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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 95

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Capítulo 95: CAPITULO 10 OBSTACULOS

[[Acelérele chofer, acelérele chofer, que lo viene persiguiendo la mamá de su mujer.]]

Allí estaba el niño rata, cumpliendo su sagrado deber junto a su camarada recién reencontrado, 9.

Técnicamente nos reunimos hace días, pero las cosas han estado agitadas.

[GAHAHAHA, siempre supe que esa vieja bruja me perseguiría incluso en la tumba.]

El abuelito ríe de buena gana mientras acelera el pequeño carguero que conseguimos de los pescados con piernas.

Ahora que lo pienso, ¿Dónde voy a guardar mi nuevo barco?

[¿Pueden dejar de cantar eso?] – mientras pensaba en cómo resolver un problema importante, la zorra recepcionista se acerca para quejarse.

[[¿Te molesta?]]

[Bastante.]

[[Entonces, no. Acelérele chofer, acelérele chofer, que lo viene persiguiendo la mamá de su mujer.]]

[Ummm]

Somos los niños rata.

[TSK] – Chasqueo los dientes con molestia cuando un mal presentimiento me asalta de repente. – [¡ABAJO!] – Grito mientras me levanto y miro hacia abajo, en cubierta, donde están la mayoría.

Aunque nadie sabe la razón de mi advertencia, yo incluido, todos inmediatamente se agachan y se ponen en alerta. ¿Qué pasa con esta eficiencia? Tan malditamente prometedor.

“FLahhh FLahhh FLahhh FLahhh”

[[[¡KYAAAA!]]]

Ni siquiera me dio tiempo para alabar a los changos en mi mente, cuando un grupo de cosas horrendas que solo puedo describir como “Mike Wazowski con 4 dosis extras de feotinina y sin brazos”, saltan del agua, algunos pasando peligrosamente cerca de las cabezas de algunas chicas y changos más lentos en reaccionar.

Me cago en todo, casi pierdo un escuadrón en bocas de las cosas más hediondamente humillantes.

¿Te lo imaginas? ¿Muerto por disfrutar de la vista marina en el barco? Maldición.

“¿Grekee?”

Los malditos que terminaron en cubierta debido al impulso, se levantan aturdidos, posiblemente incrédulos de que su ataque sorpresa hubiese fallado.

[Mátenlos]

“Bang bang bang”

Me cago en este apocalipsis mierdoso.

…………………………

En el muelle de nuestro pueblo.

[Guuu, por fin tierra…] – la cuñada se queja mientras es llevada a cuestas por el cuñado.

[No vayas a vomitar sobre mí] – Replica el cuñado, pero por su expresión, ya está resignado a su destino.

Lo bueno es que no tienen puesto en mi Muriel.

[Kekeke, la tirana compacta tiene una debilidad sorprendentemente simple.]

Aprovecho su debilidad para burlarme; mi sagrado deber.

[Gueck… No quiero escuchar eso de ti…] – pese a su debilidad, la cuñada se defiende.

Por cierto, estoy cargando a las goblins que se marearon y ahora no sueltan mi cuello.

[Je, sorprendentemente lindo, muchacho…] – El cuñado se une, lanzando esa sonrisa condescendiente. Definitivamente es el hermano de Carmelia.

[Ya me cansó esta conversación.] – El niño rata no necesita librar una batalla perdida.

Mientras lo hacía, las niñas comienzan a cuchichear.

[Aun así, no las suelta.]

[No las está soltando.]

[No las suelta.]

[¿Dónde está mi teléfono? Necesito una foto.]

Púndranse.

“Grr”

[Kag]

Me quejo cuando el maldito gato gigante me golpea con la cola por la cabeza.

[¿Qué? ¿Ya quieres bronca?] – pregunto dándome la vuelta.

No lo había notado, pero esta maldita ahora es incluso más grande. No me sorprende que apenas entrara en el pequeño camión.

