El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 84
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84: CAPITULO 36 EPILOGO 84: CAPITULO 36 EPILOGO Los últimos rayos del sol se aferraban al horizonte, tiñendo las nubes de un púrpura enfermizo.
El mundo, por un instante, pareció contener la respiración.
“¡BANG!” El rugido atronador del Barrett M82 hizo eco en la plaza.
Potente, dominante.
Mas que el sonido de un disparo, era como el martillo de Thor chocando contra las nubes, que amenazaban con desatar la tormenta.
Tal castigo de los dioses fue inmediatamente seguido por el escalofriante crujido de huesos pulverizándose.
Repentinamente, una sección de la cabeza del jefe orco, que estaba a punto de acabar con Astrad, pareció desprenderse como si hubiese sido atravesada por una imponente lanza.
“¡CRACK!” Crujió el suelo cuando el orco dio un paso adelante, tambaleante, en un intento por mantenerse en pie mientras, sus brazos caían sin fuerza.
“¡BANG!” El segundo disparo fue igual de devastador.
Impactó en el lado izquierdo del pecho, donde los humanos tienen el corazón.
No fue una herida limpia, era como una detonación.
La carne y el metal incrustado explotaron hacia afuera, dejando un cráter cavernoso y humeante, similar al que ahora atravesaba una esquina de su frente.
“¡CRACK!” El asfalto se destrozó cuando el jefe orco cayó pesadamente de rodillas.
Incluso así, moribundo, su tamaño era tal que Astrad todavía tenía que levantar la cabeza para coincidir con su mirada.
[[…]] Ni un alma se atrevió a moverse mientras ambos guerreros se miraban.
Y entonces, ambos sonrieron.
El Orco, con parte de la cara destrozada.
Astrad, con los labios partidos y ensangrentados.
Y aun así, las sonrisas cargaban una satisfacción incuestionable.
En los ojos del jefe orco no había ira, injusticia o remordimiento, solo el destello satisfecho de quien había vivido sin miedo y moriría de la única forma que importaba.
Y entonces.
“¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!” Gritó, no de dolor, no de miedo, mucho menos de rendición.
Miró al cielo enfermo y rugió con una satisfacción que no podía ser descrita con palabras.
En ese grito había victoria, alivio y una alegría infinita por la batalla concedida.
“¡BOM!” Finalmente, el rugido fue cortado con el resonar de una enorme explosión, seguido de una llamarada a espaldas del jefe orco que se había formado tras el impacto de un misil.
Y así, entre gritos y fuego, el jefe orco finalmente cayó de espaldas.
Dejando atrás el último retumbar que su existencia le daría a la ciudad.
[[[[[[………..]]]]]] El mundo pareció haberse detenido nuevamente a medida que las sombras de la infinita noche se apoderaban de la ciudad.
Los goblins, los refugiados e incluso algunos sacrificios con raciocinio que se quedaron hasta el final, miraban el cadáver humeante como si fuese una blasfemia impensable.
[Hehehe] —finalmente, la risa de Astrad rompió el silencio.
[Un bastardo realmente duro] —dijo, mientras prácticamente arrastraba su cuerpo destrozado hacia adelante.
Sin cuidado, se subió al pecho del orco, como si fuese un montículo de tierra y, por primera vez, era él quien lo miraba desde arriba.
Allí, apenas respirando y consciente, el jefe orco lo miraba.
Su regeneración obviamente se había deteriorado a prácticamente nada, pero en estándares humanos seguía siendo una recuperación visible y absurda.
Pero nada de eso le importaba a Astrad y, por supuesto, le importaba aún menos al orco.
[¿Alguna razón para ser tan terco?] —preguntó finalmente.
Pero no hubo respuesta.
En su lugar, aun con una sonrisa satisfecha, el orco cerró su único ojo bueno y, con sus últimas fuerzas, levantó ligeramente la cabeza, ofreciendo el cuello.
Al verlo, Astrad levantó una ceja.
Por supuesto, entendió el gesto con claridad.
Y entonces.
[He… hahaha…] [Hahaha.] [[ahahahaha]] Una vez más, la risa del monstruo y el chico se fundieron en una, un dueto que estremeció a quienes la escucharon.
[Loco hijo de puta] —dijo Astrad finalmente mientras tomaba uno de los enormes colmillos del jefe orco y tiraba de el, exponiendo la garganta.
