Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 67

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El niño rata sobrevive al Apocalipsis
  4. Capítulo 67 - 67 CAPITULO 19 GORILA
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

67: CAPITULO 19 GORILA 67: CAPITULO 19 GORILA ———– Punto de vista de Astrad ———– [¿Era necesario incendiar el hotel?] —Carla se queja tan pronto como llego al tejado.

[No creo.

No.] [¿Para qué lo haces entonces?] [Para más placer.] Técnicamente tenían arqueros, pero, en su mayoría, solo quería hacerlos explotar.

[Ummm.] Sí, así.

Tu desdén me alimenta, ¡gyahahaha!

“Tak, tak.” [La puerta está cerrada] —dijo Sophie, tratando de forzar la entrada del tejado.

[Tengo la llave] —le respondo mientras saco la barra de metal de la maleta.

[Ey, solo llamemos.] [¿Qué pasa si nos confunden con enemigos y nos atacan?] Las chicas sugieren mientras levanto la barra frente a la puerta.

[Técnicamente tienen razón, pero ya saqué la barra de metal.] El niño rata no pondrá excusas baratas.

[¡Con mi permiso, gaaaaaaaaa!] [[[[¿ASTRAD?]]]] ““GRII.”” Cuando trato de irrumpir con educación, la puerta es abierta de improviso, golpeándome y mandándome al suelo.

¿Por qué mierda abre hacia afuera?

Pero antes de siquiera poder quejarme, un grupo de policías sale disparado y me inmoviliza en el suelo.

La figura que vine a buscar estaba entre ellos.

[Ey, ¿qué mierda?

No me toquen, changos mugrosos.] ¿Así le agradecen a su salvador?

¿A este yo?

[¿A quién mierda le dices chango mugroso, mocoso malcriado?] “¡Pop!” La voz familiar entra en mis oídos, pero el golpe que desconectó mi conciencia no me dio tiempo de preocuparme por eso.

[Entonces, sí eras tú…] [Por esto yo… aún no tengo un nuevo tío…] Con un reencuentro así, perdí la conciencia.

…… [Un techo diferente…] [¿En serio vas a empezar así?] [El niño rata trata de poner el ambiente, no ayudas.] Me levanto de la cama con un maldito dolor de cabeza mientras me quejo de mi tía.

No tengo mis preciosas cosas encima.

[¿Hum?] [Yo las tomé.

Están confiscadas.

¿Por qué tenías todo eso?] Si es la tía, no importa.

[¿Por qué no lo tendría?] [Siempre lo mismo contigo.] [Ouch, ta, ta, ta… ¿Qué demonios?

Siento como que un gorila me golpeó la cabeza.] [¿Quieres otro?] Miedo.

[El niño rata protesta por el trato injusto.

Aunque vine como un ángel bien parecido, confiable, sexi, hijo de Odín, discípulo de Zeus…] [Sí, lindo, muy lindo.

Luego hablaremos de tu castigo.

Por ahora, vamos a la sala de recepción.

Tenemos que hablar con los demás.] El niño rata sabía que esto terminaría así.

El niño rata sufre.

[…¿Milia?] [La dejé en casa.] [Ahhh… Gracias a Dios.] La tía se limpia la lágrima que amenaza con salir, pero, tal vez por la situación general, se mantiene firme mientras procesa las buenas noticias.

[Dios mi trasero.

Fue el niño rata.] [Después de todo, ¿quieres otro?] —dijo mientras levantaba el puño.

[Me callo, me callo…] ¿Por qué ese puto de Dios siempre se lleva el crédito del niño rata?

Exijo un juicio por usurpación de identidad.

————– Punto de vista de Flora ———- En la sofocante habitación, cargada de una tensión casi palpable, el silencio parece saturado con pólvora, a la espera del primer chispazo.

[[[[[…]]]]] [Esto… ¿está realmente bien?] —pregunta Carla en un susurro.

Detrás de ella, sus compañeras también me miran nerviosas.

Todas son chicas que ya conozco, especialmente Carla y Sophie, ya que su padre y abuelo son mis compañeros de trabajo.

Sin embargo, las niñas que normalmente traen un soplo de aire fresco a la ajetreada oficina, ahora se mantienen en silencio, cubiertas detrás del mostrador de recepción junto a mí.

[¿No es obvio?

Con tu abuelo aquí, si ese alcalde imbécil hace algo, usarán sus huesos como mondadientes] —digo con palabras reconfortantes, pero honestamente, yo misma no me las creo del todo.

Aun así, lo que más me sorprende es la respuesta de las niñas.

Aunque en la superficie siguen sonriendo como chicas de su edad, en sus ojos hay un brillo más profundo mientras, discretamente, analizan la situación, ajustando sus equipos de protección improvisados y armas blancas.

