El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 30
- Inicio
- Todas las novelas
- El niño rata sobrevive al Apocalipsis
- Capítulo 30 - 30 CAPÍTULO 30 ME SIENTO DE MARAVILLA
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
30: CAPÍTULO 30 ME SIENTO DE MARAVILLA 30: CAPÍTULO 30 ME SIENTO DE MARAVILLA [Bueno, creo que pasaremos el resto de la noche allí.] El centro comercial aparece al final de la avenida, oscuro, con su fachada de vidrio agrietado y carteles todavía brillando a medias.
Decido detenerme.
[¿Estás seguro?
Solo hemos caminado una hora.] [Quería alejarme más, pero el riesgo aumenta.
Mientras más nos acerquemos a la casa, más probable toparse con los blanquitos.
Además, con ese grupo que insiste en seguirnos.
Ya no estoy tan seguro de poder aprovechar la noche.] Al final, salvar a las ratas terminó jugándome en contra, porque estos imbéciles también escaparon y me siguieron como sombras.
Una cosa es llamar la atención de gatos y ratas, pero si terminan atrayendo a esos slender mans de bajo presupuesto, estamos muertos.
Además, tuve que hacer un rodeo de regreso y no sé qué hay por aquí.
Pero era eso, o una nueva ronda de “corre, corre, que te como” con esos lobos malditos del subterráneo.
El punto es que, no tengo modo sigilo disponible y ya me alejé lo suficiente de la escuela… Espero… [Está cerrado… ¿habrá gente adentro?] PACK.
PLACK.
PLACK.
[Perdonen la intromisión.] Rompo una ventana cercana con mi rifle.
Mientras el cristal cae con un estallido que rebota en el eco del oscuro edificio, ingreso al edificio con elegante educación.
Las niñas me siguen con sonrisas amargas.
[Oye, ¿y ahora cómo mantendremos a los monstruos afuera?] [Me voy mañana, no me importa.] Milia refunfuña, pero no me detengo.
¿Se supone que el frágil cristal sirva de barrera contra lo que camina allá afuera?
Tal discusión ni siquiera vale la pena para un sarcasmo.
[¿Y si este lugar es refugio de alguien más?] [Mientras no se metan conmigo, no me meteré con ellos.] [Eres un…] No termino de escuchar la queja.
Los pasos de todos siguen detrás.
Si tanto detestan cómo hago las cosas, ¿por qué no se largan?
[La casa de Milia está a solo dos horas.
Podríamos llegar esta misma noche.] [Buena idea, si Milia acepta hospedarnos.] [Por supuesto.] Miro de reojo a Franco, al cuatro ojos y a la propia Milia, que parecen haberse autoproclamado líderes del grupo.
¿Qué le pasó a la democracia?
No es que me importe.
[Ahora que lo pienso… esto comenzó temprano en la mañana.
Los centros comerciales ni siquiera habían abierto.] ¿De verdad fue en la mañana?
Juraría que todo empezó de noche.
Bah, detalle inútil.
Lo importante ahora: todas las tiendas tienen candados.
Nada de ventanas fáciles para mi “entrada cortés”.
Sería genial si pudiéramos pasar la noche en ese supermercado.
[Déjenmelo a mí.] [¿Puedes abrir candados?] [Soy una genio después de todo.] [En mis tiempos, los poseedores de esa habilidad eran conocidos como ladrones.] [Los tiempos cambian.] No puedo argumentar nada ante esa lógica.
La niña saca algo de su bolsillo y empieza a forcejear con el candado.
[Podías decirlo antes.
Perdí tres municiones en vano.] [Cállate.
Ni me diste tiempo de sugerir nada.
¿Qué pasa con esa absurdamente rápida facilidad de decisión a la hora de destruir propiedad privada?
¿Qué harás si todo vuelve a la normalidad y ven que irrumpiste en una tienda?] Pasa a saludar supongo.
Mi tía es policía después de todo, kekekeke.
[Astrad, queremos seguir avanzando.] –Franco [Buen viaje.] Música para los oídos del niño rata, adiós estorbos.
[… Lo que quiero decir es que como eres el único con un arma y hemos seguido tu plan, lo mínimo sería que asumas responsabilidad.] [Yo no recuerdo haberles dicho que me siguieran.
Al contrario: llevo rato diciendo que se larguen.] [Definitivamente no se puede negociar contigo…] [Sí puedes.
Solo consigue algo que valga la pena.
Vuelve cuando tengas pechos.] [No sobrevivirás con esa mentalidad individualista.] [¿Y si sobrevivo?
¿Qué te hago?] [Muy valiente con esa arma.
¿Cómo se siente inflar tu ego con un pedazo de metal?] [Genial.
