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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 62

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62: CAPITULO 14 DE VUELTA AL INFIERNO.

62: CAPITULO 14 DE VUELTA AL INFIERNO.

——- Punto de vista de Carla “¡POP!” “¡CRACK!” Astrad estrelló su hombro contra el marco de la puerta antes de que siquiera pudiera decirle algo.

[Tsk…] “¡CRACK!” “¡CRACK!” Un escalofrío recorre mi cuerpo junto con el sonido de los huesos rozando y volviendo a su lugar, mientras Astrad mueve la cabeza y los hombros como si se sacudiera un simple dolor de cuello.

[[[¡ASTRAD!]]] Gritamos inconscientemente cuando el estúpido chico se tambalea, como si fuera a desmayarse nuevamente.

[El niño rata está bien…] —dijo, mientras apenas lograba mantenerse en pie.

Mi cuerpo se movió más rápido que mi mente y, antes de darme cuenta, ya lo estaba sosteniendo.

Podía sentir su peso desbordado sobre mí.

Este imbécil definitivamente está mal.

[No seas terco, regresa a la cama] —insisto.

[Regreso si me la pelas] —se negó, mientras se apartaba con cuidado de mí.

[¿Por qué tienes que ser terco?

Necesitas descansar.] [Lo que necesita el niño rata es un arma que desintegre monstruos gigantes y planetas de fantasía culeros que flotan en el cielo.] Yo también necesito uno de esos… No, concéntrate, no te dejes arrastrar a sus tonterías.

[¿Dónde están mis cosas?] [¿Eh?

Ah, en la sala…] [Hay un frasco con una pomada allí, ayúdenme a echármela.] [S-sí.] Al final, terminamos llevándolo a la sala junto a sus cosas y lo ayudamos a sentarse en un banquito.

[¿Esta?] —pregunta Ana, levantando un frasco transparente con un sospechoso líquido rojo.

[Sí, aplícalo al niño rata.] [Esto… si te duele, aún queda la pomada que te estábamos aplicando…] —sugirió Sophie, mientras levantaba una ceja.

No puedo culparla.

[No, esta es mejor.

Es radioactiva.] [[[¿AHH?]]] [Todo el mundo sabe que todo con la palabra “radioactivo” es más eficaz.] [[[¡OBVIAMENTE NO!]]] Ya comenzamos de nuevo.

Este tipo no sabe qué es la tensión.

[Oh, huele a cereza] —dijo Jennifer luego de abrir el frasco.

[Ya pueden aplicarlo al niño rata.

El niño rata lo permite.] [Tu boca sigue siendo una mierda.

HUM.] Jennifer sigue la solicitud de Astrad y toma un poco de pomada, antes de estrellar su mano en la espalda del chico con fuerza excesiva.

[¡GYAAA!

Perra, lo hiciste a propósito.] [¿Y si es así?

¿Se supone que vas a algún lado en este lamentable estado?] [Ñiñiñi, me la pela.] [Pfff, jajaja.] [[[…Jajajaja.]]] Ahh, al final, terminamos atrapadas en su ritmo.

[¿Sigues con hambre?] [Obviamente.] [Bien, bien] —dice Sophie mientras va a la cocina por más bocadillos.

[Hice lo que pude, pero…] —Ana le acerca el lanzador de arpones y el rifle de aire a Astrad.

[Tsk, supuse que no estarían ilesos.] —Astrad pone una expresión amarga al ver sus armas remendadas.

[Aunque yo las veo muy bien…] —no pude evitar comentar.

Ana estuvo bastante interesada en ellas desde antes y se pasó todo el tiempo reparándolas.

Pese a los escasos materiales, hizo un muy buen trabajo, pero ella insiste en que no durarán mucho y está bastante abatida.

[¿Cuánto aguantan?] [Si fuera un uso normal, durarían mucho tiempo, pero el problema son las extremas modificaciones.

No entiendo la mayoría y eso no es metal normal, ¿cierto?

Tuve que cambiar varias piezas por acero y soldar otras.] No entiendo nada, pero, en cambio, Astrad escucha la explicación de Ana con una paciencia inusual mientras asiente….

Me molesta por alguna razón.

[Para el rifle todavía es aceptable, la diferencia de presión no es tan exagerada, pero tu lanzador de arpones… Ni siquiera puedes dejarlo precargado, y después de que lo cargues, tiene un corto periodo de tiempo antes de que la presión lo haga explotar.

¿Cómo siquiera puedes disparar eso sin que se te disloque el brazo?

