo miedo a las alturas, se aferraba a él como un animalito asustado.
[Bien, quedan cinco.] [Bueno… sí, pero verás…] Cuatro-ojos empezó a murmurarle algo a Franco, pero lo ignoré.
[Zorra, ¿Qué parte de que estoy apurado no puedes entender?] [Bueno… tengo un pequeño problema…] [¿En serio?
Porque yo tengo uno grande: me congelo, maldita sea.] Seguí bromeando mientras me preguntaba con qué pendejada me saldría ahora.
Pero de repente, algo en la mirada de Louise me hizo borrar la sonrisa de mi rostro.
Esa maldita mirada resuelta y terca.
[Es… esto es serio, ¿bien?
Astrad.] Su tono suabe envió una corriente de irritación por mi pecho.
Se que no era su intención, pero los hábitos no mueren, subconscientemente trata de llevar mis pensamientos a la conclusión que más le conviene.
La única solución lógica para la situación que está a punto de plantearme.
Pero que definitivamente está convencida de que no aceptare.
[¿Y desde cuándo me hablas como colegiala obediente?
Detente, me repugnas.
Se me eriza la piel.] [Esa… esa es mi manera normal de hablar, no sé de qué hablas.] [Maldita… No sé qué tramas, pero voy a enojarme de verdad.] [¡AHHHH!
¿Tanto te repugna como soy?] [ME IMPORTA UN CARAJO.
ESTE NO ES EL MALDITO MOMENTO.
¡MUÉVETE!] [¡BIEN, ASTRAD, IDIOTA INSENSIBLE!] [… ¿Hum?] [… En serio te molesto…] La maldita zorra sonaba como si fuera a llorar.
Que el infierno me trague… [Me gustas más como eres normalmente, ¿algún problema?] [… Veo… Pero lo siento.
Aquí nos separamos.
Gracias por venir por mí.] [¿¡Haaaa!?] [Una de mis amigas le tiene miedo a las alturas…] Vi a la chica temblando y llorando en un rincón.
Otra de las zorras intentaba convencerla, sin éxito.
[Con un demonio… Les dije que buscaran un hombre si tenían miedo.] [Lo intentamos…] Ignoré a la zorra y me dirigí al grupo.
[Ustedes, pendejos.
Tres regresen y traigan a las que faltan.] Silencio.
Nadie se movió.
Cuando mi paciencia estaba a punto de explotar, habló cuatro-ojos: [Escucha… puede parecer fácil para ti, pero es aterrador pasar sobre esos lobos, incluso dormidos.] [Me importa un carajo.
Una de esas niñas era con la que te llevabas bien, así que tú vas a buscarla.
Muévete.] [… No es solo miedo.
El cruce es agotador.
Franco lo hizo por Milia, pero aumentar la dificultad por otra persona es un poco…] Estaba a punto de patear al cuatro-ojos del tejado —para ver si al menos servía de sebo—, pero Niño Rata 5 me cortó justo a tiempo.
[Parece que el presidente ya explicó la situación… así es como es, Niño Rata líder.
Gracias por intentarlo… pero yo me quedo.] [Niño bonito, tú regresas y traes a otra.
Luego uno de tus amiguitos deportistas hace lo mismo.
Y rápido, porque me cago de frio.] Ignoré a la zorra y señalé a Franco.
Pero él bajó la cabeza.
[Astrad, lo siento.
No puedo hacer eso.] [¿No que eras el héroe sonriente de la escuela?
Perfecto, ve y sé un maldito príncipe.] [Tú… ¿por qué siempre eres así?] Milia explotó, la voz temblando.
[¡Siempre insultas, siempre empujas, como si quisieras que todos paguemos por tu rencor!
¿Crees que no nos damos cuenta?] ¿Qué rencor?
Estoy congelándome los huevos y tú hablas de mi vida interior.
Santa psiquiatra de pacotilla… Mejor dicho ¿Por qué el niño rata es el malo?
¿soy el rescatista?
¿el rescatista que quiere alejarse del peligro y sobrevivir?
[Solo quiero irme a mi maldita casa para, no sé, ¿no ser devorado por un perro gigante?