Es más grande y ancha que una camioneta ahora. Mejor dicho, ¿Cómo entraste en el camión? Sé que los gatos se compactan, pero…

“Grr”

[¿Oh? ¿te vas a hacer lo tuyo? Pense que te quedarías. Incluso había pensado en un nombre: te llamaré Pochi. ¡Gyaa! ¡Deja eso!]

Al maldito gato no parece gustarle su nuevo nombre y me da otro colazo.

Su cola es esponjosa, pero es más ancha que un bate de béisbol; definitivamente duele.

[Bueno. Ya, Taiga, te llamo Taiga ¿feliz? GYAA.]

Esta vez, me golpeó más fuerte.

“Grrr”

Luego de un último gruñido, se alejó con saltos ridículos, perdiéndose entre las casas y edificios.

[Tsk, haz lo que quieras.] – me quejo mientras mi cabeza duele.

[¿Taiga no viene con nosotros?] – preguntó Jennifer, que se había acercado sin que me diera cuenta. Al menos la zorra comenzó a sobarme la cabeza. Aunque no es la cabeza que me gustaría que sobara.

Pero al menos alivia el dolor.

[Dice que estará por los alrededores. ¿Qué pasa con los gatos siendo tsunderes?] – me encojo de hombros mientras me quejo.

[Ya, ya, no estés triste, ella estará bien.]

[El niño rata no está triste.]

[Sí, sí] —replica en tono condescendiente sin dejar de sobarme.

Maldita sea, ¿Cuándo van a despertar las malditas de Ruby y Kora? La hombría del niño rata pierde muchos puntos con ellas encima.

Toda mi preciosa autoridad se esfuma.

……………………

————— Punto de vista de Yumi ————–

[Qué mierda pasó aquí…] – retrocedo instintivamente tapándome la nariz.

En la puerta de uno de los almacenes del puerto, la grotesca escena de cuerpos en descomposición esparcidos por todos lados y pudriéndose a la sombra. Afloran el crudo recuerdo de lo cruel que puede llegar a ser la vida.

[Jefe, ¿por qué nos pidió venir a todos?] – John se queja con el jefe Winston por llamarnos a todo el grupo a este lugar repugnante sin ninguna razón.

[Ayuda… por… favor… ayud… da…]

Pero antes de que pudiera responder nada, una joven voz femenina se escucha desde el interior del almacén.

[¿Qué?]

[¿Hay alguien?]

[Estamos aquí.]

[Rápido, tenemos que…]

Reaccionamos casi instintivamente, incluso Carla y sus amigas comenzaron a moverse sin pensarlo.

Los instintos de años de entrenamiento también se apoderan de mí y doy un paso adelante.

[[[[[[….]]]]]]

Pero el impulso se pierde casi de inmediato cuando la enorme mano del jefe se extiende bloqueando el camino.

[¿Abuelo?]

Carla fue la primera en exclamar, pero el jefe no se inmutó. En su lugar, miró a Astrad con una expresión severa.

Entonces lo noté. No solo el jefe. Todo el equipo de exploración tiene una expresión contenida. Sus mandíbulas apretadas al punto que me pregunto si comenzarán a rechinar los dientes.

Antes de darme cuenta, yo también estaba mirando a Astrad.

En sus ojos, un reconocimiento frío. No indiferencia, no desinterés. Solo ese frío calculador que usa para ocultar sus emociones bajo interminables capas de sarcasmo.

[Kekeke, eres más cruel de lo que pareces, abuelito] – dijo con esa risa fingida antes de alejarse con las goblins aún en brazos.

[Tan desagradable…] – comentó Margaret antes de seguir a Astrad, no sin antes dirigir una mirada de evidente repulsión hacia el almacén.

[Hehe, bueno, no siempre puedes ser tú el malo] – la voz del jefe nos hizo recuperar el sentido.

Cuando volvimos la vista, el jefe sostenía un encendedor y miraba con pesadez al almacén desde el cual aún podía escucharse el leve murmullo de auxilio.

[Jefe, qué…] – Flora trató de decir algo. Pero entonces lo notó.

Todos lo notamos hasta ahora.

