El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - 38 Capítulo 38 – La ciudad que sangra tiempo
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38: Capítulo 38 – La ciudad que sangra tiempo 38: Capítulo 38 – La ciudad que sangra tiempo El silencio de Metroville se quebró.Un tic-tac profundo sacudió los cimientos de la ciudad, y de pronto, el mundo congelado comenzó a moverse en fragmentos.
Un coche se estrelló contra el suelo, pero en lugar de romperse, se recompuso… y volvió a caer.
Una mujer gritaba eternamente, con la boca abierta, mientras su eco se repetía en bucles.
El cielo cambiaba de color como un caleidoscopio: azul, rojo, dorado, negro.
Dash se apretó contra el brazo de su padre.—Papá… no quiero estar aquí.
Bob lo abrazó fuerte, sus ojos recorriendo la ciudad rota.—Lo sé, hijo.
Pero tenemos que resistir.
Tu hermano está aquí, de alguna forma… lo siento en cada hueso.
De pronto, las sombras se alargaron.Figuras torcidas comenzaron a caminar entre los edificios congelados.
Eran como ecos de los ciudadanos: duplicados hechos de polvo y engranajes oxidados.
Los olvidados, filtrándose a través de la grieta.
Dash tragó saliva, retrocediendo.—¿Qué son esas cosas?
Bob dio un paso al frente, con los puños listos, aunque sabía que su fuerza no bastaría contra algo que ni siquiera pertenecía al mundo real.—Monstruos del limbo.
Y si están aquí… es porque Jack-Jack los ha agitado.
Los olvidados se movían lento, pero sus ojos eran vacíos.
Cada uno repetía un gesto simple: comer, llorar, correr, caer.
Era como si fueran recuerdos de personas atrapadas en un instante eterno.
Uno se lanzó hacia Dash con un chillido metálico.
—¡Cuidado!
—rugió Bob.
El hombre gigante lo aplastó con un golpe brutal, pero en lugar de caer, la sombra estalló en una lluvia de relojes diminutos que se clavaron en el suelo.
Cada uno latía con un tic-tac agudo, como si fueran minas de tiempo.
Dash chilló.—¡Papá, esto no es normal!
Los relojes explotaron de golpe, lanzando ondas que los lanzaron a ambos por el aire.
Bob aterrizó de rodillas, escupiendo sangre.
Dash se levantó rápido, sus manos temblando.—No podemos ganarles… Bob lo miró, con una furia indomable en los ojos.—No.
Pero podemos resistir.
Y si Jack-Jack está del otro lado, escuchándonos… él sabrá que su familia no se rinde.
El cielo se abrió un instante.Jack-Jack, resplandeciente, apareció llorando, su llanto sacudiendo el suelo congelado.
Los olvidados se arrodillaron ante la visión.
Bob y Dash levantaron la vista, con lágrimas en los ojos.—¡Jack-Jack!
—gritaron al unísono.
El eco atravesó la grieta.
Y en el limbo, el bebé detuvo su llanto… y sonrió.
TIC… TAC…
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