El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 – Sueños detenidos
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10: Capítulo 10 – Sueños detenidos 10: Capítulo 10 – Sueños detenidos La noche cayó sobre Metroville, pero para la familia Parr no hubo descanso.Bob no podía dejar de caminar de un lado a otro en la sala, furioso por su impotencia.
Helen trataba de calmarlo, aunque sus manos temblaban más de lo que quería admitir.
Dash, agotado de intentar comprender los bucles, se quedó dormido a medio protestar.
Jack-Jack balbuceaba en los brazos de su madre, inquieto sin razón aparente.
Y Violeta…Violeta se encerró en su habitación, temblando bajo las sábanas.
Cuando al fin el sueño la venció, descubrió que el mundo que la recibía no era suyo.
Despertó en un lugar extraño: un mar de relojes rotos flotaba en un vacío oscuro.
Relojes de bolsillo, despertadores oxidados, torres enteras desmoronadas.
Todos giraban lentamente en el aire, como restos de un naufragio en un océano invisible.
Ella caminaba descalza sobre una superficie que no existía, escuchando el eco interminable de miles de tic-tac superpuestos.
Y allí estaba él.
Nox la esperaba sentado en un trono de engranajes colosales, suspendido en medio de ese cielo imposible.
Su máscara brillaba con la “X” ardiente, iluminando el abismo.
—Bienvenida, Violeta Parr.
—Su voz retumbó como si saliera de todos los relojes a la vez—.
Este es el reino donde siempre has vivido, aunque no lo sabías: un rincón fuera del tiempo, donde nadie puede ignorarte.
Ella dio un paso atrás, pero el suelo se extendió con ella, atrapándola.—Esto es un sueño… solo un sueño… —¿Y qué es un sueño sino un vistazo al tiempo que no ha llegado?
—Nox se inclinó hacia ella, extendiendo una mano—.
Aquí, tú existes de verdad.
Aquí nadie te mira de reojo para olvidarte al instante.
Aquí, tu sombra es un poder.
Violeta sintió que su cuerpo vibraba con la misma frecuencia que el mar de relojes.Un campo de fuerza surgió alrededor de ella, espontáneo, pero no para protegerla: parecía responder al lugar, expandiéndose y contrayéndose con el mismo pulso del abismo.
—Mírate.
—La voz de Nox era un susurro hipnótico—.
Tus escudos no son muros.
Son membranas del tiempo.
Barreras que podrían separar segundos, doblar horas, reescribir días.
Violeta lo miró con los ojos húmedos.—Yo… no quiero hacer daño.
—El tiempo siempre daña.
—El eco metálico sonó más suave, casi compasivo—.
El tiempo mata a todos los que amas, uno por uno.
No es cruel… es inevitable.
Ella cerró los ojos con fuerza.
La imagen de su familia se le vino encima: su padre, fuerte pero atrapado en su orgullo; su madre, tan firme que parecía romperse por dentro; Dash, siempre solo en su carrera; Jack-Jack, destinado a un futuro que nadie entendía.
Y en ese instante, la duda se filtró como veneno.¿De verdad podrían resistir a alguien como Nox?¿O era ella la única que podía aprender a manejar ese poder para salvarlos?
Nox se levantó de su trono, sus pasos resonando como martillazos en el vacío.
Se detuvo frente a ella y extendió otra vez su mano.—No te pido que me sigas ahora.
Solo que escuches el reloj dentro de ti.
Y cuando llegue la hora… sabrás qué hacer.
Violeta sintió su corazón latiendo al mismo ritmo que el tic-tac.Por un segundo, pensó en tomar esa mano.
Pero se despertó de golpe, sudando, jadeando en la oscuridad de su cuarto.
El reloj de pared, que había estado roto toda su vida, marcaba la hora exacta.03:33.
Y con cada segundo, resonaba más fuerte que nunca.
Tic… Tac… Violeta se tapó los oídos, llorando en silencio.Pero el sonido estaba dentro de ella.
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