Y lo único que se interpone entre mi precioso objetivo y yo, es que ustedes pendejos mueven la boca por no las piernas, a trabajar.] [¡Tuuu!.] Milia lloraba, los puños cerrados, como si fuera yo el traidor de su historia personal.
Oye, que el cornudo soy yo ¿sí?
¿Qué pasa con esta lógica retorcida incluso para mis estándares?
Mientras me sorprendía.
Franco la abrazó fuerte, mirándome con ojos encendidos.
[Escucha, deja de actuar como si fueras la única víctima.
No eres el único jodido aquí.] [Genial, el caballero de armadura oxidada revivió.
¿Listo para la acción?
Excelente: tráelas rápido, llévate dos esbirros y ya.] Los amigos deportistas se envalentonaron, quien sabe cómo y dieron un paso al frente.
Pero para mí desgracia, no fue para servir de algo.
[Ya basta, Astrad.
Si tanto te importa, baja tú mismo y tráelas.] Mi sonrisa se torció.
[Claro, que el payaso lo haga todo.
Ustedes sigan en su club de fans del príncipe azul, no vaya a ser que se despeinen.] Franco sostuvo mi mirada.
Sus amigos se cuadraron tras él.
[Tu actitud es patética.
No soy perfecto, cometí errores, pero sigo adelante.
Tú te quedaste estancado en tu propio veneno.] [Fuhu… guhuhu… AHAHAHAHAH] Me reí, pero no una risa sarcástica, no, esta vez, me reí en serio.
Era simplemente hilarante, y mi risa debió ser increíblemente contagiosa, porque todos estos malditos se paralizaron con sus miradas fijas en mí.
[Vaya, cuanta filosofía en tan pocas palabras.] Digo seriamente con una sonrisa que no llega a mis ojos, creo que mis maldito cachetes se van a romper por la tensión.
Y por una vez, le doy un crédito bien merecido a estos malditos bastardos.
Porque yo soy un niño rata que sabe reconocer cuando a aprendido de otros.
[Me gusta, mañana mismo lo aplico.
Voy a conseguir un paciente con cáncer, robar el dinero de su tratamiento, compro un rolex con ese dinero y luego lo vuelvo a buscar para decirle, “lo que pasó, pasó, sigamos adelante”, con mi hermoso rolex nuevo en la muñeca.] [[[[[….]]]]] Casi puedo escuchar los dientes rechinantes de estos desgraciados que aprietan sus mandíbulas en mis grandilocuentes elogios.
[¿Qué pasa?
No tienen que contener su alegría, por una vez, me han enseñado algo, siéntanse orgullosos, jejejeje, lo permito.] Hoy aprendí mucho, no importa cuán perfecto crea el niño rata que es, el niño rata siempre puede crecer más, el niño rata crece, el niño rata evoluciona.
Mientras evolucionaba, los esbirros se movieron como si quisieran encararme, pero los fulminé con la mirada y retrocedieron.
[Niño Rata líder… por favor, detente.
No vas a cambiar nada.] [Veo que recuperaron bolas.
Pues si son tan valientes, traigan a esas cinco niñas.] [… ¿Es tan divertido para ti torturarnos?
… ¿La situación no significa nada para ti?] —Milia— [… Es inútil.
Chicos, entremos a la casa.] Uno por uno me dieron la espalda.
Franco lideraba, Milia lo seguía con pasos pesados.
Solo volteó un instante: sus ojos buscaban en mí odio, dolor, arrepentimiento, un sentimiento, el que fuera.
¿En mí?
Soy el maldito bastardo que salió de su cómoda base y atravesó una ciudad infestada de malditos monstruos, de los cuales casi me matan dos.
Para salvarles el culo.
Pero ¿Son yo el que tiene que pasar por una especie de revelación psicológica de redención y arrepentimiento, por pedirles que salvaran a sus propios malditos compañeros que a mi me valen verga?
Aquí y ahora, siento hambre y frio ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?
Por otro lado [Al menos pudieron tener la decencia de largarse desde el principio ¿no?
Malditos inútiles.]
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com