El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 – La primera lección
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23: Capítulo 23 – La primera lección 23: Capítulo 23 – La primera lección La Fortaleza del Reloj no era un lugar.Era un estado.
Violeta flotaba sobre pasillos que se doblaban en ángulos imposibles, rodeada de esferas que contenían momentos arrancados de la historia.
En una veía la primera piedra de Metroville colocada en 1870; en otra, su propia familia desayunando como si nada hubiera ocurrido; en otra más, un futuro que jamás existía dos veces igual.
El engranaje en su pecho vibraba, conectándola con todo.Cada esfera parecía un latido suyo.
Nox apareció a su lado, caminando tranquilamente sobre un puente de engranajes suspendido en la nada.—Mira bien, Violeta.
Aquí no hay pasado ni futuro.
Solo relojes, y todos marcan la misma hora: la tuya.
Ella tragó saliva, con los ojos fijos en las esferas.—¿Qué… quieres que haga?
Nox extendió su mano.De entre las esferas surgió una: un instante congelado donde Dash estaba atrapado en su bucle de carrera infinita.
—Libéralo —ordenó.
Violeta parpadeó.—¿Cómo?
—Siente el engranaje en tu pecho.
Deja que guíe tu voluntad.
El tiempo es un río, y tú eres la presa que decide abrir o cerrar el flujo.
La joven alzó la mano con inseguridad.
El dorado en sus ojos se encendió.Sintió el río.
Sintió las corrientes, los remolinos, los segundos golpeando contra ella.
Con un gesto, la esfera se resquebrajó.Dash salió disparado hacia adelante… y luego desapareció, tragado por la nada.
Violeta gritó.—¡¿Qué hice?!
Nox la observó en silencio, luego apoyó una mano en su hombro.—Lo salvaste de la prisión… llevándolo a otro cauce.
No lo has destruido, solo lo has movido.
—¿A dónde?
—preguntó ella, con lágrimas en los ojos.
La máscara brilló con su cruz ardiente.—Eso es irrelevante.
Lo importante es que lo controlaste.
Que lo obedeció.
De pronto, decenas de esferas descendieron en torno a ella.
En cada una, escenas familiares: Bob rugiendo en su prisión, Helen atrapada en un nudo temporal, Jack-Jack riendo mientras flotaba en un rincón detenido de la ciudad.
Nox extendió ambos brazos, como un sacerdote ante un altar.—Tu familia, el mundo, todo lo que amas y todo lo que temes… es materia prima.
Decide qué segundos viven y cuáles mueren.
Violeta cayó de rodillas, con las manos temblando.—No quiero hacer esto… Nox se agachó, acercando la máscara a su rostro.—Y sin embargo, puedes.
Esa es tu maldición.
Y tu destino.
El engranaje en su pecho latió con fuerza, obligándola a mirar las esferas.Uno de los cristales se agrietó solo, mostrando a Helen atrapada, repitiendo el grito “¡Violet!” una y otra vez.
Su madre, congelada en un segundo eterno.
Violeta alzó la mano, llorando, sin saber si salvarla significaba perderla para siempre.
Nox susurró, como el tic-tac de un reloj de bolsillo:—Elige.
Tic… Tac…
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