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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 CAPITULO 36 EXTRA LA IRA DEL VIDRIO
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36: CAPITULO 36 (EXTRA) LA IRA DEL VIDRIO 36: CAPITULO 36 (EXTRA) LA IRA DEL VIDRIO El convoy avanzaba entre calles semidestruidas, sorteando vehículos volcados y faroles tambaleantes que colgaban de postes retorcidos.

La tarde caía rápido, tiñendo de naranja las grietas del asfalto y proyectando sombras que parecían alargarse más allá de lo natural.

El grupo avanzaba descuidadamente con la confianza de quien está en la cima de todo mientras exhibían sus armas como si fuesen un pase gratis al éxito, mientras avanzaban hacia el entro comercial Los hombres y mujeres que seguían a Dorian caminaban como depredadores, mezclando ropa civil y armaduras ligeras, armas colgando de hombros o empuñadas con orgullo.

Algunos cuchicheaban sobre la eficacia de las armas saqueadas de la tienda de la zona: rifles con grafiti, pistolas con empuñaduras modificadas, cuchillos decorados extravagantemente.

Cada conversación y gesto, revelaba su naturaleza: la violencia era un juego, la muerte de otros, un entretenimiento refinado.

[Si nos cruzamos con alguien, mejor que estén preparados] —dijo uno de ellos, limpiando el polvo de un fusil mientras sonreía con malicia—.

[Espero que los mocosos me entretengan.] [Quiero escuchar cómo gritan antes de dejarlos hechos mierda.] —intervino una mujer, mostrando un cuaderno con nombres tachados y otros subrayados—.

[Estoy aburrida desde que no llegan nuevas víctimas a la tienda de armas] [¿No saben que es prioridad conseguir armas en el apocalipsis?] [Mocosos estúpidos, si hubiesen venido obedientemente, ya estaríamos jugando] [Ahora toca castigarlos] [[[[AHAHAHAHA]]]] Finalmente llegaron a la entrada del centro comercial.

Con risas vulgares y un brillo expectante en sus ojos, bajaron de sus vehículos y avanzaron.

Dorian caminaba al frente, imponente y seguro.

Cada nube de polvo y ceniza que levantaban sus botas se mezclaba con el olor a humo, metal oxidado y polvo.

Sus ojos recorrían la fachada del centro comercial, parcialmente consumida por llamas que apenas se extinguían, dejando grietas humeantes y ventanas rotas que reflejaban la luz rojiza del atardecer.

Carteles ennegrecidos colgaban como cadáveres de tela y plástico.

[¿Seguros que es por aquí?] [Así dijo el vigilante, los vio pasar en la noche, iban en esta dirección.] [¿Me estás diciendo que un grupo de mocosos llega a un centro comercial y lo quema en lugar de refugiarse en el?] [Tal vez no fueron ellos] [O ¿tal vez sean nuestras almas gemelas?] [Eso si] [[[[[HAHAHA]]]]] [Cállense inútiles] – grito Dorian aparentemente molesto, pero no oculto su sonrisa sarcástica.

[Entremos a ver, tal vez haya suerte] – dijo y avanzo, su gente lo siguió de cerca.

………………….

El grupo se detuvo a un metro de la entrada, evaluando el escenario.

La arrogancia se mezclaba con una creciente intranquilidad que algunos no se atrevían a admitir.

Lorne masculló, observando los restos ennegrecidos del supermercado: [Mierda… ¿dónde están los niños?] [¡Mierda, todas estas preciosas provisiones!] —rugió Dorian, golpeando un carrito volcado que se balanceó peligrosamente—.

[¡Revisen esta mierda, consigan lo que puedan y busquen señales de que el grupo de mocosos se haya peleado con alguien o entre ellos!] Algunos comenzaron a examinar los escombros, levantando muebles calcinados, revisando vitrinas rotas y cuchicheando sobre la posibilidad de trampas.

Otros se burlaban de la “inutilidad” de la destrucción que los rodeaba: [Vaya, parece que alguien se olvidó de limpiar] —dijo un hombre, pateando una lata retorcida, su creciente incomodidad oculta en sarcasmo—.

[Todo este desastre y no hay ni un alma a la vista.] [Tranquilos] —respondió Dorian, observando cómo su grupo se dispersaba por los pasillos quemados—.

[Manténganse alerta.

Esto no huele bien…] A pesar de su seguridad, un matiz de inquietud se abría paso en su mente.

Las llamas habían dejado sombras que parecían moverse con vida propia, y cada crujido de metal o vidrio resonaba demasiado fuerte en los pasillos vacíos.

