El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont - Capítulo 24
- Inicio
- Todas las novelas
- El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont
- Capítulo 24 - 24 Capitulo 25 Goblins devoradores de maná
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
24: Capitulo 25: Goblins devoradores de maná 24: Capitulo 25: Goblins devoradores de maná Después de que habíamos escuchado a los hombres decir que habían aparecido unas ruinas.
Bueno como un instinto natural no podía calmarme tampoco podía esperar para ir a explorar las ruinas, porque sería mi primera vez dentro de unas, el maestro estaba muy nervioso.
—Lo ves mocoso, por tu culpa ahora Lilia también quiere ir a explorar estás ruinas.
—Pero abuelo aunque será peligroso también será una buena experiencia.
—Ya sé qué será una buena experiencia pero dentro de las ruinas todo puede pasar, ¿Sabías eso?.
—Entonces maestro, qué tal si lo dejamos entonces.
—…
—Estás seguro de eso mocoso.
—…
—Ves, aunque digamos eso, todos tenemos una parte de nosotros que quiere ir.
—…Por eso aunque decimos esa mentira nos sentiremos culpables después.
—Entonces maestro, eso significa que podemos ir a explorar estás ruinas.
—Entonces mañana mismo trataré de despertarme más temprano para ir a entrenar.
Una Ruina se refiere a restos de antiguas civilizaciones o estructuras grandiosas (castillos, templos, ciudades) que están deterioradas, abandonadas y a menudo llenas de peligros, monstruos y secretos, sirviendo como lugares de exploración, mazmorras y fuentes de tesoros o misiones para aventurar.
En la mañana siguiente me desperté bien temprano para ir a entrenar para las ruinas que iríamos a explorar dentro de poco tiempo.
Tuvimos otro combate con el viejo para simular como si nos estuviéramos enfrentando a enemigos que nos toparemos en las ruinas.
Al día siguiente nos habían dado un encargo de aniquilar unas bestias, bueno no podía pedir menos, las bestias ahora eran más fuertes y me ayudaban a seguir mejorando.
Así que nos dirigimos hacía allí una vez recibimos el encargo.
Una vez que llegamos, yo y Lilia vimos que las bestias eran Goblins Devoradores de Maná.
Eran más grandes que los goblins comunes, con piel gris verdosa y ojos rojos con sed de sangre.
Sus cuernos retorcidos y sus colmillos largos sobresalían.
Y se movían en manada organizada —unos quince— liderados por un alfa más corpulento que gruñía órdenes.
El aire olía a podredumbre y mana corrupto.
Estos no eran monstruos tontos; devoraban mana directamente al morder o tocar, debilitando magos en segundos.
Zekin sonrió desde atrás.
—Buena práctica antes de las ruinas.
Encargaos vosotros.
Lilia preparó fuego en las manos.
Yo desenvainé la espada nueva, canalizando viento.
Los goblins cargaron en formación.
El alfa rugió, y dos flanqueadores saltaron hacia Lilia.
Ella lanzó una bola de fuego —impactó uno, quemándolo vivo.
El otro esquivó y mordió su barrera de mana, drenando energía visible (la barrera parpadeó).
Yo me impulsé con una ráfaga de viento, apareciendo frente al mordedor.
Corte descendente —una decapitación limpia.
Sangre verde salpicó al suelo.
Tres más me rodearon.
Cargué espada viento —di un giro completo pasando en medio de ellos, una ráfaga cortante abrió heridas profundas en dos.
El tercero mordió mi brazo —dolor agudo, mana drenado (visión borrosa por un segundo).
Sacudí el brazo, contraataqué con una estocada de viento que perforó su pecho.
Lilia lanzó cadena de fuego restrictiva —atrapó a cuatro, quemándose lentos (gritos agudos, olor a quemado).
El alfa cargó contra nosotros.
Enorme, cuernos bajos.
Chocamos —su gran hacha cargada de maná y mi espada con viento.
El impacto me lanzó hacia atrás, suelo agrietado.
Rodé, me impulsé con el viento hacia arriba.
Desde el aire, con un corte descendente —viento concentrado partió el hombro del alfa.
Aulló de dolor, sangre verde salpicando.
Lilia remató con una lanza de fuego directo al corazón.
Los restantes huyeron, pero no los íbamos a dejar escapar, así que también fueron eliminados.
Jadeantes, exhaustos pero victoriosos.
—Bien hecho —dijo Zekin—.
Las ruinas serán peores.
Lilia me miró preocupada, viendo el corte de mi brazo.
—Ten más cuidado, Aito.
—Sonreí, lo tendré.
Y así, con el camino despejado, nos preparamos para lo que vendría: las ruinas que cambiarían todo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com