El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 56
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- Capítulo 56 - 56 Capítulo 56 – El peso del silencio
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56: Capítulo 56 – El peso del silencio 56: Capítulo 56 – El peso del silencio La casa de los Parr estaba en penumbras.Las luces de la calle apenas iluminaban el salón, donde la familia se había reunido sin decir mucho.El murmullo lejano de la ciudad aún vibraba en el aire, pero aquí dentro, solo quedaba el silencio.
Bob se sentó en el sofá con los codos apoyados en las rodillas, frotándose el rostro.Por primera vez en mucho tiempo, parecía viejo.No por la edad, sino por el peso invisible de lo que había sostenido esa noche.Sabía que había estado a un solo latido de perderlo todo.
Helen estaba a su lado, enroscada en una manta que Dash había traído.Tenía los ojos fijos en el suelo, todavía incapaz de borrar las voces de Nox de su mente.Se sentía contaminada, como si aún llevara parte de esas cadenas en su piel.Sin embargo, cada vez que Jack-Jack balbuceaba desde la cuna improvisada junto al sofá, un destello de alivio la atravesaba.Estaba aquí.
Estaba a salvo.
Violeta había subido a su cuarto, pero no dormía.Se sentaba junto a la cuna de su hermanito, observando cómo cerraba los ojos con una sonrisa tranquila, como si nada hubiera pasado.Las lágrimas le caían en silencio.Había sido ella quien sostuvo el vínculo, quien sostuvo a Jack-Jack entre dos mundos.Nunca se había sentido tan fuerte… ni tan frágil.
Dash, incapaz de quedarse quieto, iba y venía por el salón.Tenía los ojos hinchados por el cansancio, pero no quería dormir.No quería cerrar los ojos y volver a ver esas criaturas de engranajes persiguiéndolos.Se detuvo frente a su madre, dudando, y al final preguntó en voz baja:—¿Mamá… vas a volver a ser tú?
Helen levantó la vista, sorprendida.Por un instante, no supo qué responder.Pero luego tomó aire y lo abrazó con fuerza.—Sí, Dash.
Ya soy yo.
Y no voy a dejar que eso cambie otra vez.
Bob levantó la mirada hacia ellos, con los ojos húmedos.La simple imagen de su esposa y su hijo abrazados le devolvió un poco de la calma que creía perdida.
Durante un largo rato, nadie habló más.Cada uno estaba atrapado en sus propios recuerdos:—los engranajes cayendo como cuchillas,—el rugido del titán,—el grito desesperado de Nox,—y ese último tic-tac antes de que todo se apagara.
La noche avanzó lentamente, dejando que el silencio se convirtiera en un refugio.Y aunque las cicatrices no se irían pronto, había una certeza que mantenía a la familia unida:habían vuelto juntos.
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