Posiblemente por el hedor de los cadáveres, no nos habíamos dado cuenta de que todo estaba cubierto de gasolina.

[[[¿QUÉ HACES?]]]

Las chicas gritan instintivamente cuando el jefe lanza el encendedor dentro del almacén.

[Ya lo confirmé con los lentes de visión calórica… No hay nada vivo allí adentro] –continuó el jefe indiferente a las réplicas.

En un abrir y cerrar de ojos, el calor del fuego arremete contra nuestros rostros.

[Allí solo hay cosas muertas, y…] – trató de continuar, pero…

*¡GIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!*

Sus palabras fueron ahogadas por chillidos desgarradores que taladraban los tímpanos al punto que nos vimos forzados a taparnos los oídos.

[Y cosas aún más muertas] – concluyó el jefe, y como si fuese una señal, desde el fuego del almacén y desde algunos cuerpos dispersos, extraños tentáculos y criaturas emergieron a una velocidad aterradora.

Demasiado rápido, casi imposible de reaccionar; o al menos lo sería si algunos de nuestros compañeros no los hubiesen tenido en la mira desde el principio.

*Bang bang bang*

Rápidamente, la ráfaga de tiros reduce las anormales criaturas a un colador.

[¡ABUELO!] – gritó Carla angustiada cuando una de ellas, envuelta en llamas, se acercó demasiado a la cara del jefe.

Pero con una calma aterradora, el jefe movió su cuchillo y empaló a la criatura entrante desde abajo, como si estuviese recogiendo casualmente una moneda lanzada al aire.

*Giii… Ayuda… giii*

[[[[[[…]]]]]]

Un frío silencio se extendió cuando todos escuchamos con claridad cómo esa cosa pedía ayuda antes de dejar de moverse.

[Hum] – Con un resoplido frío, el jefe balanceó su cuchillo dejando que ese monstruo tentáculo del tamaño aproximado de una pelota de fútbol cayera aún en llamas a sus pies.

Luego, con la misma frialdad, pisó sus restos.

[Sé que el chico ya lo dijo, pero como el viejo del grupo, me toca remarcarlo… En el mundo actual… ayudar ciegamente también es un pecado que puede pagarse caro…] – dijo, restregando sus botas contra el cadáver.

Mierda…

…………………

[Esto es peor de lo que pensé…] – asiento ante el comentario de Flora, frente a la calle destrozada que nos bloquea el paso nuevamente.

[¿Siguiente ruta? Cambio] – la voz del jefe se escucha por la radio.

[Estamos en eso] – respondo mientras Flora, a mi lado, revisa el mapa del pueblo en la tablet.

Al ver la pantalla, las tachaduras rojas con anotaciones cubren más de lo que me gustaría.

La razón por la cual un viaje de una hora en coche se volvió algo que nos lleva dando vueltas por cuatro horas.

Nidos de criaturas ridículas como pollos gigantes, perros del tamaño de camionetas o colmenas con avispas del tamaño de una persona.

Calles bloqueadas o directamente destruidas, con cráteres infranqueables.

Zonas con literalmente un monstruo gigante durmiendo, que te dan cero ganas de molestarlos con solo verlos.

O incluso lugares por los cuales directamente no pasaremos, ya que Astrad se negó a siquiera acercarse, sin saber él mismo el porqué.

Y honestamente, nadie tiene ganas de poner a prueba la credibilidad de su presentimiento.

“Bang” “bang” “bang”.

Afuera del vehículo, los disparos ocasionales resuenan debido a que los monstruos siguen atacando en mayor o menor medida.

Incluso Astrad terminó subiéndose al techo para señalizar amenazas.

Por supuesto, quiero bajarlo, pero ese mocoso solo me escucha esporádicamente.

Además, no es que lo hiciera por gusto.

[Ey.] – dicen que cuando piensas en el diablo, aparece.

[¿Necesitas estar tan cerca?] – se queja Flora, empujando la cabeza de Astrad que se asoma por la ventana desde arriba de la camioneta.

