El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont - Capítulo 2
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2: Capitulo 2: el niño encontrado Aito parte 2 2: Capitulo 2: el niño encontrado Aito parte 2 Después de los acontecimientos, la reina se llevó a Aito, al joven príncipe Eliel y a la joven princesa Calithia.
(Y así pasó un día).
Mientras el sol se ocultaba y oscurecía, se podía ver el cielo estrellado.
Y llegó la mañana siguiente.
La joven princesa Calithia, de 3 años, se despertó temprano para visitar al pequeño Aito, que dormía en uno de los aposentos.
Pero cuando llegó, la reina ya estaba allí.—Buenos días, madre —dijo Calithia.
—Buenos días, hija.
¿Cómo te encuentras?
—respondió la reina.
—Me encuentro bien, madre.—¿Cómo está Aito?
No, ¿cómo está mi hermanito menor?
—repitió Calithia mientras sonreía.
—Se encuentra bien —dijo la reina.Mientras platicaban, llegó el joven señorito Eliel.
—Buenos días, madre.
Buenos días, hermana menor —saludó Eliel.
Le respondieron que se encontraban bien.
El joven señorito jugó y acarició al pequeño Aito, que le sonrió de vuelta.—¿Qué creen que le gustará al pequeño Aito cuando crezca?
—preguntó Eliel.
—¿Le gustará la esgrima?—¿O elegirá ser mago?
—Bueno, dependerá de lo que le guste al pequeño —respondió la reina.
—Si elige esgrima, el señor Zekin podría enseñarle, ya que es el mejor.
—Es verdad.
Con esos ojos dorados tendría una presencia imponente.
—Si es mago, podrías enseñarle lo básico para que vaya aprendiendo.
Estaban hablando así porque el maná despierta desde muy temprano en las personas, y así se ve si serán prodigios talentosos, promedio, normales o personas comunes sin capacidad de usar maná.
Maná: “Energía invisible que fluye por el mundo y da vida a la magia.
Solo aquellos con la habilidad de sentirla y controlarla pueden usarla para moldear la realidad, invocar hechizos o potenciar su fuerza.
Sin maná, la magia no existe; con él, incluso lo imposible se vuelve posible.
“Mientras seguían hablando, llegó el rey.
Todos le hicieron reverencia y lo saludaron.Continuaron conversando.
La reina llevó al pequeño Aito a dar un paseo por los alrededores del palacio, seguida por Eliel y Calithia.
Se podía ver el vasto castillo y los hermosos alrededores: jardines llenos de flores que emanaban fragancia y un dulce olor, con diferentes tipos de colores.Los ojos dorados del pequeño Aito brillaban bajo la luz resplandeciente del sol matutino.
Se sentaron en el patio mientras hablaban de otros temas, y Eliel y Calithia aprovecharon para jugar con Aito.
Al pasar un rato, llegó Zekin con su nieta.—Saludos, majestad.
Saludos, reina —dijo Zekin.
—¿Cómo estás, sir Zekin?
—preguntó la reina.
—Me encuentro bien —respondió Zekin.— ¿Cómo está la pequeña Lilia?
— .—Mi nieta se encuentra bien, como puedes ver, está saludable.
—Mira, se parece mucho a Aito, solo que el color de ojos es diferente —dijo Calithia.Y siguieron hablando.
Y así pasaron los días, meses y años…
hasta que Aito cumplió 5 años.
Un joven señorito Aito, de cabello largo que le llegaba casi a la cintura y ojos brillantes de emoción, se paseaba por los rincones del palacio mientras observaba todo a su paso.Se escuchaban los sonidos de espadas resonando.
El pequeño Aito, que ya estaba aprendiendo a usar el maná, era muy talentoso, como los nobles de alto rango o la realeza.Era muy curioso por la magia: le encantaban los hechizos y las historias de magos, pero también aprendía esgrima.
—Ya llegué, maestro —dijo el pequeño Aito.—Hola, hermana mayor.La señorita Calithia, que ya se encontraba allí: —Ai… Aito.—Oh, bienvenido —respondió Zekin.
Y así Aito empezó a entrenar con su maestro Zekin, junto a Calithia
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