La arrogancia del grupo se enfrentaba a algo desconocido, y la tensión crecía lentamente.

[Incluso si estuvieron aquí, ya no importa] —dijo una mujer, frotándose la frente mientras el sudor mezclado con hollín se pegaba a su piel—.

[No creo que vuelvan a una ruina inútil.] [¡No importa!] —Dorian alzó la voz—.

[Sino tenían la intención de refugiare aquí, entonces solo quedan dos posibilidades, o van hacia las zonas militarizadas o tienen un refugio en la zona residencial, solo tenemos que…

¿Qué fue eso?] Un sonido extraño y repentino interrumpió las palabras de Dorian.

[Jefe no es gracioso] [Cállate estúpida, escucha] [[[[…..]]]]] En un instante la atmosfera se volvió tensa.

Empezó con un crujido metálico resonando en los pasillos.

Un olor punzante a óxido y vidrio llenó el aire.

Demasiado intenso para ser casualidad.

[Jefe… No hay nada aquí… ¿Por qué no nos vamos?] —susurró una mujer, un escalofrío recorriéndole la espalda.

Pero era demasiado tarde, pronto, el sonido se volvió más agudo, y consistente, como si un grupo de gallinas corrieran sobre vidrio.

El grupo se tensó, temblando mientras intentaban apuntar a lo que aún no podían ver.

Cada sonido parecía amplificarse: un choque de metal, el roce de vidrio, un crujido extraño que no pertenecía a nada conocido.

De repente del montón de “escombros cubiertos de cenizas” se levantó, algo que parecía un simple desecho: fragmentos de vidrio y metal mezclados en un caos informe.

[[[[….]]]] Incluso en ese momento, aún estaban a tiempo, pudieron haber escapado, lamentablemente, su curiosidad pudo más que ellos.

Un chasquido seco cortó el aire y los reflejos de luz hicieron que todos se sobresaltaran.

La tensión era palpable: las armas, hasta ahora símbolos de control, se sintieron insignificantes.

Entonces vino el rugido: un canto coral metálico, desgarrador, que recorrió cada pasillo y estructura debilitada.

Mareo, náusea y un miedo primitivo se apoderaron de los presentes.

No era un rugido humano, ni un grito de bestia conocida.

Era ira, rencor y venganza condensados en sonido.

Cada cuerpo se tensó; algunos se doblaron, incapaces de sostenerse.

Desde las cenizas emergió el primer Vitrum: brazos largos como antenas de vidrio roto, torso que sonaba como cascabel de botellas, rostro un enjambre de cuchillas brillantes apuntando en todas direcciones.

Movimientos erráticos, impredecibles, como una bestia a la cual le acababan de pisar la cola; cada paso hacía vibrar el piso y estremecía a los atónitos observadores.

Otro Vitrum se reconstruía lentamente, evaluando cada vulnerabilidad humana con paciencia sádica, pero su presencia desprendía un deseo de destrucción para nada inferior al del primero.

Un tercero se sacudió con firmeza, imponente y bestial; parecía penetrar la mente del grupo.

[¡Disparen!] —Gritó Dorian saliendo de su estupor, levantando el arma con mano firme pero temblorosa.

Los disparos escupieron fuego, las balas explotaban contra el cristal en destellos de fuego y los cristales que salían volando a gran velocidad, dañaban a todos alrededor.

Cada chispa cegaba y confundía, aumentando el terror.

Algunos cayeron, no por impactos directos, sino por el miedo paralizante.

Si tal solo lo hubiesen sabido, si hubiesen apuntado a las articulaciones en lugar de al pecho de la criatura.

Pero en este mundo, no existen los “si hubiera”.

Los Vitrum gritaron nuevamente, el deseo de muerte casi palpable cuando comenzaron a moverse en una danza frenética, la rabia manifestándose en cada zarpada, reflejo y grito entrelazado con chasquidos sónicos que parecían cortar la piel desde dentro.

Entonces, el caos absoluto: los disparos, gritos y colisiones humanas se volvieron ensordecedores.

Por un instante, los Vitrum parecieron desorientados, el exceso de ruido los confundía.

Pero había algo más, ira.

Una ira manifiesta que creía más y más, por cada segundo que pasaba, casi lunática, como si el ruido evocara en ellos un terrible recuerdo.

El grito en coro parecía cargado de una maldición infernal, los oídos de las personas en el supermercado comenzaron a sangrar, incluso cubrirse con las manos no ayudaba.

Sus movimientos se volvieron erráticos, sus giros más bruscos, sus brazos golpeando con fuerza indiscriminada.

