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El niño rata sobrevive al Apocalipsis - Capítulo 99

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Capítulo 99: CAPITULO 14 LA ALIANZA DEL CLARO

El sol ya había pasado su punto más alto cuando Milia y su grupo llegaron al bosque que comenzaba justo detrás de la zona residencial: una línea oscura de árboles viejos que parecían observar a los recién llegados con curiosidad depredadora.

Milia nunca lo había visto tan silencioso; no se escuchaban pájaros, ni insectos, ni el viento moviendo las hojas. Era un silencio denso, pesado, como si el propio aire estuviera conteniendo la respiración.

La situación era inquietante, por decirlo menos, pero al mismo tiempo, una necesidad ineludible. Después de todo, las negociaciones de esa mañana con Louise y las demás no habían resultado precisamente favorables.

Por supuesto, no fue del todo inesperado para Milia y los demás si tenían en cuenta su historial, pero aun así era una situación desalentadora.

[¿Estamos seguros de esto?] — preguntó Carlos, ajustándose los lentes en un intento de calmar sus nervios.

Milia no respondió al instante. Caminaba al frente, bordeando los arbustos secos. Franco iba a su lado, sosteniendo un bate de aluminio y cubierto por equipo de protección similar al de los demás.

[No tenemos opciones] —dijo ella finalmente—. [Todas las casas cercanas ya fueron saqueadas…]

La amargura se dibujó casi instantáneamente en las caras del grupo. Originalmente pensaron en esa posibilidad desde el comienzo, pero descartaron la idea… hasta que fue demasiado tarde.

Ahora la mayoría de las casas alrededor han sido despojadas de cualquier suministro útil.

Y ni siquiera se atreven a reclamar a la principal responsable, siempre respaldada por una hilera de dientes y una mirada que parece preguntar: “¿Sabrías bien si te sazono con sal y pimienta?”.

[No sirve de nada llorar por el pasado… Además, incluso con eso, los suministros tenderían a acabarse. Tarde o temprano necesitaremos encontrar fuentes de alimento sostenibles y este es un buen lugar para empezar.]

Dijo Simón, no con optimismo, sino como un hecho tangible, a lo cual todos asintieron.

[Entonces déjame tomar la delantera en caso de que sea peligroso.] – dijo Roinel sacando el pecho con seguridad, tratando de aliviar la tensión.

Lo hacía en parte por ser útil y en parte porque se sentía culpable de que su llegada, junto a su grupo, hubiera causado esta situación complicada.

[¿Sabes el camino?] – preguntó Franco, con cierto sarcasmo siguiéndole el juego.

[Bueno…] – Roinel se desinfló de inmediato.

Si Carla hubiese estado allí, podría haberse sorprendido del crecimiento de Roinel como persona. Después de todo, tras la última experiencia, cualquiera podía notar cómo se había vuelto más empático y, al mismo tiempo, menos explosivo.

[[[[Hahaha…]]]]

Finalmente, una risa tenue corrió entre el grupo. No estaban siendo descuidados, ni mucho menos se sentían a salvo.

Pero entendieron la intención y estaban dispuestos a afrontar la situación como una unidad, con optimismo. Lo cual era un avance significativo con respecto a cuando todo comenzó.

[Guía el camino entonces, Mowgli.] – se burló Carlos.

[Sí, sí] – replicó Franco, mientras le enviaba una sonrisa reconfortante a Milia.

Solo entonces la niña soltó un suspiro de alivio para sus adentros, pero en su mente la discusión con Louise seguía reproduciéndose.

“Se los digo por su bien antes de que sea demasiado tarde: menos jugar al demócrata y más practicidad”.

Milia apretó los dientes al recordarlo. Entonces, miró a su grupo avanzando hacia el bosque.

Sus ojos eran una mezcla de temor y resolución. Para nada un grupo desesperado o resignado.

[No es perfecto…] – susurró para sí misma.

Milia recordó lo que sucedió antes con el asunto de su madre, pero no los culpó. Por el contrario, a sus ojos, era prueba de la importancia de tener compañeros que te ayuden a ver la verdad, incluso si es dura.

Después de todo, el resultado final parecía obvio incluso ahora. El propio Astrad dejándolos atrás, aunque fuese rudo, validaba ese punto.

[Pero nosotros también funcionamos.] – dijo con resolución, antes de unirse a Franco.