Es una experiencia de la que nunca me cansaré, GYAJAJAJA.] El eco de mi risa choca contra el silencio del pasillo.
Los estudiantes fruncen el ceño.
Odio, frustración, miedo.
Todo lo que alimenta al niño rata.
Adelante, ódiame más, GYAHAHAHA.
[¡Lo logréeeeeeeeeeee!] El candado cae.
[Mocosa, valiste cada segundo invertido.] [Jajaja, mientras lo entiendas.] Las niñas suben la reja y corren al interior.
Yo también entro y bajo la reja metálica detrás de mí.
[¿Si vuelvo a poner el candado mañana puedes quitarlo otra vez?] [Por supuesto.
Será más seguro así.] ¿No es esta niña genial?
Soy un niño rata con fortuna.
[Espera… déjanos entrar también.] El cuatro ojos suplica desde fuera, con Franco y los demás detrás.
[¿Y eso en qué beneficia al niño rata?] Ningún beneficio ve el niño rata.
……………………..
——- Punto de vista de un estudiante ———— El rugido me atravesó los huesos antes de que pudiera entender qué pasaba.
El aire vibró como si alguien hubiera golpeado un tambor gigante junto a mi cabeza.
No fue un sonido: fue un choque.
Entonces lo vi.
Una sombra enorme cayó desde arriba y aplastó el asfalto con un golpe seco.
El polvo subió como un estornudo de la tierra misma.
Entre el humo, dos ojos amarillos brillaron como cuchillas encendidas.
Un gato… no, un monstruo.
Un felino demasiado grande para ser real.
Su cuerpo era negro, aceitoso, imposible de seguir con la vista.
El silencio fue total: ni pájaros, ni ratas, ni nada.
Solo ese rugido que todavía hacía eco en mis oídos.
Me paralicé, todos nos paralizamos… Bueno… Casi todos… Astrad no.
Él alzó el rifle y disparó.
Decisivo, directo, como quien toma un vaso de agua.
El primer impacto reventó un ojo del monstruo.
El rugido se convirtió en un chillido insoportable, como metal torciéndose.
El segundo disparo perforó el otro ojo, y entonces se volvió pura rabia: golpeaba muros, arañaba el aire, revolcándose a ciegas como un dios herido.
Yo pensé que ese sería nuestro final.
Las ratas nos rodeaban, lamiendo sus dientes con el olor a sangre fresca.
El gato aullaba enloquecido y ciego.
Nosotros estábamos en medio, sin saber si seríamos aplastados, devorados o simplemente ignorados.
Y ahí estaba él.
Astrad, la maldita leyenda de nuestra escuela en el peor sentido posible, riéndose como si fuera un héroe de videojuego.
Ni un temblor en la voz, ni un titubeo en las manos.
Para nosotros fue terror.
Para él, entretenimiento.
————- Punto de vista de un estudiante ———— No entiendo cómo terminamos aquí, siguiendo a ese imbécil.
Digo, sí, tiene un arma, y sí, la disparó sin temblar contra un monstruo que parecía sacado de una pesadilla.
Pero eso no lo hace un líder… lo hace un loco armado.
Caminamos detrás de él como si supiera a dónde ir.
En realidad, solo lo seguimos porque nadie más se atrevió a discutirle.
Cada palabra suya es un veneno: sarcasmo, insulto, burlas.
Lo peor es que funciona: logra callarnos a todos.
Cuando rompió la ventana del centro comercial con el rifle, el estruendo rebotó por todo el lugar.
Yo contuve la respiración, esperando que algo nos atacara desde la oscuridad.
Él, en cambio, entró como si estuviera abriendo la puerta de su propia casa.
Las niñas lo siguen sin rechistar.
A veces pienso que están igual de trastornadas que él, o tal vez simplemente no tienen otra opción.
[“Astrad, nosotros queremos seguir avanzando”] —Franco se atrevió a decir.
Lo miro, directo, esperando que al menos fingiera algo de responsabilidad.
Nada.
Solo sarcasmo, insultos, carcajadas.
Cuando se rio, fuerte en medio del pasillo vacío, el eco se sintió peor que el rugido del gato gigante de hace rato.
El peor momento fue cuando Kiti abrió el candado.
Entró y luego lo bajó como si nada, sonriendo orgulloso.
Pedimos entrar, arrastrando por el suelo la poca dignidad que nos quedaba.
Su respuesta fue un chiste cruel.
[“¿Y eso en qué beneficia al niño rata?”] No sé cuánto tiempo sobreviviremos, pero sé esto: si seguimos a ese maldito, lo haremos como sombras detrás de él, nunca a su lado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com