El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 91
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Capítulo 91: CAPITULO 6 EL CANTO DEL RIO
El amanecer siempre llegaba sin prisa al pantano, como si el sol estuviera demasiado cansado para subir. La luz se filtraba en hebras enfermas entre los juncos, tiñendo el agua de un verde turbio y estancado. El aire pesaba, impregnado con un olor a madera añeja, flores en descomposición y el aroma dulce de una infancia que se acaba.
Na’Risha caminaba detrás de su abuela, los pies descalzos chapoteando sobre las pasarelas vivas —troncos que respiraban y crujían como animales dormidos. Cada paso un sonido distinto: un silbido de madera, un goteo, un suspiro. Todo parecía tener alma en aquel lugar. Aun asi, para Na’Risha … el Agua… Se sentía apagada.
La Matriarca se movía con lentitud, envuelta en un manto hecho de escamas secas que reflejaban la luz como espejos rotos. Su voz, cuando hablaba, arrastraba siglos.
[Recuerda, niña. El rio escucha, no juzga.]
Na’Risha asintió con solemnidad, aunque no entendía del todo. Las palabras de la abuela eran como peces: se escapaban si intentaba atraparlas. Ella solo sabía que ese día era especial. “El Canto del Rio” —una ceremonia donde los infantes de la tribu eran formalmente presentados al río.
Cruzaron la última pasarela hasta llegar al corazón del pantano: un círculo de agua más oscura, tan quieta que reflejaba el cielo como un espejo sagrado. En torno a ella, los ancianos esperaban en silencio, sus ojos cerrados mientras sostenían piedras lisas en sus manos. El viento ausente como si el mundo contuviese la respiración.
La Matriarca levantó su báculo —una rama blanquecina cubierta de coral— y comenzó a cantar.
No era una canción humana. Eran sonidos líquidos, chasquidos y vibraciones de baja frecuencia que hacían temblar el esternón. Parecían formar ondas visibles sobre el agua estática. Na’Risha intentó seguirla, imitando cada nota con torpeza. Su voz era aguda, infantil, limpia, una gota de lluvia en un océano seco.
Por un momento, creyó ver algo: el brillo tenue de burbujas ascendiendo desde las profundidades, el reflejo del cielo agitándose con vida. El corazón le dio un salto. El rio la había escuchado.
Pero fue solo eso: un reflejo. El brillo se desvaneció. El agua volvió a quedarse quieta, muerta, sin eco.
La Matriarca guardó silencio, su rostro endurecido por una tristeza que no decía en voz alta. Los ancianos bajaron las piedras. Uno a uno, se marcharon en silencio.
Na’Risha se quedó atrás, observando el espejo inerte del agua. Le pareció que el pantano la miraba con tristeza. Como si quisiera hablarle, pero no tuviese la fuerza.
[Abuela… ¿por qué el río ya no canta?]
La Matriarca no respondió de inmediato. Se acercó a la orilla y hundió las manos en el fango tibio, dejando que las burbujas escaparan entre sus dedos. Cuando habló, lo hizo con un susurro que no estaba dirigido solo a la niña.
[… Él quiere, mi pequeña… Lo desea más que nadie… pero incluso el eco más glorioso… Eventualmente se perderá en el olvido…]
El silencio volvió a cubrirlo todo. Solo quedaba el murmullo distante de los insectos y el golpeteo rítmico de las gotas que caían de las hojas.
Na’Risha cerró los ojos. Imaginó que el agua seguía escuchando, aunque en silencio. Imaginó que algún día podría escuchar su voz, una vez más.
………
[Nada de nuevo…]
Na’Risha suspiró con pesar mientras dejaba caer la red de pesca.
Aunque desde el comienzo no tenía esperanzas, la decepción seguía siendo visible en su delicado rostro.
El tiempo había pasado con la indiferencia que lo caracterizaba y ese día Na’Risha cumplía 18 ciclos solares.
Pero la joven no sentía alegría alguna.
[No podemos seguir así…]
Murmuró, mirando con pesar sus alrededores.
El aire, antes espeso y fresco, ahora olía a polvo, azufre y escamas secas. El agua del lago había retrocedido de forma alarmante; lo que antes era un majestuoso río ahora eran en su mayoría charcos desconectados llenos de lodo pestilente. La aldea flotante había encallado; la madera viva que antes crecía desde las raíces ahora crujía con un gemido seco, quebradiza como hueso expuesto al sol.
El rio llevaba años sin cantar. Su voz, solo un eco en los recuerdos de los ancianos, que lentamente sonaban más a una fantasía que a una realidad.
Hablaban de cuando respondía a los rezos, de corrientes que vibraban con cada ofrenda y devolvían burbujas luminosas como risas de espíritus.
Pero también contaban con pesar cómo su voz se apagaba lentamente a través de los siglos.
Y ahora, solo había silencio, un silencio denso que se pegaba a las branquias.
Na’Risha creció con ese silencio, y aprendiendo a temerlo más que a los depredadores del río.
[Es hora de volver] – comentó mientras negaba con la cabeza, la red ya recogida en su espalda.
…………..
Na’Risha caminó a través de su aldea con desánimo que no se atrevió a mostrar en la superficie.
Cada nueva mirada que se le dirigía cargaba una esperanza pesada que rápidamente era reemplazada por decepción. Seguida por un asentimiento comprensivo y una reverencia respetuosa.
Cada vez que esto pasaba, Na’Risha sentía como si su corazón fuese perforado por una daga, pero no dijo nada.
Solo siguió caminando con normalidad, cada encuentro un saludo cariñoso y cordial.
