El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capitulo 21 Combate intenso contra Zekin
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21: Capitulo 21: Combate intenso contra Zekin 21: Capitulo 21: Combate intenso contra Zekin Varios días habían pasado desde el torneo local.
Teníamos comida caliente, camas cómodas y monedas extras en los bolsillos.
Pero estaba empezando a inquietarme.
Todos los días entrenaba duro junto al maestro y en la tarde mejoraba mi magia junto a Lilia que me enseñaba cosas nuevas.
Mientras el maestro nos observaba a ambos, subíamos de nivel cada vez más.
Ya los entrenamientos normales no servían de nada, las bestias que se movían por la zona ya no nos ayudaban en nada.
Pero cada vez que eso pasaba el maestro nos enfrentaba, no podíamos ganarle, pero era mejor que enfrentar a los monstruos.
—Muy bien niños, empezamos ya.
Habíamos comenzado nuestro combate contra el maestro.
El viento sacudía los árboles del bosque mientras las hojas caídas del suelo se movían, se elevaban y volvían a caer.
Todo se volvió silencioso de nuevo.
El maestro abrió los ojos.
Solo la presión de su maná hizo que los árboles se sacudieran violentamente.
Desapareció en un instante y apareció delante de nosotros, preparándose para atacar.
Levantó el brazo con velocidad brutal.
Me impulsé hacia atrás usando una ráfaga de viento —el impacto de su golpe destruyó el suelo donde estaba parado, levantando una nube de tierra y hojas que me cegó por un segundo.
Lilia, que también había esquivado, aprovechó para lanzar un orbe de fuego directo a su pecho.
El maestro lo evitó con un giro imposible, y la bola de llamas impactó un árbol cercano, incendiándolo con un estallido que llenó el aire de olor a madera quemada.
Ahora no podíamos contenernos como contra monstruos comunes.
Teníamos que darlo todo.
Corrí hacia él, cargando la espada de madera con maná viento —el filo invisible silbó al cortar el aire.
Intercambiamos golpes: mi espada chocó contra su palo reforzado, chispas de maná saltaron, y la fuerza del impacto me hizo retroceder varios pasos, los brazos temblando.
Lilia cargó otro ataque mientras yo lo mantenía ocupado.
Si lo esquivaba, yo recibiría el golpe en su lugar.
Pero no me importaba.
Lanzó una lanza de fuego.
El maestro la recibió de frente —el impacto lo envolvió en llamas, quemando su ropa y el palo.
—Jajaja le dimos.
—Mmm, esos niños, pero tú Aito estabas dispuesto a recibir el ataque si lo hubiera esquivado.
Me impresiona.
Solo se le había quemado la ropa y el palo que usaba como espada.
El olor a tela y madera chamuscada llenaba el aire, y las hojas ardían a su alrededor.
Se encontraba en medio de nosotros.
El viento volvió a rugir, sacudiendo todo con más fuerza.
El maestro dio un salto, arrancando otro trozo de rama gruesa de un árbol cercano.
Lo reforzó con maná en un instante.
—Empezamos ya el segundo round.
La segunda ronda fue distinta.
Ahora nos tomaba en serio.
Fue directo por Lilia, que atacaba a distancia.
Intenté interceptarlo con una ráfaga de viento que levantó una pared de hojas y polvo, pero él la atravesó como si nada, apareciendo frente a ella.
Lilia lanzó un escudo de fuego —el maestro lo rompió con un golpe seco, el estallido nos empujó a ambos hacia atrás.
Me lancé de nuevo, espada cargada.
Chocamos con fuerza —su palo bloqueó mi corte, pero el viento infundido abrió una grieta en el suelo entre nosotros.
Retrocedí, jadeando, y usé impulso viento para girar y atacar desde el lado.
Él paró, contraatacó —el impacto me lanzó contra un árbol, el tronco crujió y hojas cayeron como lluvia.
Dolor en la espalda, pero me levanté rápido.
Lilia lanzó cadena de fuego para restringirlo.
Él la cortó con un tajo horizontal, pero yo aproveché: corrí, salté, espada arriba —corte descendente cargado viento máximo.
Chocamos.
Explosión maná —el viento y su fuerza nos empujaron a ambos.
Mi espada se astilló, pero logré un corte superficial en su brazo (primera vez).
El maestro sonrió, bajando el palo.
—Bien, niños.
Suficiente por hoy.
Nos derrumbamos exhaustos.
Lilia jadeaba, yo temblaba.
El maestro se acercó, rascándose el corte.
—Progresáis rápido.
Pronto no podré contenerme tanto.
Y así terminó el entrenamiento.
Más fuertes que ayer…
pero aún lejos de él.
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