(Esto es lo que pasa cuando eres forzado a sobrevivir… Me pregunto si mi niña también es así) – pensé, medio orgullosa y medio entristecida por las niñas que habían perdido una parte de su juventud.

Pero al menos, aún están vivas.

[Wiston, esta tontería ha durado lo suficiente.] La desagradable voz del alcalde Aníbal me obliga a salir de mis pensamientos y volver a la realidad.

Frente a nosotras, los dos bandos se mantienen firmes el uno contra el otro.

[Por una vez, estamos de acuerdo] —respondió el Jefe Wiston, mientras su mano se acercaba a la funda de la pistola en su cintura.

[¿W-Wiston, ¿qué pretendes?] —Aníbal inmediatamente se tensa y retrocede, mientras sus guardias también mueven sus manos hacia sus armas.

Por supuesto, mis compañeros policías toman posiciones similares.

No hace falta decir lo que pasará si ambos bandos se enfrentan, pero eso no cambia el hecho de que puede haber bajas no deseadas de nuestro lado.

Después de todo, incluso un disparo equivocado puede desencadenar una matanza.

[¿Qué crees que hago?

Bajen sus armas.

De aquí en adelante, serán tratados como refugiados comunes.

Y tú, entregarás los códigos de la armería.

Ahora.] Aníbal se estremeció ante la mirada asesina de Wiston.

Aunque había tenido arrebatos hacia él antes, es la primera vez que el jefe se pone serio y esto, por supuesto, es suficiente para alterar a un político patético como él.

Es probable que no entienda la raíz de este cambio de 180°, pero todos nosotros lo tenemos claro: con su nieta aquí, el jefe no está dispuesto a tolerar el más mínimo error.

[Wiston, déjate de tonterías.

Esta discusión ni siquiera tiene sentido.

¿No es obvio que debemos matar a esos monstruos?

Además, si los analizamos, podría ayudar a encontrar una manera más eficiente de enfrentarlos.] Aníbal señala hacia acá.

Por supuesto, no es a mí ni a las chicas; es a las dos pequeñas goblins que están siendo protegidas por Carla y las demás.

En principio, no se equivoca.

Todos nos sorprendimos y tuvimos la misma idea cuando las vimos al comienzo.

Pero tras la explicación de las chicas, decidimos mantenerlas bajo vigilancia.

Todo estuvo bien un rato mientras nos poníamos al día y aprovechábamos las provisiones que las niñas habían traído.

Pero luego tenía que llegar este imbécil a molestar, como siempre.

[¿Huhuhu, ahora te importa la eficiencia?] —ante la despectiva respuesta de Wiston, Aníbal cerró la boca.

No pude evitar reír con sarcasmo.

Después de todo, ¿por qué estamos en esta situación en primer lugar?

Ese maldito gobernador y su grupo de guardaespaldas no han hecho más que ignorar las sugerencias del jefe hasta ahora, llevándonos a la situación actual.

La sugerencia de moverse a la zona segura y crear un frente conjunto fue descartada por él.

La horrible idea de asegurar un perímetro excesivamente grande también fue obra suya.

Tampoco pudimos asegurar suficientes provisiones o barricadas porque prohibió que saqueáramos las tiendas y casas cercanas en busca de materiales útiles.

Y para colmo, las armas más útiles están restringidas porque este imbécil no da los códigos de autorización.

Desde el comienzo, usó su posición para amenazarnos y tomar el mando.

¿Un mundo apocalíptico donde el rango no importa?

Eso solo es verdad si de verdad es imposible repeler la crisis.

Aún es muy temprano para decir que es imposible regresar a lo que fue.

Y si no tienes cuidado, podrías encontrar graves problemas cuando la civilización regrese a su estado normal.

Dicho esto, tu vida aún será prioridad.

Pero para los adultos, no solo nuestras vidas están en juego.

[Yumi, más te vale que muevas tu trasero] —no puedo evitar murmurar frente a la situación, que está a un mal movimiento de volverse una balacera.

Incluso si intervengo, no puedo hacer mucho por mí misma.

Pero mi apoyo ahora está cuidando a su sobrino… obviemos la parte en la que ella misma lo noqueó.

[Por cierto, algún imbécil rompió tu ventana y bebió tu cerveza.] [¿Rompiste mi ventana?] [No yo, algún imbécil.

No vi quién.] [Ahh, olvídalo.

Hablaremos en la casa.] [Pero no fui yo.] [Sí, claro.] Finalmente, la voz que más necesitaba escuchar viene desde el pasillo a un lado, aparentemente discutiendo con una voz masculina.

[[[[¡Astrad!]]]] ““Griaaa.”” No pude evitar levantar la ceja ante el murmullo de las niñas, y fue aún más increíble ver ese brillo en sus ojos.

[Supongo que… llegamos en mal momento…] —finalmente, la voz de Yumi rompe el silencio de la habitación.