Como si leyera la mente del niño, el gato, que había estado alerta todo el tiempo, se abalanzó contra la garganta del orco.
Pero su cuerpo estaba débil; sus garras y mordida eran insuficientes para terminar el trabajo.
Aun así, agitó su cuerpo, usando cada gramo de su energía para desgarrar esa garganta.
Y en medio de esa brutal escena.
[[Ahahaha]] Risas.
[[Ahahaha]] No agresivas, no condescendientes.
[[Ahahaha]] El jefe orco reía, su risa cruzada con gorgoteos de sangre seca que se acumulaban en su garganta.
[[Ahahaha]] Astrad también reía, su voz una mezcla de cansancio y terquedad.
De alguna manera, se obligó a usar su brazo destrozado.
La sangre salía de sus heridas abiertas como fuentes carmesíes, pero no le importó.
Con sus manos agarró ambos colmillos del jefe orco y jaló su cabeza con una fuerza sobrehumana.
[[AHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA]] La risa lunática se apoderó de cada rincón a medida que una extraña energía carmesí parecía parpadear entre Astrad y el rey orco.
Los goblins, cuyos corazones habían comenzado a llenarse con la expectativa del vacío de poder, se estremecieron de terror por la atmósfera que se hacía cada vez más opresiva.
“¡GRAAAAA!” El enorme gato también comenzó a cambiar rápidamente.
El vigor parecía volver a su cuerpo; en sus cuencas vacías emergieron ojos que brillaban de un ardiente carmesí.
Ignoró sus heridas y comenzó a desgarrar la garganta del orco con un desenfreno salvaje.
Pero sin importar cuán salvaje se volviera, la risa no se detuvo.
El sonido del hueso quebrándose, la piel desgarrándose y la sangre desbordándose, llenó la plaza.
Entonces, con un tirón que casi dislocó los hombros de Astrad, la cabeza del orco se separó del cuerpo.
[AHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA…] Al final, en la plaza solo la risa de Astrad resonó, mientras usaba sus últimas fuerzas para arrojar a un lado la cabeza decapitada del jefe orco.
Sin dudarlo, el tigre se abalanzó sobre ella, como si fuese el premio dado por su amo, y comenzó a devorar el cráneo del orco.
Parecía haber perdido el control por completo.
Sus colmillos rasgaban la carne y el hueso como si estuviese devorando al asesino de sus padres.
Astrad miró a los goblins aterrados a su alrededor.
Y con una sonrisa viciosa, dijo mientras inflaba el pecho: [¿Quién sigue?] Como si fuese una señal, el gato dejó de devorar la cabeza del jefe orco.
Sus enormes garras como sierras pisaron la cabeza decapitada y con impulso bestial rugió al firmamento.
“¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!” Ante el rugido que parecía capaz de devorar a los dioses, los goblins huyeron en todas direcciones, presas del pánico.
………………………………..
——————- Punto de vista de Flora —————- [[[[¡ASTRAD!]]]] “¡GRIII!” “¡NYA!” Tan pronto como llegamos a la escena en la maltratada camioneta, Yumi y las demás se lanzan hacia Astrad.
Toda la plaza está en la ruina absoluta, prueba de la guerra sin cuartel desatada.
Sangre, entrañas, restos mutilados, destrucción y los escombros de lo que una vez fue un campamento goblin.
Y en el centro de todo esto, Astrad, sobre el cadáver del jefe orco, contempla el vacío con una mirada perdida.
Su aspecto es anormal.
Sus ojos brillaban con una luz carmesí y la misma energía extraña bailaba por su cuerpo como una tenue chispa sangrienta.
Su pelo revoloteaba con un viento inexistente mientras el manto rojizo tiñe lentamente su pelo de rojo como tinta sobre el papel.
Y con cada respiración, liberaba un vapor rojizo, como si la sangre de su cuerpo se estuviese evaporando en tiempo real.
“¡GRAAAAAAAAAAA!” Yumi y las demás son obligadas a detenerse en seco, cuando ese enorme tigre suelta finalmente la cabeza a medio comer del jefe orco para saltar detrás de Astrad.
“Grrrrrrrr.” Sus ojos rojos estaban desenfocados, locos.
La misma energía carmesí lo envolvía.
Y en su boca, apretado entre sus fauces, había algo que brillaba.
No era carne.