[¿Te molesta?]

[Mucho]

[Entonces, sí.]

Flora suspira como resignada, pero es brutalmente obvio para todos que se acostumbró a seguirle el juego e incluso parece disfrutarlo.

[Parece que las opciones se acaban] – dijo Flora señalando la pantalla.

Astrad no replicó; en su lugar, miró la información con cautela.

[1, conseguí red y la noche ya nos alcanzó.]

La voz de Margareth resuena repentinamente por la radio, sacándonos de nuestra concentración.

[… Tsk] – Astrad chasqueó la lengua con molestia, pero no fue terco. – [¿Acampamos?] – preguntó mirándome con cuidado. Por supuesto, no es el único que quiere llegar rápidamente a casa, pero…

[Esto no se trata de querer o no…] – respondo con amargura.

………………………….

[Ahhh, ¿Qué opinan?] – pregunto mientras me desplomo en la sala desconocida con una lata de cerveza.

Algunos podrían dudar de nuestra cordura al asegurar cerveza en lugar de aprovechar el espacio para más provisiones.

Pero si vamos a morir, definitivamente no puede ser sobrios.

[Esto podría ser incluso peor de lo que pensé] – comentó el jefe mirando la imagen del mapa en el proyector, con cara hosca.

Si algo aprendimos de camino aquí, es la diferencia entre una zona dominada por una especie y otra donde no hay un rey claro.

Dejando de lado si son o no más fuertes que una horda goblin, el hecho es que su variedad vuelve la situación impredecible y, en última instancia, más peligrosa.

[No es de extrañar que los sobrevivientes no abunden.]

[El hecho de que los sobrevivientes nos eviten me parece lo más problemático.]

[Es difícil cambiar eso, teniendo en cuenta lo sucedido.]

Nos enteramos solo después de que recuperamos la conexión, pero parece que hay grupos de malvivientes en todos lados.

Inadaptados que han hecho de la situación su patio de recreo, alimentando con incertidumbre y desconfianza la ya precaria situación.

Por eso, aunque conseguimos detectar a algunas personas en el camino, ninguno se atrevió a tratar de contactarnos o directamente huían al vernos.

Astrad ya mencionó que era normal, pero eso no lo hace aceptable.

Si a nosotros, un grupo fuertemente armado, se nos dificulta desplazarnos en este lugar, ¿Qué hay de los demás?

[Tal vez esta cordillera no sea tan buena idea después de todo.]

[Lo dices como si el resto del continente estuviese de perlas.]

[Eso sí…]

La discusión se extendió por mucho tiempo, pero mientras más lejos pensábamos, menos alentador se volvía todo.

Familias, parejas, amigos. La mayoría de los presentes tenemos algo por lo cual vivir.

En circunstancias normales, cada uno hubiese tomado su propio camino, pero estas circunstancias están lejos de ser normales.

[Esto solo reafirma nuestra decisión. Lo primero es establecer una base segura… solo después de que podamos protegernos a nosotros mismos podremos resolver lo demás.]

Dijo el jefe, recorriendo la habitación con una mirada seria.

[Y debemos hacerlo antes de que las cosas se pongan peor… Porque definitivamente se pondrán peor.]

[[[[SÍ]]]]

…………………………………..

Chat niño rata:

NiñoRata5: ¿Por qué tu trasero no está aquí?

NiñoRata1: El niño rata puede explicarlo.

NiñoRata9: Yo lo vi todo, es por estar jugando con una amante pescado.

NiñoRata9: [Amorío_con_chicapescado.video]

NiñoRata5: HIJO DE PUTA.

NiñoRata1: EL NIÑO RATA PUEDE EXPLICARLO.

NiñoRata3: Uuuuuu.

NiñoRata2: Estás tan muerto.

NiñoRata4: Necesitamos un nuevo líder, lol.

NiñoRata8: Tu mandato fue efímero, pero productivo. Lol.

NiñoRata6: Quisiera decir que te extrañaremos, pero… naaaa.

NiñoRata10: Lol

…………………

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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