El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 1
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- Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 – El Despertar del Reloj
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1: Capítulo 1 – El Despertar del Reloj 1: Capítulo 1 – El Despertar del Reloj El silencio fue lo primero.
Un silencio abrumador, profundo, que parecía devorar incluso sus propios pensamientos.
No sentía su cuerpo, al menos no el que recordaba: piel tibia, latidos acelerados, respiración nerviosa.
En su lugar, había un peso extraño, metálico, como si su misma carne hubiera sido sustituida por engranajes y acero.
Entonces, el sonido.Un tic-tac suave, constante, que vibraba en su pecho.El corazón ya no era suyo.
Era un reloj.
Abrió los ojos.
La oscuridad se iluminó con un resplandor azulado.
Estaba tendido en un suelo frío, rodeado de piezas mecánicas que parecían respirar con él.
Reconoció de inmediato aquel lugar aunque jamás lo había visto en persona: la Fortaleza Gigante del Reloj, una monstruosidad de acero y Wakfu que giraba en un equilibrio imposible, flotando sobre engranajes colosales.
—No puede ser… —murmuró, y su voz sonó robótica, reverberante, como un eco metálico.
Se puso en pie torpemente.
El peso de la armadura lo desequilibraba, y sin embargo, en el fondo de su memoria sabía cómo moverla.
Cada paso resonaba con un estruendo hueco, reverente, como si la misma estructura de la fortaleza lo reconociera como su dueño.
Alzó la mano y la vio cubierta por guanteletes afilados.
En su pecho, el Selacubo brillaba con un fulgor enfermizo, irradiando energía azulada que recorría los engranajes de su armadura.
Lo conocía.
Había visto Wakfu, había admirado —y temido— a Nox.
Y ahora estaba en su lugar.
No era un sueño.Se había reencarnado.
Pero algo estaba mal.La vista desde la ventana circular no mostraba las llanuras del Mundo de los Doce, ni los cielos mágicos de Ankama.Lo que se extendía allá abajo eran carreteras, rascacielos modernos, y un océano que relucía bajo el sol de la tarde.El aire vibraba con el zumbido de aviones, no de dragopavos.
Era Metroville.El mundo de Los Increíbles.
El hombre —o lo que quedaba de él dentro de esa prisión mecánica llamada Nox— se apoyó en la baranda, contemplando el panorama.
Su mente humana hervía con preguntas: ¿Por qué aquí?
¿Por qué con este cuerpo?
¿Y por qué con el Selacubo y la Fortaleza, los artefactos más peligrosos jamás creados en Wakfu?
El reloj en su pecho respondió por él, latiendo con un pulso frío.Porque el tiempo lo reclamaba.
Se rió, un sonido hueco que heló la sala vacía.—Metroville… ¿Estás lista para conocer a un villano que ni siquiera pertenece a tu historia?
El Selacubo respondió con un destello de energía, como si aprobara sus palabras.
Los engranajes de la fortaleza comenzaron a moverse lentamente, despertando de un sueño milenario.
La máquina respiraba.
Vivía.
Y bajo su mando, se alzaría como un dios sobre aquella ciudad.
Pero él no era ingenuo.
Conocía la trama.Sabía que pronto aparecería Síndrome con sus planes de falsa gloria.Sabía que los Parr estaban dispersos, escondidos, vulnerables.Sabía que Jack-Jack, el bebé, aún no había revelado su poder descomunal.
Todo era información privilegiada.Y él pensaba usarla.
Se giró hacia el trono vacío en el centro de la sala de control.
Caminó hasta él con pasos solemnes, cada movimiento acompañado por el tic-tac eterno del reloj.
Se sentó, y el Selacubo reaccionó de inmediato, proyectando hologramas de la ciudad, de sus redes eléctricas, de sus reservas energéticas.
Todo lo que un conquistador necesitaría.
Un plan comenzó a formarse en su mente.—Primero, la energía.
Metroville será mi Wakfu.
—Su voz resonó como un juramento—.
Luego, el tiempo.
Detendré cada segundo en esta ciudad hasta que se arrodillen.
Cerró los ojos un instante.
En su interior, la humanidad del chico que alguna vez fue tembló de miedo.
Pero la máscara de Nox no mostraba dudas.El destino lo había convertido en villano, y él lo aceptaría.
Cuando volvió a abrir los ojos, vio la ciudad brillar bajo el sol.Y supo que era suya.
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