Siempre me pregunté por qué tenía esa potencia anormal.

¿Conoces a un ingeniero?

¿Un artesano?

¿Puedo conocerlo?] [¿Cómo sabes que no lo estás viendo?] [Sí, imposible.] [Hija de… Lo que sea, el niño rata siempre supo que eras la única útil de tu equipo.

Buen trabajo.] [Jejeje, gracias.] [¡¿QUÉ DIJISTE?!] [¡GYAAAAAAAAAAA!] Contrario a la feliz Ana, Jennifer afinca las manos en la espalda de Astrad con enojo, haciéndolo gritar.

[Ah… Se me están durmiendo las manos…] ¿En serio?

¿Qué pasa con esa pomada tan efectiva?

[Kekeke, te lo mereces, perra.

¡GYAAAAA!] [Aún no se me duermen por completo, je] [Maldita, vas a ver.] Solo puedo suspirar resignada.

[Astrad, sé que esto es mucho pedir, pero seamos racionales.

¿Qué puedes hacer en ese estado?] —digo finalmente, mientras Sophie regresa con bocadillos.

[Ñom, ñom… Lo mismo que podía hacer cuando fui a buscar a Louise a la escuela o cuando me peleé con los pandilleros.

Ñom, ñom.

En teoría, nada de nada.] Y, por supuesto, lo primero que hace es bloquear mi argumento con hechos.

Sí, desde el comienzo, salir de su casa ya era una conducta irracional.

Pero aquí estamos.

[¿No puedes al menos esperar un poco?

¿Qué es un día?] [El niño rata quiere ir ahora] —dijo, lanzando otro bocadillo a su boca antes de comenzar a organizar sus cosas.

[¿Tu instinto de nuevo?] —preguntó Jennifer.

[Kekeke, me conoces bien.] Solo puedo suspirar resignada.

Eso que él llama “instinto” era una de las razones recurrentes de sus visitas a la dirección.

Pero, por mucho que odie admitirlo, suele estar en lo correcto.

Y es particularmente bueno para juzgar a las personas.

[Por cierto, ¿a dónde vas?] —preguntó Sophie.

Entonces recordé que, de hecho, no sabemos por qué Astrad iba a la ciudad.

[A la Estación Principal de Policía.] [[[[¿QUÉ?]]]] Instintivamente soltamos un grito.

………………………………………… ——– Punto de vista de Astrad ————- [Esta es la última oportunidad.

El niño rata no se hace responsable de sus vidas.] En la puerta del apartamento, lo confirmo por última vez con Carla y el resto de las chicas del comité disciplinario.

[Nadie lo hará incluso si nos quedamos.] [Eso… Lo que sea.] Quiero quejarme con Carla, pero tiene un punto.

Según su historia, la “zona segura” de nuestro pueblo fue abandonada, por eso iban a la “zona segura” de la ciudad.

Ellas también encontraron las noticas de la estación de policía sitiada.

Pero, aunque el abuelo de Carla y el padre de Sophie, deberían estar allí.

No fueron lo suficientemente estúpidas para querer ir allí desde el principio.

El único lo bastante estúpido para ir a una misión suicida soy yo….

Me acabo de deprimir.

[Vamos entonces.] – Digo y avanzo.

Si lo pienso mucho me arrepiento.

Respecto a por qué no las dejo tiradas con palabras bonitas como “traeré a sus familias”, incluso cuando técnicamente les debo un favor y tengo que pagar, es precisamente porque les debo un favor.

La comida del apartamento estaba casi acabada, lo que significa que necesitarían salir a buscar más, algo que puede ser peligroso incluso si solo buscan dentro del propio edificio.

La otra opción es separarnos, que ellas vayan a la “zona segura” mientras yo voy a la comisaría.

Incluso más peligroso.

[Uno, dos, tres, cuatro… Faltan] —digo en la puerta del edificio después de voltearme para contarlas.

[[[¿Ah?]]] Las cuatro ponen caras de estúpidas.

Incluso Ana echa una segunda mirada al gato desmayado en sus brazos.

[La última vez, el niño rata consiguió cinco zorras en un solo viaje.

Necesito al menos una más para mantener el ritmo de farmeo.] Solo lo mejor para el niño rata.

[[[…]]]] Las niñas me miraron sin entender unos segundos, pero pronto sus caras cambian de color.

[[[[¡VÁMONOS DE UNA VEZ!]]]] [¡GYAHAHAHAHAHAHA!] De vuelta al infierno.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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