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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 78

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78: CAPITULO 30 ANDRAS 78: CAPITULO 30 ANDRAS El eco de los disparos en el exterior había cesado hacía apenas unos segundos, pero en los pasillos de la comisaría, el silencio se volvió más opresivo que el ruido.

La luz parpadeaba como una respiración irregular, bañando las paredes con un tono enfermizo.

[Felix, Ron, reporte.] Frente a la puerta del almacén, Yumi miró la esquina al final del pasillo y llamó con los ojos entrecerrados.

[Felix, Ron] —insistió cuando no obtuvo respuesta.

Pero solo recibió el silencio.

[Iré a revisar] —dijo Flora, dando un paso adelante, pero Yumi la detuvo con la mano.

[Ayúdenme a bloquear esto] —dijo mientras cerraba la puerta del almacén.

El sonido del cerrojo encajando resonó más fuerte de lo normal.

Era un ruido que parecía cargar algo más profundo que la simple seguridad.

Todas entendieron inmediatamente su intención y comenzaron a agrupar objetos en la puerta.

En el proceso, Yumi observó a la ocupada Margareth.

[Las cámaras fueron destruidas] —dijo Margareth sin dejar de trabajar, anticipando la pregunta de Yumi.

Yumi apretó los dientes, pero no dijo nada y siguió apilando muebles.

[Tsk.

¿Por qué los estantes están pegados al suelo?] —maldijo Teresa, que intentó sin éxito mover uno de los estantes.

[Obviamente por seguridad.] [Tu seguridad me hace sentir insegura.] Flora no encontró palabras para responderle a Teresa.

Porque, por ilógica que fuese su queja, la realidad hablaba por sí sola.

Los protocolos diseñados para protegerlos en tiempos de paz —anclajes antisísmicos, cerraduras automáticas, sistemas de contención— ahora eran grilletes.

Cada pasillo se sentía como una trampa y cada puerta, una apuesta.

“¡Crack!” Antes de que pudieran pronunciar cualquier otra palabra, la manija de la puerta giró.

“¡Crack!

¡Crack!” Primero con calma, como una persona que trata de abrir una puerta casualmente.

“¡Crack!

¡Crack!

¡Crack!

¡Crack!

¡Crack!

¡Crack!

¡Crack!

¡Crack!” Pero rápidamente, comenzaron los forcejeos.

El sonido metálico del picaporte se convirtió en un lenguaje: la impaciencia del invasor, el peso de muchas manos al otro lado.

Yumi y las demás se tensaron, pero no se detuvieron; una tras otra, las cajas se apilaban contra la puerta.

“¡BOM!” [Al suelo] —gritó Yumi cuando resonaron los disparos, seguidos del chirriante sonido del metal chocando.

“¡BOM!

¡BOM!” Varios tiros más siguieron.

Las personas al otro lado disparaban a la cerradura de la puerta.

Al mismo tiempo, las chicas se hacían a un lado para evitar ser alcanzadas por una bala perdida.

“¡GRIIII!” Las goblins y el gato gruñeron.

Flora había sacado su pistola y el resto de las niñas levantaban sus armas blancas.

“¡Pop!

¡Pop!” La puerta comenzó a ser empujada a la fuerza, haciendo retroceder lentamente la barricada.

[Rápido, formemos una barricada alrededor de Margareth] —ordenó Yumi nuevamente, lo que hizo que todas dudaran por un segundo.

Pero rápidamente bajaron sus armas y volvieron a apilar cualquier cosa a su alcance, esta vez como un muro alrededor de Margareth.

[Jefe, esto se puso difícil] —Yumi habló por la radio, sus ojos fijos en la puerta que seguía siendo golpeada y empujada.

La pequeña rendija ya hacía posible ver vestigios de la turba al otro lado.

Pero la respuesta que recibió, lejos de ser un salvavidas, hizo que la tez de Yumi se oscureciera.

[Qué casualidad… Aquí las cosas también están feas] —la voz de Wiston era tensa y los sonidos de disparos resonaban sin cesar a través de la radio, haciendo que un mal presentimiento atravesara la mente de Yumi.

[Astrad.

Ponlo en la radio] —exigió inmediatamente sin siquiera preguntar por la situación.

[…Me temo que es imposible…] —dijo finalmente Wiston, tras unos segundos de silencio.

Ante sus palabras, el corazón de Yumi se saltó un latido.

[¿Dónde está?] —preguntó, sus ojos ya inyectados en sangre.

El resto de las niñas también estaban atentas.

Su necesidad de escuchar la respuesta no era menor a la de Yumi, pero sus manos no se detenían.

