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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 82

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82: CAPITULO 34 SIGUEME 82: CAPITULO 34 SIGUEME En medio del incesante caos de gritos y disparos, en el tejado de la comisaría, había una persona que parecía no pertenecer.

Con su rifle apoyado con precisión sobre un saco de arena, jhon respiraba con una calma helada.

Su mundo se había reducido a la retícula de la mira.

Las órdenes de Wiston, los gritos guturales de los goblins, el rugido de la camioneta de Carlos cargando hacia la horda…

nada de eso se registraba en su mente.

Su pulso era lento, metódico.

No era un soldado, pero entendía la violencia.

Y entendía el plan de Astrad, si es que a esa locura se le podía llamar plan.

No se trataba de ganar, ni siquiera de equilibrar.

Se trataba de soltar a todos los perros a la vez, de convertir el ejército del caudillo en una turba anárquica que se devorara a sí misma.

Un caos planificado con una precisión escalofriante.

[Ahhh…] —exhaló con una pausa ensayada, el vapor saliendo de su boca.

Su dedo apretó el gatillo.

“¡BANG!” El sonido del disparo se perdió en la sinfonía de la batalla, pero su destino tenía una importancia vital.

“¡Clank!” En un lugar donde ya nadie podía oírlo o, mejor dicho, a nadie le importaba, la cadena de uno de los sacrificios se rompió.

No fue el tigre; estaba demasiado cerca del trono del caudillo.

Aún no era el momento.

Fue la cadena que ataba al único goblin de piel grisácea entre los sacrificios.

Por supuesto, el más sorprendido era él mismo.

Pero no era una especie que se caracterizara por su agudo cálculo.

“¡GRIAAAAAAA!” Gritó, otro aullido más en medio del bullicio.

Pero su facción lo reconoció.

Un grupo de goblins cerca de la retaguardia vaciló, viendo a su líder capturado ahora libre.

La semilla de la rebelión había sido plantada.

[Recuerden, deben priorizar a las facciones más fuertes.

Debemos bajar sus números y equilibrar las facciones para que estén dispuestas a luchar entre ellas.] – Wiston recordó y todos asintieron.

Todos menos Jhon.

Su mirada ya estaba en el siguiente objetivo.

[Ahhh…] —otro soplido controlado.

“¡BANG!” Otro disparo preciso.

“¡GRAAAAAAA!” Otro sacrificio liberado.

Una bestia con aspecto de jabalí, que inmediatamente cargó contra el goblin más cercano.

Esta acción se repitió una y otra vez.

En medio del caos, el humo cegador y la adrenalina salvaje, los que una vez fueron sacrificios se alzaron en busca de su última esperanza.

Y lo más importante, los goblins no se unían contra ellos.

Ya fuese por indiferencia en medio de la adrenalina, porque pensaran que era parte de su macabra celebración o porque sus presencias se perdían en medio de la confusión y las revueltas, no había la más mínima señal de que alguien quisiera recuperar el control.

La confusión se volvió una plaga.

Goblins que habían estado vitoreando al caudillo ahora se veían forzados a luchar contra un monstruo liberado que los destrozaba.

La facción del goblin gris vio su oportunidad y comenzó a atacar, a los guardias goblins del caudillo.

La horda se estaba comiendo a sí misma.

Y la pieza clave en todo esto, el francotirador en la azotea, seguía exhalando con calma, un disparo a la vez.

Como si quisiera recordarle al mundo, que el caos más incontrolable, es aquel, que fue planeado con una precisión gélida.

Finalmente, solo quedó uno.

El gran premio.

Un gato gigantesco, atado con extremo cuidado justo al lado del trono.

Jhon centró la mira en las cadenas arrejuntadas que aprisionaban a la criatura.

El humo se arremolinaba, a veces dándole una silueta clara, a veces ocultándoselo todo.

[Ahhh…] Exhaló nuevamente, pero no disparó.

Lo sabía.

El caudillo orco podía bloquear la bala.

No era solo un conocimiento previo; era un sexto sentido, una advertencia subconsciente que le gritaba que estaba siendo observado por un depredador superior.

Así que esperó.

Su mundo se redujo a la respiración del orco, al movimiento del humo, la cadena.

No pensó en nada más.

Su ojo fijo en el objetivo.

Su dedo descansando sobre el gatillo.

Esperando ese momento justo.

Y entonces, Astrad se la dio.

“¡GRAAAA!” El jefe orco rugió, no de advertencia, sino de pura alegría, y saltó de su trono hacia la camioneta de Astrad, como un niño abalanzándose sobre su juguete favorito.

[Ahhh…] “¡BANG!” Todo pasó en un instante.

El jefe orco impactó contra la camioneta.

Astrad salió disparado por la ventana.

La bala de Jhon cruzó la plaza y reventó las cadenas.

Mientras todos contenían el aliento, el gato se levantó.

No gruñó.

No amenazó.

Solo se levantó y se abalanzó, un borrón de furia moviéndose a una velocidad que no tenía ningún sentido.

“¡BOM!” ………………………..

(Esto es malo) —Astrad lo supo desde el primer momento.

Tan pronto como su dedo rozó el botón rojo, cada fibra de su cuerpo se estremeció con una alerta tajante.

No sabía por qué, pero claramente había calculado algo mal.

¿Debía alejarse más de la explosión?

Tal vez.

¿Había tiempo?

Astrad miró la sonrisa petulante del jefe orco semi-enterrado en la camioneta y supo que era imposible.

[¡Vámonos todos al infierno, hijos de puta!] —dijo, no como amenaza o burla, sino con la fría certeza de que aquí acababa el juego.

Aun así, se protegió de la explosión con su escudo.

