El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 58
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- Capítulo 58 - 58 Capítulo 58 – La herida invisible
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58: Capítulo 58 – La herida invisible 58: Capítulo 58 – La herida invisible La madrugada había llegado.La casa estaba en calma, pero Helen no podía dormir.Se había sentado en la cocina, con una taza de café frío entre las manos, mirando al vacío.
El reflejo en la ventana le devolvía una imagen que no reconocía del todo:ojos cansados, hombros caídos, una mujer que había sido un títere de engranajes y relojes.El eco de la voz de Nox aún retumbaba en su mente:“Eres mía.
Sin mí, te perderás.” Un escalofrío la recorrió.
Bob entró descalzo, con el gesto de quien tampoco había podido dormir.La vio allí, inmóvil, y se acercó sin decir palabra.Se sentó frente a ella, dejando que el silencio hablara primero.
Helen bajó la mirada.—No puedo dejar de pensar en… en lo que hice, en lo que fui.
Bob la miró con calma, aunque por dentro su corazón se rompía al verla así.—No fuiste tú, Helen.
Fue él.
Ella negó lentamente, con los ojos brillando.—No, Bob… sí era yo.
Él no me obligó a amar a mi familia… se aprovechó de eso.
Me usó porque… porque soy débil.
Bob golpeó suavemente la mesa con el puño.—No vuelvas a decir eso.
Tú eres la persona más fuerte que conozco.
Helen dejó escapar una risa amarga.—¿Fuerte?
Me quebré en cuanto me tocó.
Bob estiró la mano y le tomó la suya.—Te quebraste porque estabas sola.
Y aún así… ¿sabes qué hiciste?Helen lo miró, con lágrimas contenidas.—¿Qué?
—Luchaste.
Incluso cuando estabas atrapada, incluso cuando parecía que lo había ganado todo, tú seguiste luchando.
Y al final, fuiste tú quien lo rompió.
No yo, no los niños.
Tú.
Helen bajó la cabeza, y las lágrimas comenzaron a caer.—Tengo miedo de que vuelva a pasar, Bob… de que me vuelva a perder.
Él la abrazó fuerte, como si pudiera anclarla con solo sus brazos.—Si vuelve a pasar, estaré allí para recordarte quién eres.
Siempre.
Por primera vez desde la caída de la Fortaleza, Helen permitió que el llanto saliera.Y en ese desahogo, una parte de las cadenas invisibles comenzó a romperse.
Cuando al fin se calmó, Bob la sostuvo contra su pecho y susurró:—No eres una herida, Helen.
Eres la cicatriz que nos recuerda que sobrevivimos.
Ella cerró los ojos y respiró profundamente.Tal vez no sanaría de inmediato.Pero no tendría que hacerlo sola.
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