El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont - Capítulo 35
- Inicio
- Todas las novelas
- El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont
- Capítulo 35 - 35 Capitulo 36 Tesoros escondidos
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
35: Capitulo 36: Tesoros escondidos 35: Capitulo 36: Tesoros escondidos El amanecer estaba cubriéndolo todo con un tono anaranjado cuando dejamos atrás la ciudad de Fanea.
La brisa de la mañana movía la capa del maestro y hacía bailar mi cabello que me llegaba a la cintura.
No estábamos huyendo, ni persiguiendo a nadie.
Esta vez, simplemente caminábamos hacia nuestro próximo destino.
—Cinco años fuera del palacio… que tanto habrá cambiado —dijo Lilia mientras ajustaba la correa de su bolsa que contenía sus cosas.
—Me imagino que habrán cambiado muchas cosas ahí —respondí—.
Dicen que hay un tesoro escondido en unas montañas no lejos de aquí.
—Lo escuchaste mientras espiabas a esos viajeros, ¿no?
—dijo el maestro con una sonrisa que le arrugó la barba.
—No estaba espiando… solo quería saber de qué estaban hablando y además eso es “observación estratégica” —respondí mientras desviaba la mirada.
El maestro soltó una pequeña risa, pero luego se volvió serio.
—En cinco años, un niño se convierte en arma o se quiebra.
No todos sobreviven a eso… pero tú sobreviviste.
No supe si lo decía orgulloso o preocupado, pero bueno tiene toda la razón.
El camino hacia la capital estaba más transitado que antes.
Aunque no era como si iban de camino hasta allá, pero todo el camino estaba lleno, de carretas llenas de mercancías, viajeros armados, comerciantes con guardias privados.
Todos parecían tener prisa, como si algo los estuviera persiguiendo, nadie va a entender a los comerciantes.
—La última vez cuando salimos del palacio, no había tantos viajeros en las rutas —dijo Lilia.
—Eso es verdad —respondió el maestro—: aunque con tantos viajeros… puede ser muy peligroso además es temprano.
Mientras nos mezclamos entre los distintos grupos de viajeros, escuché murmullos.
—Dicen que hay un tesoro escondido no muy lejos de aquí.
—¿Será por la montaña del norte, que está llena de bandidos y monstruos?
No escuché más.
Ya que ya lo había escuchado antes de otros viajeros, solo había quedado una palabra en mi mente: “La que está llena llena de bandidos.” Me puse la capucha.
No quería llamar tanto la atención si cruzaba la mirada con otros viajeros.
A mitad del camino, hicimos una pausa cerca de un viejo puente.
El maestro sacó un mapa con marcas rojas.
—Llegaremos a la capital en un mes si no hay contratiempos —dijo.
—¿Contratiempos como goblins, monstruos, asesinos o soldados paranoicos?
—pregunté.
—Exactamente —respondió él sin levantar la vista.
Lilia se acercó y me señaló el área marcada en el mapa que sostenía el maestro.
—¿Sabes qué es esto?
Negué con la cabeza.
—Este es el territorio o la montaña donde está el tesoro del que escuchaste hablar los viajeros.
Ir en busca de un tesoro en unas montañas llenas de bandidos y monstruos mientras estamos de aventura es muy increíble.
Cuando escuché que faltaba un mes para llegar, ya estaba pensando en ir a buscar ese tesoro.
Aunque estamos regresando, pero aún no hemos llegado todavía.
Eso solo significa que todavía estamos vagando por ahí y por allá.
—Jajaja, lo sabía —hablé mientras reía—.
—¿Qué te pasa?
Mocoso —preguntó el maestro—.
—Nada, jajaja —no podía dejar de reír—.
—Entonces iremos por la ruta del este, bordearemos el lago y entraremos y los que nos quieran quitar este tesoro deberán tener el poder para hacerlo.
El maestro sonrió.
—Así habla alguien que entiende el mundo.
