El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 35
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- Capítulo 35 - 35 Capítulo 35 – El hijo del reloj
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35: Capítulo 35 – El hijo del reloj 35: Capítulo 35 – El hijo del reloj La luz que consumió a Jack-Jack no lo destruyó.Lo transformó.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba en brazos de su padre ni escuchaba el llanto de Dash.Flotaba en la penumbra del limbo, envuelto en un silencio denso, como si el universo mismo contuviera la respiración.
El bebé miró a su alrededor, balbuceando suavemente.
No había risas esta vez.
Solo sombras.
Los olvidados lo rodeaban en un círculo distante, observándolo.No lo atacaban.
No se atrevían.
Uno de ellos, más alto que el resto, habló con una voz quebrada:—Tú… no eres como los otros.
Jack-Jack parpadeó.
Sus ojos se iluminaron de rojo por un instante, luego de azul, luego de dorado.
Pequeñas chispas escaparon de sus dedos.
El olvidado dio un paso hacia adelante, inclinándose.—Eres un fragmento de todos los futuros.
Una semilla que el reloj no puede devorar.
Jack-Jack estalló en risitas, pero la risa se deformó, multiplicándose como un eco que sacudió todo el limbo.Los engranajes rotos comenzaron a girar.
De pronto, el bebé cambió.Su piel brilló como oro líquido, y por un instante no fue un niño, sino una figura etérea, hecha de posibilidades infinitas.
Cada clon que había manifestado en vida brotó a su alrededor: versiones gigantes, demoníacas, invisibles, ígneas, todas orbitando en un enjambre imposible.
Los olvidados retrocedieron, temblando.—Él… es el hijo del reloj.
Jack-Jack levantó la mano, imitando un gesto que había visto tantas veces en su padre.Los engranajes caídos temblaron, y algunos comenzaron a recomponerse, encajando entre sí.
Un latido profundo recorrió el limbo.
Por primera vez, el núcleo respondió no al eco de Nox… sino al llamado del niño.
Jack-Jack, todavía riendo, señaló al horizonte.La penumbra se abrió como una herida.Y a través de ella, vislumbró algo: su hermana, entrenando junto a Nox, con el engranaje brillando en su pecho.
El bebé dejó de reír.
Su expresión cambió.
Violeta.
Una palabra que aún no podía pronunciar, pero que ardía en él como fuego.
El limbo entero se estremeció con su llanto.
Tic… Tac…
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