“Continúa moviéndote sin importar qué”, un hábito que ya se les había grabado a fuego por Astrad.

Pero las siguientes palabras de Wiston hicieron que todas se paralizaran en su lugar.

[Está en medio del campamento goblin, peleándose con toda la horda…] Los labios de Yumi temblaron ante la respuesta ilógica, pero de alguna manera, no inesperada.

No solo ella, los ojos de todas temblaron por la conmoción.

Pero antes de que ninguna pudiera reaccionar.

[Yumi… Nos estamos quedando sin balas y el calibre que tenemos no puede detener a ese jefe orco… si tu misión falla…] —la voz de Wiston presagiaba una realidad siniestra, pero Yumi no le dio la oportunidad de terminar.

[No fallaré] —ya fuese intencional o no, la voz de Yumi cambió de repente.

Fría, con un destello de intención asesina, pero por encima de todo, decidida.

[…Jejeje, entonces mueve tu trasero aquí con las malditas armas.

Cambio y fuera.] [Sí, cambio y fuera.] Cuando Yumi dejó su radio a un lado.

“¡CRACK!” Una turba furiosa entro mientras lanzaba maldiciones.

Parecían moverse con un propósito unificado, sus pasos arrastrados y sus miradas vacías fijas en yumi y las demás.

Ignoraban los tropiezos, impasibles, como marionetas guiadas por un mismo hilo invisible.

Las chicas rápidamente se agruparon detrás del rejunte de cajas que a duras penas podía llamarse un obstáculo.

[¡Monstruo!] —gritó un superviviente mientras levantaba su arma.

Tanto Yumi como Flora la reconocieron como el arma de su compañero.

Pero no se dieron tiempo para sentir el dolor de la pérdida.

“¡Bang!” [¡ARGGG!] Resonó un disparo, seguido de un grito iracundo, cuando Yumi disparó su arma y la bala golpeó directamente el arma del refugiado.

“¡Bang!” Resonó otro disparo.

Esta vez era Flora, que no se había quedado atrás.

Su disparo certero atravesó la cabeza del otro refugiado armado.

El cuerpo sin vida se desplomó en el suelo, con el arma aún sostenida en su mano.

“¡Bang!” Un segundo disparo de Yumi golpeó el arma del hombre, inutilizándola también.

[[[[…]]]] Todo pasó en segundos.

El silencio que siguió fue casi antinatural.

Solo el teclear frenético de Margareth probaba que el sonido no había sido robado del mundo.

Pero en el impulso frenado, Yumi no se relajó; por el contrario, un escalofrío recorrió su espalda.

La turba se había detenido, pero no había pánico.

No había gritos.

Sus rostros no mostraban el shock del miedo, solo una paciencia vacía y expectante.

Las demás también sintieron que algo andaba mal.

No era solo su reacción antinatural, el físico de las personas también era anormal.

Ojos desenfocados inyectados en sangre, piel pálida con venas moradas hinchadas, y una quietud que era más aterradora que cualquier grito.

[Por fin muestran su verdadera cara] — una voz profunda se escuchó desde el pasillo.

Era una disonancia que helaba la sangre como si dos personas hablaran en perfecta sincronía; un barítono suave, superpuesto a un susurro áspero y antiguo, como el roce de la arena sobre un cristal.

Pero lo más escalofriante es que, desde lo más profundo de sus corazones, una extraña sensación de familiaridad y anhelo surgió.

[Algo definitivamente está mal] —masculló Teresa, sus ojos fijos en la entrada brillaban con un filo peligroso.

[Ustedes que juraron proteger y servir] —la voz del pasillo se hizo más fuerte a medida que las personas seguían ingresando al almacén, para dar paso a su mesías.

La devoción manifiesta en sus rostros hizo que Yumi frunciera el ceño, mientras recordaba un caso similar que había enfrentado hacía años.

Aunque esta ocasión era mucho más extrema.

[Hoy recibirán su justo castigo por jurar en vano] —dijo Aníbal, finalmente entrando al almacén con paso tranquilo.

Pero ya no era el alcalde que conocían.

Su piel se había vuelto antinaturalmente pálida, y las sombras deformes detrás de él parecían inclinarse, como si lo saludaran.

Sus ojos, una vez marrones, ahora tenían un tenue brillo dorado.

Su sonrisa benévola desprendía un carisma difícil de ignorar.

A su alrededor, el resto de los supervivientes lo idolatraban a la vez que maldecían a Yumi y las demás, cuya tensión se había disparado a máximos desde que vieron a Aníbal.

Una inquietud presionaba sus corazones como si una mano invisible los apretara.

[Arrepiéntanse…] —trató de hablar Aníbal mientras extendía los brazos.

“¡Bang!” Pero fue acallado por el disparo de Yumi, que impactó justo en su frente.

[[[[…]]]] Una vez más, la habitación quedó en completo silencio.

Aun asi… ningún cuerpo se desplomó en el suelo.

En su lugar, la sonrisa benévola de Aníbal comenzó a ensancharse, lenta, antinatural.

Las luces parpadearon.

La temperatura descendió bruscamente.

El aire se volvió denso, cargado de una electricidad fría.

En la pared detrás de Aníbal, su sombra se deformó: el contorno de un hombre con alas abiertas, con la cabeza de un búho y una espada de humo en la mano.

[Huhuhuhu.] Incluso con un agujero en la frente, la risa de Aníbal resonó por el almacén, mientras sus ojos dorados brillaban con un filo desquiciado.

…………………………………..

ENTRADA DEL DIARIO Nº: 066 NOMBRE CIENTÍFICO: Andras ALIAS REGIONALES: Textos Goéticos: El 63º Espíritu, Marqués Sembrador de Discordia Folclore de Campos de Batalla: El Ángel de la Masacre Hipótesis de la Red: El Patrón detrás de escena.

APODO (ASTRAD): El Coach Motivacional para Psicópatas 📊 EVALUACIÓN DE AMENAZA CLASIFICACIÓN: PARASITUS / ANOMALIA Su naturaleza es la de una anomalía, una entidad extra dimensional singular con una conciencia sádica.

Su conducta es la de un parásito, pero no de cuerpos, sino de conflictos.

Se alimenta de la energía psíquica liberada por las emociones más violentas: el odio, la ira, la traición y, sobre todo, la masacre.

NIVEL DE PELIGRO: ROJO (4 estrellas) La entidad en sí es invulnerable, pero su verdadero peligro es su capacidad para convertir un grupo de supervivientes tenso en un ejército de fanáticos con superpoderes.

No es un monstruo, es un traficante de armas demoníaco que cataliza guerras civiles.

La amenaza no es Andras, son tus vecinos después de haber charlado con él.

NIVEL DE AGRESIVIDAD: OPORTUNISTA La agresividad de un depredador social.

No crea conflictos de la nada; busca caldos de cultivo perfectos: refugios al borde del colapso, milicias con luchas de poder, grupos consumidos por la paranoia.

Espera la oportunidad perfecta para susurrarle al individuo más resentido y ambicioso, ofreciéndole la cerilla para quemarlo todo.

🧬 FICHA DE COMBATE (TL-DR) TIPO: Espectral (forma verdadera) / Humanoide (anfitrión poseído) AFINIDAD: Sombra / Psíquico (Discordia) 🎯 DEBILIDADES PRINCIPALES: Rituales de exorcismo o contención, Eliminación de su “campeón” y toda su facción (le obliga a buscar un nuevo “restaurante”).

📌 FORTALEZAS CLAVE: Corrupción mental y emocional, Potenciación Sobrenatural de grupos, Posesión de un anfitrión para canalizar su poder, Fomento de la violencia a gran escala.

📚 ORÍGENES Y MITOLOGÍA COMPARADA Fuente Primaria (La Llave Menor de Salomón): El grimorio del Ars Goetia es explícito y aterradoramente preciso.

Describe a Andras como “un Gran Marqués que aparece con cuerpo de ángel y la cabeza de un búho o un cuervo negro, cabalgando un lobo negro y portando una espada afilada”.

Su oficio, textualmente, es “sembrar la discordia” y se advierte que matará al mago y a sus compañeros si no se le trata con el debido cuidado.

Hipótesis de los “Campeones” (Análisis de Astrad): Mi teoría es que Andras es la fuerza anómala detrás de los peores líderes de sectas de la historia.

Figuras como Jim Jones o Charles Manson no eran simples locos carismáticos.

Eran los “anfitriones” perfectos: individuos rotos con una gran capacidad de persuasión.

Andras no los poseyó por completo, sino que los “potenció”, susurrándoles, dándoles ese carisma antinatural y guiando a sus seguidores hacia la masacre de la que él se alimenta.

No eran dioses, eran herramientas.

Dioses de la Guerra: Es el arquetipo del dios de la guerra en su faceta más oscura y traicionera, como Ares o Eris.

No el estratega noble, sino el que se deleita en la brutalidad del combate y la traición entre hermanos de armas.

