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El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 – Los engranajes de la conspiración
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2: Capítulo 2 – Los engranajes de la conspiración 2: Capítulo 2 – Los engranajes de la conspiración La noche cayó sobre Metroville como un telón pesado.Las luces de los rascacielos brillaban en medio de la penumbra, pequeñas luciérnagas atrapadas en cajas de acero y vidrio.

El bullicio de coches y sirenas no se detenía, y desde la altura todo parecía un mecanismo gigantesco, perfecto.

Nox lo contemplaba desde la penumbra de su Fortaleza.

El Selacubo latía en su pecho con una cadencia siniestra, y cada vibración alimentaba los engranajes de la Fortaleza Gigante del Reloj, cuya silueta flotaba entre las nubes, invisible a ojos de los simples mortales.

No era magia lo que la ocultaba, sino manipulación del tiempo: los segundos alrededor de la estructura corrían tan rápido que nadie alcanzaba a verla, como si fuera un parpadeo borrado de la existencia.

Para los habitantes de Metroville, esa mole colosal no existía.Pero desde sus ventanales, Nox lo veía todo.

El banco central.Las estaciones eléctricas.Los satélites de telecomunicaciones que orbitaban sobre sus cabezas.La ciudad estaba desnuda frente a él, como un reloj abierto, esperando a que sus engranajes fueran forzados a girar en otra dirección.

—Cada mundo tiene su Wakfu… —murmuró, con voz distorsionada—.

Aquí lo llaman electricidad, energía, poder.

Yo lo tomaré todo.

Y el Selacubo respondió, absorbiendo un flujo invisible.Los sistemas de la ciudad parpadearon: un apagón en un barrio, fallas eléctricas en otro.

Pequeños “accidentes” que nadie relacionaría, pero que alimentaban su corazón mecánico.

Era el primer engranaje de su conspiración.

Mientras tanto, en una pequeña casa suburbana, la familia Parr terminaba la cena.Bob estaba cansado después de otro frustrante día en la oficina; Helen lo miraba con la mezcla habitual de paciencia y desconfianza, Violeta apenas probaba la comida mientras jugueteaba con la cuchara, Dash devoraba como un tornado, y Jack-Jack balbuceaba entre risas.

Nada parecía fuera de lo común… hasta que la luz se apagó.

—¿Otra vez?

—gruñó Bob, levantándose—.

¡La tercera vez esta semana!

—Es raro —Helen frunció el ceño—.

No suelen haber apagones tan frecuentes aquí.

Violeta se tensó.

Sentía algo extraño, como una presión en el aire, una vibración que no sabía explicar.—No creo que sea solo un apagón… —susurró.

Dash, en cambio, sonrió como si fuera un juego.—¡Seguro es un súper villano nuevo!

¡Ojalá sea genial!

Helen lo miró con severidad.—No bromees, cariño.

Pero en su interior, también lo presentía.

Algo se estaba moviendo en Metroville.

Algo más grande de lo que habían enfrentado antes.

De regreso en la Fortaleza, Nox observaba las reacciones.

Había colocado pequeños dispositivos temporales en distintas partes de la ciudad, máquinas que ralentizaban o aceleraban el tiempo en espacios minúsculos.

Un vaso que caía en un bar quedaba suspendido en el aire durante segundos.

Un coche que frenaba en un cruce parecía arrastrarse con lentitud antinatural.

Pequeñas distorsiones.Pequeños avisos de que la ciudad estaba entrando en su dominio.

—Síndrome… —pronunció con desprecio, recordando lo que sabía de la historia—.

Tú buscabas gloria y venganza.

Yo buscaré algo más simple: control.

En su trono de engranajes, el villano acarició el aire.

El Selacubo proyectó la imagen de la familia Parr cenando en su casa.

Los había encontrado.Los observó en silencio, como un científico ante su experimento más delicado.

—Ellos son la clave.

No puedo destruirlos… aún.

Pero sí puedo usarlos.

Cada héroe es un engranaje.

Y cada engranaje, tarde o temprano, gira a mi favor.

El plan se desplegó en su mente con claridad aterradora: Alimentar la Fortaleza con la energía de la ciudad.

Sembrar el miedo con anomalías temporales.

Dejar que los Parr salieran de su escondite.

Y entonces, cuando se cruzaran con él, mostrarles que su enemigo no era un humano resentido con tecnología barata como Síndrome, sino un dios del tiempo.

Metroville había vivido en segundos ordinarios durante demasiado tiempo.Nox pensaba robarles cada uno de ellos.

El reloj marcó la medianoche.Los engranajes de la Fortaleza giraron al unísono, y la ciudad tembló con un apagón generalizado.Las estrellas se reflejaron en sus ventanales apagados, y por un instante, Metroville pareció una ciudad muerta.

Y en ese silencio absoluto, solo se escuchaba un eco metálico: Tic… Tac…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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