[Ahhh…] – Na’Risha finalmente soltó un suspiro cansado dentro de su cabaña reseca.
[Supongo que la pesca fue mala] – desde el interior, la voz carrasposa de una anciana se escuchó.
[Sí…] – respondió Na’Risha adentrándose en la cabaña, donde se encontró con la matriarca del clan meditando en la sala.
[Abuela, yo…] – Na’Risha trato de hablar mientras se sentaba en el suelo frente a la matriarca, pero fue detenida con un leve movimiento de su mano.
[Ya hablamos de esto.] – dijo la anciana, su voz parecía contener el peso de los siglos.
Pero Na’Risha no se rindió.
[Abuela… Morimos de hambre…] – dijo, su voz una mezcla de pesar y súplica.
Por mucho tiempo, la habitación permaneció en silencio, pero finalmente, la anciana habló.
[Niña…] – comenzó, en su voz cansada la duda de quien no está segura de confesar una verdad pesada. – [No importa donde vayamos, el resultado es el mismo… Porque este mundo…]
“¡CRACK-BOOOOM!”
Las palabras de la anciana fueron cortadas a la mitad por un rugido atronador que parecía martillar el firmamento.
Abuela y nieta se estremecieron, pero no gritaron, no se atrevieron.
En su lugar, como atraídas por algo, corrieron fuera de la cabaña.
[Qué es…] – murmuró Na’Risha, estremecida por la escena.
Y no era la única, todos en su pueblo miraban aterrados.
El agua que quedaba en el río moribundo se estremecía como si en sus profundidades se librase una batalla entre ejércitos.
A lo lejos —en la dirección donde el río se abría hacia los humedales prohibidos— un destello rojo iluminó el horizonte como si el cielo mismo estuviese sangrando.
Y entonces la sintieron: una vibración que no provenía del pantano, sino del mundo mismo.
“Pum-pum. Pum-pum.”
El río se agitó más violentamente, los pocos seres vivos que aún se escondían en sus aguas salieron a la superficie, sus vidas drenadas.
Los animales se encogieron aterrados de hacer un solo ruido e incluso los árboles parecían contener la respiración.
Hombres, mujeres, niños y ancianos, por igual, estaban aterrados, sus piernas cediendo bajo la inmensa presión y el deseo sangriento que ahora dominaba cada centímetro del pueblo.
Pero en medio de esta desesperanza, había alguien que no sentía ese miedo primordial.
Na’Risha no cayó de rodillas, en su lugar, miró el horizonte rojizo sin parpadear.
No sabía qué estaba pasando, no sabía qué criaturas se podrían estar enfrentando para causar tal conmoción.
Pero cada impacto que parecía sacudir el cielo y la tierra, lejos de llenarla de terror, agitaba su corazón con un deseo acogedor que nunca había sentido.
“Pum-pum.”
Sintió calor en el bajo vientre. Sus encías le picaron violentamente, y sintió cómo sus colmillos empujaban contra la carne, queriendo salir, queriendo morder.
Con cada choque podía sentir la malicia, podía sentir el terror y la violencia desmedida. Pero, sobre todo, podía sentir el deseo, la diversión y el anhelo.
Era tan contradictoria que se sentía irreal, pero algo dentro de ella parecía llamarla, como si le gritase, incitándola a unirse al placer.
Inconscientemente dio un paso adelante, sin darse cuenta, en sus labios se había formado una sonrisa viciosa y en sus negras pupilas comenzaba a emerger un brillo carmesí.
[Es suficiente, pequeña.] – La voz de la anciana resonó en la mente de Na’Risha, mientras colocaba suavemente sus dedos en la cara de la niña, cubriendo sus ojos.
[A… buela…] – la voz de Na’Risha, se escuchó torpe, como si se acabase de despertar de un sueño, mientras la anciana cantaba con suavidad y una ligera luz azul envolvía a Na’Risha, luchando contra el rojo que emanaba de su piel.
Por mucho tiempo, Na’Risha no tuvo respuesta, pero no le importó ni se resistió, en su lugar, concentró su propio maná para que resonara con el de su abuela, calmando su corazón.
[Abuela… ¿Qué esta pasando? …] – Pregunto finalmente, su corazón aun agitado, pero resistente al llamado que se negaba a cesar.
[Tu linaje, querida… El llamado de los alfas…] – Respondió la anciana, con una voz resuelta pero complicada.
[… Al… fa?]
[Ya habrá tiempo para explicar… pero por ahora, recuerda… Debes resistirlo. Un Alfa que sucumbe ciegamente al llamado, termina ahogando todo lo que ama.]
Las palabras de su abuela estremecieron a Na’Risha, pero aun asintió resuelta.
Porque en el fondo de su corazón… Sabía que tenía razón.
Y entonces.
“”””GRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA””””
Un rugido atronador que parecía capas de consumir el mundo hizo eco en cada rincón del pantano.
[[[[[[AHHHHHHHHHHHHHHHHHH]]]]]
Todo el clan grito de dolor, ahogados por la inmensa presión mientras innumerables columnas de energía carmesí se elevaban al cielo.
[A… Bue… la… ha… haha…hahahAHAHAHAHAHAHA] – la voz de Na’Risha se volvió entre cortada, sus ojos ya amenazando con ser consumidos por el carmesí, mientras la risa indiscreta salia entre jadeos.
[Resis… te… por… favor…] – la matriarca siguió controlando su mana, tratando desesperadamente de ayudar a su nieta.
Y justo cando todo parecía perdido.
*BOM*
El mundo se tiño de dorado…
…………..
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