A su lado, un adolescente con una cara que grita: “Ninguno de ustedes me importa una mierda”.

En la superficie, un adolescente promedio.

Pero en la práctica, malas noticias móviles.

El sobrino (autoproclamado) de Yumi.

Un compañero de instituto de mi hija.

Astrad, una celebridad por todas las razones incorrectas.

Con un historial delictivo más grueso que una guía telefónica y, al mismo tiempo, el remitente más popular para regalos y cartas de agradecimiento.

Aunque se calmó considerablemente el último año, fue por mucho tiempo la razón por la cual Yumi era igual de conocida en la sede del pueblo vecino que en la nuestra.

Después de todo, tres de cada siete días, tenía que pasar por allí a recogerlo o a solucionar algún problema.

A veces el problema era tan grande que tenía que ausentarse.

Aunque comencé a trabajar aquí hace poco más de dos años, e incluso teniendo un año de relativa calma, su nombre ha logrado dejar una fuerte impresión en mí.

Y ese mismo niño ahora camina directo hacia mí, ignorando a todos en la habitación como si fuesen ruido de fondo.

[Parece que se despertó de malas…] [¿Cuándo no está de malas?] [De todos modos, no lo interrumpan por ahora.] La conversación secreta de las niñas detrás de mí no me genera confianza.

Y Yumi, a lo lejos, con un gesto de disculpa y una cara que parece gritar “por favor, aguanta un poco”, ya me hizo enojar a mí.

“¡Tin-tin-tin!” Como si temiese defraudar mis expectativas, el mocoso llegó al mostrador y comenzó a presionar la campana con molesta insistencia, como si me llamase, pese a estar claramente frente a él, observándolo.

[Servicio, servicio] —dijo sin dejar de presionar la campanilla, sus ojos destellando un placer mórbido, pero debajo, había algo más, cierto cálculo.

Lo he visto antes.

Como recepcionista, obligada a tratar con innumerables personas, me volví sensible a sus intenciones ocultas.

Y la intención de este mocoso se volvió obvia cuando la tensa atmósfera se convirtió en estupor e intriga.

Este mocoso, oculto en acciones aparentemente irracionales, con solo unos simples movimientos, nos había atrapado en su flujo.

(Interesante) – pensé mientras me sentaba en el asiento de recepción.

[Estoy justo frente a ti, ¿eres ciego o estúpido?] [¿Es esta la manera de atender a tus clientes?] [¿Parecemos un hotel?

Lo siento, esta es la estación de policía.

No esperes mucho de un empleado público mal pagado.] Aquí, al igual que en mis otros trabajos, me apodan la Reina de Hielo.

Es porque no dejo que mis emociones se muestren.

Pero no puedo evitar molestar a este niño frente a mí.

En parte para ayudar a su teatro y en parte porque es interesante.

[El niño rata admite su error.

Pero el niño rata no está aquí para escuchar la histórica vida de una policía promiscua, el niño rata viene a presentar una denuncia.] Pensándolo mejor, es solo un maldito mocoso malcriado.

[Tsk, lo siento, el horario de atención ya acabó.] [Perra, ¿y cuándo inicia?] [No lo sé, ¿cuándo te vas?] [Cuando se te venga en gana atenderme.] [Entonces, te recomiendo que esperes sentado.] [El niño rata tiene un chocolate.] [Estimado ciudadano, ¿en qué puedo servirle?] Tomo el chocolate del chico y me dispongo a atenderlo.

Es fácil cuando el cliente conoce las buenas costumbres y es justo el tipo de chocolate que me gusta.

[El niño rata se siente indignado.

No solo el mugre transporte público no funcionó por días; cuando llegué aquí para quejarme, un gorila casi me arranca la cabeza.

¿Por qué el niño rata tiene que pasar por todo esto, aunque se esfuerza tanto para evadir sus impuestos?

Devuélvanlos, devuelvan el esfuerzo del niño rata.

¡Devuelvan el impuesto que nunca pagó!] [[…]] Cuando todos quedamos en shock… “¡PACK!” Yumi, mi compañera, asalta a Astrad a una velocidad vertiginosa y estrella su puño contra su cabeza.

[¡GYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!] Astrad, que fue asaltado por el “Gorila”, se pone en cuclillas con las manos en la cabeza y grita de dolor.

[Ojojo, parece que este niño aún está medio dormido.

No se preocupen, ahora sí debería estar despierto.] [Gukkk.] Al final eres solo un niño malcriado… [Tsk… de todos modos, esto no ha terminado.] Mientras estábamos distraídos por Astrad, Aníbal demostró que no es tan estúpido como aparenta y se mantuvo al margen con sus guardaespaldas.

Los demás nos miramos y, tras una deliberación silenciosa, asentimos y decidimos dejar las cosas así por el momento.

En un instante, las manos se alejaron de las armas.

Misión cumplida… supongo…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo