El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 80
- Inicio
- Todas las novelas
- El niño rata sobrevive al Apocalipsis
- Capítulo 80 - 80 CAPITULO 32 APOYO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
80: CAPITULO 32 APOYO 80: CAPITULO 32 APOYO El aire en el almacén vibró como si el propio espacio recordara, de pronto, que existían fuerzas más antiguas que la razón.
Las cajas apiladas temblaron, los clavos crujieron en las vigas, y un polvo fino descendió en columnas.
La temperatura bajó tanto que el aliento de las chicas se volvió visible.
Cada respiración parecía más espesa que el aire mismo, como si el oxígeno hubiera sido reemplazado por agua helada.
La sombra detrás de Aníbal no tenía forma constante.
Se contraía, respiraba, se estiraba.
A veces parecía humana con alas plegadas; otras, una nube de plumas negras; luego, una deformidad que no debía existir en el campo de lo real.
Yumi dio un paso atrás sin notarlo.
Su cuerpo gritaba que corriera, pero su instinto protector la mantuvo firme.
Teresa levantó el bate con ambas manos, no para atacar, sino para evitar que le temblaran los brazos.
Carla y sus amigas perdieron la lucha contra el miedo y sus piernas cedieron, cayendo de rodillas.
Incluso las goblins y el gato, se habían encogido, incapaces de mirar al frente.
[Eso… no es humano] —susurró Flora.
El arma le pesaba tanto que parecía doblarle las muñecas.
La sombra inclinó la cabeza hacia ella.
Los ojos dorados se contrajeron en lo que podría llamarse una sonrisa.
[El miedo…] —susurró una voz que no era de este mundo—.
[Tan dulce como siempre~~~.] Una lámpara explotó con un estallido seco.
La oscuridad engulló media habitación.
Aníbal levantó la mano derecha.
Su carne se resquebrajó como porcelana vieja, las grietas extendiéndose por su brazo.
De ellas emergió un brillo líquido, dorado y oscuro a la vez, como mercurio fundido corriendo bajo su piel.
[Él me ha elegido] —dijo con devoción—.
[Yo soy su espada.] Yumi no respondió.
Solo miro por encima de su hombro.
[¡Chicas, atrás!] – gritó, su voz tenía un tinte de miedo, pero, sobre todo, una autoridad incuestionable.
Al escucharla, de una u otra manera, las chicas obedecieron.
Sin cuestionar, todas volvieron a juntarse detrás del muro improvisado que ahora, más que nunca, parecía un chiste cruel.
Las goblins también se recuperaron del estupor y corrieron junto a las demás.
El gato no retrocedió; miró a Aníbal con hostilidad, su pelaje erizado por completo, los colmillos desnudos y la cola en punta, siseando hacia la entidad.
[Me siento un poco humillada…] —Teresa no pudo evitar comentar al echar un vistazo a Margareth, agazapada detrás de una pila de cajas.
La programadora ni siquiera pestañeaba, no había una pisca de miedo.
Sus dedos danzaban sobre el teclado con una precisión inhumana, como si lo que sucedía fuera apenas ruido de fondo sin ninguna relación con ella.
[No huyan de la misericordia] —proclamó Aníbal.
La sombra se desprendió del suelo.
No caminaba ni volaba; aparecía y desaparecía en pulsos, dejando un rastro de distorsión sonora, como cuchillas frotándose.
Teresa fue la primera en reaccionar.
Algo invisible le rozó la mejilla y dejó una línea sangrante.
[¡Mierda!] —rugió, lanzando un golpe al vacío.
Yumi se lanzó y golpeó la cabeza de Aníbal.
El impacto fue como golpear una estatua de metal sólido, haciéndola estremecer hasta los huesos.
Anibal levantó la vista, con los ojos convertidos en charcos de oro líquido.
[Eres fuerte] —dijo, como quien admira una obra de arte—.
[Perfecta para ser mi primer mártir.] Su brazo se movió con una velocidad antinatural.
Yumi apenas logró inclinarse a tiempo; el golpe pasó rozándole la mejilla y dejó una línea ardiente.
El viento que generó hizo vibrar los estantes.
“BANG” Flora disparó.
El proyectil chocó contra la frente de Aníbal… y se aplastó como si hubiera impactado una muralla.
[¡Tsk!
¡Nada!] —gruñó ella, recargando.
[¡Apunta a los ojos!] —gritó Yumi, rodando hacia un costado.
El gato aprovechó el movimiento y saltó, clavando las garras en el pecho del enemigo.
Aníbal ni siquiera intentó apartarlo.
Solo bajó la mirada y sonrió.
El felino bufó, rasgando con fuerza, pero sus patas quedaron pegadas a la carne, como si algo viscoso las atrapara.
“¡NYAAH!” De pronto, una energía oscura salió disparada del cuerpo de Aníbal.
El gato fue lanzado contra la bóveda, golpeando con un sonido sordo.
“¡GRIII!” Las niñas gritaron al ver la escena y se lanzaron para ayudar al gato.
Por suerte, Jennifer fue lo suficientemente rápida y lo atrapó antes de que golpeara contra el suelo por la caída.
Mientras las niñas verificaban el bienestar del gato, Yumi corrió hacia Aníbal, pero la sombra la interceptó.
La silueta se materializó frente a ella: una forma humanoide, alas como cuchillas abiertas, rostro oculto tras una máscara de plumas negras y ojos que eran soles enfermos.
El miedo la paralizó un segundo.
Era como mirar un agujero hacia algo que no debía existir.
Pero la vacilación duró poco.
Yumi giró sobre sí misma y golpeó el abdomen de la criatura.
El impacto resonó como si hubiera chocado contra metal.
Una ráfaga de aire la empujó hacia atrás.
[¡JEFA!] —Teresa gritó y corrió en su ayuda, pero un brazo hecho de sombras emergió del suelo, tomándola del tobillo.
[¡Suelta, maldito!] —rugió, golpeando hacia abajo.
El brazo se deshizo como humo, pero otro surgió al instante, envolviéndole el cuello.
[¡TERESA!] —gritó Flora, disparando.
El disparo impactó en el brazo umbrío, que se evaporó.
Teresa cayó de rodillas, tosiendo.
[¡Gracias… cof…!] Aníbal se movía con paso sereno, como si nada le afectara.
Las balas seguían rebotando sobre él, como si chocaran contra una lámina de metal.
[No entienden…] —susurró abriendo los brazos—.
[No es poder lo que les falta, es fe.] Y fue justo en ese momento de casi total desesperanza.
“¡Clanck!” Un sonido metálico familiar, como el de un cerrojo pesado abriéndose.
[Está hecho~~~] —la voz perezosa de Margareth resonó en la habitación que se había quedado en silencio.
El contraste entre su tono y la situación era tan irreal que incluso Aníbal y su sombra tuvieron un tic nervioso en el ojo.
Por un instante, todos miraron a Margareth, que se estiraba perezosamente como si fuese una gamer que acababa de terminar su última partida de la madrugada.
Todo esto mientras la puerta de la armería se abría lentamente con un chirrido metálico.
[Ummm… ¿Um?
Cierto, estábamos siendo atacadas…] —finalmente, Margareth pareció recordar y miró atrás, solo para encontrar que todos la estaban mirando.
Entonces, su rostro se puso pálido.
[¡Hiii!
¡El primo feo del Coco!] —dijo, tratando de arrastrarse hacia atrás mientras señalaba la sombra, cuyos ojos dorados ya estaban fijos en ella.
[No sé quién seas, pero por favor no me lleves.
Mis pecados no son tan graves.
Incluso si lo son, al menos usa una máscara, estás bien pinche feo] —exigió, abriendo las manos delante de ella como si tratase de evitar una vista desagradable.
[[[Pájaros del mismo plumaje…]]] Yumi y las demás finalmente no pudieron evitar comentar la escena.
Incluso las goblins y el gato malherido tenían ojos vacíos mirando a Margareth.
[…Flora, RÁPIDO] —gritó Yumi, recuperándose primero del shock inicial.
Todas rápidamente despertaron de su estupor y comenzaron a ponerse en marcha.
Yumi y Teresa se pararon entre Aníbal y las demás, que ya se estaban apresurando hacia la armería.
[Huhuhu, ¿de qué sirve eso?
Armas o fe, ¿cuál creen que tiene más poder?] —dijo Aníbal después de recuperarse también.
Al escucharlo, Yumi esbozó una mueca despectiva.
[¿Por qué no te comes una granada activa y lo averiguamos?] —dijo con sarcasmo.
Pero Aníbal siguió sin inmutarse.
[No se puede dialogar con herejes] —dijo.
Teresa y Yumi rugieron con fuerza y se lanzaron contra Aníbal.
Golpearon su pecho con los bates, una y otra vez, hasta que el metal comenzó a doblarse con cada golpe.
Cada impacto hacía vibrar el aire mientras el traje de Aníbal era desgarrado.
Después de innumerables golpes, las grietas antinaturales en el cuerpo de anibal comenzaron a extenderse y acentuarse, el resplandor dorado que se filtraba desde ella se hizo más intenso, como si estuviera hecho de vidrio relleno de fuego líquido.
[¿No aprenden aún?] —preguntó Aníbal con indiferencia mientras su mano se movía a una velocidad antinatural.
