El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 24
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- Capítulo 24 - 24 Capítulo 24 – El precio de una elección
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24: Capítulo 24 – El precio de una elección 24: Capítulo 24 – El precio de una elección La esfera de cristal temblaba frente a Violeta, mostrando a Helen en bucle, los labios congelados en un grito eterno: “¡Violet!” El sonido la atravesaba como cuchillos.
Cada repetición era un eco en sus huesos.
—Tengo que sacarla… —susurró, con la voz quebrada.
Nox se alzó tras ella, imponente, con la cruz de su máscara brillando como un sol oscuro.—Entonces hazlo.
Demuestra que el reloj obedece a tu voluntad.
El engranaje en su pecho ardió.
El río del tiempo volvió a rugir en sus oídos.
Cada corriente llevaba segundos, horas, días.
Podía sentir la infancia de su madre, su presente atrapado, y… algo más, un futuro que aún no estaba escrito.
Temblando, Violeta extendió la mano hacia la esfera.El cristal crujió como hielo bajo presión.
—Por favor… vuelve a mí, mamá.
Con un estallido de luz, la esfera se rompió.
Helen cayó de rodillas frente a ella, jadeando como si hubiera estado sumergida bajo el agua durante siglos.
Sus ojos buscaban desesperados, hasta encontrar a su hija.
—¡Violet!
—exclamó, abrazándola con fuerza—.
Oh, mi niña… pensé que nunca volvería a verte… Violeta la abrazó, llorando en silencio contra su pecho.Lo había logrado.
La había salvado.
Pero algo estaba mal.
El cuerpo de Helen temblaba.
Sus manos se aferraban con una fuerza antinatural, como si no quisiera soltarla jamás.
Y en sus ojos había un brillo extraño: destellos dorados que no le pertenecían.
—Mamá… —dijo Violeta, apartándose apenas—.
¿Estás… bien?
Helen sonrió, pero no era la sonrisa cálida de siempre.
Era tensa, torcida.—Claro, cariño… estoy contigo.
Siempre contigo.
Para siempre.
Nox observaba la escena desde lo alto de un engranaje, inmóvil.—Has aprendido la primera verdad: liberar no es devolver.
Cada decisión altera el mecanismo.
Ella ya no es exactamente quien recuerdas.
Helen acarició el rostro de su hija con ternura, pero su mirada estaba fija en Nox.—¿Qué… me hiciste?
—murmuró, y su voz resonó como si hablara en dos tiempos a la vez, un eco desfasado.
Violeta retrocedió, aterrada.—No… no, yo solo quería salvarte… El engranaje en su pecho giraba frenéticamente, conectándola con los ojos dorados de su madre.Como si ambas ahora compartieran la misma grieta en el tiempo.
Nox inclinó la cabeza.—El reloj siempre cobra su precio.
Helen se llevó las manos a la cabeza, como si miles de voces hablaran en su interior.
Luego miró a su hija con desesperación.—Violet… ayúdame… Violeta alzó la mano hacia ella, pero la duda la desgarraba: ¿volver a tocarla sería sanarla… o hundirla más en el río de los relojes?
Nox, con voz suave, lanzó la pregunta que sería su tormento:—¿Salvarás a tu madre de nuevo… aunque eso signifique perderla para siempre?
Tic… Tac…
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