El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - 33 Capítulo 33 – El precio de la grieta
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33: Capítulo 33 – El precio de la grieta 33: Capítulo 33 – El precio de la grieta El núcleo del limbo latía como un corazón muerto que aún se negaba a dejar de bombear.Cada pulsación hacía vibrar los relojes rotos suspendidos en la nada, y cada golpe atraía a más de los olvidados.
Bob corría con Dash y Jack-Jack, pero la marea de figuras sin rostro era interminable.
Se arrojaban sobre ellos con garras hechas de agujas oxidadas, murmurando en un coro ensordecedor: —Tiempo… devuélvenos el tiempo… Bob lanzó un rugido y apartó a un centenar de un solo golpe, pero otro centenar se levantó inmediatamente.Dash corría en círculos, derribando a los que podía, aunque cada contacto le dejaba cortes brillantes, como heridas de luz.
Jack-Jack multiplicado era un caos viviente: clones en llamas, clones gigantes, clones que se volvían humo.
Cada versión del bebé arrancaba pedazos de los olvidados, pero los fragmentos simplemente volvían a unirse.
La luz del núcleo estaba más cerca.
Una grieta brillante palpitaba en el aire, como una salida imposible.
—¡Papá!
—gritó Dash—.
¡Ahí!
¡La salida!
Bob apretó los dientes, sujetando a Jack-Jack con un brazo y lanzando un puñetazo devastador contra el suelo.
Una onda expansiva abrió un corredor entre los olvidados.—¡Corre, hijo!
¡No te detengas!
Dash obedeció, corriendo tan rápido que sus pies dejaban estelas de fuego en el vacío.Pero la grieta… empezó a cerrarse.
Bob se lanzó con todo, sosteniendo a Jack-Jack, que gritaba y disparaba rayos por los ojos.
El bebé lloraba y reía al mismo tiempo, desatando su caos puro contra los olvidados.
Entonces, una de las sombras más grandes se abalanzó frente a la grieta.Era distinta: un coloso hecho de cientos de olvidados fusionados.
Tenía el torso abierto, y en su interior brillaban cientos de engranajes vacíos.
Su voz era un rugido múltiple:—Nadie sale… sin pagar.
Bob se detuvo en seco, colocando a sus hijos detrás.—¡Quítense del camino!
El coloso rió, y sus miles de ojos dorados ardieron.—Devuélvanos tiempo… dennos carne… o quedarán aquí.
Dash jadeó, mirando a su padre.—Papá… ¿qué hacemos?
Bob apretó los puños, con los ojos fijos en el coloso.No podía dar a sus hijos.
No podía entregar nada de lo que amaba.Pero entonces, Jack-Jack, en un instante de silencio, levantó sus pequeñas manos.
Un brillo carmesí llenó la nada.
Todos los clones de Jack-Jack se unieron en uno solo.
El bebé flotó, con los ojos ardiendo, y su voz resonó en ecos imposibles:—Yo… pago.
Bob gritó, extendiendo la mano.—¡NO!
¡Jack-Jack, no!
El coloso se inclinó, aceptando la ofrenda.
La grieta se abrió con violencia, devorando la oscuridad.Jack-Jack se volvió luz pura, lanzando a su padre y a Dash hacia el resplandor.
Bob, desesperado, estiró el brazo, intentando aferrarse a su hijo.Pero lo único que tocó fue el calor de la energía que se deshacía en chispas.
—¡JACK-JACK!
El grito de Bob fue lo último que retumbó en el limbo antes de que él y Dash fueran tragados por la grieta.
Y detrás, el coloso de olvidados cerró sus ojos dorados, satisfecho.
Tic… Tac…
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