[¡Cuidado!] —gritó Yumi, blandiendo su bate con todas sus fuerzas para interceptar el ataque que iba dirigido a Teresa.
[¡KUG…!] —apretó los dientes cuando el impacto resonó incluso en sus huesos y finalmente fue lanzada casi un metro hacia atrás.
[¡Anormal hijo de puta!] —gritó Teresa, quien aprovechó la pequeña brecha para evitar el golpe y siguió atacando.
Pero Aníbal solo la miró con una calma repulsiva.
[Este juego ha durado mucho] —dijo.
De su boca salió un aliento frío que condensó el aire.
Antes de que Teresa pudiera reaccionar, una fuerza invisible la lanzó hacia atrás, chocando contra una estantería.
El impacto fue tan potente que incluso el estante de metal se abolló y las cajas cayeron sobre ella.
El polvo la cubrió por completo.
[¡Teresa!] —gritó Yumi, corriendo hacia ella.
Aníbal alzó una mano, y la sombra detrás de él imitó el movimiento.
El suelo se abrió en una grieta que avanzó hacia Yumi como una lengua viva.
Ella saltó a un lado justo a tiempo, rodando entre los restos de muebles.
Entonces, la voz de Flora se escuchó desde la armería.
[A ver si esto es de tu talla] —dijo y, al siguiente segundo.
“BOM” El sonido fue tan ensordecedor que no se sintió como un disparo.
Era como una detonación.
Un trueno que hizo temblar el almacén hasta sus cimientos.
Instantáneamente, la cabeza de Aníbal estalló como un globo de agua, pero en lugar de agua o sangre, fuego dorado salpicó por todo el lugar.
“¡Pop!” Resonó el golpe seco cuando el cuerpo decapitado cayó al suelo, inerte.
En la pared del fondo, un enorme agujero humeante marcaba la trayectoria de la bala calibre 50.
Dentro de la armería, acostada en el suelo, Flora apretaba los dientes, tratando de aguantar el terrible dolor en el hombro por haber disparado el Barrett M82.
[¿Está bien?] —preguntó Carla, medio aliviada porque funcionara.
[Aún no] —respondió Flora, sus ojos fríos fijos, no en el cuerpo de Aníbal, sino en la sombra que seguía flotando sobre él, intacta.
[[[[…]]]] Por varios segundos todas miraron a la misteriosa figura que había dejado de prestarles atención y, en su lugar, miraba el cuerpo caído de Aníbal.
Flora ya la tenía en la mira, pero no se atrevía a jalar el gatillo.
Y entonces, por primera vez, la sombra mostró otro rasgo además de sus ojos.
Lentamente, una boca distorsionada se manifestó.
Comenzó como una línea espeluznante que parecía cortar la cabeza irregularmente de forma horizontal.
Finalmente, dientes como sierras se abrieron, revelando el brillo dorado del interior.
[Hahahaha.] Era imposible describir su risa, ni siquiera sabrías si catalogarla como tal.
No era ni humana ni animal; estaba más cerca del chirrido de la realidad desgarrándose.
El corazón de todas se apretó como nunca antes, como si un ser más allá de su comprensión estuviese juzgando si sería más divertido matarlas o dejarlas vivir para un nuevo juego.
Todas cayeron al suelo, gritando o ahogando gemidos.
Imágenes ajenas llenaron sus cabezas: guerras olvidadas, cuerpos incinerados, ciudades ardiendo bajo soles negros.
Voces en idiomas muertos susurraban promesas, culpas, plegarias.
Y cuando el dolor insoportable parecía a punto de impulsarlas a la locura.
[Mis felicitaciones al chef] —resonó la voz antigua y antinatural, justo antes de que la presión cesara y todo quedara en silencio.
Todo quedó en silencio.
[[[[…]]]] En la habitación, donde incluso los cadáveres y la sangre habían desaparecido sin que nadie lo notase.
[…¿Ganamos?] —preguntó finalmente Ana, su voz casi un susurro.
Y luego de un pausado silencio.
[Sobrevivimos] —respondió Yumi, poniéndose de pie con esfuerzo.
En su corazón, la certeza de que esta vez su suerte había sido mayor que su habilidad.
Pero en lugar de sentir impotencia o ira, caminó para ayudar a Teresa, que estaba luchando por salir de los escombros.
[Rápido, Astrad y los demás están esperando] —ordenó.
Ante las palabras de Yumi, todas salieron de su estupor.
Se vieron las unas a las otras, había miedo, pero también estaba la determinación para no rendirse.
[[[[¡EL APOYO VA EN CAMINO!]]]] Dijeron como un grito de guerra antes de comenzar a tomar lo necesario de la armería.
En sus corazones, una mezcla de incertidumbre y miedo que no se atreverían a mostrar hasta que todo estuviese terminado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com