📝 ANÁLISIS DETALLADO DESCRIPCIÓN FÍSICA Y SENSORIAL: Andras opera en dos niveles.

Su Influencia Parasitaria es su estado habitual: una presencia incorpórea que se manifiesta como susurros, un frío repentino o una sombra en el rabillo del ojo.

Cuando elige y potencia a un “campeón”, este irradia un carisma oscuro y sus ojos pueden brillar en la oscuridad.

Sin embargo, los pocos y confusos testimonios de supervivientes de sus masacres hablan de algo más: La Manifestación del Marqués.

En el clímax de la violencia, el anfitrión puede transfigurarse momentáneamente, o proyectar una imagen psíquica de la forma descrita en el Goetia: un ser angélico con una cabeza de búho oscura y vacía, blandiendo una espada de sombra.

Algunos relatos incluso mencionan la aparición de un “lobo hecho de humo negro” a su lado.

No es una posesión, es una revelación, un momento en que el titiritero se asoma al escenario para disfrutar del último acto.

COMPORTAMIENTO Y ECOLOGÍA: Es un catalizador de la violencia.

Se siente atraído por la “energía” de las comunidades humanas con un alto potencial de conflicto.

Identifica al individuo más susceptible a la corrupción y lo convierte en su agente.

A través de sueños y susurros, lo dota de poder y un propósito mesiánico, convenciéndolo de que la violencia es la única forma de “purificar” a su gente.

Una vez que su campeón ha consolidado el poder y comienza la masacre (una purga interna, un ataque suicida a otro grupo), Andras se alimenta de la explosión de terror, odio y desesperación.

Su objetivo no es la victoria de su peón, es la carnicería en sí misma.

☣️ PROTOCOLOS PROTOCOLO DE ENCUENTRO RECOMENDADO: HACER: IDENTIFICAR Y AISLAR AL “PACIENTE CERO”.

Cortar la cabeza de la serpiente antes de que toda la comunidad se infecte de su veneno ideológico.

Promover la unidad y la comunicación para evitar que las semillas de la discordia germinen.

NO HACER: Ceder a la paranoia o al tribalismo.

Escuchar los discursos del “nuevo líder”.

Creer que la violencia es la solución que de repente todos han aceptado.

Subestimar a un solo individuo que muestra un cambio de personalidad repentino y un carisma antinatural.

RELATO DE CAMPO (Extracto de un informe del FBI sobre el incidente de Jonestown, desclasificado): “…los testigos supervivientes describen a Jones en sus últimas horas no como un hombre, sino como un ‘ángel terrible’.

Hablan de una persuasión que iba más allá de las palabras, una ‘certeza’ que se contagiaba en el aire.

Varios mencionaron que, cuando empezó la masacre, la sombra de Jones en la pared no era la suya, sino la de ‘un pájaro gigante con una espada’.

Los analistas lo atribuyeron a la histeria colectiva y al cianuro.

Pero el patrón es…

inquietantemente consistente con otros eventos históricos.” 🎤 ANOTACIONES DE ASTRAD (LA ÚNICA MIERDA QUE IMPORTA): “Gran Marqués del Infierno, sembrador de discordia”.

Joder, hasta los demonios tienen títulos de trabajo más impresionantes que el mío.

Imagina poner eso en tu perfil de LinkedIn.

Este cabrón no es un señor de la guerra, es un puto consultor.

Un freelancer especializado en “optimización de conflictos”.

Llega a un refugio, ve que la gente se mira mal por la última lata de judías, y decide que es una excelente oportunidad de inversión.

Es la clase de “apoyo” más asquerosa de cualquier RPG.

No ataca, no tanquea.

Se queda en la retaguardia, le lanza un debuff de ‘paranoia nivel dios’ a tu escuadrón y un buff de ‘furia asesina’ a tu vecino, y se sienta a ver cómo se farmean los unos a los otros.

Y mientras tú y tu mejor amigo se apuñalan por un malentendido, él está ahí, comiendo palomitas y ganando EXP de vuestro sufrimiento.

Te mata sin ni siquiera entrar en el rango de aggro.

Y esa es la parte más brillante y más jodida de todas.

Andras no te obliga a hacer nada.

Solo encuentra ese pequeño interruptor de ‘hijo de puta’ que todos tenemos en el cerebro y le sube el volumen al máximo.

Te da el poder y la excusa perfecta para hacer lo que, en el fondo, ya querías hacer.

No es un creador de monstruos.

Es un puto cazatalentos.

Y el talento que busca es nuestra propia capacidad para jodernos la vida los unos a los otros.

Y, joder, el mercado está en auge.

………………………..

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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