El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 – La primera irrupción
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3: Capítulo 3 – La primera irrupción 3: Capítulo 3 – La primera irrupción La ciudad despertó envuelta en caos.El apagón de la medianoche había durado solo quince segundos, pero bastó para sembrar el pánico.
Alarmas desincronizadas, semáforos muertos, ascensores detenidos, hospitales en alerta.
Metroville no era una ciudad que pudiera funcionar sin su flujo eléctrico constante, y por primera vez, la fragilidad del sistema quedó expuesta.
Entre las sombras, en un callejón estrecho, una figura emergió.
Los pasos eran lentos, solemnes, cada impacto metálico resonando contra las paredes húmedas.
Su silueta parecía imposible: una armadura delgada y mecánica, con un reloj latiendo en su pecho como un corazón de cristal, y una máscara con una “X” luminosa que destellaba en la penumbra.
El aire a su alrededor se deformaba, como si el tiempo mismo se negase a tocarlo.
Un perro que ladraba se congeló en medio de un salto; una gota de lluvia suspendida en el aire permaneció colgando hasta que él pasó bajo ella.
Metroville vio a Nox por primera vez.
No llegó con estruendo ni con un ejército.Llegó con silencio.Y eso lo hizo aún más aterrador.
Mr.
Increíble conducía de regreso a casa en su coche destartalado.
El apagón lo había sorprendido en la autopista, y algo en su instinto le decía que no era casualidad.
Sus manos apretaban el volante con fuerza.
Fue entonces cuando lo vio: una figura caminando lentamente en medio de la calle, sin prisa, como si el tráfico detenido no existiera.
Los coches a su alrededor permanecían inmóviles, no porque los conductores no quisieran avanzar, sino porque estaban literalmente congelados.
Bob frenó de golpe.
El motor chisporroteó y murió.
El extraño se giró hacia él, y la luz azulada de su máscara en forma de “X” lo atravesó como un cuchillo.
—Tú… —Mr.
Increíble bajó del coche, instintivamente adoptando postura de combate—.
No eres de aquí.
La voz de Nox sonó metálica, pausada, con una calma que helaba.—No, héroe.
No soy de tu mundo.
Y por eso estoy destinado a conquistarlo.
Bob dio un paso al frente.—Escucha, quien seas, no voy a dejar que lastimes esta ciudad.
Nox alzó una mano, y el reloj en su pecho brilló.
El aire vibró, y de pronto, Bob sintió cómo su cuerpo se volvía pesado, torpe.
Sus movimientos eran más lentos, como si estuviera nadando en melaza.
—El tiempo… siempre ha sido el arma más poderosa.
—Nox lo observaba como un entomólogo ve a un insecto atrapado en ámbar—.
Y ahora me pertenece.
Bob gruñó, luchando contra la ralentización, sus músculos tensándose hasta el límite.
Dio un golpe con el puño al suelo, partiendo el asfalto en dos, y logró liberarse de la distorsión temporal por un instante.
Saltó hacia Nox con un rugido.Pero el villano no se movió.
El reloj giró una vuelta más.El mundo entero se congeló.
Mr.
Increíble quedó suspendido en el aire, a escasos centímetros de alcanzarlo, sus ojos abiertos de furia impotente.Nox lo observó en silencio, inclinando ligeramente la cabeza.
—Podría matarte ahora mismo —susurró, su voz un eco de acero—.
Pero no sería… interesante.
El tiempo se liberó.
Bob cayó de bruces contra el pavimento, jadeando, mientras la figura metálica ya se alejaba con pasos tranquilos, como si la batalla no hubiese significado nada.
—Recuerda este momento, héroe —la voz resonó en el aire, aunque Nox ya estaba lejos—.
El reloj ha comenzado a girar… y tus segundos están contados.
Desde un rascacielos cercano, una silueta encapuchada observaba la escena con atención.
El hombre de la capa anaranjada sonrió, fascinado.
—Interesante… —murmuró.Era Síndrome.Y acababa de encontrar a alguien que podía ser un aliado… o un rival.
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