El Nuevo Orden del Tiempo (wakfu) - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 – El reloj desciende
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8: Capítulo 8 – El reloj desciende 8: Capítulo 8 – El reloj desciende La plaza de Metroville se convirtió en un infierno detenido.El cielo parecía una cúpula de vidrio fracturado: las nubes avanzaban y retrocedían, como si el mundo respirara a destiempo.
La Máquina del Reloj giraba lentamente, proyectando ondas azules que atrapaban a los ciudadanos en bucles inhumanos.
Bob cargó contra el artefacto, sus músculos tensos como montañas en movimiento.
Golpeó la esfera con un puño que habría derribado una pared de concreto.
El impacto resonó.Y luego… nada.
La onda se tragó su golpe, repitiendo la acción una y otra vez en un bucle temporal: el puño de Mr.
Increíble quedaba congelado contra la esfera, repitiendo el mismo impacto inútil cada dos segundos.
—¡Bob!
—gritó Helen, estirando el brazo como si pudiera arrancarlo del tiempo.
Dash intentó correr alrededor de la máquina para crear un torbellino, pero cada vez que alcanzaba media vuelta, reaparecía de nuevo en el mismo punto de partida, jadeando de frustración.—¡No puedo salir del bucle!
Violeta levantó un campo de fuerza para proteger a su familia del pulso azul que seguía expandiéndose.
El escudo temblaba, chirriando contra una energía que no comprendía.Sus manos temblaban, pero algo en su interior sentía una conexión extraña con aquella máquina.
Y entonces, el aire se congeló.
El segundero invisible del universo se detuvo.El viento dejó de soplar.El sonido murió.
Una figura descendió desde las nubes, envuelta en destellos metálicos y engranajes suspendidos como si fueran alas.
Su silueta recortada contra la luna parecía la de un dios mecánico.
Nox.
Su voz se expandió por toda la plaza, grave, solemne, inevitable:—Héroes… siempre corriendo contra un reloj que no entienden.
Helen apretó los dientes.—¡Aléjate de mis hijos!
Nox caminó entre ellos con una calma insoportable.
El tiempo alrededor de su cuerpo no fluía igual: cada paso hacía que las sombras se estiraran y comprimieran, como si él existiera en varias épocas a la vez.
Se detuvo frente a Bob.La “X” de su máscara brilló incandescente.
—Eres fuerte, pero la fuerza no puede sostener lo que amas.
Ya lo sabes, ¿verdad, Parr?
Has sentido cómo la vida se te escapa entre los dedos… minuto tras minuto.
Bob rugió e intentó golpearlo, pero el puño se quedó detenido en el aire.
Congelado.
El héroe quedó inmóvil, atrapado en el tiempo como un insecto en ámbar.
—Patético.
—Nox lo empujó con un dedo, y el gigante cayó de rodillas sin poder liberarse.
Helen gritó y lanzó sus brazos como látigos, intentando envolver al villano.
Pero cada movimiento se repitió tres veces, como una copia desincronizada: antes de poder alcanzarlo, sus propios ataques se deshicieron en ecos temporales.
Nox no la miró siquiera.
Sus pasos lo llevaron directo hacia Violeta.
Ella tragó saliva, su campo de fuerza temblando como cristal a punto de romperse.—N-no te acerques… —Eres distinta.
—La voz de Nox sonaba suave, casi cálida—.
Mientras ellos se rompen, tú resistes.
¿Lo sientes?
Esa vibración en tu escudo… no es debilidad.
Es el tiempo llamándote.
Violeta negó con la cabeza, temblorosa.—No… yo no quiero… —¿No quieres qué?
¿Ser invisible toda tu vida?
¿Ser ignorada incluso por los que amas?
—Nox inclinó la máscara, la “X” reflejada en sus ojos húmedos—.
Yo puedo darte un lugar fuera del reloj.
Libre de repeticiones.
Libre de sombras.
El campo de fuerza parpadeó.
Una parte de Violeta quería rechazarlo, otra… otra sentía que, por primera vez, alguien la entendía.
Helen gritó desde atrás, desesperada:—¡Violet, no lo escuches!
Nox extendió una mano metálica hacia la joven.—Elige.
¿Seguirás siendo una pieza más en su engranaje… o serás dueña del tiempo junto a mí?
El corazón de Violeta latía con violencia.Su escudo comenzó a expandirse y contraerse, sincronizado con las ondas de la máquina.
Como si respondiera al mismo pulso que dominaba la ciudad.
Bob luchaba inútilmente contra su prisión temporal.
Dash golpeaba el suelo con impotencia.
Helen tiraba de sus brazos hasta desgarrarse la piel.
Y Violeta… vacilaba.
Nox esperó, paciente, como el tic-tac de un reloj inevitable.
Tic… Tac…
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