El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 61
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- Capítulo 61 - 61 Capítulo 61 – Entre sombras y oficinas
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61: Capítulo 61 – Entre sombras y oficinas 61: Capítulo 61 – Entre sombras y oficinas El teléfono había dejado de sonar hacía minutos, pero el eco de la voz de Rick Dicker seguía flotando en la cocina.“Tenemos que hablar.” Bob había colgado con el ceño fruncido, y Helen no necesitó que él explicara nada.Ese tono significaba solo una cosa: el gobierno estaba preocupado.
Esa misma tarde, un coche negro se estacionó frente a la casa de los Parr.Las cortinas de los vecinos se movieron con disimulo: nadie podía ignorar la llegada de un vehículo oficial.
Rick Dicker bajó del asiento trasero.El agente parecía más cansado que nunca.Las arrugas de su rostro se habían acentuado, y llevaba un maletín en la mano como si cargara el peso de todo Metroville.
Entró sin ceremonias, como alguien que ya había cruzado ese umbral demasiadas veces.Se sentó en la sala y dejó el maletín sobre la mesa, sin abrirlo todavía.
—Voy a ser directo —empezó, con un suspiro—.
Lo que pasó anoche no se puede ocultar.
Helen cruzó los brazos, rígida.—¿Qué dicen?
Rick la miró con seriedad.—Depende de a quién escuches.
Algunos creen que fue un ataque extraterrestre.
Otros piensan que es tecnología militar fuera de control.
Hay quienes incluso… —dudó un segundo— creen que ustedes lo provocaron.
Dash se enderezó de golpe.—¡¿Qué?!
¡Nosotros lo detuvimos!
Rick lo miró con una paciencia paternal.—Yo lo sé, chico.
Pero la gente no siempre distingue entre héroes y amenazas.
Violeta bajó la mirada.
Esa frase le pesó como plomo.
Bob apretó los puños.—Rick, no puedes dejar que esto se nos cargue encima.
Esa… cosa venía de otro lugar.
No era nuestro problema, hasta que lo hicimos nuestro.
Rick abrió el maletín.
Dentro había carpetas, fotografías aéreas, reportes militares.Las imágenes mostraban la Fortaleza del Reloj, flotando sobre la ciudad como una pesadilla.
—El problema —dijo con voz baja— es que nadie sabe de dónde vino.
Ningún radar, ningún satélite, nada.
Simplemente apareció.
Y cuando desapareció… se llevó respuestas con ella.
Helen tragó saliva.—¿Y qué quieres de nosotros?
Rick cerró el maletín con un clic metálico.—Quiero que se preparen.
El gobierno va a exigir explicaciones.
La prensa va a buscarlos.
Y tarde o temprano, alguien va a conectar las piezas.
El silencio cayó en la sala.Por primera vez desde la caída de Nox, la amenaza ya no era de engranajes y relojes.Era de micrófonos y políticos.
Rick se levantó para irse.Antes de cruzar la puerta, miró a los Parr con una mezcla de respeto y preocupación.—La ciudad no entiende lo que hicieron por ella.
Quizás nunca lo haga.
Pero yo sí.
Y se los agradezco.
El coche negro se alejó calle abajo, dejando tras de sí un silencio denso.Bob miró a su familia y dijo lo que todos pensaban:—Esto no ha terminado.
Apenas comienza.
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