“¡BOM!” El rugido del C4 ahogo todos los demás sonidos, el silencio ensordecedor solo era perforado por un pitido agudo en sus oídos, acompañado con el calor abrazador que amenazaba con quemar sus huesos.

Luego, la fuerza.

Una patada de dios que lo arrancó del aire, lanzándolo hacia atrás como una muñeca de trapo.

Vio, en una fracción de segundo surrealista, al jefe orco siendo envuelto por la misma bola de fuego, su sonrisa aún intacta.

No, incluso más pronunciada.

Pero Astra no tenía tiempo para preocuparse por eso.

Ya había notado donde estaba el problema.

El impulso era demasiado potente.

Tanto que ni siquiera podría maniobrar su cuerpo para mermar el impacto con el escudo.

Sobreviviría a la explosión solo para morir aplastado contra el concreto a metros de distancia.

Y cuando su mente galopaba a su máxima capacidad en busca de una solución.

Detrás de él, una borrosa sombra apareció en el aire.

“¡GRRRR!” El tigre gimió de dolor cuando la espalda de Astrad impactó contra su costado con la fuerza de un proyectil.

[¿KUG…?] —Astrad soltó un gruñido ahogado.

No tuvo tiempo de pensar.

Ambos salieron disparados, atravesaron la puerta de cristal de un hotel cercano.

Se deslizaron por el vestíbulo, destrozando mesas de caoba, sofás de felpa y helechos decorativos, hasta chocar con un estruendo final contra el mostrador de recepción de mármol al fondo.

Durante una cantidad de tiempo indeterminada, el mundo pareció haberse quedado mudo.

Gritos, disparos, gruñidos.

Nada podía ser escuchado, como si un decreto real de silencio se hubiese manifestado en el mundo.

[Kohoug… todo… según… el plan…] —dijo Astrad, su voz un graznido roto.

Intentó moverse y un dolor agudo le atravesó el pecho.

Al final, termino tosiendo sangre mientras se sacaba de encima algunos escombros, su espalda aún apoyada en el gato detrás de él.

“Grrr…” La bestia herida se quejó, pero se esforzó por ponerse de pie, ayudando a Astrad a hacer lo mismo.

[Esto me va a doler mañana… Concluye el niño rata] —dijo Astrad mientras se tambaleaba.

Con costillas fracturadas, huesos astillados y quemaduras en su cuerpo.

De no ser porque se había aplicado la pomada adormecedora de Kiti antes de salir, ni siquiera podría moverse.

“Grrr.” El tigre gruñó, usando su cuerpo masivo para apoyar al tambaleante Astrad.

Sus cuencas vacías apuntaban a la entrada del hotel.

Astrad no mostro resistencia, su mano temblorosa se apoyó del lomo del tigre.

[Tsk, feo hijo de perra] —maldijo, su mirada también dirigida a la entrada, donde una enorme figura se alzaba entre el humo.

Sus ojos carmesíes miraron al dúo con un anhelo indescriptible.

En la azotea, Wiston también notó la enorme figura que se alzaba en medio de la devastación y sintió que se le helaba la sangre.

[¡MALDITA SEA!

¿QUÉ MIERDA HACEN?

¡ABRAN FUEGO, AHORAAAAAAAAAAAAAAAAA!] Rugió e, inmediatamente, una lluvia de balas cayó sobre el jefe orco.

Por supuesto, los ataques eran inútiles, pero Wiston solo tenía la esperanza de llamar su atención.

“¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!” Como si quisiera ser fiel a las expectativas de Wiston, el orco cargó hacia el hotel.

Olía a carne quemada y a metal sobrecalentado.

Su piel era un lienzo de destrucción: algunas partes negras y agrietadas como corteza reseca, exudando un líquido verdoso donde el fuego la había besado.

Trozos retorcidos de la camioneta, aún al rojo vivo por la explosión, estaban empalados en su cuerpo, hundidos tan profundamente que la carne siseaba y burbujeaba a su alrededor como si se cocinara desde dentro.

En las heridas más abiertas, el hueso amarillento y astillado asomaba obscenamente.

Una membrana translúcida y palpitante se arrastraba sobre las lesiones, tejiendo nueva carne a una velocidad grotesca, como un moho vivo que se alimentara del propio daño, cerrando las heridas no con piel sana, sino con un tejido cicatricial que bullía y se retorcía.

Pero el jefe orco no parecía enojado.

Parecía extasiado.

Aunque su velocidad había disminuido por sus piernas destrozadas, se abalanzó con una velocidad vertiginosa.

“¡CRACK!” Las paredes se rompieron cuando irrumpió con un impulso indetenible.

Los gritos de violencia salvaje habían vuelto a dominar la plaza.

Sus orcos estaban muertos.

Las facciones goblins se habían revelado y ahora se mataban entre ellas por el dominio.

“Guhuhuu.” Pero nada de eso le importaba al jefe orco.

[Tu risa es más horrenda que tú] —maldijo Astrad.

Y el jefe orco solo se volvía más feliz.

Con indiferencia brutal, agarró una de las columnas de mármol del vestíbulo y la empujo.

Con un crujido escalofriante, un gran pedazo se separó y salió disparado hacia Astrad y el gato.

Astrad chasqueó los dientes mientras él y el gato se hacían a un lado.

[¡Sígueme!] — le dijo al gato mientras sin pensarlo corría hacia las escaleras a un lado del vestíbulo.

“¡GRAAA!” El jefe orco, sin dudarlo, también se abalanzó.

[¡TÚ NO, HIJO DE PUTA!] “¡GRAAA!” nota: seria genial si pudieran dejar una reseña de la novela en el índice, de ante mano, gracias a todos por su apoyo, me alegro que disfruten la obra

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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