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El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 – El vacío que arde
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34: Capítulo 34 – El vacío que arde 34: Capítulo 34 – El vacío que arde El resplandor los escupió como un torrente.Bob y Dash rodaron por el suelo, jadeando, con el eco del limbo aún resonando en sus oídos.

El aire era distinto: cálido, real, con el olor de cemento y humo.

Metroville.La ciudad seguía allí, aunque el cielo estaba cubierto de un resplandor rojizo que no debería existir.

Bob se incorporó de golpe, sus manos buscando enloquecidas a su hijo más pequeño.—¡Jack-Jack!

—rugió, revisando el suelo, el aire, cada rincón a su alcance—.

¡Jack-Jack!

Dash también buscaba, con los ojos húmedos, corriendo en círculos desesperados.—¡Papá!

¡No está!

¡Él estaba con nosotros, lo vi, estaba… estaba!

Bob lo abrazó con fuerza, como si ese gesto pudiera evitar que otro de sus hijos desapareciera.Pero sus brazos estaban vacíos de lo que más dolía.

Jack-Jack no había vuelto.

El mundo alrededor parecía burlarse.Los relojes en la ciudad estaban detenidos, las calles congeladas en medio del caos: coches suspendidos en el aire, una mujer atrapada en el instante de gritar, un perro ladrando en silencio.

Todo estaba detenido.

Menos ellos.

Bob apretó los dientes.

El dolor lo atravesaba como cuchillas, pero debajo, ardía la rabia.—Él se lo llevó.

Ese monstruo… ese maldito reloj se lo llevó.

Dash lo miró, con lágrimas corriendo por sus mejillas.—¿Y ahora qué hacemos, papá?

¿Cómo lo recuperamos?

Bob cerró los ojos por un instante, recordando el sacrificio de su hijo: esa última chispa de luz, esa voz que resonaba más allá de lo humano.Jack-Jack había abierto la grieta, pagando el precio que el reloj exigía.

Y Bob entendió algo.Jack-Jack no estaba muerto.Estaba atrapado.

En algún lugar del limbo, del reloj, o en el propio poder de Nox… su hijo seguía existiendo.

Cuando abrió los ojos, su mirada ardía.—Lo vamos a recuperar, Dash.

Aunque tenga que arrancarle el corazón al mismísimo reloj.

El silencio congelado de Metroville se quebró con un eco distante.Un tic-tac.Uno solo.

Dash se estremeció.—Papá… ¿escuchaste eso?

Bob asintió, con el puño cerrado.—Sí.

El reloj todavía nos vigila.

Y si el reloj creía que él iba a rendirse… se equivocaba.

Tic… Tac…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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