Era un cristal enorme, como un rubí en bruto, pulsando con una luz roja tan intensa que dolía mirarlo.
No podía evitar preguntarme de donde saco eso ¿Estaba en la cabeza del orco?
“¡Clanck!” Mientras me sumergía en mis pensamientos, el cristal se destrozó en la boca del tigre.
Inmediatamente, comenzó a masticarlo y a tomar en el aire algunos de los pedazos que se le escaparon.
Y entonces.
“¡GRAAAAAAAAAAAAAAAAA!” El tigre volvió a rugir al cielo.
La corriente carmesí explotó, transformándose en un huracán de energía.
Sentí una presión invisible aplastarme, como si la gravedad se hubiera multiplicado, forzándome casi de rodillas.
Pero en medio de todo esto, Astrad no reaccionó.
[Astrad… Soy yo… mírame.] – la voz de Yumi temblaba.
Mira a Astrad con las lágrimas derramándose por su mejilla.
Las demás también tratan de llamarlo, pero solo consiguen silencio en medio de la devastadora tormenta.
[Entrégamelo.] —insistió Yumi, dando un paso adelante, pero solo recibió el gruñido bajo del tigre.
Por el contrario, la mirada de Astrad permanecía vacía, su usual sonrisa molesta reemplazada por una seriedad anormalmente salvaje.
[Tú eres el gato del puente, ¿no?
Estabas ayudando a Astrad, ¿cierto?
Nos conoces, no le haremos daño.] Las chicas parecen conocer al tigre y tratan de persuadirlo, pero este no parece muy dispuesto a escuchar razones.
Aun así, no ataca; solo se mantiene cubriendo al niño, como una madre que protege a su cría a toda costa.
[Astrad, por favor…] —Yumi fue la más atrevida, siguió avanzando sin importarle las amenazas del tigre.
Una parte de mí está asombrada de ver las lágrimas de una mujer, que una vez golpeó a un oso en la cara con una sonrisa.
Mientras que otra parte de mí no puede evitar entenderla.
Como amiga, como madre.
Ver el estado del mocoso siempre pícaro, reducido a lo que solo podía llamarse un cadáver caminante, era una escena simplemente insoportable.
[Ven con tu tía…] —Yumi finalmente logró poner su mano en la mejilla de Astrad.
Al mismo tiempo, su cabeza estaba prácticamente a medio camino en las fauces del tigre.
Todas conteníamos el aliento.
Bastaba un mal movimiento y en menos de un instante, todo acabaría.
Pero entonces, como si todo fuese una mentira, la extraña tormenta carmesí desapareció sin dejar rastro, junto a la sofocante presión.
Al instante siguiente, el cuerpo de Astrad se desplomó sobre Yumi, que se apresuró a sujetarlo.
Y el tigre no tardó en seguir su ejemplo, alejando sus fauces y adoptando una postura sumisa en su lugar, mientras el carmesí retrocedía de sus ojos, dejando atrás unas pupilas doradas.
[Está bien, estoy aquí, todo está bien ahora] —Yumi se desploma en el suelo entre sollozos mientras sostiene a Astrad.
Las demás rápidamente se apresuran a rodearlo y abrazarlo también, con lágrimas en los ojos.
Pero, aunque estoy aliviada, no puedo evitar sentir que algo anda mal.
Aunque ya no es una tormenta, ese extraño brillo carmesí sigue rodeándolos y el tigre no parece estar disfrutándolo particularmente.
Sin embargo, antes de poder decir nada, los rastros carmesí comenzaron a entrar lentamente en el cuerpo de las dos goblins y el pequeño gato blanco, que también se pegaba a Astrad.
Pronto, todos los destellos alrededor de Astrad y el enorme tigre fueron absorbidos por ellos tres, aparentemente sin darse cuenta, disminuyendo lentamente su intensidad.
Al mismo tiempo, el rostro de Astrad y el del tigre se vieron notoriamente aliviados.
[[[[…]]]] Wiston y los demás nos lanzamos miradas complicadas.
Pero antes de poder decir nada, Wiston puso su mano en mi hombro y negó con la cabeza.
[Hay mucho que aún no sabemos… Lo único que importa ahora] —dijo, su voz ronca por el humo y la tensión, mirando a Yumi y las chicas que lloraban a mares—.
[Es que sobrevivimos un día más….]
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