Ese día acampamos cerca de un bosque tranquilo.
Mientras Lilia preparaba una fogata, el maestro me lanzó una piedra mientras estaba tumbado cerca de un árbol y lo agarré antes de que me impactara.
—Cinco años viajando no significan nada si descuidas lo básico.
Muéstrame que no te has oxidado.
Bueno aunque logré atraparlo no te bastó, no es verdad maestro.
Me puse en guardia.
No dije nada, solo avancé con un ataque de frente.
El maestro no retrocedió ni avanzó un solo paso; simplemente inclinó el cuerpo y desvió mi golpe con un movimiento tan limpio que parecía que la espada que sostenía flotaba.
—Demasiado predecible —dijo.
Apreté los dientes y volví a lanzar otro ataque, pero esta vez apuntando a sus piernas.
Mi ataque sólo dejó una marca en el suelo… y nada más.
El maestro ya se encontraba en otro lado, como si hubiera sabido lo que haría antes de que yo lo pensara.
Sentí un toque seco en mi costado.
Fue su contraataque.
Di un paso atrás y casi perdí el equilibrio al pisar el borde de un río que estaba cerca donde estábamos acampando.
El agua fría me salpicó los tobillos.
—Te había dicho que uses el entorno —dijo él—.
No te enfrentes a tu enemigo solo con tu espada, pelea contra todo lo que puedas usar contra él.
Me acerqué al río.
Mis pies chapoteaban contra la corriente ligera.
El maestro avanzó con paso tranquilo, como si la inclinación del terreno y el agua no existieran.
Tragué saliva.
Apreté la espada que tenía en mi mano.
Avancé con un corte recto del hombro hasta abajo.
Esta vez él no la evadió, solamente la bloqueó… pero el impacto lo obligó a ajustar su postura.
El agua bajo sus pies se agitó.
¡Era mi oportunidad!
Pisoteé el río con fuerza y levanté una lluvia de gotas que le golpearon la cara.
—¿Trucos?
—dijo él mientras me miraba.
—No, es solo una estrategia —respondí.
Salté hacia delante.
Nuestras espadas chocaron.
La vibración recorrió mis brazos.
Él sonrió.
—Al fin le estás poniendo ganas mocoso.
De pronto realizó un giro completo.
No pude seguir su golpe con la espada con la vista.
Solo sentí el golpe en mi muñeca, y la espada voló de mis manos.
No tuve tiempo de pensar.
Me lanzó una patada, lo bloqueé pero aún así me hundió en el agua hasta las rodillas.
El frío subió por mis piernas.
—Recoge tu arma —dijo mientras señalaba la espada clavada.
Dice eso como si no la iba a recoger.
Me lancé sobre ella, pero escuché el crujido del agua detrás.
Rodé al costado y vi que la espada del maestro impactó donde estaba hundido hace un segundo.
El río hizo una explosión de espuma.
Agarré mi espada empapada, me puse de pie y cargué sin pensar.
Él me bloqueó, yo lo ataqué y él lo desvió.
Golpes rápidos.
Estocadas cortas.
Agua volando por todos lados.
Pero mis respiraciones eran cada vez más pesadas.
Las suyas eran demasiado silenciosas.
Un último golpe pesado cargado con maná recorrió mi hombros hasta la espalda, me hizo caer sentado.
El río me tragó hasta los hombros.
El maestro bajó su espada y dijo: —Suficiente.
Lilia apareció, ofreciéndome ropa nueva.
—Muchas gracias Lilia —le dije.
—No sé si estás listo para volver al palacio… pero ya no eres el mismo niño que salió de él.
¿A qué te refieres maestro?
Miré mis manos llenas de tierra y agua.
“Cinco años fuera… cinco años creciendo.” Esa noche, mientras escuchaba los insectos y el crepitar de la fogata, no pude evitar sonreír.
Jajaja… tesoros, madre, no se preocupen mucho, ya llegó hasta donde se encuentran.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com