Desorientados, sí.

Pero fue peor, los enormes cuerpos de metal y vidrio entre torcido no se quedaron quietos, se movieron incluso sin dirección, estrellaron sus cuerpos contra estantes, el suelo, saltaron al techo, lo que sea.

Y en el proceso, volvían picadillo cualquier ser vivo en su camino.

La violencia desmedida en cada movimiento destrozaba todo a su paso, golpeando y cortando sin patrón, la locura convertida en tormenta de sangre.

Los gritos lastimeros un acompañamiento para un chillido infernal.

[¡Retrocedan!] —balbuceó Dorian, viendo caer a su grupo uno a uno—.

[¡No… esto no puede ser real!] Cada Vitrum giraba y saltaba entre escombros, brazos de vidrio batiendo como látigos, embestidas frenéticas que dejaban atrás nubes de sangre.

Dorian intentaba mantener la cohesión del grupo: [¡Cubran los flancos!] —gritó— [¡Formen una línea!] Pero no había línea posible.

Cada intento de disparo era inútil; los Vitrum anticipaban cada paso, moviéndose con precisión imposible y locura contagiosa.

Uno de ellos, intento cubrir a su compañera, pero fue derribado cuando un brazo de vidrio lo atravesó como lanza, cortando sus piernas y lanzándolo contra una estantería derruida.

El pánico se multiplicaba.

Algunos vomitaban por el efecto sónico del canto, otros caían retorciéndose por el dolor que recorría la piel.

Los gritos humanos se mezclaban con los rugidos metálicos y las risas sádicas de los Vitrum.

Cada ataque era brutal y, al mismo tiempo, un juego para las criaturas, un baile de tortura y destrucción.

Uno de los Vitrum giró sobre un escombro central, su torso como un carrusel de cuchillas.

Fragmentos de vidrio volaron: el hombro de un hombre fue clavado a la pared, la cabeza de una mujer fue cortada a la mitad.

La confusión reinaba: no había orden, no había estrategia, solo caos y miedo puro.

Dorian vio caer a otro hombre, atravesado por un brazo giratorio.

La locura de los Vitrum no era solo física: era psicológica.

El miedo, impotencia y confusión humana alimentaban su frenesí, haciendo cada ataque más violento.

[¡Cúbranse!] —intentó gritar Dorian, pero su voz se perdió entre los chasquidos, el rugido coral y los gritos de los que caían.

Finalmente, en un descuido casual fue convertido en una nube sangrienta, atrapado en el choque de dos Vitrum.

Los cuerpos humanos se amontonaban.

Los Vitrum no solo mataban; buscaban desquitarse, castigar, transformar el miedo en un juego de sadismo y locura.

Cada giro de brazos y torsos lanzaba fragmentos que mutilaban.

Cada ataque era un acto de venganza y placer destructivo.

Hubo quienes trataron de escapar, solo para ser empalados por largas colas de vidrio y devueltos al centro de la maldición.

Incluso cuando cada ser humano había dejado de respirar, siguieron levantando los cuerpos, mutilándolos, acuchillándolos, los más de 30 cuerpos aun lo suficientemente intactos, fueron alzados al aire y destrozados para crea una lluvia roja y un mar de sangre.

Solo cuando no hubo ni un gramo de carne intacta para cercenar, el más alto de los Vitrum lanzó un grito prolongado que reverberó en todo el edificio.

Los otros respondieron, formando un coro metálico y vidrioso que atravesaba el espacio, una advertencia y condena simultáneamente.

Era un himno de venganza, una cacofonía infernal que proclamaba su odio más puro y su juramento más solemne.

………………………..

Chat niño rata: Niño rata 3: oigan ¿vieron el directo de “llenas del apocalipsis”?

Niño rata 2: ¿Los lunáticos que cazan personas?

Me reí de lo lindo.

Niño rata 4: Fue intenso ¿Vitrum no?

Me parece que el diario los subestima un poco.

Niño rata 7: Son las consecuencias de la falta de información ¿no?

Si disparaban a sus articulaciones, hubiesen podido correr.

Niño rata 10: Pero esos tipos no parecían humanoides.

Niño rata 3: Cuando salieron de las cenizas parecían más humanos, luego se volvieron… ¿salvajes?

Niño rata 2: ¿Un modo berserker?

Niño rata 3: Puede ser, debemos estudiar más.

Niño rata 4: llamen al siguiente grupo de pendejos.

lol Niño rata 2: El verdadero “muerto por el mal dia de otro”.

lol Niño rata 10: lol Niño rata 7: lol Niño rata3: lol

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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