El niño rescatado después de la subyugación de monstruos Aito Greymont - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capitulo 5 El primer viaje
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5: Capitulo 5: El primer viaje 5: Capitulo 5: El primer viaje Dos años habían pasado desde aquel día en la ciudad.
Aito Greymont ahora tenía siete años.
Su cabello negro había crecido hasta la cintura, y sus ojos dorados brillaban con una curiosidad que ni los libros del palacio ni las historias nocturnas podían apagar.
Cada atardecer, Aito entrenaba esgrima con Zekin y Calithia, pero también practicaba abiertamente su magia: controlaba su maná y se conectaba más con su elemento natural, el Viento.
Ya no eran pequeños remolinos —ahora podía generar ráfagas que cortaban árboles de práctica en dos, levantaban tormentas locales de polvo que cegaban a los guardias o desviaban múltiples flechas en pleno vuelo.
Su poder era tan grande que Zekin había tenido que reforzar el campo de entrenamiento con barreras mágicas para evitar daños al palacio.
Todos en la familia sabían que Aito era un prodigio, un talento que superaba incluso a los nobles de alto rango.
Cada noche escuchaba relatos de magos legendarios.
Pero ya no era suficiente.
Una mañana soleada, Aito se plantó frente a la reina y el rey con una decisión inusual en un niño de su edad.
—Padre, madre —dijo con voz firme—.
Quiero salir del palacio.
Quiero viajar y ver el mundo de verdad.
La reina palideció ligeramente.
—¿Viajar?
Aito, solo tienes siete años… El mundo fuera de estos muros es peligroso.
El rey frunció el ceño, cruzando los brazos.
—Es demasiado pronto, hijo.
Has visto la ciudad una vez, pero un viaje largo… hay bestias, bandidos, regiones inestables.
No es lugar para un niño, por muy talentoso que seas en esgrima y magia.
Aito no retrocedió.
—Lo sé.
Pero si nunca salgo, nunca aprenderé nada real.
Las historias hablan de héroes que empezaron jóvenes.
Quiero ser como ellos.
La reina miró al rey con preocupación.
—Esposo… tiene razón en que es curioso, pero ¿solo?
¿Y si le pasa algo?
Calithia, que escuchaba desde la puerta, entró corriendo con ojos brillantes.
—¡Yo voy con él!
¡No dejaré que mi hermanito viaje solo!
El rey negó con la cabeza.
—No, Calithia.
Tú tampoco.
Eres mayor, pero esto no es un juego.
Aito debe aprender a valerse por sí mismo si insiste tanto.
Calithia se enfurruñó, cruzando los brazos.
—¡Eso no es justo!
¡Soy su hermana mayor, tengo que protegerlo!
El rey suspiró, pensativo.
—Espera… Zekin, ¿no hablabas hace tiempo de explorar tierras lejanas?
De llevar a Lilia a ver el mundo más allá del reino.
¿Por qué no aprovechas esta oportunidad?
Acompaña a Aito como su escolta y mentor.
Así él viaja, y tú cumples tu deseo.
Zekin, que estaba presente en la sala con Lilia tomada de su mano, asintió con una sonrisa.
—Majestad, sería un honor.
Lilia y yo hemos hablado de ello.
Vigilaré al joven Aito de cerca y le enseñaré en el camino, tanto esgrima como magia.
Lilia, de edad similar a Aito, miró a este con una sonrisa tímida.
—Quiero… ir con Aito.
La reina dudó, pero vio la lógica.
—Si Zekin va… entonces sí.
Pero discreto.
Nadie debe saber la identidad de Aito.
Calithia protestó más fuerte.
—¡¿Y yo no?!
¡No es justo!
¡Quiero ir con mi hermanito!
La reina la abrazó.
—Cariño, tu padre tiene razón.
Esta vez será solo Aito… con Zekin y Lilia.
Aito miró a Calithia con una sonrisa apenada.
—Lo siento, hermana.
Pero prometo volver más fuerte.
Calithia lo miró con ojos vidriosos, mezcla de enojo y preocupación.
—Idiota… más te vale volver entero, o no te perdonaré nunca.
Y así, con permiso real a regañadientes —y una hermana mayor que no dejó de protestar hasta el último momento—, comenzó el primer viaje de Aito Greymont más allá de los muros del palacio.Esta vez acompañado por Zekin y la pequeña Lilia, cuya presencia marcaría el inicio de algo inesperado.
Lo que le esperaba era un mundo lleno de maravillas…
y peligros que ni siquiera las historias habían contado.
Días después, el grupo partió al amanecer.
Aito llevaba una capa, una espada de madera reforzada y un pequeño bolso con provisiones.
Zekin caminaba adelante, vigilante, mientras Lilia iba al lado de Aito, curiosa por todo.
Los primeros días fueron tranquilos: caminos boscosos, pueblos pequeños donde compraban comida.
Aito no paraba de preguntar sobre magia local, bestias o ruinas antiguas.
Una tarde, mientras acampaban junto a un río, Aito practicó su magia viento.
Una ráfaga poderosa levantó agua del río formando un torbellino que brillaba bajo el sol.Lilia abrió los ojos emocionada.
—Increíble… Aito, eres muy fuerte.
Aito sonrió tímido.
—Gracias, Lilia.
.Zekin observó desde lejos, orgulloso pero alerta.
—Este niño…
su poder crece demasiado rápido.
Pero la paz no duró.
Al atardecer del quinto día, un rugido sacudió el bosque.
Un lobo cornudo gigante emergió de los árboles, ojos rojos fijos en ellos —una bestia feroz que incluso caballeros experimentados evitaban.Zekin desenvainó su espada.
—Aito, Lilia, atrás.
Yo me encargo.Pero Aito dio un paso adelante, maná viento arremolinándose alrededor.
—Maestro…
déjame intentarlo.La bestia cargó.Y así, el primer verdadero peligro del viaje por fin comenzó…
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