…………………………….

El aire dentro del bosque era muy diferente al que Milia y Franco recordaban. Un olor dulzón y podrido se filtraba entre los árboles, acompañado por un sonido húmedo y repetitivo. Como larvas royendo carne.

[No me gusta esto] —susurró Milia.

[Está un poco diferente a nuestra infancia…]—Respondió Franco, atento a su entorno.

[¿Venían mucho cuando eran niños?]

[Sí] – asintió Milia – [Siempre veníamos a jugar, Astrad también nos enseñaba… a… recolectar cosas y así…] – dijo, su voz que había comenzado alegre por recuerdos pasados, lentamente apagándose.

[Idiota.]

[T… ¿Qué quieres?]

Mientras Roinel era atravesado por miradas desdeñosas, el grupo finalmente se topó con un claro.

[Eso… ¿Es normal?] – preguntó Simón entrecerrando los ojos. Su mirada fija en la fogata cercana con brasas aún ardientes.

[Eso es relativo, si tenemos en cuenta la situación.]

[¿Otros sobrevivientes?]

Pronto los susurros se volvieron murmullos, mientras el grupo trataba de evaluar la situación y decidir qué hacer.

[Si el otro grupo fuese hostil, ya nos hubiesen emboscado.] – no pudo evitar murmurar Simón. Su mente recordaba las palabras de Louise; a sus ojos, situaciones como esta probaban exactamente su punto.

Milia que lo escuchó, mordió su labio inferior inconscientemente, pero antes de que su frustración pudiese emerger…

[¡AL SUELO!] – La voz de Franco se elevó con urgencia.

Nadie lo dudó. En un instante, todos se tiraron al suelo y, al momento siguiente, una estela de fuego pasó por encima de sus cabezas.

[[[[[¡¡¡KYAAAA!!!]]]]]

Los gritos no se hicieron esperar ante el repentino evento.

[¿Qué mierda? ¿Un lanzallamas?] – preguntó alguien.

[Espero que sí.] – murmuró Simón, mientras volvía a levantarse luego de que la estela de fuego pasara.

Por supuesto, el comentario sorprendió a quien lo escuchara, pero Simón lo tenía claro. Después de todo, un humano con lanzallamas era el menor de sus problemas en su entorno actual.

Lamentablemente para Simón, el apocalipsis no estaba dispuesto a ponérsela fácil.

*CRACK*

Junto al crepitante resonar de madera rompiéndose, dos figuras salieron disparadas desde la espesura del bosque, atravesando árboles enormes hasta estrellarse contra unas rocas cercanas con una fuerza que sacudió la tierra.

[¡Atrás! ¡Atrás todos!] – gritó Franco mientras levantaba su bate con una mano y cubría su rostro con la otra.

Algunos retrocedieron asustados, mientras que otros, como Roinel, dieron un paso al frente junto a Franco, atentos a la cortina de humo frente a ellos y a la sombra que parecía retorcerse entre los escombros.

Un escalofrío les recorrió la espalda cuando, desde la espesura del polvo, vieron a la silueta moverse con gestos que habían quedado grabados a fuego en sus retinas.

*crack**flag*

Los sonidos, desagradablemente familiares, de carne siendo arrancada y huesos destrozados hicieron que inconscientemente comenzaran a retroceder.

Finalmente, el polvo comenzó a asentarse, permitiendo al grupo ver la grotesca escena que los paralizó nuevamente en su lugar.

De pie sobre un hombre moribundo de largos cabellos rubios, con ropa de diseño y materiales peculiares que definitivamente no encajaban con la moda de verano y orejas puntiagudas que, sin duda, no eran un Cosplay.

Una criatura del tamaño de un perro grande, pero con cuerpo segmentado como el de un insecto y un cráneo óseo que se abría como una flor para mostrar mandíbulas múltiples. Sus ocho ojos eran tan blancos como la nieve. No poseía orejas y en su exoesqueleto negruzco brillaban marcas rojas que se entremezclaban con la sangre de su víctima.

*GRAAAAAAAAAAAAA*

Gritó la criatura elevando su cabeza del suelo como si proclamase la victoria. El sonido que emanaba de ella era un zumbido grave que taladraba los oídos de todos, obligándolos a cubrirse con las manos.

[Esto tiene que ser una broma.] – la queja de Franco no encontró quien la escuchara.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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